RELATO DE UN BOSNIO
Nací hace ya 27 años en una aldea cercana a Sarajevo. Me llamo Radovic y procedo de una familia musulmana. Mi vida no ha sido como la de cualquier persona de la Europa occidental. He vivido muy de cerca el conflicto de mi país y este hecho me ha marcado dolorosamente, al igual que a muchos otros bosnios. Con tan sólo 12 años mis padres murieron asesinados por un comando militar ultranacionalista. Mi hermano Fehim, que tenía 15 años, se ocupó de mí. Hemos tenido que vivir escondidos en la buhardilla de nuestra casa, sobreviviendo con los pocos recursos que teníamos durante seis meses,hasta que fuimos descubiertos por un comando enemigo.

Sólo recuerdo que me arrastraron muy bruscamente por los brazos, mientras dejaba atrás a mi hermano. De lo que pasó con Fehim no supe nada más, no recuerdo nada, ignoro qué es de él; sólo espero encontrarlo algún día y darle las gracias por saber cuidar de mí durante esos durísimos momentos.
Me sacaron de mi casa. No tenía ni idea de lo que iba a suceder, de lo que me iba a pasar. Tenía 12 años y no era consciente de la situación tan crítica que se vivía en mi país. La primera sensación que invadió mi cabeza al salir de la pequeña buhardilla fue la impotencia, la desesperación, tal vez la ira... sentimientos indescriptibles inundaban mi mente. La inmensa pobreza desolaba las calles.
Las casas destruidas, las ruinas y cuerpos inertes asediaban las aceras. Egoístamente, sólo me preocupaba por descubrir si alguno de esos cuerpos era el de mi hermano. Me introdujeron en un camión como si de una alimaña se tratase. Cerraron las puertas y por un instante mi mundo se paralizó. Descubrí que dentro se encontraba mucha más gente: niños, ancianos, jóvenes, adultos, todos ellos acorralados en aquel pequeño espacio. Me asusté muchísimo, sus rostros reflejaban actitudes dolorosamente tristes. Demasiadas emociones para tan poco tiempo. A mi lado había un anciano que mantenía una conversación con una señora extremadamente desaliñada, con ropas rotas y sucias. En lo que decían entendí algo relacionado con un campo de concentración. El camino de ida fue eterno y al final llegamos a nuestro terrorífico destino Jajinci (campo de concentración situado en Belgrado). Nos dejaron en una gran plaza rodeada por altos edificios tétricos y siniestros, totalmente desconocidos para mí. Un general nos dividió en grupos y señalaron a cuatro hombres de mediana edad. Uno de ellos estaba llorando y suplicando piedad, mientras un niño pataleaba desconsoladamente. Los acorralaron contra una pared ante la mirada atónita de las docenas de personas que allí se encontraban. Sin pronunciar una sola palabra el general les disparó. Los hombres se derrumbaron formando un gran charco de sangre a su alrededor. Gritos y chillidos evidenciaron el caos, hasta que los militares allí presentes nos obligaron a meternos en uno de los edificios por lo que parecía la puerta principal.
Un grupo de aproximadamente ocho niños abandonaba la plaza desconociendo su aciago destino. A nuestro grupo nos enseñaron nuestras estancias comunes, por así llamarlas, con mugrientas literas apiladas de manera desordenada y con escasas mantas.De sol a sol ejercíamos trabajos duros, que requerían una gran preparación física. Nuestra única comida era dos rebanadas de pan. Así transcurrían los días mientras iban cayendo amigos, compañeros.
Tras años de continuos abusos el 14 de diciembre de 1995 fuimos liberados por un grupo pacifista. La pesadilla había terminado. Muchos no corrieron la misma suerte que yo, pero nunca serán olvidados. Muy a mi pesar, rehice mi vida teniendo presente el calvario que había padecido y recordando a mi hermano aún desaparecido. En estos momentos vivo en Italia junto a la persona que más me ha ayudado y con la que tengo un hijo, Fehim, en honor a su tío.
Esta trágica experiencia me acompañará hasta el resto de mis días y en un futuro trataré de inculcar a mi hijo los valores fundamentales que deben prevalecer en la sociedad: LA JUSTICIA Y LA LIBERTAD.

Vista panorámica de la ciudad de Sarajevo
y un temón para escuchar con la historia detrás de la canción
Probablemente ninguna otra canción escrita a lo largo del siglo XX describe la esencia de esos años como lo hace “Miss Sarajevo”. Para mí, esta pieza es el siglo XX en estado puro, por encima incluso de una creación tan extraordinaria como “Cambalache”.
No estoy diciendo que “Miss Sarajevo” sea la canción más bella ni la que tiene la letra más profunda de todas las fabricadas a lo largo de esa centuria. Simplemente digo que es, a mi juicio, la que mejor expresa todo el horror y toda la estupidez que se llegaron a acumular a lo largo de un siglo que, por otra parte, resultó pródigo en horrores y estupideces.
La anécdota en la que se basa “Mis Sarajevo” ocurrió durante la guerra de los Balcanes, en los primeros años noventa. La ciudad de Sarajevo, capital de la Bosnia musulmana entonces recientemente independizada, fue sitiada durante tres años por los serbobosnios, ante la pasividad cuando no la indiferencia de la comunidad político-diplomática internacional. Sin embargo, las imágenes que generó aquel cerco salvaje dieron la vuelta al mundo y convulsionaron a millones de personas, incrédulas ante el espectáculo carnicero que se estaba desarrollando en el centro de la civilizada y democrática Europa.
La fuerte sensibilización de la opinión pública internacional acerca de los padecimientos de los sitiados, allanó el camino al esfuerzo propagandístico a nivel mundial del gobierno bosnio-musulmán, cuyos dirigentes –en el fondo, tan criminales como los serbo-bosnios o los croatas-, reclamaban en exclusiva para su causa el papel de víctimas de la tragedia desencadenada tras la voladura de Yugoslavia como Estado, y decían representar la modernidad y el pluralismo europeos en materia política y cultural frente a la barbarie sectaria y fascista que supuestamente encarnaban los serbios, especialmente los serbobosnios.
En el momento en que comenzó a filtrarse en algunos medios informativos –pocos- que entre los nacionalistas bosnio-musulmanes ganaban peso los islamistas y que combatientes islamistas fanáticos provenientes de Afganistán y de otros países árabes estaban incorporándose al ejército bosnio-musulmán, el gobierno de Sarajevo concibió una acción propagandística que debía contribuir a relanzar su imagen internacional como entidad pluralista, laica y tolerante.
La acción consistió en la convocatoria de un concurso de belleza, que debería designar por primera vez una Miss Sarajevo. Alrededor del evento se realizó un extraordinario esfuerzo difusor impulsado por diversos gobiernos europeos, en el que entre otros medios públicos y privados participó directamente la organización televisiva europea Eurovisión, que se encargó de retransmitir el certamen a todo el mundo.
La mayoría de las muchachas que participaron en el concurso mostraban en su físico las huellas de dos años de privaciones causadas por el cerco a su ciudad. Un desfile de adolescentes malnutridas en traje de baño se paseó ante las cámaras de televisión, en una ceremonia esperpéntica que dejaba en mantillas cuanto se había visto anteriormente en materia de concursos de belleza. De la chica que ganó, una cría de 17 años, recuerdo el modo en que se le marcaban las costillas como consecuencia de la deficiente alimentación.
La ironía suprema radicó en el premio conque el gobierno bosnio obsequió a la ganadora: un viaje de peregrinación a La Meca.
Esa incongruencia, esa suprema contradicción, ese disparate surrealista en suma, es lo que cuenta “Miss Sarajevo”, canción original de U2 pero cuya mejor versión fue grabada por George Michael, artista británico de origen griego, en su extraordinario disco “Songs from the last century”.
Is there time to turn to Mecca
Is there time to be a beauty queen
Dice la canción, y también:
Here she comes, heads turn around
Here she comes, to take her crown.
Y, en fin, concluye:
Here she comes, beauty plays the clown
Here she comes, surreal in her crown.
Efectivamente, surrealista fue su corona…
Hay quién dice que Miss Sarajevo fue victima del fuego cruzado en uno de tantos combates callejeros de aquella Bosnia Carnicera…
Nací hace ya 27 años en una aldea cercana a Sarajevo. Me llamo Radovic y procedo de una familia musulmana. Mi vida no ha sido como la de cualquier persona de la Europa occidental. He vivido muy de cerca el conflicto de mi país y este hecho me ha marcado dolorosamente, al igual que a muchos otros bosnios. Con tan sólo 12 años mis padres murieron asesinados por un comando militar ultranacionalista. Mi hermano Fehim, que tenía 15 años, se ocupó de mí. Hemos tenido que vivir escondidos en la buhardilla de nuestra casa, sobreviviendo con los pocos recursos que teníamos durante seis meses,hasta que fuimos descubiertos por un comando enemigo.

Sólo recuerdo que me arrastraron muy bruscamente por los brazos, mientras dejaba atrás a mi hermano. De lo que pasó con Fehim no supe nada más, no recuerdo nada, ignoro qué es de él; sólo espero encontrarlo algún día y darle las gracias por saber cuidar de mí durante esos durísimos momentos.
Me sacaron de mi casa. No tenía ni idea de lo que iba a suceder, de lo que me iba a pasar. Tenía 12 años y no era consciente de la situación tan crítica que se vivía en mi país. La primera sensación que invadió mi cabeza al salir de la pequeña buhardilla fue la impotencia, la desesperación, tal vez la ira... sentimientos indescriptibles inundaban mi mente. La inmensa pobreza desolaba las calles.
Las casas destruidas, las ruinas y cuerpos inertes asediaban las aceras. Egoístamente, sólo me preocupaba por descubrir si alguno de esos cuerpos era el de mi hermano. Me introdujeron en un camión como si de una alimaña se tratase. Cerraron las puertas y por un instante mi mundo se paralizó. Descubrí que dentro se encontraba mucha más gente: niños, ancianos, jóvenes, adultos, todos ellos acorralados en aquel pequeño espacio. Me asusté muchísimo, sus rostros reflejaban actitudes dolorosamente tristes. Demasiadas emociones para tan poco tiempo. A mi lado había un anciano que mantenía una conversación con una señora extremadamente desaliñada, con ropas rotas y sucias. En lo que decían entendí algo relacionado con un campo de concentración. El camino de ida fue eterno y al final llegamos a nuestro terrorífico destino Jajinci (campo de concentración situado en Belgrado). Nos dejaron en una gran plaza rodeada por altos edificios tétricos y siniestros, totalmente desconocidos para mí. Un general nos dividió en grupos y señalaron a cuatro hombres de mediana edad. Uno de ellos estaba llorando y suplicando piedad, mientras un niño pataleaba desconsoladamente. Los acorralaron contra una pared ante la mirada atónita de las docenas de personas que allí se encontraban. Sin pronunciar una sola palabra el general les disparó. Los hombres se derrumbaron formando un gran charco de sangre a su alrededor. Gritos y chillidos evidenciaron el caos, hasta que los militares allí presentes nos obligaron a meternos en uno de los edificios por lo que parecía la puerta principal.
Un grupo de aproximadamente ocho niños abandonaba la plaza desconociendo su aciago destino. A nuestro grupo nos enseñaron nuestras estancias comunes, por así llamarlas, con mugrientas literas apiladas de manera desordenada y con escasas mantas.De sol a sol ejercíamos trabajos duros, que requerían una gran preparación física. Nuestra única comida era dos rebanadas de pan. Así transcurrían los días mientras iban cayendo amigos, compañeros.
Tras años de continuos abusos el 14 de diciembre de 1995 fuimos liberados por un grupo pacifista. La pesadilla había terminado. Muchos no corrieron la misma suerte que yo, pero nunca serán olvidados. Muy a mi pesar, rehice mi vida teniendo presente el calvario que había padecido y recordando a mi hermano aún desaparecido. En estos momentos vivo en Italia junto a la persona que más me ha ayudado y con la que tengo un hijo, Fehim, en honor a su tío.
Esta trágica experiencia me acompañará hasta el resto de mis días y en un futuro trataré de inculcar a mi hijo los valores fundamentales que deben prevalecer en la sociedad: LA JUSTICIA Y LA LIBERTAD.

Vista panorámica de la ciudad de Sarajevo
y un temón para escuchar con la historia detrás de la canción
Probablemente ninguna otra canción escrita a lo largo del siglo XX describe la esencia de esos años como lo hace “Miss Sarajevo”. Para mí, esta pieza es el siglo XX en estado puro, por encima incluso de una creación tan extraordinaria como “Cambalache”.
No estoy diciendo que “Miss Sarajevo” sea la canción más bella ni la que tiene la letra más profunda de todas las fabricadas a lo largo de esa centuria. Simplemente digo que es, a mi juicio, la que mejor expresa todo el horror y toda la estupidez que se llegaron a acumular a lo largo de un siglo que, por otra parte, resultó pródigo en horrores y estupideces.
La anécdota en la que se basa “Mis Sarajevo” ocurrió durante la guerra de los Balcanes, en los primeros años noventa. La ciudad de Sarajevo, capital de la Bosnia musulmana entonces recientemente independizada, fue sitiada durante tres años por los serbobosnios, ante la pasividad cuando no la indiferencia de la comunidad político-diplomática internacional. Sin embargo, las imágenes que generó aquel cerco salvaje dieron la vuelta al mundo y convulsionaron a millones de personas, incrédulas ante el espectáculo carnicero que se estaba desarrollando en el centro de la civilizada y democrática Europa.
La fuerte sensibilización de la opinión pública internacional acerca de los padecimientos de los sitiados, allanó el camino al esfuerzo propagandístico a nivel mundial del gobierno bosnio-musulmán, cuyos dirigentes –en el fondo, tan criminales como los serbo-bosnios o los croatas-, reclamaban en exclusiva para su causa el papel de víctimas de la tragedia desencadenada tras la voladura de Yugoslavia como Estado, y decían representar la modernidad y el pluralismo europeos en materia política y cultural frente a la barbarie sectaria y fascista que supuestamente encarnaban los serbios, especialmente los serbobosnios.
En el momento en que comenzó a filtrarse en algunos medios informativos –pocos- que entre los nacionalistas bosnio-musulmanes ganaban peso los islamistas y que combatientes islamistas fanáticos provenientes de Afganistán y de otros países árabes estaban incorporándose al ejército bosnio-musulmán, el gobierno de Sarajevo concibió una acción propagandística que debía contribuir a relanzar su imagen internacional como entidad pluralista, laica y tolerante.
La acción consistió en la convocatoria de un concurso de belleza, que debería designar por primera vez una Miss Sarajevo. Alrededor del evento se realizó un extraordinario esfuerzo difusor impulsado por diversos gobiernos europeos, en el que entre otros medios públicos y privados participó directamente la organización televisiva europea Eurovisión, que se encargó de retransmitir el certamen a todo el mundo.
La mayoría de las muchachas que participaron en el concurso mostraban en su físico las huellas de dos años de privaciones causadas por el cerco a su ciudad. Un desfile de adolescentes malnutridas en traje de baño se paseó ante las cámaras de televisión, en una ceremonia esperpéntica que dejaba en mantillas cuanto se había visto anteriormente en materia de concursos de belleza. De la chica que ganó, una cría de 17 años, recuerdo el modo en que se le marcaban las costillas como consecuencia de la deficiente alimentación.
La ironía suprema radicó en el premio conque el gobierno bosnio obsequió a la ganadora: un viaje de peregrinación a La Meca.
Esa incongruencia, esa suprema contradicción, ese disparate surrealista en suma, es lo que cuenta “Miss Sarajevo”, canción original de U2 pero cuya mejor versión fue grabada por George Michael, artista británico de origen griego, en su extraordinario disco “Songs from the last century”.
Is there time to turn to Mecca
Is there time to be a beauty queen
Dice la canción, y también:
Here she comes, heads turn around
Here she comes, to take her crown.
Y, en fin, concluye:
Here she comes, beauty plays the clown
Here she comes, surreal in her crown.
Efectivamente, surrealista fue su corona…
Hay quién dice que Miss Sarajevo fue victima del fuego cruzado en uno de tantos combates callejeros de aquella Bosnia Carnicera…