InicioSalud BienestarEl acoso moral 10: la comunicación perversa
El perverso quiere dominio sobre el otro, establece unos procesos para utilizarlo, y como una araña que esté totalmente ligado a él. "Para que siga sin comprender nada del proceso que se ha iniciado y para confundirlo todavía más, hay que manipularlo verbalmente. Arrojar confusión sobre las informaciones reales es esencial cuando hay que lograr que la víctima se vuelva impotente.

La violencia, aun cuando se oculte, se ahogue y no llegue a ser verbal, transpira a través de las insinuaciones, las reticencias y lo que se silencia. Por eso se puede convertir en un generador de angustia".

RECHAZAR LA COMUNICACIÓN DIRECTA
Hay un maltrato dominante, dice Marie-France Hirigoyen: "Cuando a un perverso se le pregunta algo directamente, elude la comunicación. Como no habla, impone una imagen de grandeza o de sabiduría. Penetramos así en un mundo en el que la comunicación verbal es escasa y en el que tan sólo se nos llama la atención con pequeños toques desestabilizadores. El perverso no nombra nada, pero lo insinúa todo. Le basta con encogerse de hombros, o con suspirar. La víctima, por su parte, intenta comprender: «¿Qué le habré hecho? ¿Qué tendrá que reprocharme?». Como nada se habla claramente, lo reprochado puede ser cualquier cosa". Así, "a la víctima se le niega el derecho a ser oída. Al perverso no le interesa su versión de los hechos, y se niega a escucharla".

Al no poder hablar, la víctima escribe "cartas donde pide explicaciones sobre la repulsa que percibe, pero, como no suele obtener respuesta, vuelve a escribir, esta vez preguntándose qué aspectos de su comportamiento son los que podrían justificar la actitud que percibe. Con objeto de justificar el comportamiento de su agresor, la víctima puede llegar a pedir excusas por lo que haya podido hacer consciente o inconscientemente.

A veces el agresor utiliza estos escritos que no reciben respuesta para atacar de nuevo a su víctima. He aquí un ejemplo: tras una escena violenta en que una mujer le reprocha a su marido su infidelidad y sus mentiras, ella le escribe una carta pidiéndole excusas. La mujer se queda estupefacta cuando comprueba que su marido ha presentado la carta en comisaría como una prueba de su violencia conyugal: «¡Aquí lo tienen: ella misma reconoce su violencia!»".

A veces la víctima dice: "¿Por qué sólo me hablas en términos de reproches, de observaciones, sin abrirte, sin salir de tu monólogo...?». La respuesta puede parecer sabia, pero el afecto brilla por su ausencia: «Te explico. Los hechos no existen. Todo se puede revisar. Las referencias y las verdades evidentes no existen...»".

DEFORMAR EL LENGUAJE
¿Cómo es posible que funcione negar la evidencia? Cuando se hace con violencia,funciona. Es curioso... "Quien haya sido víctima de un perverso reconoce inmediatamente esa tonalidad fría que desencadena el miedo y que lo pone a uno en vilo. Las palabras no tienen ninguna importancia; sólo importa el tono. Los niños que han sido víctimas de un padre perverso moral describen muy bien el cambio de tono que precede a una agresión: «A veces, durante la cena, después de hablar tranquilamente con mis hermanas, su voz adoptaba un tono gélido y áspero. Yo me daba cuenta enseguida de que no tardaría mucho en decirme algo hiriente»".

Cuando se mira friamente, es divertido ver lo incoherente de un discurso del agresor... pero si te lo tomas en serio, hace sufrir:
"Como sus declaraciones no responden a una relación lógica, puede sostener a la vez varios discursos contradictorios.
También se abstiene de terminar sus frases. Los puntos suspensivos son una puerta abierta a todas las interpretaciones y a todo tipo de malentendidos. Envía asimismo mensajes oscuros que luego se niega a esclarecer. Una conversación tipo se podría desarrollar del siguiente modo. Una suegra le pide una ayuda anodina a su yerno (perverso), que contesta:

—¡Imposible!
—¿Por qué?
—¡Ya debería usted saberlo!
—¡Pues no, no entiendo por qué!
—¡Pues piense!"

..."es como una pequeña piedra que se suma a otras que ya se han lanzado insensiblemente.

Otro procedimiento verbal habitual en los perversos es el de utilizar un lenguaje técnico, abstracto y dogmático que obliga a su interlocutora considerar cosas de las que no entiende nada y sobre las cuales no se atreve a preguntar por miedo a parecer imbécil.

Este discurso frío y puramente teórico impide que el que escucha pueda pensar y, por lo tanto, reaccionar. El perverso, al hablar de una forma muy docta, da la impresión de saber, aunque esté diciendo cualquier nimiedad. Impresiona a su auditorio con una erudición superficial, y utiliza palabras técnicas sin preocuparse del significado que puedan tener. Su interlocutor, más tarde, pensará: «¡Me estaba tomando el pelo; no entiendo cómo no he reaccionado!».

Al perverso le importa más la forma que el contenido de su discurso; tiene que parecer sabio para poder dar largas a los asuntos. Así, un marido que tiene que responder a su esposa porque ésta desea hablar sobre su relación de pareja, adopta un aire docto: «Presentas una problemática típica de las mujeres castradoras, las cuales proyectan sobre los hombres su envidia del falo».

Estas interpretaciones psicoanalíticas salvajes consiguen desorientar al otro, que en pocas ocasiones tiene la posibilidad de replicar para decantar la situación a su favor. Las víctimas cuentan a menudo que los argumentos de sus agresores son tan incoherentes que lo que deberían hacer es morirse de risa; sin embargo, tanta mala fe las pone furiosas".

Esto también es divertido, porque no saben usar esas palabras técnicas, pues no tienen cultura muchas veces, y además no usan bien el lenguaje con el que pretenden apabullar...


MENTIR
El chino Sun Tse escribió: «El arte de la guerra es el arte del engaño; si adoptamos siempre una apariencia contraria a lo que somos, aumentamos nuestras oportunidades de victoria».

"A una mujer que duda de la fidelidad de su marido, éste puede responderle: «Si esto es lo que se te ocurre, puede que tú misma tengas algo que ocultar»". Es siempre tirar porquería sobre el otro, algo asqueroso, que les deja solos a la larga pues así es imposible establecer una relación de amor.

Si es ella la que le dice que ha estado con otra en el campo 8 días, dirá: «¡La mentirosa eres tú: en primer lugar, no fueron ocho días, sino nueve, y, por otra parte, no era una muchacha, sino una mujer!».

"Dígase lo que se diga, los perversos siempre encuentran la manera de tener razón, y esto les resulta más fácil cuando ya han logrado desestabilizar a su víctima y ésta, contrariamente a su agresor, ya no disfruta con la polémica. El trastorno que se provoca en la víctima es una consecuencia de la confusión permanente entre la verdad y la mentira.

Como podremos comprobar en el próximo capítulo, la mentira de los perversos narcisistas sólo se vuelve directa durante la fase de destrucción. En ese momento, la mentira desprecia cualquier evidencia. Y lo que, sobre todo y ante todo, permite convencer a la víctima es que esa mentira es una mentira convencida. Sea cual fuere el tamaño de la mentira, el perverso se agarra a ella y termina por convencer a su interlocutor.

A los perversos les importa muy poco qué cosas son verdad y cuáles son mentira: lo único verdadero es lo que dicen en el instante presente. A veces, sus falsificaciones de la verdad están muy cerca de las construcciones delirantes. El interlocutor no debería tener en cuenta ningún mensaje que no se formule explícitamente, por mucho que se trasluzca. Puesto que no hay un rastro objetivo, el mensaje no existe. La mentira del perverso responde simplemente a una necesidad de ignorar lo que va en contra de su interés narcisista".

UTILIZAR EL SARCASMO, LA BURLA Y EL DESPRECIO
"El desprecio y la burla se dirigen muy especialmente contra las mujeres. En el caso de los perversos sexuales, se produce una negación del sexo de la mujer. Los perversos narcisistas, por su parte, niegan la totalidad de la mujer, la niegan en tanto que individuo. Les divierten todas las bromas que se burlan de la mujer en cuanto tal". Es muy repetitivo el machismo de los perversos (hombres).

"Con frecuencia, la víctima se toma al pie de la letra las críticas del perverso que afectan a su círculo de allegados, y termina por creer que tienen una justificación...

Para mantenerse a flote, el perverso necesita hundir al otro. Para ello, lo desestabiliza mediante leves toques que, a menudo, tienen lugar en presencia de terceros y describen asuntos anodinos —o íntimos—, pero con exageración y, a veces, con el apoyo de un aliado que forma parte del grupo.

...para desestabilizar al otro, basta con:

—burlarse de sus convicciones, de sus ideas políticas y de sus gustos;
—dejar de dirigirle la palabra;
—ridiculizarlo en público;
—ofenderlo delante de los demás;
—privarlo de cualquier posibilidad de expresarse;
—hacer guasa con sus puntos débiles;
—hacer alusiones desagradables, sin llegar a aclararlas nunca;
—poner en tela de juicio sus capacidades de juicio y de decisión".

UTILIZAR LA PARADOJA
Sun Tse también enseñaba que, para ganar una guerra, había que dividir al ejército enemigo antes incluso de empezar la batalla: «Intente lograr la victoria sin hacer batallas".

"En una agresión perversa, advertimos un intento de desquiciar a una persona y de hacerla dudar de sus propios pensamientos y afectos. La víctima pierde la noción de su propia identidad. No puede pensar ni comprender. El objetivo es negar su persona y paralizarla para que no pueda surgir un conflicto. Se la tiene que poder atacar sin perderla. Debe permanecer a disposición del perverso".

Pueden darse también agresiones indirectas en las que el perverso la toma con objetos. Puede dar portazos, o tirar cosas, y negar luego la agresión.

"Los mensajes paradójicos no son fáciles de identificar. Su objetivo consiste en sumir al otro en la confusión para desestabilizarlo. De este modo, el agresor mantiene el control de la situación y enreda a su víctima con sentimientos contradictorios. La mantiene en falso y se asegura la posibilidad de hacerla caer en un error. La finalidad de todo ello, como hemos visto, es la de recuperar una posición dominante, y pasa por controlar los sentimientos y los comportamientos del otro, y por procurar incluso que éste termine por aprobarlo todo, al tiempo que se descalifica a sí mismo.

Las más de las veces, los compañeros de los perversos, con un espíritu de conciliación, optan por aceptar el sentido literal de todo lo que oyen al tiempo que niegan las señales no verbales contradictorias: «Cuando le amenazo con marcharme, mi marido me dice que nuestro matrimonio le interesa. Aunque me hiera y me humille, ¡tiene que haber algo de verdad en ello!».

A diferencia de lo que ocurre en los conflictos normales, con un perverso narcisista no se produce un verdadero combate, por lo que tampoco resulta posible la reconciliación. No levanta nunca la voz y manifiesta únicamente una hostilidad fría. Si alguien se la señala, la niega. Una vez que su compañero se exaspera o grita, resulta fácil burlarse de su ira y ridiculizarlo.

Incluso en los casos de conflicto aparentemente declarado, el motivo real de la discordia no aparece nunca con claridad, pues la víctima es incapaz de orientarse al respecto. Siente que sus problemas están fuera de lugar y va acumulando cada vez más rencor. ¿Cómo nombrar vagas impresiones, intuiciones, sentimientos? No hay nunca nada concreto.

Todo el mundo puede utilizar estas técnicas de desestabilización, pero el perverso las utiliza de una manera sistemática, sin compensaciones ni excusas posteriores.

Al bloquear la comunicación mediante mensajes paradójicos, el perverso narcisista consigue que su víctima no entienda su propia situación y logra impedir que ésta pueda proporcionar respuestas adecuadas. La víctima se agota buscando soluciones, las cuales son de todas formas inadecuadas y, sea cual fuere su resistencia, es incapaz de evitar la emergencia de la angustia o de la depresión".

Pone un ejemplo de acoso paterno: "Hasta que no se las volvió a encontrar en la edad adulta, no se dio cuenta de la ambigüedad de las postales que su padrastro le enviaba cuando ella era todavía una adolescente. Eran mujeres desnudas en la playa. Detrás, su padrastro escribía: «Pienso mucho en ti». En aquella época, ella lo interpretaba como un signo de atención y, sin embargo, las postales la enfurecían. Esta toma de conciencia le permitió descifrar otros mensajes que no había comprendido en su día y que la habían incomodado, como por ejemplo que él mirara fijamente sus senos o que le hiciera bromas indecentes".

DESCALIFICAR
"Tanto si la frase «Eres un desastre» se expresa directamente como si se sobreentiende, la víctima la integra como «Soy un desastre»; es más, la víctima termina por convertirse en un verdadero desastre. No llega nunca a criticar la frase en cuanto tal. Y se vuelve un desastre porque su agresor ha decretado que lo era".

DIVIDE Y VENCERÁS
"Sun Tse, una vez más, escribe: «Perturben el gobierno contrario, siembren la discordia entre los jefes avivando los celos o la desconfianza, provoquen la indisciplina, generen causas de descontento ... La división mortal es aquella por la que intentamos hacer llegar el descrédito o la sospecha hasta la corte del soberano enemigo, arrojando rumores tendenciosos sobre los generales que éste emplea».

El arte en el que el perverso narcisista destaca por excelencia es el de enfrentar a unas personas con otras, el de provocar rivalidades y celos. Esto lo puede conseguir mediante alusiones que siembran la duda: «¿No crees que los Fulano son así o asá?»; o mediante la revelación de lo que una persona ha dicho de su interlocutor: «Tu hermano me ha dicho que consideraba que te habías portado mal»; o mediante mentiras que colocan a las personas en posiciones enfrentadas.

Para un perverso, el placer supremo consiste en conseguir la destrucción de un individuo por parte de otro y en presenciar ese combate del que ambos saldrán debilitados y que, por lo tanto, reforzará su omnipotencia personal.

En una empresa, esto se traduce en cotilleos, insinuaciones, privilegios que se otorgan a un empleado y no a otro, y preferencias que también varían de un empleado a otro. Se trata también de hacer correr rumores que, de una manera imperceptible, herirán a la víctima sin que ésta pueda identificar su origen.

En la pareja, sembrar la duda mediante alusiones, o al guardar silencio sobre ciertos asuntos, es una hábil manera de atormentar al compañero, de reforzar su dependencia y de cultivar sus celos. Los celos mantienen a la víctima en la duda de una manera distinta a la envidia, la cual desencadena unas motivaciones que ya conocemos.

Suscitar los celos del otro constituye la trama de Otelo, la obra de Shakespeare. En esta obra, Otelo no es una persona celosa, sino que se lo describe como noble y generoso, y poco dispuesto a creer en la existencia del mal en los demás. No es una persona vengativa, ni siquiera violenta. Otelo se vuelve celoso a raíz de las hábiles maniobras de Yago. Primero, se niega a aceptar que su esposa le es infiel, pues tiene una gran confianza en ella, del mismo modo que la tiene en el mismo Yago. En un monólogo, Yago declara que le gusta hacer el mal por amor al mal. Más tarde, confiesa que tanto la virtud, la nobleza y la «belleza cotidiana» de un hombre honrado como Casio como la pureza de Desdémona le sorprenden y le incitan a destruir esa virtud y esa belleza. Hay en él una voluptuosidad de la bajeza, el deseo de urdir hábiles maquinaciones que su inteligencia hará triunfar.

Para el perverso, provocar los celos del otro es también una manera de mantenerse fuera del campo de la ira o del odio. Los celos tienen lugar entre la víctima y su rival. El perverso se contenta con anotar los puntos. No se ensucia las manos. Cuando el perverso —que en el fondo no es más que un envidioso— induce a su víctima a sentirse celosa, la arrastra a su terreno: «Tú y yo somos iguales».

Ya hemos visto que la víctima no se atreve a agredir directamente a su compañero perverso. Entrar en el terreno de los celos supone para ella un modo de seguir protegiéndolo, pues con ello evita enfrentarse con él. A la víctima le resulta más fácil enfrentarse con un tercero, un tercero que el perverso utiliza como presa".

IMPONER AUTORIDAD
El abuso de poder con la palabra, unido a la generalización que consiste en hacer de ese discurso una premisa universal, hace que el interlocutor piense: «Debe tener razón; da la impresión de saber de qué habla». "Por esta vía, los perversos narcisistas atraen a compañeros que no están seguros de sí mismos y que tienden a pensar que los otros saben más que ellos mismos. Los perversos dan mucha seguridad a las personas más frágiles".

"Einstein nos proporciona un ejemplo de abuso de poder directo, pues, al verse superado por la presencia de su primera esposa, Milena Marie, madre de sus dos hijos, y al no querer asumir la iniciativa de una ruptura, redacta unas condiciones draconianas e humillantes para la prosecución de una vida en común:

A. Velará porque:
—mi ropa interior y mis sábanas se mantengan limpias y en orden;
—se me sirvan tres comidas al día en mi despacho;
—mi dormitorio y mi despacho se mantengan limpios y porque nadie, aparte de mí, toque mi mesa de trabajo.
B. Renunciará a cualquier relación personal conmigo, salvo a las que son necesarias para mantener una apariencia social. En particular, no reclamará:
—que me siente con usted en la casa;
—que parta de viaje en su compañía.
C. Prometerá explícitamente observar los siguientes puntos:
—no esperará de mí ningún afecto, y no me lo reprochará;
—me contestará inmediatamente cuando le dirija la palabra;
—abandonará mi dormitorio y mi despacho inmediatamente y sin protestar cuando así se lo pida;
—prometerá no denigrarme ante mis hijos, ni con palabras, ni con actos.

En este caso, el abuso de poder es claro; está incluso redactado. En un perverso, en cambio, la dominación se encuentra solapada; el perverso la niega. No le basta con el sometimiento del otro; tiene que apropiarse de su sustancia.

La violencia perversa se establece de una manera insidiosa y, a veces, bajo una máscara de dulzura o de benevolencia. La víctima no es consciente de que hay violencia y, a veces, puede llegar a pensar que ella es la que conduce el juego. El conflicto no es nunca un conflicto declarado. Si la violencia se puede ejercer de una forma subterránea, es porque se produce una verdadera distorsión de la relación entre el perverso y su víctima".

La solución será siempre plantar cara al agresor, buscar ayuda pues la unión hace la fuerza, y en último caso huir de un ambiente malsano.
Llucià Pou Sabaté
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