InicioSalud BienestarLas Cuatro Leyes de la Simplicidad y Aplicarlas a tu Vida

Las Cuatro Leyes de la Simplicidad y Aplicarlas a tu Vida

Salud BienestarFecha desconocida

El problema de muchas guías de ayuda para simplificar tus obligaciones, tu vida laboral, tu escritorio, tu vida, es que a menudo son rematadamente complicadas.


Necesitamos un método de simplificación simple.

Si llevas tiempo intentando simplificar tu vida, habrás conocido buenos y malos momentos. Tal vez hayas probado docenas de teorías de otras tantas fuentes para hacer tu vida más sencilla. Seguro que ha sido un camino interesante, aunque tal vez no muy recomendable.



Si no es tu caso, y estás buscando simplificar un determinado aspecto de tu vida, probablemente no quieras pasar por todo eso.

Por eso Leo Babauta, en el texto que inspira este post, y después de haber pasado casi una década intentando simplificar su vida, lo ha reducido todo al sencillo método de las Cuatro Leyes de la Simplicidad que puedes aplicar en cualquier área de tu vida y, de hecho, en toda ella:

1. Reúne todo en un sitio
2. Selecciona lo esencial
3. Elimina el resto
4. Organiza lo que queda con cuidado y cariño

Para comprender mejor esto, vamos a imaginar que ordenamos el armario de los trastos, el más caótico que haya en tu casa – tiene tarjetas de restaurantes de hace 4 ó 5 años, manuales de ordenadores que utilizaban DOS como sistema operativo, piezas y cables de aparatos que no sabes de qué son, bolsas de papel, algunos clips, algunos palillos, recuerdos de aquella afición que en aquel momento te parecía tan interesante, un recuerdo de aquel viaje y un olorcillo que recuerda a una clase de gimnasia.

Podrías pasarte todo el día poniendo orden en semejante lío y seguiría estando desordenado (o, algo más habitual, podías cerrar el armario y olvidarte del asunto). Pero vamos a ver cómo aplicaríamos esos 4 pasos al problema del armario:

Reúne. Saca todo y ponlo en un montón, sobre una mesa, por ejemplo. Los clips también.

Selecciona. Escoge las pocas cosas que de verdad quieres y utilizas y que son importantes para ti. Sácalas del montón. Recuerda: sólo lo esencial. Sé muy selectivo. Pon esas cosas importantes en un montoncito aparte.

Elimina. Tira el resto. Sabes que nunca volverás a usar esos manuales. No seas sentimental en este punto. Tíralo todo o, mejor aún, busca a las cosas una nueva vida, si crees que alguien puede darles uso – dónalas a una organización o regálaselas a algún amigo. Los palillos tendrás que tirarlos.

Organiza. Ordena las cosas esenciales dejando espacio entre ellas. Limpia el armario primero, por supuesto, y luego pon los pequeños montones dentro, dejando algo de espacio entre los grupos. El espacio hace que las cosas parezcan más limpias y sencillas.

Ya está. Ahora tienes un bonito y práctico armario-trastero del que, esperemos, habrá desaparecido el olorcillo.

Este sencillo método puede aplicarse a cualquier área de la vida. Sugerimos que te centres en un área cada vez, para luego pasar a otro apartado. Así que si sólo quieres simplificar un par de áreas, te puedes centrar en una por semana, pero si quieres simplificar toda tu vida, mejor que aceleres un poco.


Te sugiero, para empezar:

Tu armario. Si puedes, evita ir dejando cosas en el suelo del armario.

Tu escritorio. Es mucho más relajante trabajar en un entorno sencillo y ordenado. Cuando acabes con el escritorio, empieza con las paredes.

Tus tareas. Céntrate en la lista de lo importante. Las demás ideas, descártalas o déjalas en la lista de posibles o para más adelante. Prioriza. Para las tareas del día, elige sólo las cosas verdaderamente importantes.

Tus obligaciones. Haz una lista. Incluye todas, desde las profesionales a las personales o de ocio. Después selecciona las que de verdad importan, las que te aportan valor, beneficios a largo plazo, alegría. Descarta las demás, si es posible. Puede ser difícil, pero puedes tener menos obligaciones simplemente explicando a los demás que no tienes tiempo. Vivirás mejor, más relajado, haciendo sólo lo que de verdad quieres hacer o tienes que hacer. Deja espacio entre tus obligaciones en lugar de llenar tu vida con ellas.

Tu vestuario. ¿De verdad te pones 30 camisetas?

Tu cuarto. Conserva lo que usas y lo que más te gusta. Deshazte del resto.

Tu e-mail. ¿Tienes cientos de mensajes sin contestar? Ponlos todos en una carpeta y quédate con los más importantes. Borra o archiva los restantes.
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