IKA Estanciera (1957 - 1970)
La primera Estanciera fabricada por IKA (Industrias Kaiser Argentina) en su planta de Santa Isabel, Córdoba, se terminó el 19 de Marzo de 1957, y hasta el año 1970 en que lo que por entonces ya era IKA-Renault consideró que no era rentable seguir produciéndola, el fenómeno se repitió más de 71.000 veces (si consideramos todas las variantes del producto). Tenía licencia de Willys Overland, de EE.UU, los inventores del mítico Jeep, y se comercializó en tres versiones: Rural ( vidriada, con asientos traseros y un portón de dos hojas horizontales; Furgón (cuyo portón trasero se abría hacia los costados y era el único plano vidriado de la zona de carga); y Baqueano (la pick-up o camioneta de la línea, que conservaba la estructura de las anteriores pero tenía una caja abierta).
Hasta 1965 la Estanciera estuvo equipada con un motor Continental de seis cilindros, 3,7 litros de cilindrada y una potencia de 115 caballos asociado a una caja de tres velocidades con palanca al volante, y durante toda su producción el cliente pudo optar por la tracción simple o la tracción integral. En 1965 IKA cambia el Continental por el motor Tornado Special OHC-181, de tres litros de cilindrada y 115 caballos, el tren delantero rígido por una suspensión independiente y tanto el parabrisas como la luneta trasera pasan a ser de una sola pieza, enterizos. Pero en 1966 la Estanciera va a sufrir el cambio más importante de su historia: atendiendo al diseño de Willys Overland do Brasil el frontal pasa a ser más bajo, se separan los faros, se ensancha la parrilla y de ese modo se aleja de la imagen característica de los jeep de hasta entonces, adoptando un aspecto más similar a la pick-up que en la Argentina se conoció como Gladiator. La denominación popular para la Estanciera de nueva línea fue “Estanciera brasilera”.
La revista argentina Parabrisas de abril de 1966, en su test de manejo de la nueva versión de la Estanciera, destaca su conclusión final en el siguiente párrafo: “Ha pasado el tiempo y ha evolucionado nuestra industria automotriz. Ya no hace falta considerar la Estanciera como un automóvil. Ocupa ahora su correcto lugar como vehículo de trabajo, para lo cual se presta admirablemente. No es caro, dentro de lo que son los precios actuales, tiene un consumo razonable y la carga esta permanentemente protegida contra robo y accidentes del clima. La suspensión no es mala, la dirección es desagradable pero ese detalle lo nota únicamente el exquisito. Los asientos no resultan incómodos. El motor funciona a las mil maravillas y además todo el conjunto esta protegido por la garantía que supone la extensa red de concesionarios IKA en todo el país. La visibilidad es prácticamente nula en muchas direcciones importantes, pero de todos modos los otros componentes del tránsito urbano se mantienen lejos por las dudas, así que este fenómeno es, en cierto modo, enfermedad y cura. Como automóvil familiar, la Estanciera fue la desubicada victima de un momento nacional. Llevada a su correcta posición de ‘furgón con asientos’, se vuelve ahora un vehículo respetable y práctico. Se justifica de este modo que IKA siga su producción a pesar de haber transcurrido tantos años desde su entrada en escena”.
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