En materia de producción de autopartes, como en otros rubros industriales, Santa Fe es una de las provincias líderes a nivel nacional. Se trata de un sector muy dinámico, con cientos de talleres y pymes que apuntan sobre todo a la reposición en el mercado interno, aunque también hay empresas santafesinas que ubican el grueso de su producción a nivel global. La Capital dialogó con algunos de sus referentes, para conocer sus expectativas tras el cambio de gobierno y la modificación de las principales variables económicas.
Alejandro Taborda, titular de la firma de radiadores Facorsa, de la capital provincial, por ahora no es demasiado optimista: “Vemos un primer semestre complicado, sobre todo las pymes. El sector tuvo una caída de casi un 20% respecto de 2014, que ya había sido un año en el que habíamos bajado respecto del anterior. Para 2016 el panorama arranca complicado, porque empezó con retracción en las ventas, por suba de costos y caída de ingresos. Nosotros trabajamos con un mercado con gente que cambia algún repuesto en su vehículo, por rotura o por choque. Y la baja de los salarios general por la devaluación, va a afectar a la demanda”.
Por su parte Fernando Buzzetti, propietario de la empresa rosarina que lleva su apellido, advierte: “Todavía no hemos notado muchos cambios. El nuevo valor del dólar se supone que nos tendría que beneficiar, siempre y cuando no estemos corriendo de atrás con la inflación. La devaluación por sí sola no trae competitividad, es una variable más. Subió un 40% el dólar, y el precio de la chapa o el plástico un 20%. La foto de hoy para un fabricante es mejor que la del mes pasado, pero si nos aumentan los insumos de nuevo, no tenemos manera de absorberlo”.
Enseguida agrega: “Yo tengo dos clientes en Estados Unidos a los que les vendo bisagras de capot. Y aunque quiera no puedo decirles ‘te vendo este producto de acá a seis meses al mismo precio’, porque la verdad es que no sé todavía cuánto me sale hacerlo el mes que viene. Nosotros estamos malacostumbrados, de un día para el otro te pasan una lista nueva, remarcada con un quince por ciento y lo pagás igual, sin chistar. Pero afuera vos a un cliente le decís ‘te lo subo un cinco’ y te corta la llamada antes que le expliques. Así de rápido se puede perder un mercado”.
Otra de las voces consultadas es Juan Carlos Basso, titular junto a su hermano de Basso SA, firma rafaelina que _rara avis de un sector que vende el grueso de su producción en el mercado interno_ fabrica válvulas que equipan a marcas como Harley Davidson o Ferrari y vende al exterior casi el 80 por ciento de lo que produce.
“Para las empresas exportadoras, se ha generado un puente de ilusión, pero no está solucionado el problema. El dólar es competitivo, pero el problema central es la inflación. En 2014, en cuatro meses nos comimos la devaluación. Como empresario, creo que necesitamos una política activa y fuerte, de colaboración para exportar productos de valor agregado y abastecer al mercado interno”, indica .
Controlar los costos. En general, los fabricantes santafesinos, de todos los sectores, coinciden en que el Estado debería intervenir de algún modo para que los insumos no se disparen. “Deberíamos fijar precios de la materia prima. Algo así como un esquema de Precios Cuidados para la industria. Si queremos volver a lo que había en 2008, 2009, habría que acompañar al sector”, sugiere Basso.
Y al hablar de costos, aparece invariablemente la discusión por el valor del trabajo. En diálogo con este diario, Basso menciona: “Lo que me preocupa es que si no logramos controlar la inflación, nos terminemos peleando entre argentinos”. Al igual que en otros empresarios pyme -que se ven todos los días con los operarios en la fábrica- aparece aquí la idea de buscar acuerdos entre patrones y empleados, con presencia del Estado en dicha negociación. No obstante, para los dueños de industrias de mayor porte, la cuestión no implica ninguna sensibilidad. “Los salarios en la Argentina no son competitivos”, se despachó a mediados de diciembre Cristiano Ratazzi.
En este contexto, trabajadores y pymes deberán actuar con inteligencia si pretenden que lleguen a la mesa de discusión temas como precio de los insumos, logística, acceso al crédito, política aduanera, o esquema tributario, antes que discutir únicamente sobre el llamado “costo laboral”.
Exportación. Basso brinda a La Capital una mirada sobre la situación de la industria a nivel global: “El autopartismo atraviesa un momento muy difícil en el mundo, por una sobreoferta. Por eso creo que en la Argentina hace falta una política que incentive el mercado interno. En ese sentido, es clave lograr que las terminales automotrices incorporen más partes nacionales. Y que los países en los que se paga el salario con un plato de arroz sean mirados con lupa, para que no entren a nuestro mercado productos con dumping. Estas dos cosas que estoy pidiendo se intentaron aplicar en la época anterior, pero como no se hizo de buen modo, el resultado no fue el esperado”.
Sobre el impacto de las ventas al exterior, Basso hace una ecuación simple: “Cada vez que mandamos a otro país un producto elaborado acá, logramos que al salario argentino lo pague alguien de afuera. Hoy nosotros, por tener una trayectoria de mucho tiempo, pudimos seguir colocando válvulas en Estados Unidos o Europa, pero no hemos ganado nuevos clientes y cuesta cada vez más mantener los que ya teníamos. No estamos competitivos con Brasil, que es al que podemos acceder más rápido. No lo invento yo, lo ves claramente con el turismo. Con los repuestos pasa lo mismo que con una gaseosa o una cerveza, que hoy los que viajan allá te cuentan que sale mucho más barata”.
Fernando Buzzeti brinda un panorama de lo que sucede con su empresa. “Nosotros tenemos una sucursal en Brasil en la que no fabricamos sino que funciona como boca de expendio. Hace un año que ahí no vendemos nada. Generalmente llegábamos también a Uruguay, Chile, Estados Unidos y México. Ahora tenemos casi todo cerrado”. Y el caso de Facorsa es muy similar: “Vendíamos a Paraguay, Uruguay, Brasil y Chile, pero nos quedamos sin poder exportar nada el año pasado”.
“Hoy para las pymes es imposible tomar un crédito”, cuestiona Buzzeti. En la misma línea, Basso desde Rafaela, plantea: “Cuando vos tenés una devaluación y una tasa del 35%, es un descalabro. Después te dicen que las bajaron, hay que ver cuál es tu punto de referencia. Las pusieron a 40 y ahora las llevaron a 32. Mi viejo, que fue uno de los tres fundadores de esta fábrica, siempre decía que para la industria, ‘cuando la plata hace plata’ hay problemas”.
Taborda, que además es vicepresidente 1º de Fisfe y dirigente de la Unión Industrial de Santa Fe revela que desde las entidades gremiales se está trabajando en relevar cuáles son las prioridades de cada sector, para realizar las gestiones necesarias ante las autoridades. “Hemos tomado contacto con el gobierno provincial, desde nos adelantaron que habrá medidas de aliento. Y a nivel nacional, nos reunimos con Martín Echegoyen, que hoy es el secretario de Industria y que fue integrante de la UIA. Es decir, conoce nuestras demandas. Le pedimos que se controle la importación, entre otras cosas”, mencionó Taborda.
El industrial plantea que en este marco el Estado no puede repetir errores del pasado respecto a la política de importaciones “Brasil es competencia fuerte para el autopartismo. Y devaluó antes que nosotros, un 100%. China, que llena el mundo con sus productos, ahora encima tiene retracción de su mercado interno”. El titular de Facorsa finalmente pronosticó: “Creo que la luz al final del túnel puede ser cuando se estabilicen un poco las variables. En el mercado automotriz, para el segundo semestre se espera una mejora”.
Más allá de la coyuntura, todos apuestan por el largo plazo. Fernando Buzzetti revela que su empresa fue una de las fundadoras del grupo de autopartes de Rosario. “En el año 86 ya le vendíamos a Inglaterra, hemos visitado ferias, vamos siempre a las muestras, tenemos una política activa. Hemos pasado por todas las variantes, con distintos gobiernos. En el caso de nuestra fábrica, está hace 65 años. Y pensamos seguir”, dijo.
Su colega Juan Carlos Basso piensa parecido: “Nosotros somos industriales, queremos pensar de acá a cincuenta años, no en los próximos cuatro”.
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