
El día que Traverso le dio lecciones de peronismo a Moyano entre otras anectodas.
El Flaco estuvo en Mendoza para acompañar a los pilotos y al equipo. Además, anunció su nuevo emprendimiento: el centro de alto rendimiento para entrenar pilotos en el Autódromo Oscar y Alfredo Gálvez de Buenos Aires, otra manera de proteger y promover al automovilismo profesional, tal como hace desde la Asociación Argentina de Volantes, entidad que tiene más de veinte mil afiliados.
Cenamos con él en la noche del sábado. Se vino manejando desde Buenos Aires. No vio la clasificación ni la carrera. Se la pasó saludando en todos los boxes a sus innumerables colegas, conocidos y al público que lo idolatra. Es único.
A continuación, una selección de las anécdotas del Flaco en su cena con la prensa.
* Juan Manuel Fangio : “Yo no soy hincha de Fangio . Como corredor sí, era un maestro. Yo, igual que él, no festejaba mucho cuando ganaba. Fangio decía que cuando ganaba y subía al podio, sólo levantaba levemente la mano. No se excedía en el festejo. Le parecía una humillación para los rivales. Un festejo medido y listo. Tal vez sí cuando ganás un campeonato. Pero al rival se lo respeta”.
* Emilio Satriano: “Estabamos en Olavarría, en el ’98. Era la última carrera del año. Veníamos peleando lejos de la punta, con Ortelli y Satriano. Las posiciones finales determinaban cómo terminaríamos en el campeonato. El que ganaba salía campeón. Yo venía más adelantado y justo se me rompe la palanca de cambios, faltando muy poco para terminar la carrera. Me alcanza a pasar Ortelli, ahí ganó su primer campeonato. Veo que viene Satriano, así que levanto. Es más, freno. Bajo la velocidad para que me pase. Y cuando me pasa lo saludo. Terminamos así, campeón Ortelli y Emilio subcampeón y yo tercero. Vamos al podio, y en un momento Satriano me dice: “¿Yo estoy loco, o vos frenaste?” Sí, claro que frené, le contesté: “¡Si vos no venías nunca!” Satriano no entendía nada: “¡Perdiste el subcampeonato, explicámelo!”. Se lo explico: “Ortelli te ganó a vos. El que perdiste fuiste vos”.
* Fórmula 2 Europea: “En Inglaterra viví un año. Mi auto era un March Hart y lo patrocinaba Ford Argentina. Me radiqué en Londres y me compré un departamento. En un año, sólo vine una vez a la Argentina, para que mis hijas visitaran a mi viejo, ya que él le tenía fobia a los aviones. Jamás en su vida voló. Lo más cómico es que mi viejo tenía un avión. Viajó hasta San Pablo en auto con un hermano de él, médico, y lo intentaron subir anestesiado al Concorde. No lo dejaron, no lo autorizaron. Por eso, me vine con las nenas y estuve sólo dos o tres días, así que no me quiso contar que en la empresa había problemas serios. Yo sabía, pero no pensé que era para tanto. Así que terminó el campeonato y ahí me enteré del despelote que teníamos. Llegué acá y había un desastre. Terminamos presentándonos en convocatoria, así que me quedé, pensando que lo arreglábamos en un año. Me llevó seis”.
* Bernie Ecclestone I: “Yo tenía un precontrato con Ecclestone, por el cual debía correr un año en Fórmula 2, como segundo piloto de Teo Fabi. Después iba a hacer algunas carreras en la Fórmula Aurora. Se corría en Gran Bretaña con autos Fórmula 1 Cosworth, de temporadas anteriores. Iba a correr en el equipo de Guy Edwards. Y ya tenía previstos entrenamientos con el Brabham de Fórmula 1, la escudería de la que Ecclestone era dueño. Si todo salía bien, me subiría en el Gran Premio de Estados Unidos, en Watkis Glen. Yo pregunté: “¿Agregan un auto?”. “No –dijo Ecclestone- se baja Niki Lauda”. Nadie lo sabía, pero Lauda ya tenían un contrato fechado, que vencería por esos días. En Canadá de 1979 finalmente se subió al Brabham Cosworth otro argentino, Ricardo Zunino. Debutó con el buzo y el casco de Lauda, ya que no tenía indumentaria propia. Pasó de espectador a protagonista, clasificando en la posición 19. En carrera llegó a ir cuarto, hasta que una entrada a boxes lo relegó al séptimo puesto final. Es decir que por esas carambolas de la vida, no pudo subirme al BT49 que al año siguiente pelearía el campeonato con Nelson Piquet, en duelo contra Alan Jones. El mismo auto con el que al año siguiente Nelsinho le ganaría el campeonato a Reutemann. Ese departamento que tenía en Londres. Lo compré con la idea de permanecer un largo tiempo corriendo en Europa. Ese era mi plan. Con el despelote que teníamos en la Argentina, el departamento quedó. Y al tiempo valía muchísimo más. Fue la mejor inversión que hice en mi vida. Y sin querer”.
* Gomas blandas: “Por contrato, tenía asignadas en cuatro carreras del campeonato gomas blandas para correr. Yo podía elegir con cuáles. Y me sugirieron que me las reservara para las últimas competencias. Estábamos en Donnington y ese día andaba bárbaro. Con gomas duras hacía el cuarto tiempo, así que pensé que si metía las blandas los mataba a todos. Me las afanaron y se las dieron a Marc Surer, que estaba peleando el campeonato y no daba pié con bola. Me sacaron mis gomas. ¿Qué pasó? Yo ya le había agarrado la mano a las gomas blandas, ya que eran un segundo más rápidas, así que me calzaron el juego que yo suponía blandas y me mandé, frenando veinte metros más adentro en todos lados. Matemáticamente es un segundo antes, si probás, cagaste. Entonces salgo en la segunda tanda de clasificación y con gomas duras estaba cuarto. Detrás mío tenía a diez tipos con gomas blandas. Sólo Surer y Rosberg estaban adelante. ¡La piña que me metí! Le saqué el motor al auto, no me maté de pedo. Fue en la bajada, pasando el puente Dunlop, el lugar más rápido del circuito. Para bajar la velocidad había una chicana y la vía de escape era un circuito viejo. Seguí derecho, ni frenó el auto. Le dí a la pared y le arranqué el motor. Quedé séptimo”.
* Bernie Ecclestone II: “Fui un día a la casa de Bernie, a negociar un contrato. ¿Sabés lo que coleccionaba? Estatuas de marfil… ¡miles! La entrada del departamento, un triplex, parecía una casa de repuestos: llena de cajoncitos con estatuas de marfil, en vez de tornillos. Ecclestone habla perfecto castellano, así que negocia en tu idioma. Hoy Ecclestone quiere volver a tener la vieja Fórmula 1, la que hace ruido, donde los autos se prendían fuego, la de su época. Lo encontré en Monza, el año pasado. Y le tiré la lengua. ¡Para qué! Se puso loco. Armó tanto escándalo que incluso se acercó Jackie Stewart para ver qué pasaba. Es el quinto tipo más rico de Inglaterra, contando sólo la que no puede esconder. Imaginate. Pero perdió poder, entre el asunto fiscal que tuvo, y que está viejo. En la Fórmula 1 hay una guerra de poder. Hoy por hoy, la ecología, la contaminación no son los temas fundamentales de la Fórmula 1. Jean Todt se agarra de la ecología como tema, pero así no le disputa el poder a Bernie. ¿Quién lo va sacar a Ecclestone?”
* El Polaco Herceg: “Un día el auto no andaba y clasifiqué mal. Me bajé de la coupé Taunus de TC 2000 y le encajé una patada al medio de la puerta. Le volé el vidrio. Se me acerca el Polaco Herceg, esperó a que me calmara y me dice: “Estás enojado”. Sí, le contesté. “¿Por qué no pateaste la llanta, en vez de la puerta, entonces?”
* Luca di Montezemolo: “Mirá lo que me pasó con Luca. El año pasado fui a Monza, y después fui a Ferrari , para dar una vuelta. Me anuncié con la secretaria y me dice que si no tenía una audiencia pedida, veía difícil que me pudiera atender. Era un día delicado. “Bueno, pruebe”, le dije. Al rato me hacen entrar, y me llevaron de acá para allá mostrándome la fábrica. Al rato aparece Luca. Le digo: “Mirá, no te voy a robar mucho tiempo, te traigo un cuadro de Froilán González”. Luca era hincha fanático del Cabezón. Lo quería como la puta madre. “¿Tenés un día complicado?”, le pregunté. “Y… más o menos, estoy renunciando a Ferrari … Me voy a la mierda de Ferrari , que se la metan en el culo”. Los accionistas de Fiat querían duplicar la producción de Ferrari . Y Luca buscaba que produjeran menos unidades, para preservar la exclusividad de la marca. Tengo una suerte bárbara, justo ese día estaba yo. ¡No pego una! Me tiraba el lance para ir a la fábrica y ligar una Ferrari a préstamo por unos días, ¡justo el día de más quilombo!”
* Hugo Moyano: “Esta forma de hablar así la tuve desde siempre. Cuando era chico, iba al Colegio Lasalle. Con los curas me la pasaba en el pasillo. Un día, discutiendo con Hugo Moyano sobre temas políticos me dice: “Porque vos tenés que entender, vos no sabés lo que es ser peronista” Así que le digo: “¿Vos sos peronista? ¿Y qué te dijo Perón a vos?”. Moyano me respondió: “No, nada. Yo no lo conocí a Perón”. Me saqué: “¡A mí me entregó una copa Perón! ¿Ves que sos un pelotudo?”
* El dinero: “La falta de guita te enferma, y el exceso te mata. Mi viejo hacía lo que le gustaba, le encantaba el campo y tuvo guita. También la perdió. Siempre hizo lo que quiso, y se murió de viejo. No le importaba la guita. Amalita Fortabat se murió de vieja, no le importaba la guita. Y lo mismo le va a pasar a Goyo Pérez Companc. En cambio, al tipo que tiene un pequeño excedente de guita, esa lo mata. Lo mismo que al tipo que no la tiene, y se enferma”.
* Gastón Perkins: “Yo tuve una suerte impresionante por la época que me tocó vivir, por el momento en que entré en el automovilismo, por los personajes que conocí. Por ejemplo, Gastón Perkins. Un día recién había debutado y lo saludo. Nada. Al poco tiempo, después de ganar, me le acerco de nuevo. Nada. Me dice: “¿Qué te creés? ¿Porque manejás bien te la creés? ¡Mandate a mudar!” Teníamos que saludarlo y decirle: “Buenas tardes, Gastón”. Y hasta ahí. Un día me dice: “Estoy jodido. Pero no diga nada, estoy jodido”. Se había agarrado cáncer. Le pregunté si necesitaba algo, en qué lo podía ayudar. “¡Cállese la boca!”, era su respuesta de siempre. Al tiempo me llama y le pregunto si necesitaba algo y me vuelve a decir lo mismo: “¡Cállese la boca! Lo llamo para decirle que fue un honor haber sido su amigo, y que no se le ocurra venir al velorio ni mandar nada”. Y ahí nomás cortó. A la semana se murió. ¡Qué viejo hijo de puta!”
* Oscar Gálvez: “Con Oscar Gálvez andaba de un lado para otro. Fue director del equipo Ford durante siete años. Yo le decía: “Oscar, vamos”. Y él se paraba a hablar con todo el mundo. Yo le decía que teníamos que irnos. Y él me señala a un hombre detrás del alambrado, que nos había venido a ver. “Ese hombre puede ser un médico o un hombre de campo, y ser diez veces mejor que yo, que solo sé manejar. Si se vino de lejos a vernos, yo lo tengo que atender”.
* Luis Di Palma: “En Buenos Aires metíamos cuatro grados de avance y tres de comba en la dirección. En el medio de Salotto, te colgabas del volante y se te caían los brazos, sólo durabas dos vueltas como para clasificar. No había dirección hidraúlica y te mataba. Di Palma llevaba en carrera cuatro y medio. ¿Cómo hacía? Ponía la butaca adelantada y al entrar a Salotto trababa el volante con la pata y hacía la curva compensando con el acelerador. Cuando salía a la recta, agarraba de nuevo el volante. “Y así va, así no te cansás”, decía. Era único”.
* Yoyo Maldonado: “Tu mecánico tiene las cuatro tuercas frías, alineadas y ordenaditas en el piso, para reemplazarlas en un cambio de cubiertas. Cuando accionás la pistola neumática y sacás la rueda, las tuercas calientes saltan para cualquier lado. Nada prohíbe que venga un amigo del Yoyo y en un descuido te patee las tuercas frías a la mierda”.