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Por demagogia de inclusión, se aprueba a alumnos q no saben

Offtopic•6/6/2015
. "Por demagogia de inclusión, se aprueba a alumnos que no saben" Gonzalo Santos denuncia sin rodeos "el simulacro de aprendizaje" y "de estadísticas" de que fue testigo como profesor en escuelas secundarias bonaerenses. Para sobrevivir a esa odisea docente, escribió un libro. Entrevista Santos dice lo que tantos docentes padecen pero no se atreven a decir: cuenta su experiencia como profesor ante clases que más bien parecían un "motín", incomparables con los tiempos en los que él hizo la primaria, "cuando la escuela pública todavía era una escuela y no un centro de contención de potenciales delincuentes, como es ahora". Admite -y escribe- sin ambages haber tenido ganas "de cagar a trompadas a un alumno" y afirma que muchos chicos van a la escuela "sólo para recibir el subsidio, tomar el brebaje parecido al mate cocido" y comerse "el sánguche de un peso o dos" que envía "el gobierno como limosna". Describe su frustración e impotencia y cómo acaba –él también- "dándose por vencido". Y adaptándose al sistema: "Si no querían aprender, que no aprendieran –termina diciéndose a sí mismo-. De ahí en más –por lo menos en ese curso- no fui más profesor y pasé a ser un cuidador y un entretenedor más. O más bien un celador, como todos los demás profesores". Es que finalmente comprende que "todo en definitiva era una gran puesta en escena: yo simulaba que enseñaba y ellos debían aprender y, si no aprendían, al menos debían simular que aprendían para que yo después pudiese simular que los evaluaba y ponerles una nota que luego los Simuladores Mayores podrían incorporar a sus pomposas y orwellianas estadísticas". Su conclusión –su denuncia- es que "el daño colateral y paradójico del sistema progre de inclusión es que es el sistema más excluyente que existe para quienes quieren aprender, que por cierto (...) viven en las mismas condiciones especiales y económicas que los demás". Lo cuenta en esta charla con Infobae, en la que denuncia sobre todo la soledad del docente al que el sistema no respalda pero sí acusa. -Según su libro, la escuela ya no es más el lugar al que los chicos llegan sabiendo que la finalidad es esforzarse para aprender y que hoy todo es un simulacro... Lo que veo es que el docente dentro del aula está muy solo, no recibe acompañamiento de los directivos, ni del equipo..., el docente está solo. Y si en algún momento pasa algo, no tiene herramientas para sobrellevar la situación, su única herramienta es el carisma, la capacidad de establecer un vínculo, de empatía, como dicen los pedagogos, de "construir" autoridad -esa metáfora de construir le ha hecho mucho daño a la docencia-. Cuando uno por algún motivo no puede hacer eso y quiere acudir a otras herramientas, no están esas otras herramientas. Entonces, cuando un pibe comete un exceso, ya no sirve decirle "te llevo a dirección, te hago un acta, llamo a tus padres"; no les importa. Es en ese momento que aparece el simulacro; no podemos hacer nada, entonces veamos cómo llegamos vivos a fin de año, cómo sobrevivimos. Bueno, tiramos fotocopias... incurrimos en prácticas que no son deseables. Pero eso como dije también tiene que ver con que estamos solos, muy solos dentro del aula. -Se llega incluso al extremo de aprobar a alumnos aun sabiendo que no han aprendido... Sí, en parte porque hay cierta presión del cuerpo directivo en muchas escuelas. Si uno tiene un gran porcentaje de alumnos desaprobados en el primer trimestre, enseguida aparece el dedo acusador del directivo que te pregunta qué es lo que no hiciste, qué estrategias empleaste mal; se presupone siempre que el docente está haciendo algo mal, como si fuese la única variable que interviene en la situación, cuando hay otro montón de cosas. Puede ser que un docente no emplee las estrategias adecuadas, pero así un problema complejo se lo reduce a una sola variable: si el culpable es el docente se evita pensar en todo lo demás. -Usted da clase en colegios secundarios. ¿En qué condiciones llegan los alumnos? He tenido casos de chicos de primer año de secundaria que no sabían leer, no sabían deletrear. Hay mucha heterogeneidad: por un lado están esos chicos, por otro lado, otros de nivel un poco más alto, y cuesta mucho trabajar en esa heterogeneidad, porque uno tiene que ocuparse de cosas de las que no debería ocuparse, y frente a los alumnos que reclaman conocimiento -porque algunos exigen que uno les transmita saber- uno se siente impotente. Al menos en mi caso. Tuve chicos que me decían "vamos a aprender algo, queremos aprender", y yo tenía que estar viendo que no se maten los demás. Quería enseñarles y no podía, me generaba mucha impotencia, fue algo muy frustrante. Me destruía emocionalmente, psíquicamente; por eso escribí este libro, toda esa impotencia, esa bronca, tenía que canalizarla de alguna manera. "Lo único que han hecho es arriar a los chicos al aula, y arreglátelas" -A raíz de eso, usted señala que hay un berretín de la inclusión, que es en realidad sólo estadística, y que deriva en una exclusión de los chicos que realmente quieren aprender. Es una inclusión que termina excluyendo. Se habla mucho de inclusión con calidad pero, por el modo en que intentan implementarla, es un oxímoron, un imposible. Lo único que han hecho es meter, empujar, arriar los chicos al aula, y arreglátelas. Y si no se puede, vamos a tratar de maquillar un poco los números para ver si después podemos incorporar estadísticas pomposas a nuestro discurso. "Argentina es el país con más ruido dentro del aula, o sea, con menor clima de aprendizaje" Justamente, el gobierno exhibe los números de la escolarización como una prueba de los beneficios de la Asignación Universal por Hijo. Pero esa inclusión, señala su libro, tiene una contracara oscura, que es la degradación del aprendizaje... La mayor parte no está aprendiendo, al menos en las escuelas que yo conozco, del conurbano, no aprenden. Hace un tiempo salió un informe PISA: aunque cuestionadas, esas evaluaciones contienen un dato revelador en el caso argentino, que es que Argentina es el país con más ruido dentro del aula, al menos así lo perciben los chicos que fueron evaluados y los propios docentes, el país con más ruido, o sea el país con menor clima de aprendizaje. Por ejemplo, si uno tiene un problema y quiere acudir a la inspectora, enseguida lo rodean, lo "contienen", para evitar que trascienda. Los trapitos sucios se lavan dentro de la escuela. Tuve experiencias en ese sentido muy negativas, con directores que empleaban estrategias casi de guerra, como separarnos a los profesores que podíamos hablar entre nosotros de estos temas, llamar a unos, después a otros; es triste, los directivos no se preocupan tanto por lo pedagógico como por mantener esas cosas dentro de la escuela, que no se sepa. "Un chico puede pegarle a un profesor y no pasa nada, no recibe ningún tipo de sanción" Usted cuenta en el libro un episodio "cumbre" de esta experiencia, que es cuando un alumno lo agrede físicamente. Fue más un golpe psicológico que físico; el golpe físico fue una bofetada y ahí terminó. Yo estaba muy mal, casi deprimido, no quería salir de mi casa. Fui al pedir ayuda al sindicato, sugerí renunciar y cambiar de escuela, pero cuando uno renuncia en la docencia recibe una especie de castigo: no puede tomar horas por dos años. Yo quería evitar ese castigo, teniendo en cuenta que había vivido una situación traumática, pero no, la respuesta fue que no, que no se podía hacer nada, que fuese a la ART para conseguir licencia, pero yo quería seguir trabajando en los otros lugares, donde trabajaba más o menos bien. El directivo no se hizo cargo de la situación; lo único que me preguntó fue qué había hecho yo para evitar ese episodio, y me sentí completamente solo, sin ganas de ir a trabajar, y cuando volví, a la segunda, tercera semana, ver nuevamente al alumno dentro del aula... Al final lo terminé perdonando, porque era un pibe que tenía algún problema psicológico; lo que me dio bronca fue la falta de apoyo, me pareció terrible, no recibí siquiera un llamado a mi casa de algún directivo para preguntare cómo estaba. Nada. Al chico lo suspendieron dos o tres días y eso fue todo. En general no pasa nada, un chico puede pegarle a un profesor y no recibe ningún tipo de sanción. Puede hacerlo si quiere. "No es inclusión, es demagogia de inclusión, simulacro de inclusión" .
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