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Apocalypse Now, interpretación y simbología

Offtopic7/16/2015

Apocalypse Now, interpretación y simbología

Hoy nos convoca "Apocalypse Now", de 1979, una de las obras cumbres no sólo de F.F. Coppola, sino del género bélico, del cine de los 70's y de todos los tiempos.

El post recopila una serie textos, críticas y ensayos sobre la edición Redux de la película. Un montaje del 2001 de 200 minutos que incluyó escenas que quedaron fuera del primer corte.



Recordemos que por simbolismo entendemos alguna representación de una idea, que no es unilateral o dogmática. En simbología "es así sólo si se quiere".


• Estadounidenses, franceses, vietnamitas y nativos.




Estas son las civilizaciones y culturas que aparecen durante la andanza del Capitan Willard y cía. Podría interpretarse que es un repaso cronológicamente a la inversa por todas las naciones que alguna vez ocuparon esas tierras. Primero los nativos, después los vietnamitas, luego los franceses y finalmente los yanquis.

Por otra parte, también se puede interpretar el viaje por el río de Willard como un viaje por la geografía estadounidense y por todas sus miserias. El viaje comenzaría en las costas de California, representadas por el coronel Kilgore y sus helicópteros, que únicamente piensa en encontrar una playa con buenas olas en pleno conflicto bélico. La siguiente parada sería en Las Vegas, donde las conejitas del Playboy realizan un show similar al de cualquier local de la capital del vicio Norteamericana. Posteriormente la barcaza recala en la plantación de caucho regentada por los franceses, que resisten defendiendo sus propiedades y que nos recuerda indefectiblemente a las grandes mansiones del sur de los Estados Unidos. Finalmente, el viaje terminaría  en el puente que divide a los dos bandos y que el director nos lo muestra como uno de esos barrios conflictivos de Nueva York, en los que los ciudadanos de color son los que dirigen el lugar y en el que las drogas, la falta de una clase dirigente y la música psicodélica están a la orden del día.

•La guerra se pierde por falta de conducción.

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A lo largo de la película estas ideas aparecen más de una vez. Por ejemplo, cuando la lancha se topa con el infierno absoluto y la anarquía total del puente de Do-Lung. En medio del fuego indiscriminado, la locura, el alcohol, la música rock, ahí mismo Willard le pregunta a un soldado, que opera una ametralladora, "¿quién es el oficial a cargo?" el soldado sorprendido lo mira a Willard y responde con otra pregunta: "¿Acaso no es usted quien está a cargo?"

También podemos remitirnos a la escena del bombardeo con Napalm, donde en pleno combate, el coronel Kilgore (Rober Duval) obliga a unos soldados a que vayan a surfear entre tiros y explosiones. Y anteriormente, Kilgore remata una escena con la frase "Charlie don't surf" (Charlie, el vietcong, no surfea) Esto tiene una primer lectura bastante simple y lógica: El enemigo no surfea, porque no es un deporte que tenga algo que ver con su historia o su cultura, o simplemente porque Charlie, se toma el asunto de la guerra muy en serio, y no tiene tiempo para nimiedades como el surf.

Algo que el Coronel Kurtz explica en una de sus cartas:

Charly no tenía diversiones. Siempre estaba escondido en sus nidos o se movía deprisa. Su idea de una juerga era comer arroz frío y carne de rata, y contaba con sólo dos opciones para volver a casa: la muerte o lo victoria. No es de extrañar que Kurtz cabreara tanto al mando. La guerra estaba dirigida por un puñado de payasos con cuatro estrellas que acabaría arruinando el circo.

•El campamento y las Playgirls

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En esta escena se refleja el ambiente pesimista, de dolor y desesperación de todos los personajes. Los tripulantes del barco se encuentran con un campamento perdido, y con el helicóptero donde estaban las tres chicas que antes habían intervenido en la escena del espectáculo para los soldados. Coppola juega aquí con la desesperación no sólo de los soldados sino también de las chicas Playboy (un símbolo de la América de triunfo, de la diversión, de la normalidad) que muestran su lado triste, derrotado y donde una escena de pretendida orgía acaba convirtiéndose en la viva imagen del pesimismo

•Remontando el río y descendiendo al infierno.

Cine

Después de la presentación de la misión a Willard la película sigue con su llegada a la patrullera fluvial con la que se remontará el río rumbo a Kurtz. Willard nos presenta a su tripulación, que con él inicia también su propio descenso a los infiernos de la guerra y la locura y que en la estructura de la película podemos observar en las siguientes escenas: cuanto más asciende la lancha río arriba, más desciende el espíritu, la integridad psíquica y la moral de los personajes.


•La plantación francesa.

Apocalypse Now, interpretación y simbología

Es un intermedio interesante a pesar de su subrealismo. En él se plantea el absurdo de guerras como las del Vietnam: el final desconocimiento de su sentido. La familia francesa representa aquella que tiene algo que perder y que por eso luchan, por conservar aquello que consideran su casa… como finalmente los vietnamitas, que también luchan por su tierra. Pero los soldados norteamericanos… ¿Contra qué luchan? ¿Contra el comunismo, cómo dice Chef en un momento dado, que andan con chanclas, monos negros y sombreros de paja? Nada distinto que las guerras que ocurren actualmente… ¿Realmente los ejércitos occidentales son los ejércitos del bien, de la democracia? ¿O no son más que marionetas que están utilizadas en función de otros intereses más oscuros y de orden más político y económico? ¿Dónde estaban los ejércitos del bien y de la democracia en tantos y tantos conflictos en los que no hay nada por ganar?

La encendida charla política puede también simbolizar a lucha de poder entre Europa y Estados Unidos, y entre ellos y Asia

•El fin de toda razón.


Llega el final, y parece que el destino de Willard está escrito de antemano, este personaje tendrá que pasar duras pruebas antes del final. Si quiere tener el derecho de matar a Kurtz y, o bien sucederle, o bien contar la verdad, primero tiene que conocer el horror. De qué otro modo podría desempeñar cualquiera de las dos opciones? Y el horror de frente, sin paliativos. Cuando Chef (Frederic Forrester) se percata de que ha llegado el momento de pedir el ataque aéreo, tiene lugar uno de esos momentos en los que me baso para afirmar el enorme talento que posee Coppola filmando cine de horror. Una obsesiva percusión, que parece latir desde las mismas entrañas de la imagen, adereza el caminar de Kurtz, que se acerca de noche a un Willard aniquilado pero aún con vida. Es posible que al ver llegar a su reflejo, Willard crea que le ha llegado la hora. Pero algo mucho peor va a experimentar.
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Aquí Kurtz parece decirle a su prisionero que va a tener que ganárselo sin la ayuda de otros, y sin bombas
Esta escena no puede entenderse sino como una resurrección en toda regla, una purificación de Willard, provocada por haber vivido el mayor horror imaginable. Se le abren las puertas de la celda (¿del cielo?), y es Kurtz (¿Dios? ¿el Diablo’ ¿Oz?) quien las abre, para a continuación leerle un artículo del Time Magazine.
Willard queda libre, aunque bajo vigilancia, y no le permiten marcharse. ¿Podría esto interpretarse, a su vez, como un hipotético Cielo? Willard va a conocer y experimentar cosas inenarrables, en un entorno que podría considerarse, si el hombre no hubiera puesto sus zarpas en él, de auténtico paraíso.
Willard se encuentra en todo momento, salvo en su escena final, cuando ya está recuperado, en un estado de trance, entre la vida y la muerte. Así lo ha querido Kurtz para que su mente se vea libre de prejuicios y lo observe todo sin el filtro de una conciencia preestablecida. En este renacer, el espectador siente una catarsis difícil de describir. Cuando se está al borde de la muerte, pero se continúa con vida, todo adquiere más valor.

En el discurso final de Kurtz a Willard, asistimos a la constatación del horror del mundo, en una crítica feroz, sombría y descarnada al Hombre, como la figura trágica y cruel que es. Kurtz explica aquella experiencia que tanto intrigaba a Willard, cuando leyó en el dossier que había vuelto de una misión en Vietnam y todo había empezado a torcerse. Ya no queda nada, sólo los rostros de ambos. El fondo son tinieblas. Son un hablante y un receptor envueltos en la escuridad, pero iluminados por ellas. “El horror tiene rostro y debes hacerte amigo de él. El horror y el terror moral son amigos, porque si no lo son son enemigos terribles”, dice el coronel. Esto explica el tema final de la película y todo lo que esta significa.

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Las personas capaces de provocar el horror no son monstruos, son hombres. Así es el ser humano. Willard se miró en el espejo y vio a Kurtz, le invocó. Coppola también coloca un espejo delante del espectador, y el reflejo no son monstruos, sino ellos mismos, la cruel criatura “dueña de la cración” llamada hombre. Kurtz es tan lúcido que es el hombre más roto que imaginar quepa. Ha visto cuál es la verdad. Ha visto de lo que somos capaces, y que detrás del dolor sólo queda dolor.
Vemos a Willard observar su propia mano y moverla. Es como si volviera a sentirla, como si fuera un ser físico de nuevo. Ha llegado el momento y lo sabe. Está restablecido y listo para cumplir su destino. Encadena a una imagen perturbadora de Kurtz recortado sobre el fondo, como una sombra. Cerca de él un caribú baja las escaleras. De esa forma Coppola les hermana. Si el sacrificio al caribú es el sacrificio del cuerpo de Kurtz, no podían hermanarse de un modo más explícito. Los lugareños proceden a un ritual de muerte, sangre y éxtasis. Willard despierta en su lancha: “por esto me ascenderían a comandante, y yo ya no estaba en su jodido ejército”. Se lanza al río a por él, zambulléndose, y emerge del lecho como una criatura surgida del principio de los tiempos.
Regresan los The Doors. Kurtz se retira a sus “iluminados” aposentos. Willard, ahora una sombra invisible para los lugareños, se interna en su templo. Como un guerrero inmemorial, Willard cumple su cometido de forma salvaje y sin juzgar. Como en ‘El Padrino’, la muerte se pone en paralelo con otro momento. Aquí es la muerte a hachazos del caribú. Cuando todo ha acabado se hace el silencio. Pero dura poco. Willard se estruja la cabeza con sus manos, como si su cabeza fuera a estallar. Regresa la música escrita por Coppola. Willard descubre el mensaje escrito por Kurtz: “lanzad la bomba, exterminadles a todos”, y se sienta en su escritorio, ante la misma máquina de escribir de Coppola.
Al salir, parece un dios sangriento, y todos se postran ante él. Inenarrable resulta esta imagen, de una fuerza estremecedora. Cuando Willard lanza su arma contra el suelo, el eco de su caída parece surgir del mismo infierno. Ve a Lance y se lo lleva, como un Dios tirano que salva a un elegido. Concluye así esta obra de arte.

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