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mini novela de terror

Paranormal4/22/2012
HOLA! les vengo a traer la historia de elisabeth reed:

Capítulo 1: Ella, el misterio.
25 de diciembre de 1990. – Centro de rehabilitación social McGregor.
No tengo muchas pistas… cuatro asesinatos, una herencia y una mujer.
Su nombre es Elizabeth Reed, se encuentra en un centro de rehabilitación debido a una extraña esquizofrenia que sufrió después de asesinar a su familia… fue una historia controversial, no hubo periódico que no hablara de ello. Los detalles fueron omitidos y muchos no creen en la historia.
Hoy tuve la oportunidad de hablar con Elizabeth, los guardias fueron estrictos pero al final pude pasar.
Era sorprendente ver a una mujer en ese estado, su cabello cubría parte de su cara, su único ojo visible estaba rodeado de moradas ojeras, su piel era blanca como la nieve y parecía bastante sensible.
—Buenas tardes Elizabeth, mi nombre es William Works, soy editor de un periódico…
— ¿Qué quiere? —preguntó con voz frágil.
—Eliza, yo se que usted no mató a su familia…
Elizabeth comenzó a murmurar palabras que no pude percibir.
—I know a secret to you… (Sé un secreto para ti) —murmuró lentamente.
— ¿Tienes algo que contarme, Elizabeth?
—Ya es hora de que se valla… o podrá escucharnos. —dijo silenciosamente mientras comenzaba a llorar.
Me limité a levantarme de mi asiento y poco a poco me fui alejando de aquella aterradora mujer.

Capítulo 2: Creando evidencias de la nada.

26 de Diciembre de 1990.
Dejé de pensar en motivos y me decidí a descansar. Elizabeth Reed no dejaba de ser un misterio, ¿Qué motivos tendría para asesinar a toda su familia?
La mañana del 26 de diciembre me decidí a documentarme más. La información resultaba repetitiva y no tenía demasiadas fuentes para investigar. Conseguí dos periódicos, en la primera plana ambos se referían al trágico accidente.

1-“Mujer pierde el control y asesina a su familia, se desconocen motivos. La culpable se niega a hablar” 10/OCT/1990.
2-“Residente local comete homicidio en contra de su propia familia, se deduce que el agravio se cometió por golpe con objeto contundente en los cuatro asesinatos” 9/OCT/1990.
Inmediatamente pensé en la herencia que el esposo de Elizabeth había dejado antes de su muerte. ¿Realmente Elizabeth asesinó a su familia para quedarse con el dinero? Sea como sea, la esquizofrenia no la dejó vivir.
Me dirigí al centro de rehabilitación una vez más, el siguiente paso de mi investigación era la supuesta herencia que Elizabeth adquirió. Y sólo ella podría aclararlo.
La recepcionista me miró de refilón y enseguida me dirigió la palabra.
—Señor Works, no esperaba verlo tan pronto. —pronunció la recepcionista mirando una vez más los papeles en su escritorio.
—Vengo a hablar con Elizabeth Reed, nuestra plática quedó inconclusa.
—La paciente ha dejado la institución esta mañana. Le ruego que no la busque. —respondió.
La miré sorprendido. ¡No podía irse!
— ¿A dónde ha sido trasladada? —pregunté alterado.
—No puedo proporcionarle esa información. Aún así, antes de irse Elizabeth me entregó esto para usted.
— ¿Esto me ayudará a encontrarla? —pregunté desconcertado.
—Señor Works, una vez más le ruego que no la busque.
Miré por unos momentos la caja de madera color ocre que la recepcionista me había entregado y luchando contra mi propia curiosidad, me resistí a abrirla.
Guardé la caja en mi maletín y con una sonrisa dibujada en mi rostro salí por la puerta principal. Comenzando una vez más.

Capítulo 3: La familia y el mensaje.

27 de diciembre de 1990.
Toqué las comisuras de la caja lentamente, aún invadido por la curiosidad de saber que guardaba en su interior. No era muy pesada y tenía figuras religiosas talladas a mano.
Me aseguré de estar totalmente solo en mi apartamento, cerré las cortinas y encendí solo una tenue luz de lámpara de escritorio.
Poco a poco abrí la caja, con cuidado de no maltratar su interior.
La caja guardaba una fotografía tomada recientemente junto con un libro y una carta. La emoción era cada vez más fuerte, ignoré toda sensación de peligro y tomé el tercer objeto.

“Terminará… Los periodistas quieren atacar a mi familia, poco a poco han cubierto mi boca hasta silenciarme. La única manera de romper con los rumores es terminar el trabajo yo misma. Me duele mi decisión, pero solo así terminará la pesadilla”.

Rescate el recuerdo… Señor Works… usted debe ayudarme. En la caja he puesto una fotografía… es mi familia dos días antes del incidente, como usted sabrá, cuatro de las personas de la fotografía fueron asesinadas. La quinta persona, fue un testigo…

El libro, el libro de la caja… úselo a su conveniencia.

Sí, Confío en su inteligencia. No me busque, o puede no encontrarse a usted mismo.

-Elizabeth Reed.

Miré la fotografía con detenimiento, ¿un testigo? Mi cabeza se inundó de ideas sobre los presentes en el retrato. Pronto algo llamó mi atención…
¡La fecha de la fotografía y la información de los periódicos no coincidían!

Capítulo 4: Una visita inesperada.

28 de diciembre de 1990.
A la mañana siguiente volví a tomar la caja que reposaba sobre mi escritorio, tomé el libro y comencé a hojearlo.

“El libro… el libro de la caja úselo a su conveniencia” fueron las palabras de Elizabeth sobre el segundo objeto.

Las páginas eran amarillentas y bastante sensibles. Pronto la calma se vio interrumpida por fuertes golpes en mi puerta.

— ¡William! ¡Te ordeno que abras la puerta! —gritó un hombre.

Sin pensarlo dos veces, tomé bruscamente el libro junto con la caja y los lancé debajo de mi cama.

Abrí la puerta de un tirón para encontrarme con el dueño de la empresa en la que trabajaba.

—Señor Smith… ¿qué le trae a mi casa a estas horas? —pronuncié con un ligero jadeo.

— ¡No juegues conmigo, Works! ¡Dame la caja! —gritó golpeando la puerta.

¿Qué sabía él sobre Elizabeth y la caja?

Smith entró precipitadamente a mi apartamento empujando mis pertenencias mientras su mirada recorría toda la habitación.

— ¡Te dije que me des la caja, Works!

— No sé de qué me está hablando —pronuncié intentando guardar la euforia, el primer paso era no levantar sospechas.

Smith miró a mi escritorio y las comisuras de sus labios se encorvaron hasta formar una sonrisa.

¡Olvidé guardar la foto! Grité en mi interior.

—Works… deja de jugar al imbécil conmigo. —rió mientras sostenía la fotografía antigua.

Tragué saliva bruscamente, me ruboricé ante la siniestra sonrisa de mi jefe.

—La… la encontré en el centro de edición…

Smith volvió a reír mientras despedazaba la fotografía frente a mí.

—Works… entre menos evidencia… es mejor. —concluyó.

Capítulo 5: Recopilación, camino a la voluntad.

28 de diciembre de 1990.
Aún aturdido por la visita de Smith, me recosté en mi cama, cerré los ojos por unos momentos y comencé a generar mis hipótesis.
¡La herencia! Elizabeth quería que buscara motivos para seguir. Claro, podría verme en la posibilidad de ser millonario.
Tomé el libro una vez más y observé la primera página, hablaba de teorías hidráulicas y apartados matemáticos, perdí el interés y lo dejé reposar una vez más.
¡Una de mis pistas está hecha pedazos y en el bolsillo de Smith! Ahora nunca sabré quien es el testigo que en la carta se mencionaba.
¡Pero qué estupidez! ¿Qué esperaba Elizabeth que hiciera con tan inútil material?
Caminé por mi apartamento intentando conectar las evidencias que tenía, los resultados terminaban en una inminente pérdida de atención.
Totalmente abatido, salí de mi apartamento para darme un respiro, las luces navideñas me provocaban náuseas.
¿Qué relación tenía Smith con la historia? ¿Acaso está en busca de la fortuna de los Reed ahora que Elizabeth está fuera del tablero? O tal vez solo está ocultándonos lo inevitable.
Regresé a mi apartamento aún sin ideas, tomé asiento en mi escritorio y volví a examinar la caja, las yemas de mis dedos recorrieron los tallados religiosos y miré en su interior. Aún sin pistas.
Tomé la carta del fondo y comencé a leerla una vez más, la letra manuscrita de Elizabeth era bastante buena como para ser escrita por una mujer enferma. Mi mirada recorrió hasta la más pequeña letra escrita. Vi el esfuerzo de Elizabeth en las marcas del bolígrafo.
Los ojos se me abrieron como platos al ver un detalle en la carta.
¡Las primeras letras de cada párrafo formaban la palabra “tres”!
Tomé rápidamente el libro antiguo e inmediatamente me dirigí a la tercera página.
Entre los apartados de hidráulica se encontraba la dirección del panteón de St. Louis.

Capítulo 6: Una visita a St. Louis.

29 de diciembre de 1990.
Los tonos anaranjados del amanecer mostraban un nuevo día, era diferente a los demás, esta vez tenía un objetivo donde buscar.
Repasé la dirección del panteón… necesitaría solo un par de horas para llegar.
No desayuné para no perder tiempo, tomé las llaves de mi automóvil y me dirigí a la editora del periódico.
Rachel, la recepcionista y amiga mía me dedico una sonrisa antes de cruzar por la puerta.
— ¡Hola preciosa! —saludé con una sonrisa.
Rachel se encogió en hombros por unos instantes.
—Will… qué sorpresa verte una vez más.
—He estado ocupado, tengo una nueva investigación. —respondí seguro.
Ante el silencio de Rachel, me decidí a subir a mi planta de trabajo.
— ¡Will! —Gritó Rachel —No puedes pasar.
Giré mi cabeza rápidamente en reacción.
—Smith te despidió —continuó con la mirada baja —realmente lo siento, no quiere dar explicaciones.
Me ahorré las maldiciones porque sabía que algo así ocurriría, Smith me quería fuera del camino.
—Regresaré después, tengo asuntos que atender.
Mi coraje se vio inundado por una recurrente vergüenza, caminé a la puerta principal, incapaz de girarme para ver la expresión de Rachel.
Esta vez sabía dónde ir, develaría los secretos de Smith con lo que Elizabeth me había proporcionado.
El panteón de St. Louis era un lugar lúgubre, las ramas de los árboles estaban secas y el pasto estaba quemado, teñido de un color amarillento.
— ¡Usted! —Gritó un hombre a mis espaldas —Este lugar es privado.
—Soy editor del periódico local, he venido a una investigación de campo.
El hombre se mostró confuso ante mis palabras. Su larga barba blanca y ropa raída lo describía como el velador del panteón.
—Da igual, haga lo que quiera… ¡pero no moleste a los muertos! —dijo mientras se alejaba lentamente de mí, aún susurrando.
Caminé por los pasillos que formaban las lápidas en orden alfabético, recorriendo mi mirada en todas ellas. No fue difícil encontrar el lote familiar de los Reed.
¡Y pensar que toda su familia yace aquí!
Sabía que no llegaría más lejos si no comenzaba mi investigación en el panteón de manera más “profunda” Así que lo siguiente fue en contra de mi propio código moral.
“Janine Reed”
Comencé a excavar violentamente con mis manos, mis dedos no tardaron en sangrar. El frío de invierno me abrumó, poco a poco dejé de sentir el dolor en mis manos. Pudieron haber pasado horas… incluso días.
Una superficie solida me impidió continuar… lo había encontrado. La herencia estaba frente a mí.
Gemí de dolor en cuanto miré que mis manos estaban totalmente cubiertas de sangre, proferí un grito y poco a poco quité la tierra sobrante del ataúd.
Usé las últimas fuerzas que tenía para abrirlo… No había cuerpo… en su lugar reposaba una pila de juguetes.
Rompí en lágrimas al no poder contenerme más. Al fin lo había entendido…

Capítulo 7: La verdad y como alejarse de ella.

29 de diciembre de 1990

Inhalé lentamente terminando con una violenta exhalación. Me levanté con la mirada fija en aquella pila de juguetes y poco a poco me alejé de la tumba.
—Elizabeth… —susurré.
Caminé rápidamente hasta mi auto, el velador me observó sorprendido mientras salía del panteón. Necesitaba comprobar mis deducciones hablando con la única mujer que podría notar mis errores.
Llegué al centro de rehabilitación estacionando mi automóvil en el lugar de discapacitados, el policía comenzó a maldecirme mientras salía de él. Poco a poco se acercó a mi impidiéndome el paso.
— ¡Lárguese, idiota! —grité.
El policía intentó someterme y esposarme, pero mi reacción fue puñetazo en la cara, su nariz comenzó a sangrar. Entre la distracción de sus gemidos, accedí una vez más al lugar donde comencé.
Me acerqué a la recepcionista que miraba atentamente mis manos ensangrentadas.
— ¿Dónde está Elizabeth? —grité.
—Señor Works, ¡cálmese!
— ¡Te hice una pregunta, mujer! —Levanté la voz— ¿Dónde está Elizabeth? ¡Responde!
— ¡Ya le dije que no puedo decírselo! ¡Señor Works, llamaré a seguridad si no se retira ahora mismo!
— ¿A quién? ¿Al inútil que está sangrando en mi automóvil?
La recepcionista dibujó la preocupación en su rostro mientras miraba fijamente mis ojos.
— ¡Dime donde está Elizabeth… o te vas a arrepentir!
La recepcionista tomó papel y rápidamente comenzó a escribir con el bolígrafo de su escritorio.
—Tome, ya tiene lo que quiere… ¡ahora lárguese!
Doble el papel en mi bolsillo y salí del hospital evadiendo al policía, me dirigí a la editora del periódico.
— ¡Rachel! —Grité —necesito tu automóvil.
—Will… ¡Oh Dios mío! ¿Qué te paso en las manos? —preguntó sorprendida.
—Te contaré después, ¡necesito tu automóvil! —repetí rápidamente.
Rachel tomó las llaves de su bolso y me las entregó. Mi vista captó rápidamente un listón negro en la recepción.
— ¿Qué sucedió? —pregunté alterado.
—Will, Smith murió en su suite.
Tiré las llaves en una reacción de sorpresa.
—Qu… ¿Qué paso? —tartamudee.
—Lo asesinaron —respondió en sollozos.
Recogí las llaves del piso y salí rápidamente de la editora.
Llegué a la iglesia de St. Patrice, dirección que marcaba el papel. Era una enorme construcción barroca.
— ¿Dónde está Elizabeth Reed? —pregunté en voz alta.
—Guarde silencio… este es un lugar sagrado. —respondió el pastor mientras señalaba el confesionario.
Me acerqué temeroso a la mujer cuya cara estaba cubierta.
— ¿Elizabeth?
La mujer volteó lentamente hasta cruzar su mirada con la mía, su piel mortecina quedó a la luz de los vitrales.
—Dígame si ha llegado lejos, señor Works.
—Se la verdad… ¡deja de jugar al tonto conmigo! —grité.
Capté la mirada de varios seguidores, el pastor se dirigió a mí.
Elizabeth dibujó una sonrisa mientras su espalda se encorvaba, comenzó a reír.

Capítulo 8: El horror de saber ver.

29 de Diciembre de 1990
Vi con terror la imagen de Elizabeth, di un respingo y caí sobre mi espalda.
Los seguidores en la iglesia comenzaron a gritar, muchos salieron corriendo y muchos otros comenzaron a rezar.
El ambiente se tornó frío, demasiado frío.
Elizabeth comenzó a gritar palabras en latín mientras su piel comenzaba a rodearse de heridas sangrantes. Pronto estuvo erguida frente a mí.
—¿E… Elizabeth? —gemí en un intento de articular palabras.
Comencé a sentirme aterrado, las personas restantes comenzaron a correr, el pastor se encontraba de rodillas.
— ¡Lárgate, lárgate! —gritó el pastor.
Elizabeth lo miró atentamente mientras dibujaba una sonrisa, caminó hacia él y comenzó a acariciar su cara dejándola cubierta de sangre.
El pastor cayó desmayado.
—No… ¡no me hagas nada! —rogué.
—William… por ti estoy aquí —pronunció con voz grave.
—Tú… ¡tú no eres Elizabeth Reed!
Elizabeth se acercó a mí mientras murmuraba palabras conocidas.
—Entre menos evidencias… es mejor.
Y todo se volvió oscuridad…


Lo siguiente fue escuchar pasos y conversaciones.
— ¿Está bien? —Pronunció la voz de Rachel.
—Fue un accidente menor, señorita. Solo necesita descanso.
Abrí los ojos lentamente, la luz blanca me deslumbró.
— ¿Will?
—Rachel… ¿qué hago aquí? —pregunté con un palpitante sentir en mi cabeza.
—Accidente menor, en mi automóvil. —rió.
Hice una mueca al escuchar las últimas palabras.
—Donde… ¿dónde está…? ¿Dónde está la mujer?
—Sé que te refieres a Elizabeth… no has dejado de hablar de ella.
—Tengo que ir a St. Patrice. —Dije mientras hacia un es fuerzo por levantarme, me encontraba conectado al oxígeno y mis manos estaban vendadas.
—Will… tranquilo… irás conmigo.
Comencé a llorar al sentir la impotencia de estar en una cama. ¡Esa mujer no era Elizabeth! ¡No lo era! Y nadie me iba a creerme.
—Odio este chiquero del gobierno, vámonos de aquí.
Logré salir del hospital el mismo día, los doctores concluyeron que solo tenía una leve contusión en la cabeza. Rachel me llevó a mi apartamento, pero yo sabía donde quería estar.
Después de largos intentos logré que Rachel me dejara solo, el negro manto nocturno ya cubría la ciudad.
Tomé el autobús al panteón de St. Louis una vez más. El velador ya no protegía la entrada.
Los árboles eran aún más aterradores, por un momento sentí que formaban burlas y el rasgar de las ramas provocaba risas.
Y esto fue lo que vi en las lápidas de la familia:
“Janine Reed” “Jacob Reed” “Marie Reed” “James Reed” “Elizabeth Reed”
Caí sobre mis rodillas deseando dejar de pensar.

Capítulo 9: Mis conclusiones.

31 de diciembre de 1990 –Fragmento final–

No sabía en qué tipo de situaciones me veía inmerso, correr ya no era una opción. ¿Quién era yo para enfrentarme contra algo mucho más grande que mi voluntad?
Tomé el libro que Elizabeth me había dado y me dirigí a las últimas páginas amarillentas. No había escrito sobre ellas.
Tampoco sabía cuánto iban a perdurar mis recuerdos… en caso de ser efímeros, los grabaría para aquellos ingenuos cazadores de historias.
Tomé una bolígrafo fuente de mi escritorio y lo presioné fuertemente contra mis yemas. Una gota de tinta cayó sobre el papel.
Comencé a redactar:

Smith:
Presidente de la editora de periódico, un exitoso magnate que comenzó su carrera a los 24 años, mi jefe. Que encuentre el descanso.
Estuvo relacionado con el caso de Elizabeth, guardó los secretos hasta el momento de su inesperada muerte.
Smith, asesino de una familia entera, dejó sus huellas en el acto al querer destruir las pruebas. Él y la mujer esquizofrénica buscaron la herencia deshaciéndose de toda la descendencia. Sus planes no fueron planeados y terminaron encontrando que la herencia, no era más que el juguetero de Janine.
Rachel indagó en registros públicos haciéndome saber que el nombre de la mujer era Helmett Faye.

Helmett Faye:
Internada del centro de rehabilitación social McGregor, padece de esquizofrenia y acusada de estigma.
Sus mentiras se disfrazaron con el nombre de la difunda Elizabeth Reed. Me encargó una tarea. Encontrar las pistas que llevaban a la herencia para poder inculparme y quedarse con el botín, una pila de juguetes no parece tan costoso como el rumor.
Helmett habló sobre un testigo en la foto, su objetivo era desviarme de la verdad sobre el asesinato de Elizabeth. La testigo, era la misma Elizabeth Reed, la mujer a la izquierda de la foto.
Jamás sospecharía de un muerto, ¿no es así Helmett?

Los periódicos y la familia Reed:
Jamás se dio un veredicto acertado del incidente, con Smith a la cabeza, los periódicos se dedicaron a callar mientras se planeaba el siniestro plan.
Puedo suponer que Smith rechazó los planes de Elizabeth. El darle pistas al editor del periódico silencioso, no es una buena idea, ¿verdad?

La alucinación:
No tengo explicaciones convincentes para este suceso, puedo deducir que mi preocupación prevaleció más allá de la realidad.
Si termino pronto… ¿me perdonarás, Rachel?

Terminé dando un suspiro mientras cerraba el libro, dejé el bolígrafo fuente en mi escritorio y volví a encerrar los recuerdos en la caja.
Descanso, ¡dulce descanso!
Conducí hasta el panteón de St. Louis con una ofrenda de paz en mis manos. Vi la tumba de Janine cerrada una vez más. Miré fijamente las lápidas y ofrecí un ramo de rosas blancas al lote familiar.
Y si termino pronto… ¿ustedes también me perdonarán?
Regresé sobre mis pasos y no me atreví a mirar hacia atrás.

FIN

11 de octubre de 1990 –Capítulo Especial- Residencia de la familia Reed.

Yo sabía que algo no estaba bien, el día estaba nublado y estaba a punto de llover. Un escalofrío tocó lentamente mi espalda, me estremecí.
— ¡Elizabeth! —gritó James, mi marido.
—Ya casi estoy lista —respondí.
Me miré en el espejo una vez más, explorando con la mirada las notables ojeras de mis ojos.
Escuché personas correr en la planta baja de la casa.
— ¡Jacob! ¿Cuántas veces debo decirte que dejes a tu hermana? —gritó James en un hilo de voz.
Inmediatamente Marie comenzó a llorar.
— ¡Calla a esa niña, Elizabeth! —ordenó.
Suspiré y me levanté mirando a mi hija más pequeña.
—Tranquila, Marie. —Sonreí —ya casi nos vamos. Entiende que tu padre está algo molesto por… bueno, tú sabes. Cambiarse de casa no es sencillo.
Marie cerró los ojos lentamente, como si mis palabras se convirtieran en una suave canción de cuna. Pasé mis dedos por su delicado rostro de porcelana.
No, mi vida no era un infierno. Experimentaba todo tipo de situaciones maritales. ¡Esto es parte del trato!
Mi preocupación se debía especialmente a las relaciones profesionales de mi marido… casi no estaba en casa, y cuando lo estaba, hablaba de importantes inversiones en la prensa. Nunca estuve de acuerdo con aquellos pensamientos capitalistas… nuestras pláticas siempre terminaban en discusiones.
— ¡Smith nos espera, mujer! ¡Date prisa!
Y ese era su nombre… Smith Thompson. No confío en desconocidos… mucho menos cuando se trata de dinero.
Bajé por las escaleras para encontrarme con James.
—Aún no estoy del todo convencida con este trato, James —susurré.
— ¡Debes confiar en mí, Elizabeth! Ese hombre nos llevará la cima de la prosperidad.
Le dediqué una falsa sonrisa.
— ¿Desde hace cuanto lo conoces? —pregunté con la mirada baja.
— ¿Smith? Te he dicho que su madre era amiga de la mía. ¡Nos conocemos desde que éramos unos niños!
— ¿Y la mudanza? ¿Realmente es necesario irnos?
—Trabajaré como supervisor en el periódico local. Debemos estar más cerca de la empresa. ¿Acaso no crees que realmente lo valga?
Janine y Jacob se acercaron mirando a su padre. James los miró con lágrimas en los ojos y pronunció:
—Les prometo que las cosas cambiarán… se los prometo.
Hice una mueca ante las palabras de mi marido… ¿Las cosas cambiarían para bien o para mal?
Pero yo sabía que hacer… una manera de no perder todo en caso de una estafa, cambié los papeles de herencia y los puse a disposición de Janine… ella decidió si la herencia eran dólares o cualquiera de sus pertenencias, así no podrían quitarnos lo que por tanto tiempo luchamos.
—Vámonos —susurré.
James se levanto de su asiento y con un suspiro se dirigió a la puerta.
Y todo fue muy rápido…
Un hombre derribó la puerta con un martillo en la mano y la cara cubierta. Golpeó a James con el arma justo en la cara, James cayó con la nariz destrozada, totalmente inmóvil.
— ¡James! —grité.
El hombre dirigió su mirada a mí y corrió hacia Jacob.
— ¡No! ¡No lo toques, imbécil!
Corrí detrás del hombre y quité la máscara que llevaba.
¡El atacante era Smith!
Comencé a golpearlo con todas las fuerzas de mi alma, no deje de gritar y las lágrimas comenzaron a brotar. Smith golpeó mis rodillas y caí al suelo, comencé a arrastrarme hacia él. ¡No tocaría a mis hijos!
Tomó a Jacob por el cuello mientras gritaba. Intentó desesperadamente liberarse de sus brazos. Smith dirigió un golpe directo a su estómago y cayó sobre su cabeza. Smith comenzó a golpearlo aún estando inconsciente.
Grité con todo el aire que mis pulmones aguantaban. ¡Oh Dios, despiértame de esta pesadilla! ¡Dime que solo es una horrible pesadilla!
Janine corrió gritando y llorando pero el hombre destrozo su cuello en un movimiento violento.
Por último se dirigió a Marie… desgarré mi garganta, ¡me sentía impotente! ¡Mi familia! ¡Mi familia estaba muriendo ante mis ojos!
Dejé caer mi cabeza y en un momento dejé de escuchar los llantos de Marie… Comencé a llorar a tal grado de ahogarme.
Miré lentamente al hombre… mi casa se había convertido en un horrible escenario de sangre… Smith sacó un revólver de su abrigo, y pronunció:
—Elizabeth… entre menos evidencia, es mejor.
El revólver gritó su estruendo letal y todo se convirtió en oscuridad...

Espero que les haya gustado!
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