Lo he logrado, al fin, mi propia divinidad, he trascendido a la carne. Claro está que no fue gratis, dado que para alejarme de lo profano, de los apetitos de la tierra, tuve que destruir mi mundo, no podía alcanzar la luz siendo yo, sin quemarme, así que voluntariamente me dejé incinerar en pos de mi purificación. Mi "manada", manga de bestias, no comprendían nada, intentaron frenarme, los tuve que expiar, para expiarme y con la carne descompuesta de mi pasado repulsivo abonar mi ascenso a los astros. Debí seguir el ritual y leer mil quinientos treinta grimorios en lenguas muertas y tratar con toda clase de deidades. Debí ofrecer litros de sangre, intoxicarme con todo tipo de sustancias, necrosando mi cuerpo hijo de las sombras… dibujé cada símbolo, sin entender bien su significado, pero confiando en sus resultados. Seguí la ceremonia al píe de la letra, enterrando cada hueso, sacrificando pedazos de mi corazón en cada equinoccio, la sangre de mi familia inmolada, limpia mi rostro de la ilusión de la humanidad y me salen alas de obsidiana, grito en mil voces, dejo mi mascara, mi nombre, para ser parte de algo mas, ya no soy, ahora somos, hablamos a mil voces la lengua del fuego infernal, sobre estas nubes cuan esponjas que nos circundan, cómo un gran lienzo en blanco dispuesto para crear.
El texto leído es absolutamente ficcional... busca satirizar la búsqueda desmedida del poder, por todos los medios