InicioParanormalMi propia anécdota paranormal...
Este es mi primer post en T!... Solo quiero que esta historia no muera en mi y mis compañeros, sino que llegue a todos aquellos que quieran creer.

Trataré de narrarla lo mejor que pueda o, al menos, hasta donde mis recuerdos y mi mente me lo permiten. No espero que todos crean en mis palabras, incluso pienso que si otro me lo contara, yo no lo creería.
Pero yo lo viví: Yo estuve ahí, yo lo sentí...

Todo empezó en febrero del año 2006: Yo tenía trece años, y estaba ahí por primera vez. Con zapatos de cuero negro acordonados (según solicitaban en la lista de materiales), pantalón de vestir azul y una camisa blanca, parado junto a un montón de chicos y chicas que no conocía, pero que con los años se transformarían en mi familia, mis camaradas. Era mi primer día como cadete del Liceo Militar General Belgrano. En unas horas me darían un uniforme de combate, me cortarían el pelo y sería el comienzo de una de las aventuras más grandes de mi vida, en vistas de la meta más importante: Terminar el quinto año y recibirme como Subteniente de Reserva del Ejercito Argentino. Pero esa es historia para otra ocasión...

Estaba ahí, en la ciudad de Recreo (Prov. de Santa Fe), en las instalaciones más grandes y maravillosas que jamás hubiese imaginado. Eran edificios enormes, extensos, más allá de lo que podía ver, y más tarde me enteraría de que también eran más profundos y terroríficos de lo que imaginaba... El campo también era inmenso: lo suficiente como para que todo el Cuerpo de Cadetes realizara sus ejercicios e instrucción de combate.



Y acá, mis amigos, es donde empieza la historia. Estos edificios que ustedes ven, fueron una obra de ingeniería monumental para su época, que debieron soportar los embates del tiempo, el sufrimiento de muchos y también fueron testigos de cientos de personas que allí murieron... Pero para nuestro tiempo, no son más que unas antiguas edificaciones lúgubres y tenebrosas. ¡Se pondría peor!



Se construyeron en el año 1949 por el Gobierno Nacional con el fin de constituir un hogar para ancianos y funcionó como tal durante diez años. En el año 1959 estos edificios recibieron al pabellón de tuberculosos que funcionaba en el Hospital Iturraspe, creándose el Hospital “Dr. Gumersindo Sayago”. Cuentan los que conocen que muchos no salieron de ese hospital, que las almas vagan por los pasillos. Muchos podrán decir que no es más que fantasía, pero yo no estoy de acuerdo. Yo los sentí... Y muchos de mis camaradas también.



En el año 1979 se trasladó el Liceo Militar General Belgrano (que hasta entonces funcionaba en el barrio Las Flores de la capital santafecina) y allí estuvo hasta el año 2009. Y ahí es adonde yo fui.



Nos alojaron en el Escuadrón "B", la primer planta (la remarcada en la imagen). Allí estaba Ier y IIdo año más la mitad de Vto año que estaban encargados del mando y la conducción de los dos primeros cursos.



En la segunda planta (el edificio paralelo hacia la izquierda) estaban los Oficiales y el depósito de materiales de dicho escuadrón. La tercera planta era el misterio: ahí nadie entraba, no había nada y jamás mandaban a nadie... Más tarde nos enteraríamos el por que. Y más allá el depósito, el Escuadrón "A", los Oficiales del mismo y la Sala de Armas.

En la imagen no se dimensiona bien el tamaño pero cada planta tendría unos 100 metros de largo aproximadamente, con habitaciones para 8 cadetes del lado izquierdo, baños del lado derecho y, al final del pasillo, las duchas (que no eran más que una habitación fría con muchos caños en el techo de los cuales salía un poco de agua para que la tropa se bañe. Obviamente no había separadores entre duchas, así que había que tener cuidado de no soltar el jabón...)

El miedo, el terror empezó enseguida, las primeras noches... Yo me alojaba en el 12do pelotón, es decir, la habitación contigua a las duchas, las cuales sin ninguna razón aparente se abrían entre las 1200 y 0100 hs. y se cerraban a eso de las 0300/0400 hrs. Todos los días, sin que nadie entrara al recinto se abrían, caía el agua y se cerraban. Uno intenta convencerse con que "son algunos que quieren joder", "las cañerías son viejas", etc... Desmentí la primera teoría al entrar al Servicio de Imaginaria (Guardias nocturnas dentro del Escuadrón) y comprobar que nadie entraba y nadie salía. Y la segunda hipótesis cae con solo pensar como hacían para cerrarse. Nadie entraba y nadie tenía la intención de ir o mandar a otro a cerrarlas.

Otras historias circulan al rededor de esta planta, por ejemplo, la de mi compañero Walter (no escribo el apellido por obvias razones), el cual me contaba con terror que mientras el se encontraba de Imaginaria cerca de las duchas escuchó desde adentro el llanto de un bebé...
O lo que contaba otro cadete de un curso superior al mío sobre "el hombre de la cara cortada", al cual el mismo encontró sentado en una silla, dentro de la 7ma habitación, "vestido con un sobretodo negro, largo hasta las rodillas y la mitad de la cara destrozada como si lo hubiesen golpeado con un hacha. El hombre se paró, giró hacia la izquierda e ingresó caminando a un armario que estaba abierto."
Esas fueron sus palabras, me las dijo a mi en persona. Quien quiera creer, que crea...

Pero la historia en la que más he creído siempre fue la mía. Lo recuerdo con lujo de detalles, como si hubiese sido ayer. Fue una noche octubre del año 2007. Eran mis últimas imaginarias como cadete de IIdo año en esa planta. Finalizado el año nos trasladarían al Escuadrón "A"
Yo cumplía mi rol de Imaginaria en el 3er turno (desde las 0200 hasta las 0400 hrs). Solo, caminaba ida y vuelta en la penumbra que inundaba el escuadrón desde el Hall de entrada de la planta hasta casi el final de la misma. Como ya dije, llegar hasta las duchas no era mi intención. Iba y venía revisando las habitaciones, conversando con algún noctámbulo que iba a mear y vigilando que nadie estuviera haciendo alguna cagada por la cual yo tendría que pagar por ser el encargado de la seguridad en ese momento.

Cerca de las 0330 hrs me cansé de caminar y entré a la 4ta habitación para sentarme en alguna cama vacía, lo cual estaba prohibido, ya que yo debía andar por afuera vigilando. Cerré la puerta, me senté y empecé a jugar a la viborita con mi Nokia 1100. Pasados unos 5 minutos escuché con una nitidez y claridad incomparables el sonido de los tacos de madera de unos zapatos que pasaban por fuera de la habitación en la cual me encontraba. ¡Cagaso! ¡No, no por un espíritu o algún otro ser de ultratumba! Podía ser un Oficial que pasaba a ver si había alguna novedad... ¡Y el Imaginaria no estaba en su puesto! ¡¡¡IBA A CAGAR FUEGO!!! Así que me incorporé de inmediato y salí de la habitación mientras pensaba alguna excusa boluda que seguro no iban a creer.
Pero en cuanto abrí la puerta los pasos cesaron de escucharse y ahí, en el pasillo donde alguien había caminado segundos antes, no había nadie. Revise las habitaciones contiguas y los baños esperando ver un Teniente o un Capitán que me sancione por incumplimiento del deber, pero no había nadie ahí tampoco...
Volví a la habitación, cerré la puerta y me senté. No me dio tiempo a pensar ni razonar. Otra vez estaban ahí los pasos, caminando lenta pero constantemente como buscando algo o alguien. Me levanté, abrí la puerta, asomé la cabeza con un poco (bastante) de miedo y, otra vez, hubo silencio y oscuridad.
Cerré la puerta y me senté a pensar. ¿Zapatos con taco de madera? Los Oficiales de servicio en la guardia están vestidos con uniforme de combate y los característicos borceguís con suela de goma para evitar los ruidos. ¿Podía ser un cadete que fue al baño? ¿Quien carajo se pondría zapatos para ir hasta el baño? ¡Queda cruzando el pasillo! ¡Yo revisé los baños y no había nadie! ¿Por que escuché pasos y ninguna puerta abrirse o cerrarse? ¿Por que...?
Mis pensamientos fueron interrumpidos por un ruido seco, agudo y penetrante que erizó toda mi piel y me causó una horrible sensación que hasta ahora recuerdo. No se que fue, no se que pudo causarlo. En el medio del pasillo, justo frente a mi habitación, un objeto metálico cayó al suelo (como una moneda o un anillo) y luego silencio. No rebotó, no rodó, no se arrastró. Solo cayó. Solo pasó un segundo hasta que abrí la puerta y salí para ver quien podía ser el gracioso que me estaba jodiendo. ¡Salí a tal velocidad que tiré la frazada en la cual estaba sentado! Y otra vez: nada más que silencio llenaba ese pasillo semi oscuro...

Nada más.

Desperté a mi compañero, Franco, que era el siguiente imaginaria y fui a dormir sin contarle nada de lo que había pasado.

Esa es mi historia. Hoy, luego de cinco años de habernos recibido (solo 11 de los 55 cadetes que integramos la promoción 59), nos juntamos esporádicamente a contar anécdotas e historias que vivimos juntos. Algunas alegres, otras tristes y otras, como estas que leyeron, simplemente increíbles. Cada vez que repetimos estas historias esperamos al silencio y siempre pensamos en cuan locos le debemos parecer a aquellos que nos escuchan. Como dijo Nahuel: "Para nosotros fue algo muy común. Creo que nadie que no haya estado ahí pueda creer estas historias".





¡¡¡YAPA!!!



Al comienzo dije que las instalaciones eran "más profundas"... Fue literal.

Con el tiempo descubrimos que debajo de los edificios visibles, existía una red de túneles que recorrían todo el complejo. Aunque muchos negaban su existencia, todos sabíamos que ahí estaban. La entrada más rápida y más conocida a estos túneles era en la primer planta del lado derecho del liceo (frente al lugar descrito en la historia). En este grupo de edificios se encontraba el "Área Académica": Aulas, biblioteca, regencia y la sala de informática.



Frente a la sala de informática había una puerta de madera atada con cadenas y un gran candado. Por el agujero de donde había estado un picaporte se podía ver un hueco en el suelo y ahí se entraba a estos túneles que pueden apreciar en el video filmado por unos Ex cadetes de la promoción 52 (LII) que volvieron al viejo Liceo luego de que fuese abandonado...



Cuentan los que saben que durante los años que estas instalaciones fueron un Hospital para leprosos, se habilitaron estos túneles como forma de "evacuar" a aquellos enfermos terminales, que no podían estar en contacto con los más sanos o, más bien, llevar allí a aquellas personas sin familia y sin hogar para que esperen, en la fría oscuridad, el momento en que sus solitarias almas abandonen este mundo.



Otros dicen, que más allá de las 5 plantas, donde funcionó el Escuadrón Comando y Servicios, existía una sala subterránea, parte de este complejo de túneles, que fue el último destino de aquellos enfermos. La morgue del hospital...






Para finalizar quiero dar crédito a una persona que sin saberlo contribuyó a esta historia: Anahí Temporelli. Ella es la fotógrafa que realizo esas tomas en blanco y negro tan fenomenales (y espeluznantes). Una fotógrafa excelente que realiza unos trabajos excelentes. Las fotos fueron tomadas en el Liceo Militar luego de ser abandonado.
Les dejo la página de Anahí por si alguien está interesado en ver su trabajo:
https://www.facebook.com/AnahiTemporelliFotografia
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