InicioOfftopicMauricio Macri representa la codicia neoliberal y neocolonia
Lo que propone Macri no es, ni más ni menos, sino un retorno a los años 1990 en los que unos pocos se hicieron millonarios mientras la inmensa mayoría de la población se hundió en el paro y en la miseria. El 21 de diciembre del 2001, miles de argentinos se echan espontáneamente a las calles para clamar su cólera y su desesperación. El país acaba de hacer quiebra; centenares de miles de personas poseedores de una libreta de ahorros, en pocas horas, pierden todos sus ahorros. El país está arruinado; el PIB se hunde. El desempleo alcanza la tasa del 25% y la pobreza asola a más del 50% de la población. En las manifestaciones, 38 personas caen muertas bajo las balas de las fuerzas de policía. Esa catástrofe social ne fue el fruto del azar sino el resultado de opciones ideológicas y de decisiones políticas y económicas aplicadas desde que ocurrió el golpe de Estado militar, el 24 de marzo del 1976. Desvinculación masiva del Estado en la economía, liberalización de los precios, privatizaciones, supresión de las barreras aduaneras para las importaciones, estatalización de las deudas privadas… Esas recetas neoliberales minuciosamente elaboradas por el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y la Organización Mundial del Comercio (OMC) siguieron siendo aplicadas cuando volvió a gobernar la «democracia», en 1983, y conocieron su apogeo durante los años 1990 con el gobierno de Carlos Menem. Quince años más tarde, los partidarios de esa política que hizo estragos y dejó tiradas en las calles a millones de personas están determinados a asir de nuevo las riendas del país. Mauricio Macri, el candidato por la coalición Cambiemos, es sin duda alguna la persona más adecuada para personar este renacer neoliberal en Argentina. Hijo de Franco Macri, uno de los mayores empresarios del país que supo aprovechar con creces la dictadura militar para edificar su fortuna personal, es hoy día una de las personas más ricas de Argentina. Proyecto económico: sin ninguna novedad Conviene observar el cambio que Macri ha introducido en su discurso estos últimos meses, en particular en lo que se refiere a sus propuestas económicas. Hace no más un año, éste no vacilaba en proclamar sus convicciones ultra-liberales y prometía, en caso de victoria, volver a privatizar las grandes empresas nacionalizadas por los gobiernos de la pareja Kirchner tales como la compañía aérea nacional (Aerolíneas Argentinas), la empresa petrolera nacional (YPF) o también las pensiones de jubilación. Pero con el tiempo se ha percatado de que para ganar las elecciones no le valía semejante discurso tan impopular. Por eso ha hecho marcha atrás sobre estas propuestas. Por ejemplo, en un mitín, declaró «Hay que reconocer que en estas años, en alguna cosa, se ha avanzado mucho y no podemos volver atrás» y a continuación prometió no abolir las conquistas sociales conseguidas en el transcurso de estos doce últimos años. En lo que reza a la Asignación Universal por Hijo (AUH), seguro social otorgado a cada familia con un hijo, confesó que «es un derecho, que vamos a trabajar para que se apruebe en el Congreso y que tenga continuidad en los futuros gobiernos»… En lo tocante a las privatizaciones, el nuevo discurso de Macri también ha venido evolucionando considerablemente. Ha prometido que YPF «seguiría bajo control del Estado» y que la compañía aérea «seguiría siendo propiedad del Estado». Media vuelta espectacular que demuestra la situación peliaguda en la que se encuentra la nueva derecha. Por un lado tiene que satisfacer la voluntad de sus partidarios más radicales que reclaman acabar de una vez con el Estado-providencia y por otro lado no puede desalentar a la mayoría de la población argentina que no desea de ningún modo volver a vivir la tragedia de hace veinte años. Pero la careta por fin cayó el 13 de mayo pasado en el transcurso de una conferencia organizada por los mayores empresarios del país y en la que se expresaron tres eminentes consejeros económicos de Mauricio Macri (1). Éstos revelaron el verdadero plan económico del candidato para la elección presidencial y es poco decir que éste nada alentador es para el pueblo argentino. Sumisión al orden imperante Desde ya van dos años, Argentina es el blanco de los «fondos buitres», esos fondos especulativos que le reclaman más de 1.330 millones de dólares a Buenos Aires. Esa agresión tiene mucho que ver con un auténtico intento de golpe de Estado financiero en contra de la nación albiceleste que siempre cumplió con sus compromisos para con sus acreedores internacionales. Frente a ese atentado de la finanza internacional, un arranque patriótico les ha venido a millones de argentinos y un eslogán se ha esparcido por todo el país: «Patria o buitres». Para muchos argentinos ni hablar de reembolsar un céntimo a esos especuladores despiadados aunque sólo sea por orgullo y dignidad nacional. En este pleito, un hombre en particular ha desempeñado un papel de mucha monta: se trata de Thomás Griesa, un juez de Nueva York que repetidas veces falló a favor de los «fondos buitres». Y cuando la inmensa mayoría de los argentinos se solidarizan con su gobierno y su lucha por la independencia y la soberanía del país, adivina quién ha discrepado: el señor Macri, claro. (3) Éste ha juzgado inútil luchar contra esos especuladores que sólo tratan de sangrar a los pueblos y declaró, refiriéndose a la sentencia del juez Griesa: «Aunque nos disguste, hay que cumplir el fallo judicial». En cuanto a uno de sus consejeros econónicos antes citado, éste exultó al conocer la decisión del juez estadounidense: «Gracias, Griesa, por imponer límites a la barbarie populista». Maravilloso ejemplo de un perfecto modelo de sumisión al orden económico y político dominante. Otro ejemplo aún más grave de sumisión ante las potencias occidentales es el caso de la Malvinas. Esas islas del Atlántico sur son, desde 1833, colonizadas por Inglaterra que se niega a todo diálogo con Buenos Aires para su restitución. Si en Argentina existe un tema sobre el cual el 99% de los argentinos están de acuerdo es bien éste: «Las Malvinas son argentinas». Sin embargo Mauricio Macri no comparte en absoluto dicha opinión. Se atrevió a afirmar, en 1997 (4) que recuperar las Malvinas provocaría un «fuerte déficit» para Argentina, y también añadió «Nunca entendí los temas de soberanía en un país tan grande como es el nuestro». Y verdad es, ¿por qué empeñarse en reinvindicar un territorio minúsculo cuando Argentina es el octavo país más vasto del mundo? ¿Por qué luchar por recuperar una tierra que nos fue arrebatada hace más de siglo y medio cuando somos dueños de un país tan grande? Éste es el mensaje de rendición y de capitulación del que se trata. Desde entonces, Macri ha cambiado aquellas declaraciones diciendo que «las Malvinas volverán a ser argentinas ineluctable y pacíficamente», pero nadie se imagina un instante que si es presidente moverá un dedo para reconquistrar esa tierra colonizada. Conclusión Estos doce últimos años fueron un renacimiento para el pueblo argentino. Pero conviene no olvidar tampoco los fracasos o los errores de los esposos Kichner. Numerosos desafíos importantes quedan por resolver como el de acabar con el extractivismo que imponen las transnacionales y que lleva consigo consecuencias desastrosas para el medio ambiente. En el plan económico, aunque se han hecho muchos avances, Argentina, así como la mayoría de los países de América Latina, sigue dependiendo mucho de la exportación de materias primas, como por ejemplo la soja. En fin, a pesar de la legalización del matrimonio homosexual, muchas cuestiones de sociedad siguen sin resolver y particularmente una, urgente, que preocupa a millones de mujeres: la despenalización del aborto. Efectivamente, debido a su prohibición, cada año, centenares de miles de mujeres deciden abortar clandestinamente. Para quienes pueden costear un aborto en una clínica, los riesgos sanitarios no existen. Pero la inmensa mayoría de las otras mujeres a menudo no tienen más eleccción que la de abortar con métodos o artimañas primitivas y las más veces resultan dramáticas las consecuencias. En Argentina queda pues mucho por hacer pero una cosa es cierta : el retorno al poder de la derecha neoliberal sólo agravará los problemas pendientes y ayudará a destruir todo lo bueno que sa ha venido construyendo desde hace doce años. Lo que propone Macri no es, ni más ni menos, sino un retorno a los años 1990 en los que unos pocos se hicieron millonarios mientras la inmensa mayoría de la población se hundió en el paro y en la miseria.
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