Es lo que han hecho en Estados Unidos, partiendo de la base de un Rolls-Royce clásico. El equipo de mecánicos liderado por Sam Hard
de Hard Up Garage, lo construyó en un periodo de varios meses. Conservaron partes del chasis, la calandra, el interior
o sus asientos, pero transformaron el resto al completo. Fijaos en las soldaduras expuestas de su carrocería recortada
o el humeante motor V8 americano, soplando a escape libre. No es – como los bombones Ferrero Rocher – la expresión del buen gusto, pero llama la atención poderosamente.
o el humeante motor V8 americano, soplando a escape libre. No es – como los bombones Ferrero Rocher – la expresión del buen gusto, pero llama la atención poderosamente.