"Nueve y media de cada diez transexuales peruanas no venden sexo sino cocaína proveniente de la villa 1-11-14". La sentencia es de Jorge Rodríguez, un ex investigador del Ministerio de Seguridad, que presentó 215 informes sobre la penetración del narcotráfico en la Ciudad de Buenos Aires y la complicidad de las comisarías porteñas, y denunció a la entonces titular de la cartera, Nilda Garré, por inacción. Sus reportes revelan con lujo de detalle, entre otras cosas, los circuitos de narcotravestis peruanas que operan en Once, Constitución y Flores. "Algunas cayeron presas 10 veces, pero los jueces las dejan libres. Encima ahora se ven caras que antes no se veían", le contó Rodríguez a Infobae.
La banda de Mireya y Raúl
En una carta enviada a Garré a finales de 2010, a poco de la asunción de la actual embajadora ante la OEA al frente del Ministerio de Seguridad, Rodríguez le informó la identidad de una de las parejas narcotrans que más fuerte pisó en el barrio de Once en los últimos años, sobre la que versaron varios de sus informes.
Bautizados por Rodríguez como "La Banda de Mireya y Raúl", sus líderes eran la transexual Joe Luis García López y Raúl Víctor Espinoza. Según el ex asesor de Garré, lograron escapar de un allanamiento en dos "cuevas" de narcotraficantes de origen peruano ubicadas en Alsina 3282 e Yrigoyen 3250, en Once, en los que fueron demoradas 51 personas y detenidas otras 20, la mayoría trans. Mireya y Raúl se fugaron a Europa usando identidades falsas.
Sin embargo, la pareja retornó al país y reorganizó su banda. Por eso, el 7 de octubre de 2009 Rodríguez le presentó una carta al comisario Pedro Miguel Zabala detallando no sólo sus identidades, sino su domicilio. Aún así, siguieron operando.
"Buena parte de las travestis que se estacionaban en el circuito determinado por las calles Hipólito Yrigoyen, Urquiza, Alsina y Catamarca operaban como sus vendedoras con un modus operandi homogéneo: solían tener pequeñas dosis para alegar consumo personal cuando se producía el milagro de que fueran registradas por personal policial", explicaba Rodríguez.
El informe 73, enviado el 30 de agosto de 2011 a la casilla de mail de Nilda Garré, detallaba el accionar de la banda de Mireya y Raúl. Al parecer, la pareja le debía dinero a la organización Estrada González, que domina las 15 manzanas liberadas de la villa 1-11-14, donde según Rodríguez funcionan diez laboratorios de clorhidrato de cocaína de máxima pureza custodiados por 300 "soldados" armados. Por eso habían jurado no venderle más droga. "Nadie puede entender realmente como no los mataron: por mucho menos le dieron sus famosos dos tiros, uno en el pecho y el otro en la cabeza, al dueño peruano del bar El Cañonero ubicado en Urquiza 155", recuerda Rodríguez.
Lo cierto es que frente a ese panorama, en la organización de Mireya y Raúl, siempre según Rodríguez, cobró relevancia la transexual Leisy, que vivía en el "shopping de sustancias" de Urquiza 178. Al parecer, su marido había habitado ese en la villa del Bajo Flores, por lo que Leisy se convirtió en la encargada de ir a buscar la cocaína con la que se abastecía la banda.
La pareja Mireya-Raúl se enriqueció al punto que actualmente tienen, al menos, dos departamentos en Buenos Aires a su nombre y tres en Perú. "A ella le robaron 60 mil dólares en efectivo los ladrones de Drogas Peligrosas durante un allanamiento. Con esa plata se iba a comprar otro departamento y ya tenía lista la escritura", le contó Rodríguez a Infobae.
Mireya fue arrestada en diciembre de 2013, pero estuvo apenas 18 días tras las rejas. Hoy vive en un departamento a pocas cuadras del Congreso. No está claro si sigue liderando la banda, pero es una realidad que en Once hay más transexuales-narco que antes de su detención.
