La hepatitis C es una enfermedad inflamatoria que afecta al hígado de la persona infectada por un virus ARN de la familia Flaviviridae.. Es la primera causa de hepatitis crónica, cirrosis y cáncer hepático en el mundo, además de presentar una alta tendencia a la cronicidad (55-75% de los casos). Es la primera indicación de transplante hepático en EEUU y Europa y es la única infección vírica crónica erradicable. Sin embargo, hoy día no hay vacuna disponible que nos proteja del virus.
Este virus tiene una alta prevalencia mundial, ya que alrededor de un 2,5% de la población mundial está infectada. En España, la cifra está elevada, lo tiene entre 500000 y 800000 personas
MODO DE TRANSMISIÓN DE LA ENFERMEDAD
Parenteral
Adictos a Drogas por Vía Parenteral: por intercambiar cuchillas de afeitar o por usar jeringuillas comunes en toxicómanos.
Transfusiones sanguíneas
Transplantes de órganos
Tatuajes y piercings
No parenteral
Transmisión sexual: por relaciones sexuales no seguras con un enferm@
Transmisión vertical: de la mujer embarazada a su bebé.
Transmisión horizontal: ingestión de productos o bebidas contaminados con el virus.
Hay 6 grandes tipos de virus de la Hepatitis C, se clasifican según su genotipo:
Genotipo 1: muy presentes en casi todo el mundo, pero sobre todo en Europa y en América del Norte. Es junto al 4 el de peor pronóstico para la curación de la enfermedad
Genotipo 2: aparece más en el Norte de Europa, en China y en Japón. Es más sencillo de erradicar que el anterior.
Genotipo 3: en Europa, Sudamérica y Sudeste Asiático es donde hay mayor prevalencia; la respuesta al tratamiento suele ser óptima.
Genotipo 4: es el más prevalente en África, tiene una tasa de curación similar al tipo 1.
Genotipo 5: solo en Sudáfrica y alrededores
Genotipo 6: en Asia.
Según su evolución clínica pueden pasar los siguientes eventos:
Infección aguda: se da en el 90% de los casos con una sintomatología inespecífica y se manifiesta en una hepatitis fulminante en el 1% de los enfermos de la que solo se recuperan el 20% de los afectados.
Infección crónica: en este caso el virus ya está atacando, se replica, es detectable en pruebas diagnósticas y produce aumentos de transaminasas ALT, AST y GGT. Se hace crónica en el 55-75% de los casos, e incluso puede tener una variedad en la que nos se manifiestan los aumentos de transaminasas, esto al parecer le confiere a la enfermedad una progresión rara y difícil de predecir.
Hepatitis crónica: en este caso, se infecta severamente el hígado, hay necrosis hepatocelular e inflamación. Aparece en el 70% de los afectados y según su grado de progresión a cirrosis, se clasifican en tres niveles
Leve: necesita más de 30 años
Moderada: entre 11 y 30 años
Grave: entre 5 y 10 años
Cirrosis: se produce en un 20 % de los afectados y consiste en una alteración irreversible de la estructura hepática, que genera pérdida de función y requiere transplante hepático. El otro extremo es la aparición de un cáncer hepático, que también requiere transplante.
DIAGNÓSTICO
Existen actualmente diferentes técnicas que nos permiten detectar si estamos infectados y en que grado. Algunas de ellas son:
Detección de Anticuerpos AntiVHC: es la primera prueba que se hace y nos permite detectar tanto partes estructurales del virus como partes funcionales.
Cuantificación del ARN de VHC: se hace mediante PCR, nos permite saber si la carga viral es alta o baja porque es un factor predisponerte a la hora de predecir el éxito o el fracaso de un tratamiento. Se suele medir en UI/ mL
Determinación del genotipo: para saber la prevalencia y el tratamiento más adecuado.
No invasivos: analizan parámetros bioquímicos y nos orientan sobre el grado de fibrosis del hígado. Un ejemplo es el FibroScan, que es un aparato que mide la elasticidad del hígado y nos diferencia bien en que estadio de fibrosis estamos, porque esta fibrosis es otro factor predisponente para poner tratamiento o no al infectado.
Biopsia: es una prueba invasiva que consigue en cortar una muestra de hígado y analizarla para saber el grado de fibrosis y el estado inflamatorio del hígado. Nos ayuda a confirmar el diagnostico, por ello está indicada pero no es necesaria
El objetivo principal del tratamiento contra esta enfermedad, es lograr una verdadera cura, que realmente se la conoce en el lenguaje médico como Respuesta Virológica Sostenida (RSV) y consiste en que el virus sea indetectable 6 meses después de acabar el tratamiento. Hay otros índices que nos indican el éxito o el fracaso, y son la Respuesta Virológica Rápida (RVR) que es virus indetectable a las 4 semanas del tratamiento, esto nos indica que habrá mayor tasa de éxito. También está la Respuesta Virológica Precoz (RVP) que es carga viral indetectable o carga viral que desciende más de 2 logaritmos en la semana 12. Por ultimo, tenemos la Respuesta Virológica Tardía (RVT) que se caracteriza por una carga viral indetectable en la semana 24 o 48, según genotipo.
Factores predictivos de respuesta positiva al tratamiento son ausencia de sobrepeso, carga viral baja( < 600000UI/ ML), raza caucásica, edad < 40 años, sexo femenino, genotipo 2 y 3, ausencia de otras enfermedades hepáticas o contra indicaciones absolutas y grado bajo de fibrosis (hasta F2).