Abrió los ojos y se encontró con lahabitación completamente iluminada. Su hermano mayor estaba recostado en laparte superior de la litera (como todo buen hermano mayor) con los ojosabiertos desde hacía un rato. Éste había contemplado el momento en el que laoscuridad se replegó con suavidad en dirección contraria a la ventana. Habíapasado en tan sólo unos segundos. El efecto había sido parecido al del escánerde las fotocopiadoras, pero esta luz realzaba los colores y parecía escurrirsepor cada rincón. Cuando por fin inundó toda la habitación, no parecían ser lascuatro de la mañana, sino las dos de la tarde de un día muy claro. Lo que habíadespertado a Omar era el extraño sonido de un seseo, parecido al “gis” de uncassette que se hubiera quedado reproduciendo el sonido del vacío, pero queparecía provenir de un par de bocinas gigantes colocadas justo afuera de suedificio.
- ¿Omar?–Susurró el hermano mayor, con miedo a que la luz se dispersara con el sonidode su voz-. ¿Estás despierto?
- Sí…¿Qué es eso? –Respondió en el mismo tono de voz que Hugo.
- Esla misma luz del otro día. Son las cuatro de la mañana y lo sé porque estabadespierto cuando la habitación se iluminó, pero mi reloj se ha apagado.
La habitación no sólo se veíanotablemente iluminada, había algo más; se podían apreciar todos los detallesde las cosas dentro de ella. Desde los pequeños detalles en las consolas devideojuegos al otro lado de la habitación, pasando por las guitarras repletasde estampitas de sus bandas de metal favoritas, hasta cada pequeño detalle oimperfección en las figuras de colección de Godzilla y Pacific Rim. Lointeresante era que ambos utilizaban lentes con un alto nivel de graduacióndebido a la miopía y al astigmatismo, y aunque hubieran sido las dos de latarde, sin sus lentes, ninguno de los dos hubiera podido apreciar tantosdetalles.
- Gustavotambién vio esta luz la otra noche –Continuó Hugo-. Pero no quiso asomarse porla ventana.
- Tenemosque ver de dónde viene –Dijo Omar con ese tono que Hugo asociaba a tantasdisparatadas ideas que solían terminar en llamadas de atención, regaños,castigos y hasta en la sala de urgencias esperando su turno para unaradiografía -. Tenemos que tomarle una foto para que todo mundo nos crea.
- ¡No,Omar! –Alzó el volumen de sus susurros, pero sin llegar ha gritar -. Yo soy elmayor y tienes que obedecer. Quédate en la cama y espera a que se valla –Pronunciabaesas palabras sabiendo que sólo estaba gastando saliva y que Omar no haríacaso.
- ¡No!Tal vez esta sea una oportunidad única y no se vuelva a repetir en la vida.Además estamos en un edificio que parece prisión gracias a los barrotes de cadauna de las puertas y ventanas. Si hubiera algo ahí afuera, jamás podría entrar.Gracias Ecatepec, por tus altos niveles de delincuencia.
En eso tenía razón. Era un edificio muyseguro si te encontrabas adentro de él, pero en las calles la historia era muydistinta.
En un acto reflejo tomó sus lentes, quedescansaban junto a la figura de colección de Vic Rattlehead, cerca de sualmohada. Cuando se los colocó toda la habitación se tornó borrosa y se diocuenta que no los iba a necesitar mientras la luz siguiera en la habitación.Los colocó de nuevo en su lugar, miró su reloj de pulsera y lo encontró apagado.Estiró la mano hasta su teléfonocelular, pero este tampoco quiso encender. Su hermano no paraba de decirle quepor favor se volviera a recostar, pero Omar hacía caso omiso. Una idea se habíaapoderado de su mente y ahora nada tenía más importancia que llevarla acabo. Seapuró hacia el closet y buscó con voracidad entre las pilas de ropa negra conlos nombres bordados y estampados de una cantidad absurda de bandas dethrashmetal. Hugo lo pudo ver sacando la ropa como desquiciado e intentóponerse en pie para hacerlo desistir, pero notó que algo se movía tras lascortinas, el pensamiento de que algo los estuviera acechando desde fuera hizoque las piernas no le respondieran. Cuando Omar giró con una sonrisa triunfalHugo miró que lo que sostenía en ambas manos era el regalo de la abuela de lanavidad pasada. Una cámara Polaroid en forma del icono de la red socialInstagram. Hugo supo que todo estaba perdido, y que a menos que se levantara yderribara al pequeño Omar, no habría forma de detenerlo. Pero antes de quepudiera hacer acopio de todo su valor, Omar maldijo en voz alta. La cámaratambién era digital y no había encendido.
- Siesto no es una señal de que no debes de asomarte por la ventana, entonces no séque sí lo es. Vamos carnal, mejor recuéstate.
- ¡No!Debe de haber otra forma.
- Nohay otra forma. Ya déjalo.
Miró con impotencia la cámara y luego laarrojó contra uno de los muebles que seguramente fue diseñado como librero,pero que ahora albergaba docenas de figuras polvosas. De entre ellas emergió unacámara análoga. Su papá la había traído de Estados Unidos y aunque a Hugo nuncale interesó, a Omar le había fascinado desde el primer momento. Había pasadotiempo con su papá viendo cómo la hacía funcionar para las fiestas decumpleaños. Si no tenías que rebobinar e insertar un rollo nuevo, para despuéstensarlo, en realidad era sumamente simple. Le quitabas el seguro y recorríasel numerador con una pequeña palanca que te indicaba el número de fotografíastomadas. Después de cada disparo recorrías la pequeña palanca que recordabamucho a la palanca de retornador de carro de las antiguas máquinas de escribiry para cuando terminabas el rollo, sólo rebobinabas para llevarlo a revelar. Seintentaron agolpar algunos gratos recuerdos en la mente de Omar, pero la ideade asomarse por la ventana y fotografiar algo impresionante dispersó lasensación. Hugo lo miró avanzar en dirección al mueble, que estaba muy cerca dela ventana. Había pasado cerca de un minuto y sabía que esa luz no duraríamucho más, sólo tenía que retenerlo unos segundos más. Sacó de entre lascobijas su enorme mano larga de hermano mayor y lo pescó por la camisa, peroOmar sólo flexionó un poco las rodillas y se liberó con un hábil movimiento dehermano menor. Llegó hasta el mueble y tomó la cámara. Hugo saltó de la litera,pero Omar ya abría la pesada y gruesa cortina. Una potente luz penetró por ellay cegó a Hugo.
- Nolo vas a creer… -Dijo más para si mismo el pequeño Omar, mientras Hugo secubría los ojos para evitar que la potente luz lo lastimara-. Parece de díaallá afuera… Pero no hay ningún lugar de donde provenga esa luz… ni ese sonido.
Para Hugo lo siguiente pasó como encámara lenta. Con uno de sus ojos entrecerrados por la luz, pudo ver a Omaralzar la cámara hasta su rostro. Escuchó el sonido del “gis” crecer de golpe yluego miró más allá. No se veía el edificio de enfrente, sino el rostro deformede una enorme criatura verdosa. No era completamente sólida, sino que vibraba.Como dos películas superpuestas en la misma escena, pero con una variación desegundos. Por momentos estaba aquí y luego ya no. Omar debía de haberla visto,porque dejó caer la cámara y retrocedió. La criatura los miró con el único ojoque parecía tener. Más tarde, cuando Hugo reflexionara en ello, pensaría quefue muy parecido a ver por primera vez el ojo del T-rex en la película“Jurassic Park” de 1993. Supo que de ahí venía la luz y desvió la mirada. Setopó con la cámara a los pies de Omar y luego vio los pies de Omar desprendersedel suelo y comenzar a vibrar de la misma forma que la criatura lo hacía. Seelevó lentamente. Tan lentamente como cuando la luz emergió por primera vez.Supo que no volvería a ver a su hermano si no hacía algo, así que sin pensarlose abalanzó sobre él. Por un momento, mientras surcaba la habitación, creyó quelo atravesaría como al humo y no sería capas de sujetarlo, pero no fue así. Enel momento en que lo tocó y lo sujetó con fuerza, la luz se escurrió conviolencia por la ventana. Hugo la miró abandonar el lugar como si tuviera vida.Como si fuera la lengua de un reptil que regresa sin su presa. Luego sólo quedóla oscuridad y el silencio.
Omar pasó de mirar la luz escurrirsehasta las estrellas a la incrédula mirada en los ojos de su hermano, y suhermano notó el cambio que se había efectuado en él. Fue a penas mínimo, perolo conocía bastante bien. No fue sino hasta días después que lo corroboraría,pero por el momento se sintió feliz de tenerlo ahí.
Hugo encendió la luz y al mismo tiempo sedio cuenta de lo que Omar ya había percibido minutos atrás. Los coloresparecían descompuestos, muy naranjas y además todo se veía borroso. Tomó suslentes y no paró de hablar de lo que había pasado sino hasta que amaneció. Omartambién habló bastante, pero a ratos se notó distante. Eso se convirtió en unaconstante en la vida de Omar.
En los siguientes seis meses, ninguno delos dos pudo dormir bien. De hecho Omar no volvió a dormir igual.
Hugo intentó contar la historia, peroevidentemente nadie le creyó (tal vez uno que otro borracho después de cadatoquín, pero jamás pasó de ser eso; una historia de borrachos). Por su cuenta,Omar jamás relató nada de lo que pasó aquella noche. Pero tuvo una influencianotable en su vida. Comenzó a devorar libros sobre temas raros que iban desdelos relatos de H. P. Lovecraft hasta búsquedas en internet sobre físicacuántica, y aunque en muchos aspectos parecía un chico normal (aunque no eratan normal antes del incidente), la mayor parte del tiempo parecía estar viendootra realidad.
Con el tiempo comenzó a escribirnarraciones fantásticas sobre seres milenarios que residían en otra realidad,la gente en internet se apasionó con sus relatos sobre aquél extraño mundo yaños más tarde se consolidó como el escritor más exitoso (en cuanto a ventas)que había tenido México. Las películas fueron un éxito y a pesar del dinero quele dejaron, jamás paró de escribir. Sabía que las historias de las que tantoescribía Omar, y que le fascinaban al mundo entero, debían su éxito a que hastacierto punto, eran sobrias. Hugo sabía que esas historias no las habíainventado Omar, sino que estaba describiendo algo que la criatura había vivido.Sus memorias.
Hugo contempló todo el proceso, perosiempre consiente de que parte de Omar se había ido con la criatura y parte dela criatura se había quedado con Omar. Pensaba mucho en cómo la estaría pasandoaquella parte de Omar que se había ido con la criatura.
La cámara apareció muchos años después dela muerte de Omar, con un coleccionista que afortunadamente decidió rebobinarel rollo que contenía y revelarlo. Desafortunadamente este había caducadotiempo atrás. Se había oxidado como un plátano, pero aunque las fotos reveladasno contaban con colores vivos, sí había bastantes formas. Muchas fotografíaseran de un paseo en un zoológico, tal vez el zoológico de Ecatepec. Otras pocaspertenecían a un cumpleaños, pero las últimas dos eran misteriosas. Borrosas yde una forma compleja. Se apreciaba una criatura parecida a un insecto, peroaún más grotesca en cuanto a sus facciones y tal vez no eran colmillos lo queemergía de su boca, sino tentáculos. Al principio el experto creyó que setrataba de un insecto, pero por las cualidades de la cámara (que no contaba conla función de cambio de objetivo), sólo podría haber sido tomada con el lenteoriginal, entonces pasó a analizar con más detalle algunos aspectos del fondo ycomprendió que lo que tenía ahí era una creatura real. Una criatura tal vez másgrande que un edificio de 5 pisos. Tal vez de unos 15 metros de altura. Enrealidad permaneció como un misterio para todos excepto para usted.
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Por Kris Durden
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