En este post se desarrolla un estudio sobre las reacciones del los espectadores cuando se enfrentan al fatídico hecho de ver a su amado equipo hundido en el fracaso. Este estudio esta basado en objetivos analisis de mundiales, copa libertadores o cualquier evento deportivo que implique reacciones suicidas de algun fanatizado.
A continuación, un muestrario de los gestos y las expresiones más comunes ante el fin de la esperanza: las caras del fracaso.
Sentencia de muerte
El espectador permanece indiferente durante los últimos minutos del partido, consciente de la gravedad del destino inmediato. Termina el encuentro y no expresa reacciones evidentes ni signos vitales: autista, se queda con la mirada clavada en el televisor, con el gesto impávido del criminal que escucha su sentencia. No habla hasta el día siguiente. Ideal para partidos sin grandes sobresaltos.
Incredulidad
El espectador lleva sus manos a la cabeza. Cuando el partido termina, se tapa la cara hasta los ojos. Se queda mirando el televisor a la espera de un anuncio que le avise que todo fue un sueño. Pero no: el fracaso es inevitable. Minutos después, ya atravesada la etapa de negación, sobreviene la resignación. Hace un chistido de disgusto, se muerde el labio inferior y apaga la tele. Ideal para partidos que se dan vuelta sobre el final.
Indignación
Termina el partido y el espectador extiende un brazo, dejando la palma de la mano apuntando al cielo. Su reacción es más enérgica que las anteriores: no pasa un minuto hasta que se encuentra insultando a los jugadores, a sus madres, a su descendencia, a sus posibles parientes lejanos, a sus amigos, a sus conocidos y a los últimos 20 presidentes argentinos. Este cuadro de histeria se extiende por varios días en los que desmenuza las equivocaciones del cuerpo técnico y expone la táctica infalible que él había pensado para su equipo mucho antes de que empezara siquiera a jugar . Ideal para partidos que se definen por penales.
Comentarios desubicados
El especímen que desarrolla esta conducta se pasa todo el partido esperando que termine para demostrar lo poco que le interesaba que su equipo ganara. Termina el partido, se palmea los muslos con estridencia y dispara;Bueno, se veía venir;. Y mientras el resto hace lo posible por no escucharlo, agrega obviedades como;Ahora, a esperar otro año; O Listo, volvamos a la realidad, acá no pasó nada. Si extrañamente consigue no ser linchado por quienes lo acompañan, vuelve a su casa silbando bajito, esperando cruzarse con alguien para repetir sus inoportunas apostillas.
El consuelo inútil
Termina el partido y la escena no podría ser peor. Niños llorando, televisores que se apagan, calles desiertas, la decoración de las banderas ambientando el funeral. Pero no todo está perdido: alguien viene a ofrecer su corazón. Con la sabiduría futbolística de Tití Fernández y el sentido de oportunidad de un travesti jubilado en una reunión de la Liga de Amas de Casa, este sujeto intenta animar la tertulia diciendo que igual jugamos mejor nosotros;estuvimos ahí de ganar;el árbitro los favoreció a ellos;en el campeonato anterior nos fue peor y por lo menos también perdió el otro.
A continuación, un muestrario de los gestos y las expresiones más comunes ante el fin de la esperanza: las caras del fracaso.
Sentencia de muerte
El espectador permanece indiferente durante los últimos minutos del partido, consciente de la gravedad del destino inmediato. Termina el encuentro y no expresa reacciones evidentes ni signos vitales: autista, se queda con la mirada clavada en el televisor, con el gesto impávido del criminal que escucha su sentencia. No habla hasta el día siguiente. Ideal para partidos sin grandes sobresaltos.
Incredulidad
El espectador lleva sus manos a la cabeza. Cuando el partido termina, se tapa la cara hasta los ojos. Se queda mirando el televisor a la espera de un anuncio que le avise que todo fue un sueño. Pero no: el fracaso es inevitable. Minutos después, ya atravesada la etapa de negación, sobreviene la resignación. Hace un chistido de disgusto, se muerde el labio inferior y apaga la tele. Ideal para partidos que se dan vuelta sobre el final.
Indignación
Termina el partido y el espectador extiende un brazo, dejando la palma de la mano apuntando al cielo. Su reacción es más enérgica que las anteriores: no pasa un minuto hasta que se encuentra insultando a los jugadores, a sus madres, a su descendencia, a sus posibles parientes lejanos, a sus amigos, a sus conocidos y a los últimos 20 presidentes argentinos. Este cuadro de histeria se extiende por varios días en los que desmenuza las equivocaciones del cuerpo técnico y expone la táctica infalible que él había pensado para su equipo mucho antes de que empezara siquiera a jugar . Ideal para partidos que se definen por penales.
Comentarios desubicados
El especímen que desarrolla esta conducta se pasa todo el partido esperando que termine para demostrar lo poco que le interesaba que su equipo ganara. Termina el partido, se palmea los muslos con estridencia y dispara;Bueno, se veía venir;. Y mientras el resto hace lo posible por no escucharlo, agrega obviedades como;Ahora, a esperar otro año; O Listo, volvamos a la realidad, acá no pasó nada. Si extrañamente consigue no ser linchado por quienes lo acompañan, vuelve a su casa silbando bajito, esperando cruzarse con alguien para repetir sus inoportunas apostillas.
El consuelo inútil
Termina el partido y la escena no podría ser peor. Niños llorando, televisores que se apagan, calles desiertas, la decoración de las banderas ambientando el funeral. Pero no todo está perdido: alguien viene a ofrecer su corazón. Con la sabiduría futbolística de Tití Fernández y el sentido de oportunidad de un travesti jubilado en una reunión de la Liga de Amas de Casa, este sujeto intenta animar la tertulia diciendo que igual jugamos mejor nosotros;estuvimos ahí de ganar;el árbitro los favoreció a ellos;en el campeonato anterior nos fue peor y por lo menos también perdió el otro.