InicioParanormaltodo sobre pie grande o big foot o yeti

todo sobre pie grande o big foot o yeti

Paranormal8/15/2011
Pie grande
Por cientos de años la gente ha afirmado ver una gigantesca criatura con forma humana. Con muchos apodos, la criatura es famosa por su abilidad para evadir la captura.

La descripción de la criatura, sin embargo, es consistente. Se dice que mide 2.25 metros, que está cubierto de pelo excepto en las manos y cara y normalmente mal oliente. La mayor parte de los reportes indican que la criatura caminaba sola en la sombra de la noche. John Napier, un primatólogo profesional, afirma que la huella promedio de Pie Grande mide entre 35 y 45 cm de largo y 18 cm de ancho.

Los nativo americanos de la región del Pacífico temen a la criatura. Existen muchas leyendas sobre al animal que datan de cientos de años, e incluyen la leyenda de los Witiko.

La historia más famosa de encuentros con Pie Grande es la de los leñadores que trabajaban en el monte Santa Elena alrededor del Río Lewis en julio de 1924. Varios leñadores oyeron silbidos y ciertos ruidos secos. Después de una semana de sonidos raros, dos de los hombres vieron la criatura de 2.25 parada en un risco. Le dispararon varias veces y vieron al bípedo caer detras del risco. Huyeron hacia la cabaña y la criatura comenzó a lanzarles rocas que golpeaban en las paredes y en el techo. Varias veces durante la noche la criatura trató de abrir la puerta. Los ataques duraron toda la noche, pero la única evidencia encontrada por el periódico Oregonian fue huellas estrañas en el suelo.

En 1967, uno de los hombre publicó un panfleto titulado "Yo peleé contra el hombre-simio en el monte Santa Elena" en la que describía su experiencia con la criatura. En 1982, Rant Mullens, un hombre de 82 años, explicó los eventos durante una entrevista. Mullens afirmó que regresaba de un viaje de pesa con su tío y decidieron jugarles una broma a los leñadores. Mullens afirmó que él y su tío arrojaron varias rocas hacia la cabaña para espantar a los hombre.

La historia, sin embargo, es difícil de creer considerando la versión de los leñadores. Estos afirman haber visto la criatura varias veces, a plena luz del día y muy de cerca. Estos contaban, además con varios tipos de armas, que haría cualquier broma muy peligrosa.

La más sorprendente pieza de evidencia que existe es un filme corto creado por Roger Patterson. El filme ayudó a cambiar la percepción de la gente sobre la leyenda de Pie Grande, pero además creó más misterios de los que resolvió. Patterson, era un escritor aficionado y cazador de Pie Grande y salió en búsqueda de la criatura el 20 de octubre de 1967. Filmo varias locaciones porque pensaba hacer un documental. A la 1:15 pm, Patterson y su amigo Bill Gimlin cabalgaban al norte de Bluff Creek, en el parqe nacional Six Rivers, cuando vieron una hembra de Pie Grande caminando por un arroyo. La criatura rápidamente se paro y camino a lo largo de los árboles. Durante el evento los caballos se espantaron y tiraron a los jinetes al suelo.

Patterson tomo la cámara de 16 mm y filmo 28 pies de película que le sobraban. Hasta el día que murió Patterson juró que su historia era verdadera. Gimlin también afirmó que la historia era verdadera. Bob Titmus, el primer investigador de la escena, encontró huellas gigantes que podían coincidir con la criatura de la película. Titmus también encontro evidencia de que la criatura se encaminó hacia una colina y desde ahí observó como los hombres recogían sus caballos.



La velocidad de la película, sin embargo, determinaría si se trata de un bípedo gigante o de una persona con un disfraz. Patterson no recuerda a que velocidad se filmó la escena, ya sea a 24 pies por segundo, o 16 pies por segundo. Si la filmación se realizó a 16 pies por segundo, el balanceo de los brazos de la criatura sería imposible de duplicar por un hombre. La criatura en sí también es controversial. Patterson afirmaba que la criatura medía 2.1 metros de alto, pero los investigadores descubrieron que en realidad medía 1.98 metros de alto. John Napier afirma que las huellas son falsas o que la filmación es falsa, dada la diferencia de proporcion


El mundo de las “no comprobaciones” de personajes es realmente cada vez más interesante. Esta vez nos llama al pié del cañón el reconocido mito de “Pie Grande“.
Al parecer, dos jóvenes han tomado una filmación con su i-phone de un bosque, en el estado de Washington, pero la sorpresa se dio al bajar el video a la PC y observarlo, detectaron que se ve claramente a pié grande saltando entre los árboles.
Las adolescentes, oriundas de Spokane, dicen que tomaron accidentalmente las imágenes de la bestia corriendo entre los árboles, pero han subido el video a youtube, el cual tuvo en pocas horas más de 60 mil visitas.
Para acercar la duda de si todo esto es real, el video fue filmado en el parque de Downriver, una zona aledaña al campus de la Universidad de Spokane, que casualmente, tiene por mascota el destacado “pié grande”
Toda una historia difícil de creer…


De donde salio la leyenda de Pie Grande o el Yeti?

El Yeti o abominable hombre de las nieves es un ser legendario de la mitología de Tibet y Nepal. Es considerado un críptido en la Criptozoología e interpretado como un simio gigante emparentado con el Pie Grande norteamericano. Ante la ausencia total de pruebas, sólo se cuentan con relatos que lo describen como un simio gigante bípedo que se cree está localizado en las zonas boscosas de la cordillera del Himalaya.

Yeti, el abominable hombre de las nieves



La India milenaria se encarama hacia Oriente, rompiéndose y empinándose en desfiladeros, cordones de elevados riscos, selvas colgantes que acaban por meterse resueltamente en los comienzos de las altas nieves, donde reina el Abeto Tibetano, ese árbol que llega a crecer más arriba que ningún otro. También la India se rompe en reinos e historias distintas, hasta que llega a compartir los Himalayas con Nepal, China y el Tibet.

Los Himalayas, esa majestuosa cordillera que ostenta las cumbres más elevadas del planeta, fueron siempre motivo de fascinación y desafío para los occidentales. Los montes Anapurna y Everest fueron el premio místico del europeo así como los inaccesibles lamasterios y conventos-fortalezas eran las rutas místicas del pueblo nativo.

Más arriba de la selva y el abeto, en los vertiginosos campos de las nieves eternas, resulta casi imposible describir el paisaje. La altura es superior a los cinco mil metros, y sin embargo se tiene la sensación de estar sobre colinas y tierras planas, suavemente onduladas, que aquí y allá tropieza con los grandes montes vedados para el hombre. Sólo dos o tres rutas pueden hallarse, practicables únicamente bajo las más propicias condiciones climáticas, para los majestuosos gigantes.

En aquel paisaje impera una fauna zoológica que ha sido satisfactoriamente estudiada. Pero también hay allí otros moradores para quienes los Lamas, sacerdotes de las diversas formas del budismo, tienen nombres inquietantes: los Tchang-Po, “devoradores del aliento vital”, demonios que persiguen implacablemente a los desdichados que se extravían en aquellas soledades, y que acechan también a los agonizantes para “cazarles el alma y comérsela”.

Es allí, en los venerables montes Himalaya, donde sin duda alguna está la Patria del Yeti, el “Abominable Hombre de las Nieves”, el “Metoh Kangmi”, de los porteadores nativos.

Fue precisamente Sir Edmund Hillary, el primer conquistador del Monte Everest, quien difundió al mundo el nombre “Yeti” para designar al “Metoh Kangmi”. Según refiere el valeroso explorador británico, fue cuando habían sobrepasado ya las últimas filas de abetos tibetanos y se adentraban en la desolación de la blancura eterna, que las presencias extrañas comenzaron a dejarse sentir, aunque sin dar ninguna muestra visible o audible de su existencia. Era más bien una sensación de estar siendo observados, que afectaba tanto a los nativos como a los europeos de la expedición.

Sólo la gran fatiga, el esfuerzo sostenido que exigía centrar toda la atención en cada paso, impidió que se posesionara de todos una neurosis colectiva. El cansancio dejaba muy poco lugar para el enervamiento.

Sin embargo, una noche el campamento fue visitado mientras todos dormían extenuados. Algunos admitieron haber sentido ruidos leves, semidormidos, pero no atinaron a reaccionar. No obstante, al amanecer, descubrieron en torno del campamento una serie de huellas enormes que habían roto la gruesa costra de nieve endurecida.

Aunque la nieve no resultaba un buen material para preservar con nitidez la forma de las huellas, éstas daban la impresión de corresponder a enormes pies desnudos, casi desprovistos de arco plantar, con un dedo mayor muy pronunciado y al parecer sólo tres dedos más. Sir Edmund y varios de los otros europeos eran hombres habituados a las montañas de muchas latitudes del mundo, y no confundirían fácilmente las huellas de un gran oso con las de pies humanos desnudos. Tampoco los Sherpas que hacían de guías baqueanos. Por otra parte, fuera de un oso de gran tamaño, no había ningún otro animal conocido que tuviera una corpulencia y un peso tan grandes como para romper la costra de nieve sólida en la cual los pasos humanos apenas si dejaban un tenue rastro con las botas reforzadas.

A la vista de las huellas, los porteadores nativos se dieron a la fuga, contra los esfuerzos y amenazas de los europeos que veían con desesperación cómo equipos y alimentos valiosos quedaban abandonados y perdidos. De los sherpas, sólo se mantuvo al lado de los europeos su jefe, Ten Sing, quien por orgullo y sentido de la lealtad se sobrepuso al temor.

Mientras huían, los porteadores gritaban llenos de pavor: “¡Yeti!... ¡Yeti!”.

El Yeti es la bestia-humanoide, el “Pithecantropus” mejor conocido, mas también es uno de los menos vistos. No obstante, hay una gran cantidad de huellas, recogidas por viajeros a quienes muy difícilmente imaginaría uno en ánimo de andar gastando bromas.

Entre los primeros relatos occidentales al respecto, está el publicado en 1889 por el Coronel británico L.A. Waddell, bajo el título “Among The Himalayas”, en que reporta sus experiencias al efectuar la travesía de la región montañosa entre el Darjeeling, en la India, y el Sikkim, donde Persia y China se fundieron durante siglos. El Cnel. Waddell informa así sus propios hallazgos de las huellas del Yeti:

“Cruzaban nuestro camino, alejándose hacia las cimas más altas, algunas huellas grandes en la nieve. De acuerdo con los nativos, se suponía que eran los rastros dejados por hombres salvajes y peludos que se cree viven en las nieves perpetuas, así como los míticos leones blancos cuyo rugido tiene fama de hacerse oír durante las tormentas. Todos los tibetanos creen en esas criaturas.”

Hay abundantes relatos posteriores de europeos que encontraron nativos y sacerdotes que afirmaron haber visto directamente a las misteriosas criaturas que dejaban tales huellas. Mas por ahora prestemos atención a los rastros mismos.

En 1972, una fundación norteamericana de protección e investigación sobre la vida silvestre envió una expedición a los Himalayas, encabezada por los doctores en zoología E.W. Cronin y Howard Emery. En el reporte de su investigación, que titularon “Evidencia Reciente sobre el Yeti, un Primate desconocido de los Himalayas”, informaron que a tres mil seiscientos metros de altura, al Oriente del Nepal, en la región llamada Kongmaa Laa, su campamento amaneció rodeado de extrañas huellas, de 25.5 centímetros de largo, en que se evidenciaban claramente un grueso dedo gordo, cuatro dedos más pequeños y un talón ancho y redondeado. Calcularon que se trataba del rastro de un ser bípedo de un peso aproximado de 75 kilos. Ambos zoólogos concordaron en que habían recibido la visita de un Yeti de pequeño tamaño.

En 1975, los integrantes de una expedición polaca al Monte Everest reportaron haber hallado huellas semejantes aunque mucho mayores: cuarenta y dos centímetros de largo.

El jefe de equipo de esta expedición, Andrew Dzávada, hizo el siguiente comentario a los periodistas, en marzo de 1975:

“Las huellas eran claras durante más de una milla, y constatamos que pertenecían a una criatura muy pesada que caminaba normalmente en dos pies. En mis 29 años de experiencia como escalador en Europa y Asia, he visto huellas de muchas clases, y por cierto también las huellas de diferentes clases de oso, pero esas huellas que vi en la base del Everest me obligan a creer en lo increíble.”

Algo más que huellas

Y dos años después, a principios de 1977, los montañistas Joe Tasker y Peter Boardman tuvieron una experiencia bastante más impactante mientras acampaban en el Changabang, a 5.100 metros de altura en los Himalayas, en un campo de hielo y nieve endurecida que formaba abruptos muros con una temperatura de 18 grados Celcius bajo cero.

A medianoche fueron despertados por un estrépito del equipo de cocina al ser arrojado al suelo, y escucharon gruñidos rabiosos, como si hubiera una pelea bestial afuera de las tiendas. Con mucha sensatez optaron por no salir a investigar hasta que estuviera claro. A la salida del sol descubrieron que todo había sido rudamente trajinado aunque sólo faltaba una caja en la que guardaban 36 barras de chocolate dulce. Encontraron asimismo una serie de huellas de 36 centímetros de largo que se acercaban y alejaban del campamento. Eran huellas de pies desnudos.

“Ningún ser vivo podría subsistir a esta altura y con esta temperatura. Bueno, pero hubo alguien allí. Quizá haya sido un Yeti. Pero sabía lo que estaba buscando, pues los chocolates estaban empaquetados en plástico, dentro de las mochilas, junto a los demás alimentos.”

Así lo comentó Joe Tasker, y agregó que, un año antes, en la región del Dunagiri, él y su compañero Dick Renshaw habían sido ya visitados durante la noche por merodeadores de esta misma naturaleza que también habían sustraído cuantos chocolates pudieron encontrar.






Izquierda: Huella de 38 cm. de largo encontrada en California. Derecha: Huella de 19 cm. perteneciente a un oso. Adviértase las diferencias de formas.


Son muy numerosos los testimonios sobre huellas y visitas misteriosas, de las cuales se infiere que estas criaturas sienten curiosidad por los seres humanos y de paso estiman que la presencia de humanos significa una posible comida tan fácil como exótica y deliciosa.

De los encuentros directos con los “Pithecantropus” Yeti, uno de los más interesantes data de 1921, referido por el Teniente Coronel británico C.K. Howard-Bury, quien, con un grupo de escaladores expertos intentaba conquistar la vertiente Norte del Monte Everest. Divisaron a lo lejos un grupo de puntos oscuros que se movían en la nieve a una altura aproximada de 6.900 metros. Al observarlos con prismáticos, les pareció que se trataba de alguna especie de monos. Cuando llegaron allí encontraron huellas “enormes”. Desgraciadamente no indicaron el tamaño exacto que querían decir con “enorme”.

Otra observación digna de confianza fue hecha por N.A. Tombazi, miembro de la Royal Geographical Society, durante una expedición fotográfica a los Himalayas. Cerca del glaciar Zemu, a 4.500 metros de altura, los sherpas le advirtieron la presencia de una figura humana a no más de 270 metros de distancia. En su reporte a la Royal Geographical Society de Londres, el fotógrafo señaló que la criatura caminaba erguida arrastrando unas matas de rododendro. Iba desnuda y parecía oscura contra la nieve. Al sentirse observada, la criatura se esfumó entre el denso matorral, antes de que Tombazi pudiera fotografiarla. Cuando éste llegó al lugar donde había estado la criatura encontró huellas semejantes a las humanas pero de 17 a 21 centímetros de largo.

Un testigo sherpa, Pasang Nyima, nepalés, informó al zoólogo Charles Stonor que había visto un Yeti tres meses antes. Tenía la estatura de un humano pequeño, como de un metro cincuenta, con pelos largos en la cabeza, cuerpo y piernas, pero no en el pecho ni en el rostro. Caminaba erguido y parecía ocupado en desenterrar raíces. Cuando advirtió que lo espiaban, lanzó un grito y se metió corriendo en el bosque, siempre erguido.

El mismo Stonor recogió otro testimonio de un aldeano de Pangboche, de apellido Mingma, quien pudo observar a un Yeti de pequeño tamaño desde el interior de un refugio. Señala que la criatura se movía a zancadas largas y ligeramente inclinada. Pudo distinguir bien su rostro, con nariz aplastada, muy hundida en su nacimiento; la cabeza cónica y puntiaguda con una cresta de pelos. Vello castaño en el rostro y dientes grandes y planos, como de caballo aunque con colmillos bastantes destacados.

El más alto número de testigos se reunió en el lamasterio de Thyangboche, situado a casi 4.000 metros de altura, durante una fiesta religiosa, en noviembre de 1949. Los testigos, unos 140 sherpas y una docena de monjes budistas tántricos, señalan que el Yeti salió súbitamente del bosque. Tenía el pelaje gris y su estatura alrededor de 1.80 metros. Parecía despreocupado y de buen humor, y se paseó sobre la nieve rascándose, gruñendo y jugando con montones de nieve fresca. Los monjes entonces hicieron sonar gongs, valvas y trompetas, y el Yeti se alejó. Los lamas tántricos suelen depositar alimentos en lugares especiales para que los recojan los Yetis.

De los Yetis, fuera de sus huellas y avistamientos ocasionales, lo único concreto que se ha encontrado hasta ahora son muestras de su excremento, que no deja de ser un factor importante para reconocer a las especies zoológicas. En este caso, los excrementos del Yeti son por completo distintos de cualquier otro de origen animal. Al ser analizados indicaron una dieta a base de materia vegetal, insectos, ratones, aves y... tierra. Es posible que coman tierra para compensar algunas carencias de minerales. Se sospecha también que roban ocasionalmente ganado, en especial yaks, terneros, ciervos y carneros. Lo más probable es que sean omnívoros y coman cuanto puedan hallar.

Otro testigo ocular de gran prestigio es el célebre montañista británico Don Whillans, quien observó un Yeti de gran tamaño, alrededor de tres metros, recortado contra el cielo claro, junto a un abeto que le permitió calcular la estatura del ente. Lo escuchó asimismo lanzar un grito muy extraño, como canto de un pájaro. Bien iluminado por la luna, el enorme corpachón se veía desnudo aunque cubierto de pelos, y su apariencia era vagamente humana. Pudo observarlo alrededor de 20 minutos, hasta que el ser misterioso desapareció moviéndose a gran velocidad. Al día siguiente, encontró huellas de 52 centímetros hundidas profundamente en la nieve. Este relato lo hace el célebre escalador luego de haber conquistado la cima del Anapurna, en su expedición de 1970.

En su libro “Where the Gods are Mountains”, el profesor René von Nebesky-Wojkowitz, quien realizó investigaciones de terreno durante tres años en la zona del Tibet y Sikkim, entre 1953 y 1956, afirma que el Yeti es un Pithecantropus real, un ser que, sin ser del todo humano, es mucho más que un mono. Señala que su habitat está en los bosques más espesos de la zona alta en los Himalayas. Su estatura media es de 2.25 metros. Está cubierto de pelaje castaño oscuro; tiene brazos largos y cabeza puntiaguda, rematada en un cono cubierto de terminaciones musculares. El rostro es simiesco pero mucho más humano que el de un chimpancé o un orangután. Duerme durante el día y se desplaza de noche. Suele adentrarse en las nieves en busca de un liquen rico en ciertas vitaminas.

Por su parte, el investigador francés Heuvelman, en “En el Rastro de los Animales Desconocidos”, menciona que los lamas del Tibet hablan de tres tipos diferentes de Yeti. Unos son gigantes carnívoros y pueden ser muy peligrosos en ciertas circunstancias. Miden entre 3.9 y 4.8 metros y viven sólo en las zonas nevadas arriba de los cuatro mil metros. A estos gigantes los llaman Nyalmo. La segunda clase son los llamados Rimi, que miden desde 2.10 a 2.70 metros, habitan entre los tres mil y cuatro mil metros, alimentándose de animales, insectos y plantas. Bajo el nivel de los 3.000 metros viven los Yeti de menor tamaño, como los humanos o menos, se les llama Rackshi bompo, a los que los sherpas llaman Yeh-teh o Mih-teh. Son los que dejan las huellas más pequeñas, que se pueden hallar con mayor frecuencia. Es posible, señala Heuvelman, que estos Rackshi bompo sean hijos de los Rimi, en su etapa de crecimiento, que viven en zonas más llevaderas y protegidas por las espesas selvas.


El Yeti tras la Cortina de Hierro



El primo Ucu Viajó a Sudamérica

En la revista Contactos Extraterrestres, del 16 de abril de 1980, el antropólogo Pablo Latapi Ortega publicó un interesante trabajo titulado “Ucumar, el Yeti de Argentina”. En dicho trabajo, cita parte del material recogido por la antropóloga Silvia Alicia Barrios en las regiones montañosas del Norte argentino, en donde obtuvo diversas referencias a un extraño mono llamado Ucumar o Ucu.

Uno de sus entrevistados, un baqueano llamado Don Pepe, es experto en las serranías que conforman la frontera argentino boliviana. Respecto del extraño ser se expresó así:

“El Ucu vive en las colinas detrás del El Chorro (una serranía selvática) y le gusta gritarle a las vacas y los pollos. Es un animal rezuncho (fornido a grueso) y no corre mucho, pero es muy forzudo. A mi no se me ha acercado nunca, pero a algunos de mis paisanos, si. Yo he visto Ucus, y los he visto a los Ucus atrapando gente. Cuando un Ucu lo atrapa a uno, lo mejor es orinarse, porque entonces lo suelta a uno... Es grande, con el pelo como el de un perro lanudo, y siempre camina sobre sus patas de atrás, como la gente.”

Según los antropólogos argentinos, el nombre Ucu o Ucumar está relacionado al sonido que suele hacer cuando deambula oculto por la vegetación, un grito ululante Uhú, o Ughuú. Semejante al grito que describen los “Maricoxi” de la jungla matogrosense y de Goias, en el Brasil.

Respecto de estas criaturas, las descripciones acumuladas los muestran como seres notablemente más humanizados que sus parientes del Himalaya o de las montañas del Asia Central.

En particular es significativa la narración hecha por el célebre explorador de la Amazonia y el Mato Grosso, P.H. Fawcett, quien, en su última expedición a las selvas del interior brasilero, desapareció para siempre.

En el curso de una expedición desde la región boliviana del Beni hacia el Mato Grosso, el coronel Fawcett tuvo un encuentro inesperado con cierta extraña clase de nativos, mientras cruzaban una región boscosa que se suponía deshabitada. Se trataba precisamente de los Maricoxi. La descripción de Fawcett es la siguiente:

“Al vernos se quedaron inmóviles y rápidamente pusieron flechas en sus arcos, mientras yo les gritaba en lengua Macubi. No podíamos verles claramente por las sombras que moteaban sus cuerpos, pero me pareció que eran unos hombres grandes y peludos, de brazos excepcionalmente largos y frentes echadas hacia atrás con órbitas oculares pronunciadas; hombres verdaderamente primitivos, que iban desnudos. De pronto se dieron vuelta y se perdieron en la espesura.”

Agrega el explorador que al día siguiente llegaron a una aldea primitiva en la cual unos “grandes brutos con aspecto de monos” se dedicaban a distintos quehaceres.

“Toqué un silbato y una criatura enorme, peluda como un perro, apareció en la choza más próxima. En un instante puso una flecha en su arco y vino danzando con una y otra pierna hasta que estuvo a sólo unos cuatro metros. Emitiendo sonidos que se oían como ‘¡Eugh! ¡Eugh! ¡Eugh!’, siguió bailando allí, y de pronto todo el bosque que nos rodeaba pareció cobrar vida con esos horribles hombres mono, gritando todos ¡Eugh! ¡Eugh! y bailando sobre una y otra pierna mientras ponían flechas en sus arcos. Parecía una situación muy delicada para nosotros y me pregunté si habría llegado el fin. Hice amables presentaciones en lengua Macubi, pero no prestaron atención. Era como si el lenguaje humano estuviera más allá de su entendimiento.”

El hombre-mono levantó dos veces su arco haciendo ademán de disparar, pero no llegando a hacerlo. Fawcett pensó que una tercera vez probablemente dispararía el flechazo, de modo que extrajo su revólver e hizo un disparo a los pies de la criatura.

“El efecto fue instantáneo. Una mirada de completo asombro se reflejó en su cara, y abrió los pequeños ojos. Dejó caer el arco y las flechas y corrió con la velocidad de un gato a esconderse detrás de un árbol. Entonces empezaron a volar las flechas. Disparamos unas cuantas ráfagas contra las ramas, esperando que el ruido asustara a los salvajes y los hiciera más receptivos, pero no parecían de ningún modo dispuestos a aceptarnos, por ello ordené la retirada antes de que alguien fuera herido. Tomamos el mismo camino hasta que el campamento quedó fuera de la vista.”

Luego de publicados los relatos del Coronel Fawcett, éste recibió numerosas cartas y sostuvo entrevistas con personas que tenían información sobre gentes muy primitivas que vivían en aquella zona selvática y con frecuencia pantanosa.

El investigador Iván Sanderson, especialista en el tema de los Pithecantropus, escribió sobre los Maricoxi en su libro “Cosas”: “La única conclusión final que podemos extraer es que en 1914 hubo en el Mato Grosso algunos grupos subhumanos del tipo neandertaloide. No hay razón para suponer que no sigan viviendo ahí”.

Llama la atención el recordar la descripción hecha en 1796 por el Dr. Edward Bancroft, sobre un supuesto “orangután” de la Guayana británica. El Dr. Bancroft señala:

“Mucho más grande que el africano o el de las islas orientales, si podemos fiarnos de los relatos de los nativos. Dicen los indios que mide alrededor de cinco pies de estatura (1.5 mts.) mantiene una posición erguida, tiene forma humana y está recubierto por un pelo corto y negro; pero sospecho que la altura se ha exagerado por el miedo de los indios, que sienten un gran pavor ante él...”

En general las descripciones de los Ucu o Maricoxi hablan de seres de baja estatura. El naturalista alemán Alejandro Von Humboldt efectuó una expedición, por desgracia infructuosa, al Orinoco, siguiendo los indicios que ya se propalaban con insistencia a fines del siglo 19, sobre la existencia de estos antropoides. Hay testimonios de encuentros con estos seres por parte de funcionarios coloniales británicos en Guayana (Guyana) y en Honduras Británicas (Belice), donde reciben el nombre de Dwendis, sin duda a partir de la palabra castellana “Duendes”. Varios relatos plausibles procedentes de Venezuela coinciden en los detalles más significativos de las descripciones, aunque algunos tienen detalles truculentos que pueden ser fruto de la imaginación, como es el caso de un tal Emelino Martínez que cuenta haber sido atacado por dos “animales humanos peludos”, el 10 de abril de 1954, cuando regresaba a su coche de una partida de caza en las colinas. Dice el venezolano que lo agarraron justo cuanto iba a entrar a su auto. Lucharon y él logró zafarse hiriendo a uno de los hombres mono con una piedra en la cabeza. Asi pudo poner en marcha el vehículo y escapar mientras los seres peludos golpeaban las ventanas con los puños.

Las únicas descripciones que salen de este contexto provienen de la región selvática del noreste del Perú, que geográficamente está unificada con la amazonia brasilera.

De aquella región informó el explorador peruano Carlos Torrealba, quien señaló que estando perdido en la jungla, en abril de 1976, en la región de san Martín, en la vertiente oriental de los Andes, había encontrado una comunidad de “gigantes de la edad de piedra”. Dijo que los hombres eran de piel olivácea, de pies grandes y desnudos y caminaban con la espalda inclinada. Tenían una estatura entre 1.90 y 2 metros, tenían el pelo rojizo y vestían pieles de animales. Janet y Colin Bord, en su libro sobre “los Yeti”, señalan que en esa misma época un guía indígena, de nombre Encarnación Mapuri, había dado cuenta de que una banda de 15 gigantes había atacado un campamento de cazadores profesionales.

¿Es posible que el explorador peruano, que no da muchos detalles sobre su encuentro con los gigantes, haya tenido algunas fallas de observación? ¿Es posible que tales gigantes no hayan estado vestidos con pieles de animales, sino que se encontraban desnudos y las supuestas pieles fuesen la pelambrera natural de sus cuerpos?

Si así fuese, querría decir que también en Sudamérica existirían dos razas distintas de Pithecantropus. Unos de estatura elevada, agresivos, y otra más tímida de individuos de estatura mucho menor, apenas unos cinco pies.


Pie Grande en la Televisión

Si dijimos que el Himalaya es la Patria del Yeti, debemos agregar que Norteamérica es la Patria de Sasquatch el Patón. El Pie Grande.




Sólo en los Estados Unidos hay recopilados más de tres mil testimonios de encuentros con esta clase de seres. Y se trata de testimonios cuidadosamente analizados y clasificados. Incluso mucho del material norteameriano es enviado, en canje, a los institutos rusos correspondientes en el área de la investigación zoológica, la ecología y la conservación de la vida silvestre.

A diferencia de los casos en el sur de Siberia, en que se mencionan numerosos casos de Almas abatidos a tiros, en Estados Unidos no se ha obtenido ni una sola muestra física de las criaturas, excepto algunas fotografías y una notable película filmada por Roger Patterson, el 20 de octubre de 1967 en Bluff Creek, al Norte de California.

Una de las razones más poderosas que inhibe al eventual cazador norteamericano de “Pies Grandes” es la formación cristiana y la mentalidad respecto de la justicia. En efecto, la mayoría de los testimonios refieren que el monstruo es demasiado humano para considerarlo un animal. En caso de darle muerte, si resulta ser demasiado humano, el cazador habrá cometido un asesinato y en consecuencia podrá ser sometido a juicio por ello.

Pero más allá del temor a la ley, está la resistencia moral. De hecho, el cazador rara vez se resuelve a disparar, y si lo hace está en un estado tal de shock que es muy probable que yerre el tiro.

La abundancia de testimonios norteamericanos es demasiado grande e incluye un número demasiado alto de casos de alta calidad para que resulte tarea fácil hacer un muestrario casuístico.

Quizás uno de los testimonios más valiosos sea el del propio Roger Patterson, autor de la filmación que mencionamos antes.

Patterson refiere que en el otoño de 1967 se dirigió a Bluff Creek, California, acompañado de Bob Gimlin, continuando investigaciones sobre los Pies Grandes que habían iniciado hacía ya más de diez años.

Viajaban a caballo por caminos, senderos y lechos de riachuelos, y cuando iban por uno de estos últimos, vieron a una hembra Pie Grande agachada junto al agua. Los caballos retrocedieron alarmados y Patterson se apresuró en extraer del árguena de su silla de montar la filmadora que llevaba permanentemente pronta.

Cuando desmontó, ya la hembra caminaba alejándose por un banco de arena y Patterson tuvo que correr tras ella para obtener tomas cercanas y detalladas. Pero a medida que corría iba filmando. Esto explica la imprecisión de las tomas de la mayor parte de la película. Cuando se había acercado hasta unos 24 metros, Patterson dejó de correr y la hembra Pie Grande se volvió hacia atrás a mirarlo. Es la parte del film en que la criatura da varios pasos acercándose al borde de la línea de árboles, y es la más clara de las tomas. Por desgracia la criatura se ve oscurecida por subexposición, aunque se definen muy bien sus facciones.

Finalmente, aquel ser se metió entre los árboles y se perdió de vista a gran velocidad.

Ambos investigadores fotografiaron también las huellas de la criatura y sacaron moldes en escayola de las mismas. Tienen 43 centímetros de largo por 17 de ancho. Asimismo se advierte que mientras las huellas se hunden dos o tres centímetros en la arena, las huellas de los hombres dejaban una leve marca en cambio.

Al principio, la película provocó una reacción de escepticismo y burla. Sin embargo, fueron analistas rusos quienes prestaron atención más que a la nitidez de los detalles, a la forma en que el sujeto filmado se desplazaba, el control de su musculatura y la forma en que desplazaba sus centros de equilibrio. Analizando esos factores, resultaba completamente claro que allí no había ningún oso, ni un ser humano disfrazado. La conducta motora de la hembra Pie Grande demostraba que se estaba ante un ser de características musculares y óseas definidas y distintas de cualquier otro animal.

Esto fue ratificado de una manera pintoresca, cuando se llevó la filmación a los expertos en disfraces y trucos de los estudios cinematográficos de Walt Disney. Allí, los más hábiles expertos concordaron en que no existe truco cinematográfico capaz de reproducir los movimientos de masas musculares como aparecía en aquella filmación, y al mismo tiempo, que ninguna persona de tanta corpulencia podría moverse con la agilidad del personaje.

Fue así como los grandes maestros de la farsa concordaron con los científicos rusos en demostrar que allí se tenía una auténtica filmación, la primera en el mundo, de un Sasquatch o Pie Grande, versión norteamericana del Yeti, en plena vida y movimiento.

¿Se acerca ya el momento en que se descubrirá definitivamente la verdad de estos seres?

¿Son acaso descendientes del arcaico Hombre de Neanderthal, que se suponía tan extinguido como el Celacanto, y que podría estar tan vivo como aquel pez?

¿Hay todavía espacio en esta Tierra superpoblada y super explorada, para nuevos descubrimientos zoológicos? Recordemos la sorpresa del mundo cuando fue descubierta la iguana gigante de las Islas Cómodo, capaces de devorar a un turista desaprensivo, a un venado o a un cerdo salvaje.

Lo que es importante es que, si hemos de saber finalmente la verdad sobre el Yeti, ello ocurra sin que a estos extraños seres les cueste la vida el haber sido descubiertos.






Pie Grande (Video)
Descripción: Filmación de un Pie Grande hembra obtenida por Roger Patterson el 20 de octubre de 1967 en Bluff Creek, al Norte de California.
Tamaño: 1.05 MB
Tipo: RealMedia File
Duración: 0.16 minutos


http://helius.cdmon.org/mp/videos/bigfoot_pg.zip




Descripción: Los Himalayas, aquel paisaje es la morada del “Abominable Hombres de las Nieves” o Yeti. En este video se observa a esta misteriosa bestia-humanoide, conocida como “Tchang-Po” o “Metoh Kangmi” por los nativos del lugar.
Tamaño: 156 KB
Tipo: Real Media
Duración: 0.36 minutos


http://helius.cdmon.org/mp/videos/yeti.zip




Pie Grande (Sonido)

Descripción: Grito de un supuesto Pie Grande grabado en el Estado de Washington (EE.UU.) por un grupo que estaba de campamento.
Tamaño: 298 KB
Tipo: Wav
Duración: 0.18 minutos


http://helius.cdmon.org/mp/misc/piegrande_grito.zip

Datos archivados del Taringa! original
0puntos
0visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
3visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

h
hod3🇦🇷
Usuario
Puntos0
Posts19
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.