Las costumbres son aquellas secuencias a las cuales te has programado. Si te has programado para una secuencia puedes programarte para otras con la misma efectividad. Porque verás, el cuerpo se acostumbra a todo, incluso a algo nocivo y desagradable como ingerir humo pudiendo respirar aire puro. Con el tiempo incluso cree que esto es relajante, más que algo tan simple como soltar el cuerpo y respirar hondo. Parece tonto ¿Verdad?
Pero es un programa, un programa para la mente, una costumbre que no cuestionas, solo la sigues, respondiendo a tu programa, como un ordenador. El cuerpo no es un filósofo, es una máquina. Tú en cambio no eres tu cuerpo. Muchas veces tampoco eres quien lo ha programado. Pero eres el que obedece y sigue los programas y los hábitos que generan y eres libre de detenerte cuando quieras.
Al principio parece difícil, incluso imposible. Algunos intentan 2 o 3 veces y hallan que no pueden reprogramarse. Como si 2 o 3 cigarros hicieran adicto a alguien. Otros cuando logran liberarse de un programa solo buscan liberarse por completo de esta realidad como quien despierta de un sueño que lo tenía preso.
Pero también es posible controlar lo que uno programa en su máquina. En su vehículo terreno y hacerlo ir hacia donde uno quiera. Tanto por dentro como por fuera. Tanto sea que se quiera no hacer nada, dejarse llevar por algo, incluso sufrir a veces o ver hasta dónde puede llegar ese vehículo si se lo propone.
¿Da igual? ¿Vale la pena? Lo importante es, que ese eres tú. El que decide. No tu cuerpo, tampoco el esclavo de sus programas. Por el contrario. Eres el amo. El conductor de un carro con muchos caballos que veía como estos corrían sin control sin darse cuenta de que las riendas estaban a su alcance, pues se creía carruaje.
Eres el programador, no el ordenador, no sus programas. Tú eliges.
¿Qué vas a hacer al respecto?