“Podría hablarles de generalidades, de los colores, de los pececitos, pero a mí no me gusta, no puedo, no me da ni el estómago ni el corazón para esas cosas. Yo necesito abordar los problemas que tenemos en serio los argentinos. Y estoy viendo hoy una sobreproducción de azúcar y vamos a producir más azúcar; necesitamos, entonces, hacer toda la inversión necesaria para que esa azúcar se transforme en alconafta, agregarle mayor valor, generar más trabajo. Nos va a exigir también acuerdos con la industria automotriz, que ha ganado y gana mucho dinero también en la República Argentina , y complementarnos, además, con nuestros hermanos del Brasil”.
Con estas palabras, la presidenta Cristina Kirchner oficializó ayer en Tucumán el proyecto del Gobierno para volver a producir alconafta en la Argentina . Se trata de un combustible elaborado a base de nafta común, con un corte del 15% de alcohol etílico elaborado con caña de azúcar.
El Plan Alconafta Argentina nació en 1978 y su producción masiva comenzó tres años más tarde. A comienzos de los años ’80, la alconafta se comercializó en once provincias, impulsadas por una exención del impuesto al combustible (el gravamen recaía solo sobre el 85% de la nafta). Pero cayó en desuso poco después.
Según recordó el diario El Cronista, el factor que determinó su desaparición fue el alto costo fiscal que le generaba al gobierno de Raúl Alfonsín. Esto, sumado a la falta de actualización en los precios que fijaba la Secretaría de Energía para el alcohol, llevó a que el negocio perdiera rentabilidad.
Desde el 2005, el gobierno tucumano de José Alperovich viene insistiendo con proyectos para reflotar la iniciativa. Su activación requiere, de todos modos, el consenso de las automotrices, ya que demandará cambios en el circuito de alimentación de los automóviles nafteros.
El súbito rescate emotivo de la alconafta por parte de la Presidencia tiene un motivo: el Gobierno busca alguna fórmula que le permita reducir los costos que desencadenó la caída en la producción de hidrocarburos de los últimos años. Este año, la Argentina deberá importar combustibles por un valor de 12 mil millones de dólares.