Nos pasamos gran parte de la vida haciéndonos problema, preocupándonos, y complicando de más cosas que en realidad son más fáciles de lo que parecen. O de lo que las terminamos haciendo.
De chiquito me preocupaba semanas por un turno en el dentista. Si tenía turno dentro de 10 días, era mayor el sufrimiento que pasaba en mi cabeza en esos 10 días previos que en la media hora que podía llevar el turno en sí.
En la gran mayoría de los problemas en las relaciones (por celos, por miedo, por malos entendidos, por diferencias, por “pensé que vos pensaste que…”, y demás) es más lo que nos “hacemos la cabeza” y más lo que sufrimos por imaginar, suponer, o sacar conclusiones apuradas que lo que realmente pasa.
Porque cuando algo realmente pasa, lo sufrimos en el momento, hacemos le duelo, y seguimos adelante. Pero una persona puede estar meses o años de relación suponiendo algo que no es, sospechando cosas que no pasan, y sufriendo cosas que no existen…
Es más lo que nos retorcemos en nuestra cabeza pensando si cierta persona nos daría bola que el daño que nos haría preguntarle directamente a esa persona.
O más lo que sufre la cabeza pensando en “qué hubiera pasado si…” o “cómo hubiera sido…” que lo que le costaría a uno realmente ponerse los pantalones de la vida y ver hoy qué podría pasar en ese caso.
Y ésto no es una apología a la impulsividad o al famoso “no pensar tanto las cosas” que propone alguna gente. Al contrario: pensemos más y mejor las cosas. Y ya que estamos, no las dejemos sólo en pensamientos que nos comen la cabeza. Empecemos a pensarlas bien. Y ser un poco más prácticos y resolutivos.
Si querés algo, pedilo. Si no entendiste algo, preguntá. Si querés que te entiendan, explicate. Si admirás a alguien, que se entere, le va a hacer bien. Si te molestó algo, decilo (¡en buenos términos!). Si te pregunta “¿Te pasa algo?” y a vos SÍ te pasa, ¡NO DIGAS QUE NO!
Se trata de mantener la vida más simple, de ser más directos. Aprovechar un poco mejor el tiempo y la cabeza. Dejar un poco de usarla para hacernos problema, crearlos donde no los hay, o imaginar situaciones negativas que no van a pasar nunca. Y empezar a usarla para la vida real, para esa que realmente pasa.
¿Te gusta? ¡Deciseló!. ¿No te gusta más? ¡Con más razón todavía! ¡Decíselo y liberal@ de una vez de vos y de tus dudas!. ¿No entendiste algo en la facultad? ¡Preguntá!. ¿Querés arrancar algo nuevo, aunque sea chiquito y para probar? ¡Dale con todo!.
Probemos aunque sea una semana vivir la vida como si todo no tuviera 500 vueltas antes de ejecutar. Como si no hubiera que hacer tanto lío, patearlo para adelante, dejarlo para el final, o permitir que nos coma la cabeza. Empecemos a resolver más rápido. Pensando y reflexionando, pero más práctico, más resolutivo, más cortito y al pie. Más simple.