Lo primero que quiero hacer cuando digo “Ninja Gaiden” en voz alta es ponerme un pañuelo en la cabeza y saltar por la habitación imaginando que puedo moverme muy rápido. Ninja Gaiden fue esa serie que nos supo hacer sentir ninjas en varios aspectos de nuestra existencia gamer. Y digo “fue”, porque lo que estoy a punto de contarles no son buenas noticias.
Sé lo que estás pensando: “voy a dejar de leer porque ya sé que es malo”. Pero aún no sabes qué TAN malo. ¿Por qué debería importarte? Porque esta es una saga que merece respeto. Amaba los anteriores Ninja Gaiden, no solo porque te daban la posibilidad de ser un ninja, sino porque realmente te hacían sentirte uno. Premiaba la velocidad y el combo.
Esta patética excusa de secuela no es más que una sombra de todo eso…. un smash button que no deja de poner a prueba nuestra paciencia. Pero ordenemos un poco el relato del “Ninja Deforme”.
Ryu Hayabusa es un místico de otro planeta. Un ninja de pocas palabras pero acciones determinantes. En esta edición deciden contarnos un poco más acerca del humano que habita en el ninja. Grave error.
En la historia una extraña maldición se ha apoderado de nuestro brazo derecho. En esta oportunidad intentan demostrar un lado sensible, hasta bondadoso de Ryu, olvidando las reglas para ser un buen ninja:
1) Matan a cualquiera
2) No se sacan la máscara (a menos que sea para demostrarle a una mina que son re facheros)
3) Solo muestran que son facheros porque los ninjas NO GARCHAN. REPITO. NO GARCHAN.
En esta oportunidad las almas de todos los que nuestro protagonista fue matando a lo largo de todos estos años vienen a atormentarlo en forma de cinemáticas largas y aburridas en las que nos tomamos el brazo y caminamos muy despacito por unos 5 minutos.
La historia es aburrida y obvia. Y si bien no tienen un Jaffar con báculo de serpiente, está bastante claro quién es malo y quién no todo el tiempo.
En resumidas cuentas para que puedas apreciarlo, la historia es una horrible seguidilla de clichés, con un voice acting digno de una porno alemana. Guten Bukakke.
La cámara es un enemigo natural, nunca está centrada y hasta incluso por momentos parece querer que pierdas. Y es muy buena haciendo eso. El gameplay es raro, cuando uno se sienta a mirarlo hasta puede parecer bueno, eso es porque las escenas que el juego automatiza son muchísimas. El juego asume que vos sos muy bueno jugando, no importa en qué dificultad estés, siempre se activa una escena muy sangrienta…. pero cuando la ves unas 12 veces querés tirarte por la ventana.
Los enemigos son genéricos y su inteligencia nula. Con solo apretar muchas veces 1 botón podemos acabar con varios oponentes. Todo el juego va a ser una seguidilla de apretar botones sin pensar, NUNCA va a ser otra cosa más que eso.
Hay ocasiones donde matar un montón de enemigos con movimientos sangrientos y visualmente divertidos pueden resultarnos interesantes. Pero una vez que pasaron esos 19 segundos de video recordamos que estamos jugando y queremos frenar la pelota.
Tarde. Gol en contra.
Gráficamente es muy aceptable, incluso esas escenas que se repiten infinidad de veces se siguen viendo bien luego de que a tu cerebro ya no le importa cómo matamos a los enemigos. Vos seguí apretando botones y en pantalla van a pasar cosas lindas.
“Apreta botones y van a pasar cosas lindas” parece una descripción un tanto burda, simplista. Pero de hecho es la más acertada para definir a Ninja Gaiden 3.
Sólo vamos a usar una espada y un arco en todo el juego. Varias veces nos van a dar nuevas espadas, pero vamos a seguir con los mismos movimientos en toda la aventura. ¿Qué clase de juego te da espadas nuevas y nada cambia? La respuesta lamentablemente es Ninja Gaiden 3.
Para terminar de restarle a esta total falta de sorpresa, tenemos el dato de color que solo vamos a tener un poder en todo el juego: cuando llenamos una barra podemos convertirnos en un dragón de fuego que elimina todos los enemigos de la pantalla. Vamos a repetir esta cinemática unas 300 veces. Si, un joda bárbara.
En las anteriores versiones de Ninja Gaiden sobrevivir era un lujo. Eran juegos que representaban un desafío. Acá el desafío es no apagar la consola. La mecánica usual de esta saga era ir pasando por las distintas habitaciones, eligiendo el orden en que matábamos a los enemigos mientras estos nos daban experiencia para comprar distintos ítems y habilidades. Ninja Gaiden 3 no tiene ni ítems, ni habilidades.
Entonces pará…
Solo hay 1 arma para usar - OK
No hay ítems ni habilidades – OK
Los enemigos son estúpidos y faciles – OK
Hay muchísimos checkpoints y todo el tiempo se nos rellena la vida – OK
¿DONDE ESTÁ NINJA GAIDEN?
¿Está comprando en el mercado?¿está tirándose un tiro en el baño de Cocodrilo? ¿está en la escuela?
Simplemente esto no es Ninja Gaiden, es una forrada con su nombre.
Llegado a este punto me planteo que quizás pueda ser posible que no les quedara muy claro lo POCO que disfruté jugando a este juego. Entonces decidí presentarles una anécdota de lo que sufrí que no pueden dejar de leer:
Apreto botones, apreto….apreto….no paro de apretar. Quick Time Event, quick time event, quicktime event……..apreto apreto, apreto 2 botones juntos. Save.
Apreto botones….
(Repetir hasta que estén listos para mi veredicto)
¿Listo?
Bueno sí, ganaste, es una garcha. Lo odié, me aburrí, sufrí, me decepcioné. Le dio cáncer a mi mano. Mis sentimientos fueron devastados por ver una saga que adoro y respeto transformada en este Barbie Detective versión ninja.
NOTA ASPEB: 3.5
Alejandro "El Boss" Larregina