
Por Daniela Di Segni
Algún día llegará el estudio profundo que logre medir, en gramos, litros o pulgadas, el desgaste que provoca la convivencia. Mientras lo esperamos, intentemos comprender por qué se difunde masivamente una institución nunca suficientemente elogiada: la pareja "cama afuera". Por si fuere necesario, aclaremos que se trata de una pareja que se ama, es fiel y exclusiva, pasa los fines de semana, las vacaciones y los viajes juntos pero que, el resto del año y de los años, vive en casas separadas, cada uno en la suya. Con exclusión de las familias bien armadas en primera vuelta y en etapa de criar a los hijos es una fórmula casi perfecta y más aun lo es para las familias ensambladas y las parejas mayores que se constituyen a edades que cuesta más amoldarse al otro.
La pareja "cama afuera" evita el desgaste de la rutina, mantiene los espacios propios, permite mantener relaciones independientes con la familia de origen y con los hijos propios y aun así, no deja de ser una familia, en una nueva versión diferente de las tradicionales.
Por sus características es una posibilidad más apta para las personas que superan los 45 años, que ya han constituido sus familias (o renunciado a ellas) y que por lo general eligen esta forma luego de un divorcio o la viudez. Cada uno en su casa, libres de la rutina y del desgaste que inevitablemente trae la convivencia. Cada uno en su cueva y con sus mañas, dueños y señores del control remoto, del baño, los cajones, el teléfono y la pc, con o sin ganas de comer o de dormir. Para luego ser novios y pasarla divinamente en cada encuentro, siempre con ganas de verse, como los amantes desde que la historia existe.
Un modelo para perdurar
Aunque es cierto que no concuerda con la fórmula de familia o de pareja tradicional ni con el matrimonio clásico (que tiende a desaparecer a favor de nuevos contratos), este tipo de arreglo está destinado a perdurar porque es un modo de conciliar un nueva pareja con los hijos pequeños o adolescentes de otros matrimonios sin imponerles ajustes y adaptaciones siempre difíciles. Es una forma de tener pareja sin tenerla del todo incorporada a la vida de todos los días.
¿Un compromiso menor?
Este tipo de arreglo no necesariamente implica menor compromiso. Las pautas de lealtad y respeto sobre las que se basa son las mismas, sólo se evita el desgaste, la inevitable adaptación a todos los detalles que la convivencia continua demanda. Algo que obviamente parece diseñado especialmente para segundas vueltas, no para las primeras destinadas a constituir una familia lo más sólida posible.
Datos que ayudan
Nos casamos por muchos motivos diferentes (a veces los equivocados). Nos separamos por otros tantos. Entre todos ellos el más importante es el amor. Cuando existe, cuando perdura, es el que ayuda a superar las crisis y el desgaste. La paciencia y la tolerancia son las claves de la duración de una pareja.
Muchas parejas se mantienen juntas aunque no conviven y otras perduran porque han dejado de convivir.
Si el arreglo es "cama afuera" ambas partes deben estar convencidas del arreglo. No funciona si al poco tiempo uno de los dos insiste en convivir.
El compromiso de lealtad debe ser real y total como si hubiera libreta de por medio.
En una relación "cama afuera" se logra lo mejor de los dos mundos: sentirse novios en cada encuentro y mantener los espacios y tiempos propios.
En diferentes artículos de varios diarios se analiza este tema y se confirma que el número de quienes eligen esta opción se incrementa de año en año. Es obvio que no hay fórmulas perfectas ni universales ni modelos que sirvan para todos. Lo que vale es encontrar otras formas, nuevas soluciones que sirvan para lo que uno precisa en determinado momento de la vida. Y animarse a probar.
¿Has hecho la experiencia de "cama afuera"?
FUENTE.
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La pareja "cama afuera" evita el desgaste de la rutina, mantiene los espacios propios, permite mantener relaciones independientes con la familia de origen y con los hijos propios y aun así, no deja de ser una familia, en una nueva versión diferente de las tradicionales.
Por sus características es una posibilidad más apta para las personas que superan los 45 años, que ya han constituido sus familias (o renunciado a ellas) y que por lo general eligen esta forma luego de un divorcio o la viudez. Cada uno en su casa, libres de la rutina y del desgaste que inevitablemente trae la convivencia. Cada uno en su cueva y con sus mañas, dueños y señores del control remoto, del baño, los cajones, el teléfono y la pc, con o sin ganas de comer o de dormir. Para luego ser novios y pasarla divinamente en cada encuentro, siempre con ganas de verse, como los amantes desde que la historia existe.
Un modelo para perdurar
Aunque es cierto que no concuerda con la fórmula de familia o de pareja tradicional ni con el matrimonio clásico (que tiende a desaparecer a favor de nuevos contratos), este tipo de arreglo está destinado a perdurar porque es un modo de conciliar un nueva pareja con los hijos pequeños o adolescentes de otros matrimonios sin imponerles ajustes y adaptaciones siempre difíciles. Es una forma de tener pareja sin tenerla del todo incorporada a la vida de todos los días.
¿Un compromiso menor?
Este tipo de arreglo no necesariamente implica menor compromiso. Las pautas de lealtad y respeto sobre las que se basa son las mismas, sólo se evita el desgaste, la inevitable adaptación a todos los detalles que la convivencia continua demanda. Algo que obviamente parece diseñado especialmente para segundas vueltas, no para las primeras destinadas a constituir una familia lo más sólida posible.
Datos que ayudan
Nos casamos por muchos motivos diferentes (a veces los equivocados). Nos separamos por otros tantos. Entre todos ellos el más importante es el amor. Cuando existe, cuando perdura, es el que ayuda a superar las crisis y el desgaste. La paciencia y la tolerancia son las claves de la duración de una pareja.
Muchas parejas se mantienen juntas aunque no conviven y otras perduran porque han dejado de convivir.
Si el arreglo es "cama afuera" ambas partes deben estar convencidas del arreglo. No funciona si al poco tiempo uno de los dos insiste en convivir.
El compromiso de lealtad debe ser real y total como si hubiera libreta de por medio.
En una relación "cama afuera" se logra lo mejor de los dos mundos: sentirse novios en cada encuentro y mantener los espacios y tiempos propios.
En diferentes artículos de varios diarios se analiza este tema y se confirma que el número de quienes eligen esta opción se incrementa de año en año. Es obvio que no hay fórmulas perfectas ni universales ni modelos que sirvan para todos. Lo que vale es encontrar otras formas, nuevas soluciones que sirvan para lo que uno precisa en determinado momento de la vida. Y animarse a probar.
¿Has hecho la experiencia de "cama afuera"?
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