La obesidad en la adolescencia

La obesidad y el sobrepeso.
Epidemia mundial Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la obesidad y el sobrepeso han alcanzado caracteres de epidemia a nivel mundial.
Más de mil millones de personas adultas tienen sobrepeso y, de ellas, al menos 300 millones son obesas.
La preocupación por la trascendencia que la obesidad está adquiriendo a nivel mundial se debe a su asociación con las principales enfermedades crónicas de nuestro tiempo, como las enfermedades cardiovasculares, diabetes mellitus tipo 2, hipertensión arterial y ciertos tipos de cáncer.
A mayor obesidad, mayores cifras de morbilidad y mortalidad por estas enfermedades.

En el mundo mueren 57 millones de personas al año.
La obesidad se ha convertido en una enfermedad con alcances sociales, es decir, sus repercusiones dentro de este ámbito llegan a ser determinantes para el desarrollo de los adolescentes, no solo en materia de salud sino también en la forma en como estos se desenvuelven, se identifican y se viven en sociedad con sus semejantes; la obesidad y el sobrepeso se presentan en cualquier nivel socioeconómico y a cualquier edad, incrementándose conforme pasa el tiempo; cuando se presenta en edades tempranas como en la edad infantil y en la población adolescente, en la mayoría de los casos suele perpetuarse hasta la edad adulta y con ello ocasionar la aparición de múltiples enfermedades crónicas no trasmisibles.
El sobrepeso y la obesidad en edades tempranas se esta influenciado de alguna forma por los estilos de vida (hábitos dietéticos y actividad física) de la población pero también en la forma en como el adolescente se relaciona con sus iguales.

Adolescentes & Obesidad

De los diez factores de riesgo identificados por la OMS como claves para el desarrollo de las enfermedades crónicas, cinco están estrechamente relacionados con la alimentación y el ejercicio físico.
Además de la ya mencionada obesidad, se citan el sedentarismo, hipertensión arterial, hipercolesterolemia y consumo insuficiente de frutas y verduras.
Como puede verse, la alimentación poco saludable y no practicar actividad física con regularidad son las principales causas de las enfermedades crónicas más importantes, y ambas son susceptibles de modificarse.
En los adultos, la obesidad está asociada también a otras patologías, como las enfermedades respiratorias y la artrosis.
Pero es en los niños y adolescentes donde el problema se hace más grave ya que, de no tomar medidas a tiempo sobre sus hábitos, hay una alta probabilidad de que el niño obeso se convierta en un adulto obeso.
En la población más joven las enfermedades asociadas a la obesidad incluyen la hipertensión arterial, hiperinsulinemia, dislipemia, diabetes mellitus tipo 2, agravamiento de enfermedades respiratorias como el asma, así como problemas psicosociales.

Todas las enfermedades descriptas anteriormente acortan la vida.
La obesidad puede llegar a reducir la esperanza de vida de una persona hasta en diez años.
Además, suponen una elevada carga económica para los sistemas de salud ya sean públicos, privados o por Obras Sociales.
Por estas razones, puede afirmarse que las consecuencias de la obesidad hacen de esta enfermedad uno de los mayores retos de la salud pública para el siglo XXI.
MAPA DE LA OBESIDAD EN EL MUNDO

Consecuencias de la obesidad en adolescentes

La obesidad, a diferencia de la anorexia y la bulimia nerviosas, no se considera un trastorno psiquiátrico.
Se trataría de un cuadro médico por exceso de grasa corporal, -por consumo habitual de dietas cuyo valor calórico es superior a las necesidades de energía del sujeto-, que a partir de un determinado nivel de peso por encima del considerado peso ideal, podría comportar una serie de riesgos para la salud.
Consecuencias físicas de la obesidad en adolescentes
Las consecuencias físicas de la obesidad entre los jóvenes son importantes.
Las personas con sobrepeso en un 20% o más del considerado normal, serían más proclives a presentar alteraciones médicas como hipertensión, diabetes, trastornos cardiovasculares, pulmonares y renales, gota y complicaciones tumorales.
El sobrepeso se asocia al aumento de riesgo de muerte.

Consecuencias psicológicas de la obesidad en la adolescencia


La obesidad genera una gran carga psicológica.
Hay especialistas que afirman que la pérdida de peso provoca reacciones como la depresión, irritabilidad, nerviosismo y ansiedad, mientras que otros afirman un efecto positivo en el estado de ánimo.
En cuanto a la recuperación de peso, después de haberlo perdido, parece tener un efecto negativo en el estado de ánimo, la autoestima, y la aceptación de la propia imagen, unido a un gran sufrimiento que deriva del prejuicio social.

Consecuencias estéticas de la obesidad en los jóvenes

El ideal actual de belleza lleva al interés de las dietas de adelgazamiento. Muchos de ellos carecen de la base racional y constituyen un peligro para la salud.
La relación entre ambas no está clara aunque hay estudios que destacan ciertas características de la obesidad: alteración de la imagen corporal, mayor presencia de ansiedad, depresión, somatizaciones, menor sociabilidad junto a un mayor número de problemas sociales y familiares.


Las causas de la obesidad en adolescentes

Entre las principales causas de la obesidad en adolescentes están el mayor consumo de alimentos hipercalóricos (con alto contenido de grasas y azúcares) y la menor actividad física. Grandes cambios en las últimas décadas han repercutido drásticamente en la manera de alimentarse de nuestros jóvenes.

Las dietas tradicionales han sido reemplazadas rápidamente por otras con una mayor densidad energética, lo que significa más grasa, principalmente de origen animal, y más azúcar añadido en los alimentos, unido a una disminución de la ingesta de carbohidratos complejos y de fibra.
Estos cambios alimentarios se combinan con cambios de conductas que suponen una reducción de la actividad física en el trabajo y durante el tiempo de ocio. Obesidad en la adolescencia
El ser humano está biológicamente mejor preparado para resistir ayunos prolongados que para tolerar la abundancia de calorías y el exceso de reposo. Aunque tenemos mecanismos fisiológicos de saciedad alimentaria y metabólica, evidentemente éstos no son lo suficientemente efectivos como para evitar la obesidad.
Las consecuencias de la obesidad hacen de esta enfermedad uno de los mayores retos de la salud pública para el siglo XXI. El aumento rápido y manifiesto de la prevalencia de sobrepeso y obesidad experimentado en las dos o tres últimas décadas no puede ser atribuido a causas genéticas.

Aunque los factores hereditarios son importantes, el genoma humano no ha cambiado en tan poco espacio de tiempo. De ahí que los factores ambientales o del entorno jueguen un papel primordial en el desarrollo de esta epidemia mundial de obesidad, creando el llamado “ambiente obesogénico”, caracterizado por la abundancia de alimentos y el sedentarismo.

Con frecuencia el acto de comer adquiere un valor y un sentido de gratificación emocional independiente de nuestras necesidades calóricas.
Asociamos, de forma subliminal, comer y beber con estados anímicos positivos y, por eso, cuando no nos sentimos bien lo compensamos comiendo o bebiendo, aunque no tengamos apetito y en contra de nuestro raciocinio y nuestra salud.
También la comida es utilizada por los padres para premiar a sus hijos. Una alimentación y nutrición adecuadas son importantes en todas las etapas de la vida, pero particularmente durante la infancia. La dieta de adolescentes se caracteriza por un exceso de carnes, embutidos, lácteos y alimentos con alta densidad energética, como productos de confitería y gaseosas (ricos en grasas y azúcares refinados, respectivamente) y por un déficit en la ingesta de frutas, verduras y cereales.
La infancia es un periodo crucial para actuar sobre la conducta alimentaria, ya que las costumbres adquiridas en esta etapa van a ser determinantes del estado de salud del futuro adulto.

Otra de las causas de la obesidad es la inactividad física. Reconocido como un determinante cada vez más importante de la salud, este problema es el resultado del cambio de patrones de conducta que derivan hacia estilos de vida más sedentarios, cuyas causas últimas son la vida en las ciudades, las nuevas tecnologías, el ocio pasivo y el mayor acceso a los transportes.
En la población infantil y juvenil estos fenómenos se agudizan.
El número de horas que los niños y adolescentes le dedican a los juegos de consolas ó de PC ha aumentado de forma espectacular.

Los avances tecnológicos y en el transporte han disminuido la necesidad del ejercicio físico en las actividades de la vida diaria y es difícil imaginar que esta tendencia no vaya a continuar en el futuro.
A esto hay que añadir un entorno urbanístico poco favorable a la práctica de actividad física, lo que ha provocado, por poner sólo un ejemplo, una reducción del número de niños que acuden al colegio caminando.
Niños que, a su vez, tienden a ser menos activos durante el resto del día.
El conocimiento profundo de las causas mencionadas y de sus múltiples y complejas interrelaciones resulta esencial para cambiar los hábitos de la población y modificar los determinantes de la obesidad.
Una combinación de actividad física regular, variedad de alimentos en la dieta e interacción social amplia constituye, probablemente, el abordaje adecuado para hacer frente al problema al que nos enfrentamos, con el resultado de una mayor longevidad y un envejecimiento sano de la población.

La dieta y hábitos de adolescentes gordos


Tratamiento de la obesidad en los adolescentes

El tratamiento de la obesidad se basa en la reducción del valor calórico de la dieta, con aumento si es posible del gasto de energía del sujeto, lo que supone un aumento de su actividad física.
Es muy importante tener en cuenta que la dieta destinada a la reducción de peso, debe satisfacer las necesidades de nutrientes indispensables.
La dieta de adelgazamiento debe contener una cantidad suficiente de: proteínas, hidratos de carbono y proporción de grasa suficiente.
El tratamiento de la obesidad es, en buena medida, un problema educativo.
El paciente necesita: reeducar sus hábitos alimenticios, sus actividades y su género de vida en conjunto. la ayuda de profesionales para comprender la razón de los cambios que debe introducir en sus costumbres y para desarrollar objetivos y motivación para mantenerlos.
Las medidas dietéticas deben ajustarse a cada caso individualmente en cuanto intensidad de la restricción calórica, duración y pérdida de peso.
El grupo de adolescentes merece una atención especial: Hacer énfasis en introducir cambios de conducta alimentaria tratando de reducir el número de transgresiones, introducir alimentos que no se consumen y aumentar la variedad de la dieta.


La obesidad ¿Un problema biológico, psicológico o social?

La obesidad es, sin lugar a dudas, una enfermedad multifactorial, cuyo tratamiento no se pueden entender mediante un solo enfoque; sin embargo, en virtud de la tendencias actuales en relación al incremento de esta patología en edades escolares, se le han atribuido a dicha condición dos sustratos fundamentales: los cambios en la forma de alimentación y la actividad física.

Desde el punto de vista biológico, la obesidad se debe al sustancial “incremento del tejido adiposo por encima de un nivel determinado para la talla de un patrón de población normal promedio”. En más del 90% de los casos es el resultado de un desbalance entre la ingesta alimentaria excesiva y el gasto calórico disminuido.
Este aumento de peso exagerado condicionado por una elevada ingesta y conductas sedentarias se denomina exógena, la llamada obesidad endógena que representa el 10% de los casos está condicionada por razones genéticas, endocrino-metabólicas u otras enfermedades.
La diferencia entre ambas denominaciones en ocasiones se dificulta, aunque muchos obesos prefieren el diagnóstico de endógeno pues ello salva su responsabilidad individual y social.
El obeso cree que es más elegante "obeso enfermo" que "obeso indisciplinado".
Por otra parte, un control y tratamiento de la obesidad no puede pasar por alto el hecho de que el estado nutricional de un grupo determinado, no puede ser evaluado excluyendo su contexto sociocultural.

Bien.. Vamos a lo fundamental si estás gordit@.

Ciertamente la obesidad interfiere en la juventud de varias maneras, pudiendo incluso acelerar la maduración sexual y el curso del crecimiento.
Las adolescentes obesas, por ejemplo, acostumbran a tener una menarquia precoz y sufren luego trastornos menstruales, como son las reglas irregulares y de sangrado importante, con mucha mayor frecuencia que las chicas de peso normal. Y la obesidad también puede hacer cesar las reglas (amenorrea).

Más preocupantes, no obstante, son los efectos psicológicos.
Los obesos habitualmente sufren mucho, preocupados por su aspecto y por lo que otros adolescentes puedan pensar de ellos.
Un gran número han sido víctimas de bromas crueles y hostigamiento continuo desde su niñez.
La sociedad, en general, presenta una actitud crítica en contra de los obesos, acusándoles, injustamente, de ser personas carentes de fuerza de voluntad.

No es raro, pues, que la autoestima del adolescente obeso se vea afectada por estas circunstancias. Y entonces puede producirse un círculo vicioso: el adolescente triste y aislado encuentra consuelo en la comida.
Además, al tomar conciencia de su apariencia, temerá participar en fiestas, bailes y actividades deportivas en donde tendría que exhibir su cuerpo.
El resultado final es la adopción de un estilo de vida sedentario y de un lamentable aislamiento social. De ahí, pues, la importancia de la formación espiritual y del apoyo emocional que precisa el adolescente obeso.
El secreto no está en llevar un "régimen" alimenticio, sino en desarrollar una vida sana, de acuerdo con las leyes naturales.
De todos es bien sabido que el cambio hacia una dieta vegetariana, la reducción de la ingesta calórica, la implantación del ejercicio físico adecuado y los cambios en las costumbres alimentarias contribuyen a la pérdida de peso; luego, el "ingrediente" más crucial es la motivación que surge del conocimiento.
Si el adolescente obeso no ve el beneficio que le representa un nuevo estilo de vida, el perder peso, y siente una total apatía hacia ello, no tiene sentido insistir. No funcionará de ninguna manera.
Sin embargo, la familia puede ayudar al hijo obeso en sus esfuerzos por adelgazar. ¿Cómo? Simplemente, quitándole importancia al peso.

El criticar, avergonzar o forzar una dieta, son actuaciones totalmente ineficaces y contraproducentes.
No olvidemos que el adolescente tiene como meta la adquisición gradual de su independencia, y el control de los padres sobre la dieta interfiere con el sentimiento de autonomía del joven y con lo que es peor, con la pérdida de peso.
En cambio, la familia puede ayudarlo cambiando las costumbres alimentarias de la casa, haciendo, por ejemplo, que las comidas no contengan animales, que se hagan a horas preestablecidas de mutuo acuerdo, promoviendo comidas con más tiempo y que den lugar a conversaciones, impulsando actividades físicas conjuntas y salidas campestres, llevando en la heladera portátil frutas..., en lugar de helados a base de crema.
Hábitos nutricionales: cada vez más los adolescentes dejan de comer una "dieta mediterránea" (rica en fruta, verdura e hidratos de carbono complejos) para llevar una dieta rica en grasas y azúcares de absorción rápida; es decir, alimentos que tienen un alto contenido energético y poco volumen (pasteles o dulces).
Sedentarismo: la menor actividad física en los adolescentes debido a que sus actividades de ocio son muy pasivas: ver la televisión, los shopping, las consolas, las PC, los Iphone, Ipod, y demás smartphones…
La influencia de la moda: la publicidad bombardea a los jóvenes animándoles a consumir un gran abanico de bebidas y comida de alto valor energético y poco saludables (refrescos, comida rápida, snacks…)
Problemas emocionales: sobretodo de ansiedad en adolescentes con problemas familiares o en la escuela. La única manera de calmar la ansiedad es comiendo (como una fuente de placer o recompensa).
No hay que olvidar que los factores genéticos, hormonales o de salud pueden influir en padecer obesidad; aunque estas causas son las menos frecuentes, lo habitual es la adquisición de unos malos hábitos alimentarios.

Se debe consultar al Pediatra si se observa que el adolescente está engordando mucho o que tiene conductas poco saludables con la comida. El Pediatra debe explorar al adolescente y, si es necesario hacerle un estudio completo para valorar posibles enfermedades de base que justifiquen la obesidad.
El tratamiento de la obesidad se basa en dos pilares muy importantes:
la promoción de la actividad física (evitar el sedentarismo) y
la adquisición de unos hábitos alimentarios saludables.
El adolescente debe ser informado de los problemas que puede causarle la obesidad y de cuáles son las medidas más saludables para evitar ser obeso en la edad adulta.
Se ha de establecer un seguimiento muy estrecho con el adolescente y durante mucho tiempo.
Se debe involucrar a la familia en la práctica de estas pautas saludables: dieta sana y ejercicio.
Las pautas dietéticas que se recomiendan son diferentes en función si es un adolescente o bien un niño que todavía no ha hecho el "estirón".
En el caso del niño no se deben recomendar las dietas bajas en calorías, sino aconsejando una dieta adecuada para su edad y evitando tan solo la ingesta de alimentos de alto contenido energético.
Se recomienda comer cinco raciones de fruta y verdura al día.
En el adolescente ya se puede introducir una dieta hipocalórica durante tiempo no demasiado prolongados.
Se debe aconsejar hacer cinco comidas al día: desayuno, media mañana, comida, merienda y cena.
La actividad física debe ser recomendada siempre. Se deben recomendar los paseos diarios, subir escaleras…
El adolescente debe escoger un deporte que le guste y que le motive su práctica.
Lo ideal es realizar una actividad física aeróbica regular (natación, ciclismo o marcha) con una periodicidad de tres días a la semana.
En los adolescentes no se recomiendan los fármacos para reducir el apetito.
La cirugía bariátrica (técnica del bypass gástrico) está contraindicada en la obesidad infantil, y únicamente ha sido considerada en algunos adolescentes con obesidad mórbida y graves problemas añadidos.
Las complicaciones de la obesidad son muchas, sobretodo que un adolescente obeso será un adulto obeso.
El sobrepeso en el adolescente puede tener una repercusión psicosocial importante llevando a la baja autoestima, el bajo rendimiento escolar y el aislamiento.
La obesidad puede producir alteraciones hormonales, respiratorias (apneas durante el sueño), cardiovasculares (hipertensión arterial), escoliosis, alteraciones cutáneas o digestivas (esteatosis hepática) que disminuyen la calidad de vida del adolescente.
La prevención de la obesidad se debería hacer desde la primera infancia: promocionando la lactancia materna, retrasando la introducción de la alimentación complementaria hasta los seis meses y promoviendo campañas de educación sanitaria en la sociedad y las escuelas que promocionen hábitos de alimentación y actividad física saludables.
Ocasionalmente, también le será útil recibir apoyo de grupo, seguir las indicaciones de un médico naturista o un nutricionista naturista, y recibir formación espiritual o tratamiento psicológico para ayudar a manejar adecuadamente su necesidad por adelgazar.

Argentina, el país con mayor obesidad infantil de América Latina

La obesidad y la hipertensión arterial son los principales riesgos a la salud que debe afrontar el país, según un reciente estudio de la Organización Mundial de la Salud
Argentina, el país con mayor obesidad infantil de América Latina.
Con el dudoso privilegio de liderar los porcentajes de obesidad en niños menores de 5 años en países de América Latina -con el 7,3% de prevalencia según la Base de Datos Global sobre Crecimiento Infantil y Malnutrición de la Organización Mundial de la Salud (OMS)-, la Argentina suma preocupaciones frente a uno de los mayores desafíos de la salud pública en este siglo: la epidemia de enfermedades crónicas que relacionan la hipertensión arterial, la diabetes, las enfermedades cardiovasculares, la insuficiencia renales y la propensión al stroke y el deterioro cognitivo precoz.
"Son enfermedades de la era moderna, una gran enfermedad social que viene creciendo desde hace unas pocas décadas, donde el crecimiento del tejido adiposo desencadena un aumento de una hormona vasoconstrictora llamada angiotensina, y todo este proceso se potencia con el sobrepeso"
La cardióloga Mónica Díaz, directora del Consejo Argentino de Hipertensión Arterial y miembro de la SAHA, remarcó el hecho de que "los pacientes obesos tienen más riesgo de ser hipertensos y de tener menos controlados los factores de riesgo cardiovascular", y que en este sentido "hay que prestar mucha atención en los chicos, porque suelen tener cifras de presión más altas que los chicos delgados" y esto puede ser un predictor de hipertensión en la edad adulta.
"Cuando se baja de peso, bajan los valores de presión arterial", remarca la doctora Díaz, que considera que no se trata solamente de compromiso personal: para esto se requiere, insiste, de más atención por parte del Estado a través de políticas de salud pública, "y de parte de la industria de los alimentos, de generar productos con menos azúcar, menos sal y menos grasas saturadas".

Recomendaciones para evitar el sobrepeso

La mejor manera de evitar estos problemas de salud consiste en mantener un peso saludable.
Y las claves para mantener un peso saludable son hacer ejercicio en forma regular y tener buenos hábitos alimenticios.
Para mantenerte activo, intenta hacer ejercicio durante 30 o 60 minutos todos los días. La actividad física tampoco tiene que ser extenuante. Caminar, nadar y elongar son buenas maneras de quemar calorías y te ayudan a estar en forma. Realiza las siguientes actividades para mantenerte en movimiento:
Salí a dar un paseo.
Utilizá las escaleras en lugar del ascensor.
Caminá o utilizá la bicicleta (para ir a la escuela o la casa de tus amigos).
Colaborá con las tareas del hogar, como aspirar, lavar el auto o limpiar el baño; todas estas tareas queman calorías.
Alterná actividades para no aburrirte: prrobá correr, andar en bicicleta, patineta… las posibilidades son infinitas.
Limitá tu tiempo frente a la TV o los videojuegos; hasta leer un libro consume más calorías.
Andá a bailar; ¡podés quemar más de 300 calorías por hora!
Comer bien no significa hacer dieta constantemente para perder unos cuantos gramos. En lugar de eso, intenta tomar decisiones saludables todos los días:
Las bebidas gaseosas, los jugos de frutas y las bebidas deportivas contienen mucha azúcar; bebe leche descremada o sin grasa, o agua.
Come al menos cinco raciones de frutas y verduras por día.
Evita los restaurantes de comida rápida. Si no podés hacerlo, intentá elegir comidas más saludables, como pollo asado o ensaladas, y pedí porciones normales, ¡no las agrandes!
Si deseas un snack, probá con bastoncitos de zanahoria, un trozo de fruta o una tostada de pan integral, en lugar de comidas procesadas como papas fritas, que contienen grandes cantidades de grasa y calorías.
Comé cuando tengas hambre, no por aburrimiento o porque no se te ocurre otra cosa para hacer.
Tomá todos los días un desayuno saludable.
No ingieras comida ó snacks mientras miras televisión porque seguramente terminarás comiendo más de lo que esperabas.
Prestá atención al tamaño de las porciones que comés.

¿Qué podés hacer si estás gordit@?

Antes de comenzar a intentar bajar de peso, habla con un doctor, tu padre, tu madre o un dietólogo. Con su ayuda, podés idear un plan seguro, que se base en comer bien y hacer ejercicio. Recordá que los adolescentes necesitan comer en forma regular. No dejes de comer porque no vas a obtener los nutrientes que necesitás para crecer y desarrollarte normalmente.
Tal vez también quieras llevar un diario de actividades y alimentos. Registrá qué comes, cuándo hacés ejercicio y cómo te sentís.
Los cambios pueden llevar tiempo, pero ver los avances por escrito te ayudará a mantenerte fiel a tu plan.
También podés participar de un grupo de apoyo; consultá en el hospital local o la Municipalidad de tu localidad, ó en el Centro de Gestión y Participación (CGP) de tu barrio, para ver si hay grupos que se reúnen cerca de donde vivís. Sobre todo, rodeate de amigos y de familiares, ya que ellos estarán para brindarte apoyo y ayudarte a enfrentar estos importantes cambios en tu vida.
FIN DEL POST
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