Fotografía de guerreros samuráis de la provincia de Satsuma durante la Guerra Boshin.
Etimología
Aunque no existe certeza del origen exacto de la palabra samurai (侍), la mayoría de los historiadores concuerdan en que tiene su origen en una variación del verbo, en japonés antiguo, saburau que significa «servir», por lo que el término derivado saburai se convierte en «aquellos que sirven».
El primer registro que se ha encontrado de la palabra samurái data del siglo VIII y no era aplicado con un carácter marcial, sino que se utilizaba para referirse a los sirvientes domésticos encargados de atender a los ancianos. La palabra finalmente derivó a un aspecto militar y su significado como lo conocemos hoy en día surgió con los gunkimono (軍記物), una serie de historias de guerra del siglo XII gracias a las cuales se ha podido estudiar el comportamiento, metodología y apariencia de la élite militar.
Los términos bushi (武士) y samurai (侍) han sido utilizados como sinónimos, pero la diferencia radica en que la palabra bushi significa sencillamente «guerrero» sin importar la posición o jerarquía, mientras que la palabra samurái se refiere a los miembros de una élite militar.
Kanji de la palabra samurái.
En una determinada parte de la historia de Japón, quedan dividida la población en 4 partes que respondía a un sistema de castas, es a partir de aquel momento en el que los samuráis quedan independientes, y comienzan a nombrarse así mismos como Bushi (guerrero).
En el corazón del bushido está la aceptación del Samurai a la muerte.
"El camino del samurai se encuentra en la muerte"
"Una vez el guerrero está preparado para el hecho de morir, vive su vida sin la preocupación de morir, y escoge sus acciones basado en un principio, no en el miedo".
"Si preparando correctamente el corazón cada mañana y noche, uno es capaz de vivir como si su cuerpo ya estuviera muerto, gana libertad en El Camino. Su vida entera estará sin culpa, y tendrá éxito en su llamado".
Este código moral tiene cuatro fuentes principales:
Confucianismo:
El culto y la adoración a los antepasados y de poderes entre los cuales el cielo es el más claro procede claramente del confucianismo. Otro elemento de importancia en el confucianismo es el Emperador, también llamado el Hijo del Cielo, mediador entre el Cielo y los hombres.
La práctica del Ren supone las virtudes de “lealtad” y la “compasión” pudiendo practicar la justicia y los buenos principios, llamados Yi.
El hombre que practica las virtudes es un Junzi, un hombre superior lo que se opone a Shunin, los plebeyos pero debe resaltarse que el término se refiere a superioridad moral no vinculado al origen social.
Budismo:
El Budismo otorgaba al guerrero un estoicismo pleno y tenaz que acompañaba al samurái hasta los últimos días de su vida. El Bushi acepta la muerte como una realidad ineludible y confía en su carácter como constructor de su destino. En palabras del Príncipe de Mito:
"Cualquiera puede introducirse en lo más reñido de la batalla y morir. Es fácil para un patán, pero para un samurái es verdadera decisión justa en la ecuanimidad, y un verdadero valor saber vivir cuando ha de vivir, y morir cuando ha de morir".
El budismo, ofrecía al Bushidō un método de contemplación subyacente, a un fenómeno que ponía al guerrero en armonía con el absoluto.
Zen:
Su práctica Zen liberó su mente de la distracción y lo habilitó para perseguir la perfección en todas las cosas, desde haiku (modalidad de verso Japonés) hasta seppuku (ritual suicida, también conocido como harakiri). La rama Zen del Budismo se adapta a las características guerreras del samurái y a su culto al valor lo que se plasma en el haiku:
."Me alegra saber que todo está vacío.
Honor a la espada del enemigo, solo herirá la brisa de la primavera
con el fulgor del relámpago."
Shintoísmo:
Por otro lado, el shintoísmo otorgó al bushidō valores éticos de afinidad y amor por todas las cosas vivas, y una profunda enseñanza de la lealtad con el soberano en su aspecto más tradicional. El shintoísmo creía en la pureza de lo innato, con lo que no había en él cabida para el pecado original. Las obras de Mencio y Confucio eran las principales enseñanzas para los jóvenes samuráis y una interesante pauta de resolución para asuntos mayores.
Wan Yang Ming, uno de los grandes sabios de la filosofía china que más influyó en las mentes de todos los samuráis, sostenía como criterio moral básico que "Hablar y hacer son lo mismo".
El bushidō no tiene dueño en palabras de una única personificación. Ni es objeto de una época. Es el pensamiento de décadas y siglos de hombres que hicieron posible la tenacidad y el coraje de actuar en la batalla, utilizando las herramientas de la honradez y la justicia, el valor y el amor, entre otras cosas. El bushidō noblemente aplicado es un código moral que actualmente en boca de muchos pueden ser palabras deleznables, pero para otros ojos más sentimentales, hoy en día puede constituir valores de nobleza y humanidad.
Las "siete virtudes" del Bushidō
¿QUE ES MEDITAR?
Uno de los primeros interrogantes que suele plantearse el aprendiz de técnicas de desarrollo de la conciencia es: ¿Qué es meditar? ¿Qué queremos decir exactamente cuando hablamos de meditación? ¿Es simplemente entrar en un estado de relajación? ¿O es entrar en una especie de estado de ausencia de consciencia o de no-yo?
Esta pregunta ha intentado ser respondida por muchas metodologías y escuelas de pensamiento diferentes.
La mejor respuesta a esta pregunta fue dada por el Rabino Aryeh Kaplan hace unas pocas décadas.
Meditar es pensar de una manera controlada. Más específicamente, la meditación es un estado de pensamiento controlado por la voluntad.
Por lo tanto meditar, en su sentido más estricto, no es entrar en un estado de “unidad” con todo lo que te rodea, o de abrir nuevos espacios de descubrimiento interno. Meditar tampoco es un ejercicio de relajación. Todo esto son consecuencias de la meditación, pero no son su esencia.
Meditar es la capacidad de eliminar cualquier tipo de ruido o pensamiento auxiliar y fijar toda tu atención en un objeto, un punto o una acción.
Esta idea, que parece muy fácil y sencilla, encierra muchos más matices y dificultades de los que pueden ser percibidos a simple vista. Para poder comprender esto, voy a proponer un simple ejercicio que no te llevará más de 5 minutos.
EJERCICIO:
Busca un lugar tranquilo en tu casa. Siéntate recto sobre una silla, o si lo prefieres sobre un cojín en el suelo con las piernas cruzadas. Una vez estés bien situado en la postura, empieza a respirar de una manera profunda, diafragmática, sin mover el cuello ni encoger los hombros.Respirando profundamente, intenta realizar la siguiente acción: no pienses en nada. Tu atención deberá estar dirigida sobre tu propio pensamiento, y este deberá ser como una página en blanco. Estate así 5 minutos. ¿Fácil?
Por supuesto que no. ¿Cuánto has aguantado con la mente en blanco? ¿20 segundos? ¿1 minuto? En el momento en que pensaste en algo como ¿estoy ya con la mente en blanco?, empezaste a llenar tu mente con algo.
Tan sólo los meditadores expertos son capaces de estar 5 minutos con la mente libre de pensamientos.
LA PARADOJA:
Este simple ejercicio nos ayuda a comprender una paradoja fundamental. Nuestra mente es la parte más íntima e incontrolable de nosotros mismos. Es una compañera absolutamente inseparable en nuestro viaje. Y a la vez, es un elemento de nuestra vida sobre el que apenas tenemos control.Podemos controlar muchísimas cosas en un periodo de 5 minutos: nuestras ganas de comer, la concentración en nuestro trabajo… incluso podemos controlar a nuestros hijos por 5 minutos. Pero no podemos hacerlo con nuestros propios pensamientos.
Los pensamientos fluyen fuera de nuestro control. Es como si en vez de pensar nosotros nuestros pensamientos, los pensamientos nos pensasen a nosotros.
La paradoja es que aquello que más nos caracteriza, nuestros propios pensamientos, apenas nos pertenece.
Y de aquí sacamos la primera aplicación práctica de la meditación. Al meditar nos ponemos en contacto con aquella parte de la mente que está siempre activada, pero que se nos escapa en nuestro estado de consciencia individual: el subsconsciente.
El objetivo primordial de la meditación es este: la integración del subconsciente en el consciente, con la finalidad de conseguir una consciencia integrada y plena.
CONCLUSIÓN:
La principal conclusión que podemos sacar es que hay mucho camino que recorrer. Aunque nos suene extraño e ilógico, las personas apenas controlamos nuestros pensamientos, y estamos a merced de nuestro subconsciente.La única manera de tomar pleno control de nuestra vida y estar completamente individualizados es integrando el consciente y el subconsciente. La manera conocida más antigua, universal y contrastada de alcanzar esto es por medio de la práctica concienzuda de la meditación.
RECOMENDACIÓN:
Intenta practicar regularmente el ejercicio arriba expuesto. Con 5 o 10 minutos es más que suficiente para empezar. Intenta hacerlo todos los días, aunque sé por experiencia propia que esto es muy difícil.Para facilitar el ejercicio, te recomiendo que en vez de concentrarte en “no pensar en nada”, te concentres en tu propia respiración. Observa como los pulmones se llenan de oxígeno y luego como lo expulsas lentamente en forma de dióxido de carbono. Observa las reacciones del cuerpo a este proceso. Te será más fácil realizar el ejercicio así ya que en vez de estarte enfocando en una acción de tu propia mente (no pensar), te estarás enfocando en un objeto externo a tu mente (la respiración).
Durante el ejercicio, tu subconsciente enviará constantemente mensajes a tu mente consciente, en forma de imágenes, pensamientos, etc… que formarán ruido y no te permitirán seguir con el ejercicio. No te preocupes, no luches contra ellos, simplemente déjalos pasar y sigue realizando el ejercicio.
Al cabo de un poco de práctica, te sentirás mucho más cómodo con el ejercicio, y estarás preparado para empezar a practicar ejercicios de meditación más avanzados.
El tema en esto es dejarse llevar a ustedes mismo, nada debe de tener importancia al primer momento de concentrarse para meditar.. Pueden hacerlo mientras caminan, mientras comen o hagan lo que hagan en cualquier momento del día, pueden meditar; la meditación no es un estado. Y al primer momento que crean haberlo logrado, salgan lo más rápido posible o intenten desprenderse de su ego, ya que se alejaran diez mil kilometros del lugar al que creen que llegaron. Respiren el aire, y sientan el aire que los llenan; beban agua, y sientan el agua que estan bebiendo. No respiren por necesidad urgente de respirar, no beban por necesidad urgente de beber.
Lección samurai
Cerca de Tokyo vivía un gran samurái, ya anciano, que ahora se dedicaba a enseñar el budismo zen a los jóvenes. A pesar de su edad, corría la leyenda de que aún era capaz de derrotar a cualquier adversario.
Cierta tarde, un guerrero, conocido por su total falta de escrúpulos, apareció por allí. Era famoso por utilizar la técnica de la provocación: esperaba que su adversario hiciera el primer movimiento y, dotado de una inteligencia privilegiada para captar los errores cometidos contraatacaba con velocidad fulminante.
El joven e impaciente guerrero jamás había perdido una lucha.
Como conocía la reputación del viejo maestro, se presentó allí para derrotarlo y aumentar así su fama.
Todos los estudiantes se manifestaron en contra de la idea, pero el viejo aceptó el desafío.
Fueron todos hasta la plaza de la ciudad, y el joven comenzó a insultar al anciano. Arrojó algunas piedras en su dirección, le escupió a la cara, gritó todos los insultos conocidos -ofendiendo incluso a sus ancestros. Durante horas hizo todo lo imposible para provocarlo, pero el viejo permaneció impasible. Al final de la tarde, sintiéndose ya exhausto y humillado, el impetuoso guerrero se retiró.
Decepcionados por el hecho de que su maestro aceptara tantos insultos y provocaciones, los alumnos le preguntaron:
-¿Cómo ha podido usted soportar tanta indignidad? ¿Por qué no usó su espada, aún sabiendo que podía perder la lucha, en vez de mostrarse cobarde ante todos nosotros?
-Si alguien se acerca a ti con un regalo, y tú no lo aceptas, ¿a quién pertenece el regalo? preguntó el samurai.
-A quien intentó entregarlo -respondió uno de los discípulos.
-Pues lo mismo vale para la envidia, la rabia y los insultos -dijo el maestro- Cuando no son aceptados, continúan perteneciendo a quien los cargaba consigo.
Hôichi, el monje sin orejas
Hace mucho tiempo, en un templo budista de la prefectura de Yamaguchi, vivió un monje llamado Hôichi.
Hôichi era ciego de nacimiento, pero a pesar de ello, o quizás debido a ello, tenía un talento extraordinario para la música, especialmente para tocar la biwa. También era muy diestro relatando historias, y la que más le gustaba por encima de todas, y con la que demostraba ser más hábil narrando, era la historia de la batalla de Dan-no-ura, el mayor enfrentamiento de las Guerras Genpei entre los clanes Minamoto, también llamado Genji, y Taira, también conocido como Heike, que acabó con la aplastante victoria de los primeros. Hôichi sabía narrar el relato de esta batalla con suma maestría y con tanto sentimiento, que siempre lograba que sus oyentes se metieran de lleno en la historia y acabaran conmovidos hasta el punto de hacerles verter lágrimas por el triste final de los Heike, que fueron completamente derrotados, y de su emperador infante, Antoku, quien prefirió suicidarse arrojándose al mar con su familia antes que soportar la humillación de ser vencidos por los Genji.
Cierta calurosa noche veraniega, en la que el bonzo superior del templo se encontraba ausente, Hôichi dedicaba su tiempo a practicar con su biwa y a meditar, cuando de repente escuchó una voz que le llamaba:
- ¡Hôichi! ¡Hôichi!
- ¿Quién es? - respondió el -. Lo siento mucho, soy ciego y no puedo ver quién me está llamando.
- Soy sirviente de un noble que vive por aquí cerca, que ha oído hablar mucho del monje Hôichi y de su increíble talento como narrador de historias, que tan hábilmente sabe acompañar con la música de su biwa. Si sois vos el dicho monje Hôichi, mi señor me manda deciros que desea escuchar en persona una demostración de vuestro arte.
- Sería un honor muy grande para mí, pero no conozco a vuestro señor, ni sé cómo ir hasta su palacio.
- Yo os conduciré hasta allí, no tenéis más que seguirme.
Hôichi, muy contento porque alguien de alto linaje estuviera tan interesado en su música y en sus historias, aceptó y agarró la mano del sirviente, que le guió hasta el palacio de aquel noble. Por el tacto y los ruidos que hacía al andar, dedujo que se trataba de un samurai vestido de armadura.
- Hôichi -, le dijeron al llegar a lo que parecía ser una gran sala ricamente decorada, - os rogamos que toquéis para nosotros vuestra biwa como acompañamiento de la historia de la familia Taira, que deseamos oir de vuestra boca. Narradnos, por favor, el relato de la batalla de Dan-no-ura que tan bien conocéis y tan hábilmente sabéis contar.
Y tal como le pidieron, Hôichi volvió a contar su relato acompañado de la música de su biwa.
Y tan vivamente describió el ambiente infernal de la batalla, el sonido de las olas rompiendo contra los barcos Minamoto y Taira, las flechas silbando por el aire, las voces y gritos de dolor de los soldados al morir en el fragor del combate, y la triste muerte del infante Antoku y su familia, que al finalizar su relato, el gran salón enmudeció, a excepción de algunos llantos ahogados que se escuchaban desde los diversos rincones del mismo.
- Nuestro amo ha quedado muy satisfecho de vuestra interpretación, venerable Hôichi - le dijo el sirviente que le había guiado hasta allí -, y está dispuesto a recompensaros por ella de manera generosa, pero con una condición.
- ¿Cuál es?
- Que a partir de mañana y durante seis noches, sigáis viniendo en secreto todas las noches a relatar vuestra historia y tocar la biwa para nuestro amo, como acabáis de hacer ahora mismo. Sobre todo es muy importante que no habléis de esto con nadie. Si así lo hacéis, nuestro amo promete colmar al monje Hôichi de riquezas hasta el fin de sus días.
Hôichi aceptó de buen grado. Y así, sin decirle nada a nadie, ni siquiera al bonzo superior, que le preguntó insistentemente sobre la razón de su larga ausencia del templo, a la noche siguiente volvió a seguir al sirviente con armadura hasta el palacio, donde de nuevo, ante aquel noble y su corte, relató vivamente la historia de la batalla entre los Genji y los Heike.
A su regreso de aquella segunda noche, el monje superior volvió a interrogar a Hôichi para que le revelara dónde había ido, pero él, cumpliendo su palabra, no dijo nada. Y lo mismo ocurrió la tercera y la cuarta noche.
La quinta noche, al igual que las anteriores, Hoichi volvió a salir acompañado del samurai hacia el palacio de aquel noble, pero esta vez, sin que él lo supiera, fue seguido a escondidas por varios de sus compañeros del templo a petición del bonzo superior, que tenía la plena certeza de que algo muy grave estaba ocurrriendo. Pero al poco de internarse en el bosque, los monjes le perdieron por completo la pista a Hôichi, como si las tinieblas de la noche se lo hubieran tragado de repente.
En ese momento estalló una fuerte tormenta, y mientras los monjes miraban a su alrededor desorientados, retumbó justo sobre sus cabezas un trueno, acompañado de un rayo cegador que cayó a poca distancia de ellos, y que con su fulgor iluminó una cercana lápida de piedra. Al avanzar hacia allí, los monjes observaron espantados que frente a dicha lápida estaba sentado Hôichi, completamente empapado por la lluvia, tocando su biwa y contando la historia de la batalla de Dan-no-ura, mientras innumerables fuegos fatuos revoloteaban a su alrededor.
Los monjes se quedaron sobrecogidos de horror al leer el nombre inscrito en aquella lápida. Era la de Antoku Tennô, el emperador infante del clan Heike.
Al recobrarse de la impresión, rápidamente se abalanzaron sobre Hôichi para sacarle de allí a toda prisa, sin dejarle terminar su historia. Él se resistió, pero no pudo impedir que le llevaran a la fuerza de vuelta al templo, donde sus compañeros le contaron al bonzo superior lo que acababan de ver.
El bonzo superior, alarmado, dijo:
- Es justo lo que yo me temía. Hôichi, has de saber que lo que está ocurriendo es extremadamente grave. Parece ser que tu arte como narrador y tu talento tocando la biwa han atraído a los espíritus de los guerreros Heike caídos en Dan-no-ura, que desean llevarte con ellos para que les cuentes su historia por toda la eternidad. No debes volver a aquel lugar nunca más, porque si te sometes a los deseos de los espíritus de aquellos hombres que murieron tan trágicamente, te poseerán y acabarás perdiendo tu alma para siempre.
- Pero les prometí que iría cada noche a narrarles la historia durante seis dias - dijo él -, no puedo faltar a mi palabra.
- Debes hacerlo y no volver con ellos por mucho que te insistan, porque si vas allí una vez más, se apoderarán de tu alma y ya no podrás regresar jamás al mundo de los vivos.
- ¿Y qué puedo hacer?
- Te protegeremos con unos sutras budistas que cubrirán tu cuerpo y te harán invisible ante los espíritus malignos. Así, por mucho que te busquen, no podrán verte ni hacerte daño. Cuando vengan de nuevo a llamarte no debes responder absolutamente nada, ni una palabra, como si no les oyeras. Debes mantener en todo momento tu postura de meditación sin moverte lo más mínimo.
Y así lo hicieron. A la mañana siguiente, los monjes llenaron el cuerpo de Hôichi de pies a cabeza con inscripciones de sutras budistas, para ocultarle a la vista de los espíritus.
Llegó una vez más la noche, y como de costumbre, Hôichi se puso a meditar. Y en aquel momento oyó de nuevo aquella voz:
- ¡Monje Hôichi! He venido a por vos. Tenéis que acompañarme ante mi señor también esta noche para narrar ante él y su corte la historia de los Taira, tal como prometisteis.
Pero Hôichi no contestó.
- Qué raro, no hay nadie. Ahí está la biwa de Hôichi - dijo entonces el espíritu -, pero no veo a quien la toca. Oh, sí, sí que lo veo, hay dos orejas flotando. Ya entiendo: el bonzo mayor del templo ha pintado a Hôichi con sutras budistas para que se haga invisible ante nosotros y no pueda acompañarnos. Así no me será posible llevármelo conmigo... pero al menos me llevaré estas orejas como prueba para mi señor, para que vea que he ido a buscar a Hôichi tal como me pidió y no me haga pagar un terrible castigo por mi desobediencia.
Y sin decir más, el espíritu arrancó las orejas de Hôichi y se dio media vuelta. Durante todo este tiempo, tal como le había ordenado su superior, el monje no se movió de su postura de meditación ni por un instante. Y en esa postura seguía cuando el bonzo superior regresó junto a Hôichi, quedándose horrorizado al verle con las orejas arrancadas y el cuerpo cubierto por completo de sangre.
- ¡Hôichi! ¡Tus orejas! ¿Qué ha pasado? - gritó.
Y no tardó mucho en comprender lo que había ocurrido. Aquella mañana los monjes habían pintado las inscripciones budistas con sumo cuidado sobre todo el cuerpo de Hôichi, para que no quedara ni una parte sin ser protegida por los sutras, pero se les había pasado por alto pintarlas también en sus orejas, que por tanto no gozaron de aquella protección y quedaron visibles ante el espíritu.
El bonzo superior se sintió afligido por haber cometido un fallo tan terrible, y llevó inmediatamente a Hôichi al médico. Con el tiempo, Hôichi se restableció de sus graves heridas, y si bien ya no tenía orejas, los espíritus de los sirvientes de Antoku no volvieron a molestarle más.
La historia corrió de boca en boca, no solo por la prefectura, sino por todo el país. Hôichi se convirtió en un músico de gran fama. De todas partes de Japón venía gente al templo día tras día, solo para oir los maravillosos relatos y la música del biwa de aquel humilde monje que, desde entonces, fue conocido por todos como "耳なし芳一 Mimi-nashi Hôichi : Hôichi, el monje sin orejas".
“El sabor de la espada de Banzo”, una historia zen sobre disciplina
Matajuro Yagyu fue el hijo de un famoso espadachín. Su padre, creyendo que el trabajo de su hijo era muy mediocre para volverse maestro, lo desheredó. Así que Matajuro se fue al monte Futara donde encontró al famoso espadachín Banzo. Pero Banzo confirmó el juicio de su padre. “¿Deseas aprender el arte de la espada bajo mi tutela?”, preguntó Banzo. “No cumples con los requisitos.”
—¿Pero si trabajo duro, cuántos años me tomará convertirme en un maestro?, persistió el joven.
—El resto de tu vida, dijo Banzo.
—No puedo esperar tanto, explicó Matajuro. Estoy dispuesto a pasar por cualquier dificultad si aceptas enseñarme. Si me convierto en tu devoto sirviente, ¿cuánto me tomará?
—Oh, tal vez 10 años, consideró el maestro.
—Mi padre se está haciendo viejo, y pronto tendré que hacerme cargo de él, continuó Matajuro. Si trabajo con mucha más intensidad, ¿cuánto me tomará?
—Oh, tal vez 30 años, dijo Banzo.
—¿Cómo?, preguntó Matajuro. Primero dices 10 y ahora 30. ¡Pasaré por cualquier dificultad para hacerme maestro de este arte en el menor tiempo posible!
—Bueno, dijo Banzo, en ese caso tendrás que permanecer conmigo por 70 años. Un hombre con tanta prisa como tú por obtener resultados rara vez aprende rápido.
—Muy bien, declaró el joven, comprendiendo finalmente que se le reprochaba su impaciencia. Acepto.
Se le ordenó a Matajuro nunca hablar sobre esgrima y jamás tocar una espada. Cocinó para su maestro, lavó la loza, hizo la cama, limpió el patio, cuidó el jardín, todo ello sin una palabra acerca del arte de la espada.
3 años pasaron. Y Matajuro siguió trabajando. Al pensar en su futuro se entristecía. Ni siquiera había empezado a aprender el arte al que había de dedicar su vida.
Pero cierto día Banzo se acercó cautelosamente por detrás de él y le propinó un magnifico golpe con una espada de madera. Al siguiente día, cuando Matajuro preparaba el arroz, Banzo le salió al paso inesperadamente. Luego de eso, día y noche, Matajuro tuvo que defenderse a sí mismo de las inesperadas embestidas. No pasaba un momento del día en que no tuviera que pensar en el sabor de la espada de Banzo.
Aprendió con tanta rapidez que su maestro sonreía complacido. Matajuro se volvió el mejor espadachín de la región.
Paulo Coelho: ¿Qué es un Guerrero de la Luz?
Los guerreros de luz guardan la chispa en sus ojos.
Todo Guerrero de la Luz ha sentido miedo de ir a la batalla.
Todo Guerrero de la Luz ha, en algún momento del pasado, mentido o traicionado a alguien.
Todo Guerrero de la Luz ha recorrido un camino que no era suyo.
Todo Guerrero de la Luz ha sufrido por las más triviales razones.
Todo Guerrero de la Luz ha, al menos una vez, creído que no era un Guerrero de la Luz.
Todo Guerrero de la Luz ha fallado en sus deberes espirituales.
Todo Guerrero de la Luz ha dicho «sí» cuando quería decir «no».
Todo Guerrero de la Luz ha hecho daño a alguien a quien amaba.
Por eso es un Guerrero de la Luz, porque ha pasado por todo esto y sin embargo nunca ha perdido la esperanza de ser mejor de lo que es.
Todo Guerrero de la Luz ha sentido miedo de ir a la batalla.
Todo Guerrero de la Luz ha, en algún momento del pasado, mentido o traicionado a alguien.
Todo Guerrero de la Luz ha recorrido un camino que no era suyo.
Todo Guerrero de la Luz ha sufrido por las más triviales razones.
Todo Guerrero de la Luz ha, al menos una vez, creído que no era un Guerrero de la Luz.
Todo Guerrero de la Luz ha fallado en sus deberes espirituales.
Todo Guerrero de la Luz ha dicho «sí» cuando quería decir «no».
Todo Guerrero de la Luz ha hecho daño a alguien a quien amaba.
Por eso es un Guerrero de la Luz, porque ha pasado por todo esto y sin embargo nunca ha perdido la esperanza de ser mejor de lo que es.
Reflexiones del Guerrero de la Luz
Pasando y sobrepasando
Un guerrero de la luz nota que ciertos momentos se repiten.
Con frecuencia se ve ante los mismos problemas y situaciones que ya había enfrentado.
Entonces se deprime, comienza a pensar que es incapaz de progresar en la vida, ya que los momentos difíciles siempre vuelven.
“Yo ya pasé por esto”, reclama a su corazón
“Realmente ya has pasado”, responde el corazón “pero nunca has sobrepasado”.
El guerrero entonces comprende que las experiencias repetidas tienen una única finalidad: enseñarle que todavía no ha aprendido.
Y entonces pasa a buscar una solución diferente para cada lucha repetida, hasta que encuentra la manera de vencerla.
Algo fuera de lo común
Un guerrero de la luz siempre hace algo fuera de lo común. Puede bailar en la calle mientras camina hacia el trabajo. O mirar los ojos de un desconocido y hablar de amor a primera vista. Un guerrero de vez en cuando expone una idea que puede parecer ridícula, pero en la que él cree.
Los guerreros de la luz se permiten días así.
Él no tiene miedo de llorar antiguas penas, o de alegrarse con nuevos descubrimientos. Cuando siente llegado el momento, abandona todo y parte para su aventura tan soñada. Cuando entiende que ha llegado al límite de su resistencia, sale del combate sin culparse por haber hecho una o dos locuras inesperadas.
Un guerrero no pasa sus días intentando representar el papel que los otros escogieron para él.
Las pequeñas cosas
El guerrero de la luz presta atención a las pequeñas cosas, porque esas pueden perjudicar mucho.
Un espino, por menor que sea, interrumpe el paso del viajero. Una pequeña e invisible célula puede destruir un organismo sano. El recuerdo de un instante de miedo en el pasado muchas veces hace que la cobardía reaparezca cada mañana.
Una fracción de segundo abre la guardia para el golpe fatal del enemigo.
El guerrero está atento a las pequeñas cosas. A veces es duro consigo mismo, pero prefiere actuar de esa manera.
“El diablo habita en los detalles” dice un viejo proverbio de la Tradición.
Encontrando aliados
El guerrero sabe que ningún hombre es una isla aislada en medio del océano.
Sabe que no puede luchar solo, sea cual fuere su plan, siempre depende de otras personas. Necesita discutir su estrategia, pedir ayuda y – en los momentos de descanso – tener a alguien para contar historias de combate alrededor de la hoguera.
Pero él no deja que las personas confundan su camaradería con inseguridad, Él es transparente en sus acciones y discreto en sus planes.
Un guerrero de la luz danza con sus compañeros, pero no transfiere a nadie la responsabilidad de sus pasos.
Arriesgando más que los otros
Para el guerrero, no existe amor imposible. Él no se deja intimidar por el silencio, por la indiferencia o por el rechazo, Sabe que tras la máscara de hielo que las personas usan, existe un corazón de fuego.
Por eso el guerrero arriesga más que los otros. Busca incesantemente el amor de alguien – aunque esto signifique escuchar muchas veces la palabra “no”, volver a la casa derrotado, sentirse rechazado en cuerpo y alma.
Un guerrero no se deja asustar cuando busca lo que necesita. Sin amor, él no es nada.
Aceptando los compromisos
Un guerrero de la luz es confiable. Comete algunos errores, a veces se cree más importante de lo que realmente es. Pero no miente.
Cuando se reune alrededor de la hoguera, conversa con sus compañeros y compañeras. Sabe que las palabras que salen de su boca quedan guardadas en la memoria del Universo, como un testimonio de lo que pìensa.
Y el guerrero reflexiona “¿por qué hablo tanto, si muchas veces no soy capaz de hacer todo lo que digo? Esta es una reflexión importante.
El corazón responde: “cuando defiendes públicamente tus ideas, tendrás que esforzarte por vivir de acuerdo con ellas”.
Y porque piensa que él es lo que dice, el guerrero acaba transformándose en lo que dice ser.
En los momentos de silencio de la vida
El guerrero sabe que, de vez en cuando, el combate es interrumpido. No sirve de nada forzar la lucha, es necesario tener paciencia y esperar, esperar a que las fuerzas entren nuevamente en choque.
En el silencio del campo de batalla, escucha las heridas de su corazón. Repara que está tenso. Que tiene miedo.
El guerrero hace un balance de su vida; comprueba si la espada está afilada, el corazón satisfecho, la fe incendiando el alma. Sabe que el mantenimiento es tan importante como la acción.
Siempre hay algo que le falta. Y el guerrero aprovecha los momentos en que el tiempo se detiene para equiparse mejor.
Cuando surge el mal
A veces el mal persigue al guerrero. Entonces, con tranquilidad, lo invita a entrar en su su tienda.
El guerrero pregunta al mal: “¿quieres herirme o usarme para herir a los otros?”
El mal finge no haber oído. Dice que conoce las tinieblas del alma del guerrero. Penetra en heridas no cicatrizadas y clama venganza. Recuerda que conoce algunas trampas y venenos sutiles que ayudarán al guerrero a destruir a todos los enemigos.
El guerrero de la luz escucha. Si el mal se distrae, él hace que retome la conversación y le pide detalles de todos sus proyectos.
Después de escuchar todo se levanta y se va. El mal ha hablado tanto, está tan cansado y tan vacío que no consigue acompañarlo.
Un guerrero presta atención al Mal, si desea hacer el Bien.
Espero les haya gustado, servido.. Es algo para compartir, asi que les agradeceria si se tomaron el trabajo de leerlo, que tambien lo compartan y, no se vayan sin comentar. Dicho esto, si les interesa algo o alguna parte, y no saben que, les recomiendo leer sobre el budismo y principalmente sobre el Zen que enseña mucho sobre aprender de uno mismo y de la nada.
Uno de los principales tomos sobre la "expresión" más pura del Zen es Shobogenzo (se divide en 2 libros).
Tambien pueden leer el libro de los cinco anillos "Su contenido está dividido en cinco libros, de donde proviene su nombre, correspondientes a los cinco elementos tradicionales de la cultura tradicional japonesa y cuyo contenido se adecua a cada uno de ellos; libro primero, la Tierra, la base de todas las cosas; libro segundo, el Agua, el origen de la vida; libro tercero, el Fuego, la energía; libro cuarto, el Viento, el movimiento; y libro quinto, el Vacío, la esencia de los otros cuatro elementos."
Les recomiendo (y esto queda en cada uno) leer la Biblia, no desde una posición ideológica o espiritual de una religión, sí no desde su lugar propio, aquel en el que ustedes creen encontrarse u ocupar.
De nuevo, gracias por pasar.. un abrazo! Comenta y compartí!
no se olviden nunca de ser ustedes mismo, fieles, sinceros y leales a sus creencias, costumbres y filosofía de vida... Todo se complementa.
Posdata:
Hace unos días leí sobre Peter Tosh, cantante de reggae y decía lo siguiente:
["...Aseguraba no creer en la muerte, y como solía decir en unos versos de su canción "Burial" ("Legalize It", 1976), con referencias a la Biblia: "Dejad que los muertos entierren a los muertos, y a quien quiere morir, morir. No tengo tiempo para perder en ti, soy un hombre vivo y tengo trabajo por hacer"."]
["... Peter aseguró, tras la muerte de Bob y al ser preguntado por si lamentaba su pérdida, lo siguiente: "No, no sentí pérdida alguna cuando murió mi mujer, así que cuando murió mi hermano, tampoco sentí nada. Están vivos". Y al ser preguntado si lo vería en el cielo, Tosh afirmó: "No iré al cielo, he estado allí muchas veces", pues creía que aquellos que actúan con razón y con justicia reciben el don de la vida eterna, cosa que explicó posteriormente."]
AHORA SI... FIN!