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Oscar Angeletti + El Fairlane de Pupi

Autos Motos12/22/2013
Oscar Angeletti + El Fairlane de Pupi

El 7 de diciembre del 2011 Hace un puñado de días, el 7 de diciembre para ser preciso, murió Oscar Angeletti. Para los actuales o más recientes seguidores del TC, el nombre quizá no dice mucho. Pero a finales de los 80, Pupi hizo las delicias del público a la vera de los semipermanentes no sólo con su estilo de manejo arrojado y espectacular, sino también por manejar un auto histórico en los más de 70 años de la categoría: el “Buquebús”, el “Transatlántico”, el “Jumbo” o la “Ballena”, como el ingenio popular apodó al increíble Ford Fairlane que condujo en 1989. ¿Abrimos otra vez la puerta del pasado para conocer la historia de Pupi y su Fairlane?

Hay muchos puristas del automovilismo que denostan a los pilotos del Turismo Carretera de la época de los semipermanentes ruteros. Que sólo sabían ir derecho, que frenaban 200 metros antes de las curvas, que manejar un TC no requería mayor habilidad y otras frases por el estilo eran y son sus argumentos.

Sin embargo, me permito discrepar. Había muchos pilotos que sí sabían muy bien cómo manejar un auto de competición. No debía ser nada fácil “embocar” las chicanas de aquellos circuitos con autos tan pesados y con relativamente poco poder de freno como los TC de entonces. Además, muchos corredores cargados de pergaminos no ganaron ni salieron campeones en aquel TC.

Pilotos como Oscar Castellano (múltiple campeón antes del TC con las “cafeteras” de la zona de Lobería, Necochea, etcétera). Roberto Mouras, que brilló también en las carreras de Turismo, igual que Emilio Satriano y el “Pato” Morresi, y tantos otros que venían de categorías zonales en las que corrían en circuitos de tierra, con autos indóciles que iban siempre más de costado que derecho no eran “mancos” precisamente.

Además, siempre les admiré el coraje. Había que tenerlo para correr a 270 km/h con zanjas, alcantarillas, cordones, postes de alumbrado y taludes acechando en rectas, chicanas y curvas.

Allá por 1984, más precisamente el 19 de agosto, hacía su presentación en Balcarce uno de esos pilotos. Se llamaba Oscar Angeletti (nacido el 30/12/1947), más conocido como Pupi, que provenía de las picadas del ¼ de Milla (arrasaba con un Torino) y el TC Bonaerense, en el que salió campeón en 1982 con un Torino con motor Falcon.

ford

Al comando de una coupé Dodge GTX con el número 156, Pupi Angeletti finalizó 11° en su primera carrera de las 83 que corrió en el Turismo Carretera hasta su accidente, casi fatal, en Santa Teresita 1990.

Pronto el público se dio cuenta de algo: Pupi no le perdonaba la vida al acelerador e iba siempre a fondo. Rápido también quedó demostrada su estirpe de piloto luchador y con mucha garra. De los que no se da por vencido nunca y de los que no saben qué es especular o “pescar” en una carrera.



Así quedó demostrado en su espectacular victoria en Tandil 1989 cuando cruzó la meta con tres neumáticos y una llanta (la delantera izquierda) lanzando chispas, luego de recorrer así medio cirucuito (20 km). Perdió el campeonato, que fue el tercero del Zorro de Lobería, Pincho Castellano, pero ganó por suma de tiempos la carrera pactada a dos series (1° y 5°), seguido por Castellano (Ford Falcon 221 SP) y por el “Tano” Vicente Pernía (Dodge GTX Slant Six).

Muchos recuerdan como algo excepcional el triunfo de Juan María Traverso en Gral. Roca con su coupé Renault Fuego incendiada. No digo que no lo fue, pero lo de Pupi Angeletti aquel 10 de diciembre de 1989 me parece una hazaña aún mayor, por el tipo de auto, la distancia recorrida en inferioridad de condiciones y el coraje que tuvo. En suma, demostró que era un pilotazo.



Adrede no mencioné con qué auto corría ese día Pupi. Lo hacía con su mítico Ford Fairlane, que la gente apodó como “Buquebús”, “Transatlántico”, “Ballena”, “Jumbo”.

Si bien fue campeón en 1986 (en su segunda temporada completa en el TC) y subcampeón en 1988 con una Dodge GTX, a Angeletti le entusiasmaban los desafíos (y evidentemente los autos voluminosos) y, en vez de preparar un Falcon, opción casi universal entre los defensores de Ford, incluso los que como él buscaron nuevos horizontes técnicos cuando la ACTC modificó el reglamento en 1989 para reducir el dominio de las Dodge (8 títulos en 10 años) e incrementar las posibilidades de los Ford y las Chevy, eligió el Fairlane, modelo fabricado por Ford en Pacheco entre 1969 y 1982.

No era casual. El Fairlane tenía mejor aerodinámica, además de mayor distancia entre ejes y trochas más anchas, ambas características vitales para la estabilidad direccional. Si se le sumaba el motor Falcon 221 SP, que era muy potente, y suspensiones que transmitían muy bien la potencia al piso… En teoría, el auto era óptimo para la ruta. La contra, pesaba entre 20 y 30 kilos más que un Falcon, lo que perjudicaba la aceleración.

“Me gustó su perfil, sus líneas aerodinámicas. En la ACTC me dijeron que sí, que lo armara, pero se mataban de risa“, dijo alguna vez Pupi Angeletti sobre la elección del Fairlane.



En su fábrica de Burzaco le montaron una jaula antivuelco de Oscar Jensen y motores de Omar Wilke primero, de José Miguel Herceg después y, por último, de Rubén Berdejo, famoso carburista, además, de la época.

Aunque especial para la ruta, el Fairlane blanco y azul de Angeletti con el 2 en las puertas debutó el 23 de abril de 1989 (tercera fecha del calendario) en el autódromo de Balcarce. El “Buquebús” no pudo empezar mejor: con él Angeletti fue escolta del ganador de la segunda serie, un tal Roberto Mouras (Chevy), y por delante de Oscar Castellano (ya con Ford Falcon). En la final resultó décimo con problemas de temperatura de agua. Pero ya había mostrado las uñas.

Ya en la ruta, en Olavarría, fue otra vez 2° en la primera serie ganada por el “Chueco” José María Romero (Dodge GTX) por sólo 1 segundo y abandonó en la final por rotura de motor. La siguiente, en el semipermanente de Bahía Blanca, fue 7° en su serie con un balancín roto y 24° en la final con otro motor roto faltando dos vueltas para concluir aquella carrera.

Pero el 10 de junio, lejos de la ruta, en el Autódromo de la Ciudad de Buenos Aires, el Fairlane de Angeletti logró el primero de los cuatro triunfos que le regalaría a su piloto ese año. La jornada empezó con un 2° lugar en la primera serie a 288 milésimas de Eduardo “Lalo” Ramos (Dodge GTX), que le ganó la batería en la Horquilla para terminar cabeza a cabeza.

En la final no se dejó sorprender y el Buquebús dominó a voluntad para ganar sobre Tony Aventín (Dodge GTX) y Silvio Oltra (Dodge GXT). Ya nadie se reía del Fairlane de Pupi.

Abreviando, luego abandonó en San Lorenzo y La Plata. Fue 2° otra vez en el Circuito N° 12 del Autódromo de Buenos Aires atrás del Falcon del “Puma “ Aventín, y volvió al triunfo el 17/09 en el semipermanente “El Panorámico” de Junín, superando al “Chueco” Romero y a un joven Roberto Urretavizcaya (Chevy).

Dos carreras después, tras terminar 25° en Balcarce, ganó en el autódromo de Nueve de Julio sobre Castellano y Mouras. Luego, fue 5° en Morón y ganó la última carrera del calendario: la memorable victoria en el célebre semipermanente de Tandil con la goma delantera izquierda destrozada.



La campaña le permitió a Oscar Angeletti mantener el Nro. 2 en las puertas de su auto. Pero para su disgusto, no iba a ser en el Buquebús. La ACTC, en una de sus clásicas medidas intempestivas para “emparejar” la categoría, prohibió el modelo Fairlane.

En un reportaje del diario deportivo Olé en 2005, Oscar Aventín, actual presidente de la ACTC, defendió aquella decisión: “Algo no se puede esconder: la aerodinámica. Hace varios años, a Angeletti se le ocurrió armar un Fairlane. Y empezó a ganar todas las carreras. Claro, el motor del Falcon en el Fairlane era otra cosa. Tuvimos que prohibir ese modelo por Angeletti. Hicimos una prueba aerodinámica y lanzamos en una recta, a la misma velocidad, el Falcon y el Fairlane. Y el último hacía 900 metros más que el otro”.

Parece demasiado. Curioso, además: el Fairlane también obtuvo excelentes resultados en autódromos. No sólo era cuestión de aerodinámica, también había mucho trabajo detrás, pero siempre es más fácil emparejar para abajo.

Que caprichoso es el destino, ¿no?. Sin saberlo ni proponérselo, la ACTC no sólo prohibía el Fairlane, también abría el capítulo final de la carrera deportiva de Pupi Angeletti.

Para 1990 el piloto de Burzaco preparó un Falcon, auto que evidentemente nunca le gustó. En la primera del año, en Santa Teresita, estaba empeñado en demostrar que no ganaba sólo porque tenía ventaja con el Fairlane. Ganó la segunda batería con comodidad y venía segundo en la final con una remontada a su estilo, a pura garra (récord de vuelta en el 11° giro), tratando de alcanzar a Johnny De Benedictis, cuando en el cambio de mano de la Interbalnearia (Ruta 11) y la Avenida 41 (el segundo acceso a Santa Teresita) Pupi se estrelló duramente contra un poste de alumbrado. El motor se desplazó, rompió la columna de dirección y el volante golpeó la cara del piloto. Peleó por su vida y volvió a triunfar, pero ya no pudo volver a las carreras.



“Era la primera del año y queria demostrarle a todo el mundo que también podia ganar con un Falcon. Me quedé con la serie y en la final venia primero cuando me pegué. Fue una mala maniobra: Spinella tocó un cordón al salir de un cambio de mano en la recta principal, se le cruzó el auto y yo por esquivarlo me fui para el talud. Era un gran desafío para mi esa carrera. Le quería sacar una vuelta al segundo, estaba manejando y lo único que pensaba era que me habían tocado el c… Pero no fui irresponsable. Si sólo faltaba una vuelta…¿que le vas a hacer? Son dias para olvidar”, contó Angeletti en un reportaje.



En la revista Corsa del 23 de mayo de 1990, tres meses después del accidente dijo: “Fue un golpe terrible, fijate que del “bocho” estoy perfectamente. Me acuerdo los números de teléfono de todos mis amigos y de lo que pasó el sábado antes del accidente… De la prueba que hicimos yendo a Santa Teresita; de lo que hablábamos con los muchachos del equipo. Todo. Lo único que no recuerdo es lo que pasó durante esos primeros quince días de internación en el Güemes. De milagro no quedé paralítico. De la rotura de una vértebra y del pie me voy recuperando, la infección va disminuyendo. Lo que me tiene mal es el ojo, en el derecho no hay problema, pero en el izquierdo tengo la visión sensiblemente disminuída y se me mezcla con la del derecho. Es como si estuviera en otro planeta…”



Vaya si lo está. Con pocas carreras, Pupi y el Buquebús quedaron para siempre en el planeta de la memoria de todos los fanáticos del automovilismo. Que descansen en paz.

tandil 1989
Oscar Angeletti + El Fairlane de Pupi
ford

fairl






Hablando del TC con un amigo recordamos la llegada del Fairlane en el semi de Tandil, la suerte hizo que con unos amigos fuimos a caer a la salida de la ultima chicana y vieramos un show unico e historico.

Esta es la nota de Gabriel Tomich + algunas fotos que encontre
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