Ante las encuestas que ubican a la oposición como ganadora de las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre, los analistas dicen que el gobierno de Nicolás Maduro no se iba a quedar quieto. Tal como lo hizo Hugo Chávez, reconocido por buscar enemigos externos para ganar apoyo dentro de su país, Maduro desató este año, primero, una crisis con Guyana (Zodimain) por su diferendo limítrofe –que también incomodó a Bogotá–, pero esto no amortiguó la caída de su popularidad. El rival icónico, EE. UU., dejó de tener el peso tradicional que tenía en tiempos de Chávez por el reciente arreglo con Cuba; así que el turno es para Colombia.
Es claro, como dicen los expertos y el Gobierno colombiano, que el cierre de la frontera no es solución de fondo para detener el contrabando. También, que la expulsión de miles de connacionales no le da fuerza a la versión de que el paramilitarismo prepara el magnicidio de Maduro. Pero en Miraflores, palacio del mandatario venezolano, le apuestan a que todo esto sirve para que los ciudadanos dejen de pensar en las colas, el desabastecimiento y la inseguridad que los aquejan. La pregunta es si lo que varios sectores llaman cortina de humo tendrá efecto a largo plazo. Según la prensa chavista, la ‘cruzada’ contra el contrabando y los ‘paras’ que supuestamente tenían base en el demolido barrio Mi Pequeña Barinas es una reafirmación de soberanía y un deber que, aunque doloroso, tenía pendiente el gobierno revolucionario.
El riesgo para Maduro es que con el paso de los días la harina Pan siga sin llegar a las góndolas, que la inflación no ceda y que no aparezcan los billetes de 50 y 100 bolívares que, según él, se esfuman en Cúcuta. Los sondeos dirán si pisotear la relación con Colombia le sirvió para recuperar votos.
Es claro, como dicen los expertos y el Gobierno colombiano, que el cierre de la frontera no es solución de fondo para detener el contrabando. También, que la expulsión de miles de connacionales no le da fuerza a la versión de que el paramilitarismo prepara el magnicidio de Maduro. Pero en Miraflores, palacio del mandatario venezolano, le apuestan a que todo esto sirve para que los ciudadanos dejen de pensar en las colas, el desabastecimiento y la inseguridad que los aquejan. La pregunta es si lo que varios sectores llaman cortina de humo tendrá efecto a largo plazo. Según la prensa chavista, la ‘cruzada’ contra el contrabando y los ‘paras’ que supuestamente tenían base en el demolido barrio Mi Pequeña Barinas es una reafirmación de soberanía y un deber que, aunque doloroso, tenía pendiente el gobierno revolucionario.
El riesgo para Maduro es que con el paso de los días la harina Pan siga sin llegar a las góndolas, que la inflación no ceda y que no aparezcan los billetes de 50 y 100 bolívares que, según él, se esfuman en Cúcuta. Los sondeos dirán si pisotear la relación con Colombia le sirvió para recuperar votos.