Cuatro verdades sobre el pollo Hace unas semanas un brote virulento de salmonella sacudió a los Estados Unidos. Más de 300 personas se enfermaron y el 40% fue hospitalizado, según datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE.UU. (CDC, por sus siglas en inglés). ¿En el banquillo de los acusados? El pollo. El Dr. Chris Braden, director de la división de Enfermedades Transmitidas por los Alimentos, el Agua y el Medioambiente, subrayó que varias de las cepas eran resistentes a múltiples antibióticos y reconoció que “en general, los antibióticos empleados en los animales destinados al consumo pueden provocar salmonella resistente, y las personas se enferman cuando comen carne contaminada con salmonella”. ¿Cuál es la verdad detrás del pollo que comes a diario? Salmonella peligrosa Se presume y se acepta la presencia de salmonella en el pollo estadounidense: hasta el 7,5% de los cadáveres animales en una granja pueden presentar un test positivo de la bacteria, de acuerdo con los estándares del Departamento de Agricultura de EE.UU. (USDA, por las siglas en inglés), según informó el portal de noticias USA Today. ¿De dónde proviene la contaminación? De “la materia fecal que yace en los pollos muertos, las malas prácticas de tratamiento sanitario, las superficies insalubres en contacto con los alimentos y contaminación directa del producto”, enumeró el USDA por medio de un comunicado difundido en USA Today. Lo sorpresivo de este brote de salmonella fue su alta tasa de hospitalizaciones: el doble de lo esperable, según CDC. Que las cepas se hayan mostrado tan resistentes a los antibióticos estaría vinculado con otro tema: ¿qué comen los pollos? Antibióticos De acuerdo con datos de la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU. (FDA, por sus siglas en inglés), se venden más antibióticos para animales de consumo que para personas. Esto, según los CDC, “contribuye a aumentar la presencia de bacterias resistentes a antibióticos en estos animales”. La misma Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, según sus siglas en inglés) admite que los productos elaborados con pollo pueden estar contaminados con las drogas antiparasitarias y antimicrobianas, o los pesticidas empleados en las granjas, y su ingestión “puede hacer que se desarrollen bacterias resistentes en los humanos”. Escherichia coli Antibióticos, salmonella, ¿y ahora Escherichia coli ? Así como lees. En el 2010, un grupo de investigadores canadienses publicó un trabajo en la revista científica Emerging Infectious Diseases en el cual reportaron que comer pollo contaminado con E. coli aumentaba el riesgo de sufrir infecciones urinarias Arsénico Sí, un derivado de este veneno, la Roxarsona, ha sido aprobado años atrás por la FDA para alimentar a los pollos, en pos de controlar los parásitos, aumentar su peso y mejorar su pigmentación. En su forma original, la Roxarsona es relativamente benigna, pero bajo determinadas condiciones anaeróbicas, en los pollos vivos o en tierras agrícolas, se vuelve tóxica, según un artículo publicado en 2007 en la revista de la Sociedad Americana de Química, tal como refiere un comunicado de EurekAlert, el servicio informativo de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia. La nota advierte que el arsénico se ha vinculado con cáncer de vejiga, pulmón, piel, riñón y colon, mientras que en dosis bajas se asocia a parálisis parcial y diabetes. Qué linda noticia, ¿no? ¿Qué puedes hacer? Los CDC aportan algunos consejos para prevenir las enfermedades transmitidas por el pollo. - Lávate las manos con agua y jabón unos 20 segundos antes de manipular el pollo. - Lava los utensilios, las tablas, los platos y la mesada donde hayas preparado el alimento con agua y jabón. - No se aconseja lavar el pollo crudo antes de cocinarlo, porque las bacterias en sus jugos pueden esparcirse por otras superficies o comidas. - Desinfecta la superficie donde hayas apoyado el pollo con una solución a base de una cucharada sopera de lavandina en un litro de agua. - Separa el pollo del resto de los alimentos en el carrito del supermercado y en el refrigerador. - En lo posible, emplea una tabla para cortar el pollo crudo y otra para trozarlo cuando esté cocinado. - Nunca coloques un alimento en un plato donde apoyaste el pollo crudo. - Cocina el pollo hasta que su temperatura interior alcance los 70°C. - Evita que las sobras permanezcan más de dos horas (o 1 hora, si la temperatura ambiente supera los 32°C fuera del refrigerador.
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