Las 5 formas de chantaje emocional
Chantaje emocional. En ocasiones lo vivimos a muy distintos niveles: esos familiares capaces de victimizarse para extender sus redes sobre nosotros, amistades que nos manipulan a su antojo con la finalidad de conseguir sus objetivos…
Podríamos decir claramente, que el chantaje emocional es un arte de la toxicidad y el dominio. Un sibilino dominio en el cual se valen de nuestro cariño e incluso de nuestro amor, para conseguir un propósito y mantenernos fuertemente unidos a la persona que ejerce el chantaje.
¿Lo has vivido en alguna ocasión? Es posible. Si es así habrás sentido el dolor lento e incisivo de esos comportamientos ante los cuales, en un principio nos sentimos indefensos. ¿Cómo negarnos?
La mayoría de las veces son nuestras propias parejas quienes despliegan hábilmente estos comportamientos. Cedemos, obedecemos y cumplimos porque queremos al ejecutor o ejecutora de dicho arte, permitiendo que poco a poco, nuestra autoestima se vaya erosionando como una roca frente a las embestidas del mar, como un pequeño velero que se va perdiendo en el horizonte. No solo es un ataque a nuestra integridad emocional, nuestra salud también se resiente de un modo muy grave y peligroso. Te lo explicamos a continuación.
CHANTAJE EMOCIONAL Y SALUD
El coste que pagamos ante cada cesión, es enorme. Ante cada chantaje emocional aparece sin duda la vergüenza y la culpabilidad. Nos miramos al espejo y nos preguntamos por qué hemos cedido. Somos conscientes de que debemos reaccionar, pero sin embargo, una vez más hemos caído en la emboscada siendo burlados. Sin saberlo, hemos ofrecido quizá esa “libra de carne” tan cercana al corazón que demandaba el personaje de Shylock en el “Mercader de Venecia”.
Aparecen las dudas. Las personas disponemos de un sistema de valores que nos son propios, además de esas promesas internas que nos hacemos diariamente: “no me dejaré engañar de nuevo”, “ésta va a ser la última vez”. Y sin embargo, vuelve a ocurrir. Nuestra autoestima e integridad se van convirtiendo en una sombra de lágrimas y auto-decepción, estamos perdiendo nuestra brújula interior y casi sin darnos cuenta, llegan los primeros síntomas.
El dolor de cabeza continuo. Los problemas musculo-esqueléticos, esos que tensan nuestra espalda, nuestro cuello, los mismos dolores que no nos permiten apenas conciliar el sueño. Aparecen sarpullidos o pequeños problemas en la piel como respuesta ya a un alto nivel de estrés. Cuando el nivel de cortisol se eleva en sangre, altera también nuestro sistema circulatorio y cardíaco, apareciendo las clásicas taquicardias, los ahogos o incluso los mareos.
Sudores repentinos, sequedad de boca, manos frías, problemas digestivos y en esencia, un cansancio continuado serían síntomas claros de que algo no va bien, de que esa conexión mente cuerpo se ha traducido ya en esos síntomas psicosomáticos que no debemos pasar por alto.
Solo un dato más a tener en cuenta. Según datos médicos, casi el 25% de nuestras molestias físicas tienen un origen psicosomático. Es decir, hay áreas en nuestra vida ante las que debemos actuar y resolver en la medida que esté en nuestras manos.