InicioOfftopicEspíritu pacífico a la Norteamericana
Saludos, gente de T! El presente post se hizo para tratar de hacer ver que cuando los Estados Unidos -y me refiero a sus gobernantes, no al pueblo trabajador- quieren satanizar, atropellar o simplemente dar mala imagen a un determinado país, siempre ha optado por utilizar los medios de información de la época para lograr tal fin. El artículo que sigue ha sido extraído de la revista soviética "Sputnik" del mes de julio de 1984. Entiendo que han transcurrido muchos años desde la publicación del artículo, mas la intención de quien hace el post es demostrar que el etiquetamiento que durante mucho tiempo se hizo a los nazis, a los comunistas, a los líderes e integrantes de movimientos de liberación nacional y, últimamente, a los árabes y a los latinoamericanos, no es nada nuevo y que los Estados Unidos siempre "etiquetan" a quienes se contraponen a sus intereses. _________________________________________________________________________________ A continuación, el artículo completo: A pesar de las declaraciones "pacíficas" que en los últimos meses se escuchan en Washington, el curso de la Administración de Reagan hacia la confrontación militar con los países socialistas sigue inalterable. Robert ROZHDESTVENSKY, poetaDel periódico IZVESTIA (texto abreviado) Los cohetes crucero y los Pershing-2 han ocupado su puesto en Europa. Al instalar estas mortíferas armas, los norteamericanos no nos han desafiado solo a nosotros, sino también a toda la Humanidad. En efecto, nunca antes se había planteado ante ella con tanta agudeza el problema de su propia existencia, de si continuará o no la vida en la Tierra. Pero ni siquiera lo terrible de este problema hace retroceder a Occidente, que continúa tratando de obtener la supremacía militar sobre los países del Tratado de Varsovia. Y uno diría que en aras de este objetivo los medios de información masiva occidentales pasan a formar parte de los medios de exterminio masivo. Y si estos apuntan contra las ciudades, los primeros lo hacen contra las almas, y, ante todo, contra la de sus ciudadanos. El tratamiento de la opinión pública en Occidente se lleva a cabo en todas direcciones, en todos los niveles. Y comienza ya en la infancia. Durante mi estadía en EE.UU. vi por la TV una película de dibujos animados en la que el principal personaje negativo era el lobo. Como correspondía a tal personaje, era la encarnación del mal: pérfido, sanguinario, cobarde, cruel, mentiroso, etc, etc. Bueno, y para que no cupiera duda de su ferocidad, en el pecho llevaba una estrella roja y en el gorro, una hoz y un martillo. Téngase en cuenta que se trata de una película de dibujos animados, destinada a los niños, a aquellos que nada comprenden todavía de la política de los mayores. Por supuesto, uno puede encogerse de hombros y reírse de semejante producto primitivo, burdo. Pero a mí no me entran ganas de reírme. Porque cuando estos pequeños hayan crecido un poco y vayan al colegio, allí les explicarán que en el mundo hay pueblos buenos y otros muy malos, pérfidos y sanguinarios, que sueñan con sojuzgar a todo el mundo. Y esto se dice sobre el pueblo soviético. Los niños abren el manual de historia. Y allí la historia rusa termina en el último zar. Porque lo que sigue ya no es historia, sino tinieblas, ignorancia, caos. Y mientras tanto, por la TV, junto a otros seriales pasan uno sobre la actividad de los "agentes del Kremlin" desarrollan en Norteamérica. Como es de esperar, estos agentes son estúpidos, pérfidos y crueles. Y, naturalmente, estos "espías rojos" hacen las cosas más inhumanas: envenenan el agua potable, incendian un hospital, se toman un autobús con escolares. Claro que al final de cada serial, los bravos muchachos del FBI intrépidamente capturan a los "terribles rusos", pero siempre un par de espías logra huir, lo que es indispensable para poder continuar con el serial. Me ha tocado hablar en numerosas universidades norteamericanas, y debo decir que hasta hoy recuerdo estos encuentros. Recuerdo la benevolencia y la sinceridad del auditorio. También recuerdo las preguntas que tuve que responder. No todas, sino solo aquellas que me asombraron. Y me asombraron tanto, que al principio creí que los estudiantes me estaban tomando el pelo. Juzgue Ud. mismo: - ¿Hay en Moscú calles asfaltadas? - ¿Fabrican en Rusia turismos? - ¿Tienen teléfonos públicos? - ¿Tienen televisión? (¡Y no se olvide de que quienes hacen estas preguntas son gente que por lo general sabe que nostros pusimos en órbita el primer satélite artificial de la Tierra y que fuimos los primeros en enviar un hombre al espacio!) Sigamos: - ¿Es verdad que en sus escuelas está prohibido enseñar idiomas extranjeros? - ¿Es verdad que para casarse ustedes deben tener el permiso del comité del partido? - ¿Es verdad que cuando sus niños cumplen los dos años de edad el Estados se los quita a los padres? - ¿Es verdad que entre ustedes las esposas son comunes? - ¿Cómo resuelven el problema de los osos en las calles de vuestras ciudades? - ¿Qué osos? -pregunté a mi vez, sin comprender. - Pero si alrededor de vuestras ciudades hay tupidos bosques habitados por osos, y nosotros hemos leído que con frecuencia aparecen en vuestras calles... ¡Ahí tiene usted! A los amos de la cacareada sociedad de "libertades y posibilidades iguales" no les conviene que se sepa la verdad sobre nosotros, sobre nuestro país. En absoluto. Les conviene mucho más hacer de los soviéticos unos bárbaros. Unos monstruos. Unos portadores del mal. Unos engendros de Satanás. Así les es más fácil hablar de la necesidad de armarse, de la posibilidad de una nueva guerra... Pero si bien es cierto que piensan en una nueva guerra, ni siquiera se imaginan cómo fue en realidad la vieja. Sí, claro, combatieron durante la segunda guerra mundial. Sus muchachos también cayeron en los campos de batalla. Murieron en Normandía y en Ardenas, en Sicilia y el Rin, en el mar del Norte y en las innumerables islas del Pacífico. Entonces protegían a Norteamérica. Y por eso lucharon con valentía, denodadamente. También murieron después, más tarde. Murieron en Corea y en Vietnam. Murieron en Laos y Camboya. Murieron pisoteando tierra ajena, en pantanos ajenos, deshorando a Norteamérica. Murieron sin saber por qué, sin comprender en nombre de qué... Sí, combatieron. Pero de todos modos no saben lo que es una verdadera guerra. Porque siempre les ha tocado combatir lejos de su Norteamérica natal, lejos de sus ciudades, de sus montes y boques. Sobre sus casas, tan bonitas y cómodas, sobre sus famosas autopistas, sobre sus fecundos y arreglados campos nunca, ni una sola vez en toda la historia de Norteamérica ha caído una bomba extranjera. Y esa guerra que ellos se imaginan y de la que hacen publicidad se parece demasiado a las peliculas de Hollywood, en las que infantes de marina parecidos a bravos sheriffs, después de despedirse de sus bonitas novias, vuelan, navegan, corren, disparan con gran puntería, con facilidad vencen a cualquier enemigo y siempre quedan asombrosamente vivos, hermosos y fotogénicos. Y, por supuesto, todo esto sucede en tierras exóticas, en tierra ajena, muy lejos de Norteamérica. No en vano en un cartel que llama a los jóvenes a alistarse se puede leer: "¡Si le gusta viajar y desea ver el mundo, enrólese en la infantería de marina!" Bueno, la humanidad hoy sabe muy bien adónde y cómo "viajan" los infantes de marina norteamericanos. Pareciera que "cayeron" al Líbano por casualidad. Después "visitaron" Granada y, a juzgar por las declaraciones de Reagan, esta isla les ha gustado. Sí, así "viajan", satisfaciendo su natural deseo de "ver el mundo"... Sabemos cómo queda la tierra después de sus "excursiones": terriblemente deformada, ensangrentada. Pero no tienen lástima a esa tierra. Porque -repito- siempre se trata de tierra ajena, pueblos ajenos, ciudades ajenas y destinos ajenos. Y ellos ingenuamente piensan que la próxima guerra comenzará y se desarrollará en alguna parte de Europa o Asia, Africa o América Latina, Australia o incluso la Antártida, en una palabra, en cualquier parte que no sea el territorio de EE.UU. Pero el problema es que no sucederá como ellos quisieran. Y si ellos comienzan esta guerra, si contra el sentido común se atreven a desencadenarla, entonces prácticamente al mismo tiempo, junto con sus cohetes nucleares, se elevarán los nuestros. Y la guerra llegará a la tierra norteamericana. Y arderán sus ciudades, sus campos y bosques. Y se desplomarán sus casas. Y morirán sus esposas y sus hijos. Y llorarán sus madres. Por primera vez conocerán una guerra verdadera (y no publicitaria), y esto será lo último que alcanzarán a conocer. ¿Acaso no lo comprenden? ¿Acaso creen en su suerte, en algo inesperado, en un milagro imposible? Imposible, porque no habrá milagro alguno. Habrá solo la cruel realidad. Y entonces la película The day after, que horrorizó a toda Norteamérica, desgraciadamente no parecerá más que una débil alusión a la horripilante realidad. No escribo estas líneas con placer maligno. No. Las escribo con tristeza. Con dolor. Pero no puedo dejar de escribirlas. Porque es contra la URSS que declararon una cruzada. Una seria cruzada. Una cruzada contra los "heterodoxos". Porque es el presidente norteamericano quien más de una vez ha dicho que EE.UU. se propone conversar con nuestro país solo "desde posiciones de fuerza". Y porque no es nuestro gobierno sino el norteamericano el que ha anunciado a todos los vientos que no piensa renunciar a la "estrategia del primer golpe". Y que este primer golpe caerá ante todo sobre los más importantes "centros militares, industriales y políticos de la URSS..." ¿Pero acaso hay quien realmente piensa que nos asustaremos? ¡No, no nos asustaremos! De ello habló Konstantín Chernenko el 2 de marzo en Moscú, durante su encuentro con los electores. A toda la gente del planeta están dirigidas sus palabras de que nosotros -la URSS- no aspiramos a ser los más fuertes del mundo en el aspecto militar, pero siempre dispondremos de la suficiente fuerza para que el deseo de desencadenar la guerra contra nosotros por parte de cualquier agresor potencial sea equivalente a su deseo de suicidarse. Al mismo tiempo, como subrayara nuestro líder, continuamos siendo unos honrados, convencidos y consecuentes partidarios de reducir los armamentos. Cualesquiera. Y hasta de cualquier nivel, incluido el más bajo. Y no solo en las palabras, sino también en los hechos. _________________________________________________________________________________ Después de haber dado lectura al precedente artículo, pude apreciar que, esa estrategia de utilizar los medios de información para sacudir las mentes de las personas y hacerlas pensar de acuerdo a como una camarilla de gobernantes o una élite quieren que piensen, no es nada nueva, pero sigue funcionando a la perfección. Lo digo porque, perfectamente, podemos cambiar a los soviéticos del artículo por los musulmanes, por los guerrillleros, por los revolucionarios o por algún líder con ideas progresistas (como se ha visto últimamente con ciertos presidente latinoamericanos). Es más, diversos autores como el escritor, periodista y geopolítico, Ignacio Ramonet -director de la publicación mensual Le Monde diplomatique en español-, y el ex docente de inglés, músico, periodista y activista de derechos humanos, Nelson Ñustes, han realizado obras, donde exponen con sólidos argumentos y una enorme cantidad de fuentes serias y verificables, cómo ciertos grupos de poder hacen uso de los medios de información para preparar el ambiente y las conciencias para futuras guerras, desde la época de la Alemania Nazi hasta la actualidad.
Datos archivados del Taringa! original
0puntos
26visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
4visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

D
D_Mayakovsky🇦🇷
Usuario
Puntos0
Posts5
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.