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Virgo Historia de Terror: Mi habitación.


Todo ocurrió en la primavera del año 1997, con 17 años todavía vivía en casa de mis padres.
Concurría a una escuela nocturna ya que por viciar demasiado en los arcades de a la vuelta de la escuela de Comercio había repetido 2º año.
Quién es el hdp que le firma la habilitación a un local así a la vuelta de un colegio, digo, es obvio que los virgo como yo se iban a ratear para ir a echar unas coins y perder el tiempo...





Cada noche, cuando volvía del colegio tenía siempre la misma rutina: mirar Dragon Ball Z en MagicKids mientras cenaba y después trataba de adivinar una teta en Venus codificado.
En la escuela nocturna conocí el estilo musical que cambiaría mi personalidad por completo, o eso creo, el glorioso HEAVY METAL!
Junto a él conocí otros vicios: pucho, alcohol, fa... y una extraña fascinación por lo oculto.
Imaginate el año 97 sin internet y apenas conociendo una PC de lejos no quedaba otra que recurrir a la biblioteca en busca de algún tesoro del cual absorber algo que saciara esta sed por lo desconocido. Eso sí, agarrar un libro de historia o geografía, ni en pe do...




Fue así como conocí algunas joyas como el Dracula de Bram Stoker, que al ser escrito en forma de colección de cartas logró envolverme como si fuera un torbellino de sangre y todo tipo de fluidos, esto último por culpa de la calentura que se llevó Jonathan en el castillo del dios vampiro a causa de sus sirvientas.
Un "amigo" consiguió un demonario de casa de una noviecita que lo manejaba como si fuera un triciclo, no se me ocurrió otra analogía.
De ese librito copiábamos los dibujos y leíamos en voz alta todos los supuestos conjuros que tenía, jamás pasó nada, ni siquiera cuando "volábamos".




Una noche de invierno, con un frío terrible y el ganso en la mano porque por alguna razón Venus no estaba codificado, los 30 para arriba sabrán de lo que estoy hablando.
Sentí tres golpes secos y rápidos contra la puerta de entrada, como si alguien estuviera afuera esperando que le abran.
Rápidamente, por culpa del pudor inducido por la sociedad y por no quedar como terrible jeropa, me cerré el pantalón y voy a abrir la puerta. No había nadie!
Apenas una brisa fría. Nada más. Automáticamente los restos de la erección desaparecieron y me dije a mí mismo: A la mierda, me voy a la cama!




El resto de la noche transcurrió como se podría esperar, no pude dormir, sentía como que alguien me observaba, escuchaba una como si una persona estuviera respirando agitadamente al otro lado de la puerta de mi habitación, tenía terrible cagazo a pesar de repetirme que era todo producto de mi imaginación.
Pasaron las horas y no sé en qué momento me dormí.




La habitación en la que dormía, mí pieza, anteriormente era el dormitorio de mi hermana mayor quién se había mudado a vivir con su esposo.
Ni se me ocurría contarle esto a mi viejo porque su respuesta a todo lo que decía siempre era la misma: sos un pelotudo!
A mi vieja menos, porque lo primero que iba a hacer es tirar agua bendita por todos lados, hacerme pintar la pieza de rosado, romperme todos mis preciados posters y obligarme a ir a la iglesia a pesar de que ella no iba nunca.
Se lo conté a mi hermana.
Grave error!




Ella me contó que a ella le pasaba lo mismo. Que la respiración, ella la sentía al lado de la cama y como si fuera algún tipo de perro grande o lobo.
Que siempre cerraba las puertas del placar porque veía sombras moverse dentro. Y que el espejo que había en la pieza lo puso ahí porque muchas veces vio una especie de torbellino visto de arriba.
Me cagué peor.




A partir de ese momento me costó más poder dormirme en esa habitación. Siempre dejaba la luz prendida y mi viejo cada noche, puntualmente a las tres de la mañana se levantaba a mear y de paso me puteaba porque estaba con la luz prendida.
Pasó el tiempo y cada noche sentía como si alguien me tocara los pies sobre la frazada. De los pies paso a las pantorrillas y luego a las rodillas.
No sabía qué hacer, pero no se lo iba a contar a nadie.
Hasta que se pudrió todo.




Llegó la primavera y guardé las frazadas. Un domingo a la noche, exhausto después de una tarde de fulbo con lo vago ni me di cuenta cuando me dormí.
Una fuerte sacudida me despertó. La cama había pegado tres saltos, o por lo menos fueron los que yo conté. Calculo que fácilmente cada saltito fue de unos 10 cm.
Cansado y enfurecido por todo esto me levanté, prendí la luz, y le pegué 3 fuertes patadones a la cama, agarré el colchón por el lado de los pies, lo levanté y miré abajo de la cama...
Obviamente no había nada porque si no, no estaría escribiendo esto.
Hasta que me fui a vivir con mi lincesa a los 25 años no volvió a ocurrir nada.
Mi sobrina ahora ocupa esa habitación. No tengo idea de cómo la tratan a ella. Pero sí sé que no se duerme hasta después de las 3 o 4 de la madrugada.




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