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6 experimento psicologicos para entender la conducta humana

Offtopic9/9/2015
1. Experimento de Landis de las expresiones faciales en 1924. En 1924 Carney Landis, licenciado en psicología por la Universidad de Minnesota desarrolló un experimento para determinar si diferentes emociones crean expresiones faciales específicas a esa emoción. El objetivo de este experimento era ver si todas las personas tienen una expresión común cuando se siente disgusto, shock, alegría, y así sucesivamente. La mayoría de los participantes en el experimento eran estudiantes. Fueron llevados a un laboratorio y sus rostros estaban pintados con líneas negras, con el fin de estudiar los movimientos de los músculos faciales. Fueron expuestos a una variedad de estímulos destinados a crear una fuerte reacción. A medida que la persona reaccionaba, era fotografiada por Landis. Landis les hizo oler amoníaco, mirar pornografía o poner sus manos en un cubo de sapos. Pero la controversia en torno a este estudio fue por la parte final de la prueba. A los participantes se les mostró una rata viva y se les daba instrucciones para decapitarla. Si bien la mayoría de los participantes no siguió las instrucciones, un tercio lo hizo. La situación se vio agravada por el hecho de que la mayoría de los estudiantes no tenían ni idea de cómo realizar esta operación de manera eficaz y se infringía a los animales un gran sufrimiento. Las consecuencias de este estudio fueron más allá de lo que pretendía Landis. En realidad, esta prueba puso de manifiesto que la gente está dispuesta a hacer casi cualquier cosa en determinadas situaciones. link: https://www.youtube.com/watch?v=f_a62zA72Js 2. Indefensión aprendida (1965) En 1965, los psicólogos Mark Seligman y Steve Maier llevó a cabo un experimento con 3 grupos de perros. A los 3 grupos se les colocó un arnés. Los perros del grupo uno fueron puestos en libertad después de un cierto período de tiempo, sin ningún daño. A los perros del grupo dos se les ató con una correa de 2 en 2. A uno de cada pareja se le aplicaron descargas eléctricas que podía terminar cuando presionaba una palanca. Los perros del tercer grupo fueron también emparejados y atados con correa juntos. También recibían una descarga eléctrica pero esta no cesaba al activar ninguna palanca. Las descargas llegaban al azar y eran inevitables. Esto causó “indefensión aprendida”, asumiendo que los perros no podían hacer nada para evitar las descargas. Los perros de este grupo terminaron mostrando síntomas de depresión clínica. Más tarde, los perros de este tercer grupo fueron colocados dentro de una caja.Se les volvió a aplicar descargas eléctricas pero esta vez fácilmente podían poner fin a las mismas únicamente saltando fuera de la caja. Los perros simplemente “aceptaban” las terribles descargas, mostrando una vez más la indefensión aprendida. 3. El pozo de la desesperación (1960). El Dr. Harry Harlow era una persona antipática que utilizaba términos como “la tortura de la violación”, “la doncella de hierro” y “el pozo de la desesperación” en sus experimentos. Es conocido por los experimentos que realizó en monos rhesus sobre el aislamiento social. El Dr. Harlow se hizo con unas cuantas crías de monos rhesus que ya habían tenido contacto con su madre. Sustituyó a sus madres originales por 2 tipos de madres para ver con cuál se quedaban: 1) Una estaba formada por una estructura metálica con un biberón. 2) La otra carecía de biberón pero estaba hecha de felpa y tenía un tacto más agradable. Los monos eligieron la madre de felpa aun sabiendo que no tenía alimento. Solo cuando tenían mucha hambre acudían corriendo a la otra para comer y volverse corriendo a la madre de felpa. Preferían la seguridad al alimento. Gene Sackett, de la Universidad de Washington en Seattle, uno de los estudiantes de doctorado de Harlow, dijo que el movimiento de liberación animal en los EE.UU. nació como resultado de los experimentos de link: https://www.youtube.com/watch?v=-JkKzdw9fk8 4. David Reimer 1965 – 2004 En 1965, nació en Canadá un niño llamado David Reimer. A los ocho meses de edad, fue sometido a una circuncisión. Desafortunadamente, la operación salió mal debido a un fallo médico y su pene quedó inservible. Sus padres visitaron al psicólogo John Money quien sugirió una solución disparatada: un cambio de sexo. Sus padres estaban angustiados por la situación y estuvieron de acuerdo con el procedimiento. No sabían que las verdaderas intenciones del doctor eran probar una teoría suya muy particular: la identidad sexual puede ser aprendida y decidió utilizar a David como conejillo de indias. David, se convirtió en Brenda. Tenía una vagina y le dieron suplementos hormonales. David Reimer empezó a crecer y tenía sentimientos contradictorios y confusos sobre una variedad de temas. Lo peor de todo es que sus padres no le informaron de su verdadera identidad sexual. Finalmente, los padres de David le dieron la noticia de su verdadero género sexual cuando tenía 14 años. Brenda decidió convertirse en David una vez más, dejó de tomar estrógenos y le reconstruyeron un pene. El doctor Money insistió en que el experimento había sido un éxito, dejando fuera muchos detalles de la lucha de David con su identidad sexual impuesta. A la edad de 38 años, David se suicidó. 5. El paradigma de los monos En cierta ocasión se llevó a cabo el siguiente experimento de comportamiento. Se colocaron 6 monos en una jaula, en el centro de la cual se encontraba una escalera que permitía alcanzar un racimo de plátanos que colgaba del techo. En cuanto uno de los monos intentaba alcanzar los plátanos, se les rociaba a todos con agua helada lo cual hacía que desistiera de su intento. Este proceso se repitió tantas veces cómo intentos por alcanzar los plátanos realizaron los monos. Finalmente, cuando alguno de los monos intentaba alcanzar los plátanos, eran sus propios compañeros los que le impedían acercarse a la escalera a base de golpes hasta que el mono desistía de su intento. Llegados a este punto, se saca uno de los monos de la jaula y se introduce otro que evidentemente no había participado previamente en el experimento. Al poco de entrar en la jaula, el mono intenta encaramarse a la escalera para tomar los plátanos, pero en cuanto se acerca a la escalera, sus compañeros le agreden a golpes ante la posibilidad de una ducha helada. El nuevo mono no entiende nada, pero tras varios intentos se da cuenta de que no se puede acercar a los plátanos a menos que desee ser vapuleado. En este momento, se saca de la jaula otro de los monos que empezaron el experimento y se introduce uno que tampoco tiene ningún conocimiento del funcionamiento del mismo. Igual que en el caso anterior, el mono intenta agarrar los plátanos y cada vez que lo intenta, todos sus compañeros de jaula se abalanzan sobre él para impedírselo. La nota curiosa es que el mono que introdujimos a mitad del experimento y que no tiene la experiencia de haber sido rociado con agua helada también participa en la agresión aunque sin saber porqué. Para él, simplemente, no está permitido acercarse a la escalera. Poco a poco se van sustituyendo todos los monos que comenzaron el experimento por otros que no han experimentado en ningún momento el hecho de haber sido rociados con agua helada. Cuando se sustituye el último mono de la jaula, el comportamiento de los simios continúa igual, a poco que el nuevo mono intenta acercarse a la escalera es vapuleado por sus compañeros, aunque llegados a este momento, nadie sabe porqué ya que ninguno de ellos ha sido rociado con agua helada. Se ha establecido una regla: “Está prohibido subir por la escalera y quien lo intente se expone a una represión por parte del resto del grupo”. Quizás sea verdad que en ocasiones los monos reflejan un comportamiento casi humano, o quizás seamos los humanos los que en ocasiones nos comportamos como monos. link: https://www.youtube.com/watch?v=JNJx6b8d8eE 6. Criando a un chimpancé junto a su bebé En los años 30, el psicólogo norteamericano Winthrop Niles Kellog, especializado en el área del condicionamiento, la conducta y el aprendizaje, decidió criar a su hijo Donald con una cría de chimpancé de siete meses de edad llamada Gua. De modo que introdujo al chimpancé en su familia, como un miembro más, e intentó criarlos como si fueran hermanos. Su objetivo era estudiar las similitudes y diferencias en el desarrollo de ambos individuos cuando son tratados de idéntica forma, comparar científicamente la evolución de los dos pequeños. Su hijo Donald entonces contaba con diez meses, y los resultados fueron sorprendentes. La chimpancé aprendió antes que el bebé a comer con cuchara y a dejar de mojar los pañales. Enseguida quedó demostrado que la chimpancé era capaz de hacer propios una gran cantidad de patrones humanos, pero el desarrollo de Gua fue mucho más veloz en lo que se refiere a habilidades locomotoras, ya que los humanos necesitamos más tiempo para madurar, lo cual representa una ventaja en el aprendizaje. La chimpancé también fue capaz de responder hasta un total de 95 frases como “besa a Donald” , o “enséñame la nariz”. Y, ¿qué hay respecto al niño? Los “logros” no fueron tan evidentes en el caso de Donald, al menos no en cuanto a lo que estamos acostumbrados en el desarrollo habitual de un niño de su edad. Y el niño empezó a imitar a Gua, de manera que cuatro meses después de vivir con su nuevo hermanito, emitía gruñidos para indicar que tenía hambre, lamía los restos de comida del suelo y mordisqueaba los zapatos. Los patrones de comportamiento de la chimpancé eran muy bien asumidos por Donald. Al año y medio, una edad en la que la mayoría de los niños dicen al menos medio centenar de palabras, Donald sólo sabía seis, y se comunicaba con los sonidos de la chimpancé que había ido aprendiendo. Al pensar que el niño estaba en pleno proceso de animalización, Kellogg detuvo el experimento. No sabemos qué hubiera pasado si el chimpancé hubiera acompañado al bebé desde su nacimiento, o si el proceso se hubiera alargado, lo cierto es que me parece impresionante la capacidad de imitación entre el pequeño y la cría. Cuando un bebé crece junto a un perro o un gato, no se produce este “retraso” en el desarrollo porque son, somos, especies muy diferentes, y además no se crían igual. Pero si el bebé crece junto a un “hermanito peludo” que se parece tanto a nosotros es lógico que imite sus comportamientos. Los “niños salvajes” no aprenden a hablar y a desarrollar conductas “humanas” porque carecen del entorno social entre sus semejantes, pero vemos cómo tan sólo la influencia de un animal puede animalizarnos en cierto modo, en una etapa tan sensible y tan receptiva del desarrollo del niño. Los estudios de Winthrop N. Kellogg al criar a un chimpancé junto a su bebé quedaron reflejados en el libro “The ape and the child”. “The Mind of an Ape” de David Premack, recopila varios experimentos similares. link: https://www.youtube.com/watch?v=Yb4Bi6B4HNg Nos vemos rufianes!
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