Impulsada por quienes hacen culto de la vida sana, aunque rechacen ser reconocidos como activistas de la moda light, el boom del running, como lo conocen, se expande como un virus contagioso entre ignotos y famosos. Tanto que algunas experiencias llegaron a las editoriales, aunque con perfiles diferentes. Por qué se volvió casi una cuestión de Estado.
El boom runner, que en los últimos tiempos irrumpió también como fenómeno editorial, suma un eslabón con "Correr para vivir, vivir para correr", obra en la que Santiago García se distancia de su oficio periodístico para construir un relato íntimo sobre el furor de los maratones desde una mirada que, al margen de lo deportivo, posiciona a esta disciplina como una herramienta de introspección. De hecho, Santiago se suma a una larga lista de colegas que van desde el mismísimo Luis Majul, pasando por Marcelo Zlotogwiazda sin olvidar a celebridades y empresarios, por citar a los protagonistas del fenómeno.
En la prehistoria se corría para sobrevivir: el hombre estaba obligado a correr para evitar convertirse en presa segura de especies gigantescas y voraces. Hoy, por el contrario, se corre exclusivamente por placer: correr genera euforia, coinciden tanto quienes ejercen esta práctica como un reciente estudio científico desarrollado por la Universidad de Bonn (Alemania).
La carrera que en septiembre de 2009 resultó una experiencia iniciática para Santiago García, no por tratarse de su primera maratón sino por la sensación de felicidad que selló, acaso para siempre, su relación con esta actividad a la que le dedica por lo menos una hora cada uno de los siete días de la semana.
Según García, "El running es la mejor motivación para tener un vida sana que ha encontrado la sociedad actual, pero a la vez funciona como una versión mejorada de la sociedad argentina". Según el autor de "Correr para vivir, vivir para correr", esta disciplina no tiene que ver con el fenómeno light si no con vida sana: buena alimentación para correr mejor, dejar el tabaco por la misma razón. No se trata de hacer un sacrificio en pos de una salud que no se sabe si se alcanzará, sino en pos de correr y ser feliz.
El tema de la identificación, en tal sentido entre los que deciden salir a correr para sentirse bien, hace que esta cultura deportiva se vuelva más exigente y a la vez, generoso y compartido, casi al límite del contagio. Hoy tenemos mayor tiempo gracias a la tecnología pero a la vez la tecnología nos abruma con su sobreoferta de dispositivos. Es por esto que el periodista considera a esta nueva disciplina colectiva como una pausa o una tregua a los tiempos que, valga la expresión, corren.
Un mundo a pasos agigantados
La cuestión, vale aclarar, también repercute en el mundo. Incluso el boom tiene su correlato editorial con uno de los últimos popes literarios, el japonés Haruki Murakami que se ha hecho eco con su libro "De que hablo cuando hablo de correr".
Igual su colega argentino, hizo una salvedad al respecto "Creo que debe disfrutar mucho más de correr de lo que refleja el libro, que en general interesa más a quienes no corren que a quienes sí lo hacen. Murakami incluye demasiadas narraciones de momentos oscuros que no sé si son reflejo de lo que le pasa cuando corre. Lo mío es más eufórico y más agradecido", advierte.
Lo concreto es que tal hábito va convirtiéndose casi en un pacto silencioso que crece de boca en boca y que trasciende el ritual de un domingo en los lagos de Palermo o en una plaza cualquiera. La propuesta suma a novatos y expertos a una convocatoria que poco tiene de espontáneo y surge como una disciplina territorial. Maratones solidarias son promovidas por empresas y administradores públicos. Lo único que falta es que el Indio Solari, salga a decir que "Todo corredor es político". ¿Será así?
TIPS
*En Argentina hay corredores lentos que se ponen adelante en la largada, arriesgando la salud propia y ajena, cosa que no sucede en otros países.
*El tránsito, nuestra cuestión
Correr con alegría es el propósito en todo el mundo. Aquí los cruces en el tránsito reflejan lo contrario.
*10
es el kilometraje estándar que eligen los que participan de esta disciplina. Los más osados van sumando metas y los 42 kilómetros es el límite, casi como un bautismo sublime de fuego.
La modalidad que crece, aunque muchos no lo imaginen, también tiene algunos obstáculos a sortear, como la idiosincrasia de quienes desarrollan esta disciplina. Sobre todo en la Argentina. El periodista que se animó a escribir al respecto hace su propia descripción. "Yo podría aventurar algunas características propias que son bastante negativas y que estaría bueno revertir: hay corredores lentos que se ponen muy adelante en la largada, arriesgando la salud propia y ajena. En otros países eso no pasa, porque son más estrictos con el reglamento y la gente que es más lenta se va atrás para no dificultar el movimiento de los más rápidos".
Otro aspecto definitivamente tiene que ver con el humor con que se vive esta actividad. En general, en los diferentes centros urbanos del país, Buenos Aires, Córdoba y Rosario, no se comunica ni se estimula a la gente a vivir cada carrera con alegría. Todavía hay una división entre el que siente que le cortan el tráfico y el que corre, sin comprender el verdadero valor colectivo del evento. Cosa que no sucede en otras ciudades del mundo como Nueva York, Londres o Chicago, donde la ciudad sale a festejar.
García reconoce como otro aspecto negativo la ansiedad del participante, mientras acá se enojan, que no se ve tan reflejada en el hecho de entrenar mal sino en las carreras, donde aparece como un afán de sacar ventaja. "Un componente quejoso bien nuestro", según describe sincero.
Por otro lado, como aspecto muy positivo de nuestra cultura está la capacidad de generar vínculos y grupos muy leales y unidos en los running team. "Se podría decir que el mundo del running es una versión mejorada de la sociedad argentina", informa. No desaparecen las opiniones ni las cosmovisiones, pero aquí no se ven esos movimientos bruscos típicos de nuestra sociedad. En este sentido, no duda en afirmar que correr produce tanta alegría que hay mucha gente que se pasa de rosca y se pone metas demasiado altas y demasiado rápida. Para esta actividad es fundamental la progresión: hay que saborear todo el proceso y mantenerse constante. Es importante entrenar de manera disciplinada, porque si uno entrena dos días y después no vuelve hacerlo durante un mes, no va a progresar. El secreto está en la constancia y ponerse metas realistas.
El boom runner, que en los últimos tiempos irrumpió también como fenómeno editorial, suma un eslabón con "Correr para vivir, vivir para correr", obra en la que Santiago García se distancia de su oficio periodístico para construir un relato íntimo sobre el furor de los maratones desde una mirada que, al margen de lo deportivo, posiciona a esta disciplina como una herramienta de introspección. De hecho, Santiago se suma a una larga lista de colegas que van desde el mismísimo Luis Majul, pasando por Marcelo Zlotogwiazda sin olvidar a celebridades y empresarios, por citar a los protagonistas del fenómeno.
En la prehistoria se corría para sobrevivir: el hombre estaba obligado a correr para evitar convertirse en presa segura de especies gigantescas y voraces. Hoy, por el contrario, se corre exclusivamente por placer: correr genera euforia, coinciden tanto quienes ejercen esta práctica como un reciente estudio científico desarrollado por la Universidad de Bonn (Alemania).
La carrera que en septiembre de 2009 resultó una experiencia iniciática para Santiago García, no por tratarse de su primera maratón sino por la sensación de felicidad que selló, acaso para siempre, su relación con esta actividad a la que le dedica por lo menos una hora cada uno de los siete días de la semana.
Según García, "El running es la mejor motivación para tener un vida sana que ha encontrado la sociedad actual, pero a la vez funciona como una versión mejorada de la sociedad argentina". Según el autor de "Correr para vivir, vivir para correr", esta disciplina no tiene que ver con el fenómeno light si no con vida sana: buena alimentación para correr mejor, dejar el tabaco por la misma razón. No se trata de hacer un sacrificio en pos de una salud que no se sabe si se alcanzará, sino en pos de correr y ser feliz.
El tema de la identificación, en tal sentido entre los que deciden salir a correr para sentirse bien, hace que esta cultura deportiva se vuelva más exigente y a la vez, generoso y compartido, casi al límite del contagio. Hoy tenemos mayor tiempo gracias a la tecnología pero a la vez la tecnología nos abruma con su sobreoferta de dispositivos. Es por esto que el periodista considera a esta nueva disciplina colectiva como una pausa o una tregua a los tiempos que, valga la expresión, corren.
Un mundo a pasos agigantados
La cuestión, vale aclarar, también repercute en el mundo. Incluso el boom tiene su correlato editorial con uno de los últimos popes literarios, el japonés Haruki Murakami que se ha hecho eco con su libro "De que hablo cuando hablo de correr".
Igual su colega argentino, hizo una salvedad al respecto "Creo que debe disfrutar mucho más de correr de lo que refleja el libro, que en general interesa más a quienes no corren que a quienes sí lo hacen. Murakami incluye demasiadas narraciones de momentos oscuros que no sé si son reflejo de lo que le pasa cuando corre. Lo mío es más eufórico y más agradecido", advierte.
Lo concreto es que tal hábito va convirtiéndose casi en un pacto silencioso que crece de boca en boca y que trasciende el ritual de un domingo en los lagos de Palermo o en una plaza cualquiera. La propuesta suma a novatos y expertos a una convocatoria que poco tiene de espontáneo y surge como una disciplina territorial. Maratones solidarias son promovidas por empresas y administradores públicos. Lo único que falta es que el Indio Solari, salga a decir que "Todo corredor es político". ¿Será así?
TIPS
*En Argentina hay corredores lentos que se ponen adelante en la largada, arriesgando la salud propia y ajena, cosa que no sucede en otros países.
*El tránsito, nuestra cuestión
Correr con alegría es el propósito en todo el mundo. Aquí los cruces en el tránsito reflejan lo contrario.
*10
es el kilometraje estándar que eligen los que participan de esta disciplina. Los más osados van sumando metas y los 42 kilómetros es el límite, casi como un bautismo sublime de fuego.
La modalidad que crece, aunque muchos no lo imaginen, también tiene algunos obstáculos a sortear, como la idiosincrasia de quienes desarrollan esta disciplina. Sobre todo en la Argentina. El periodista que se animó a escribir al respecto hace su propia descripción. "Yo podría aventurar algunas características propias que son bastante negativas y que estaría bueno revertir: hay corredores lentos que se ponen muy adelante en la largada, arriesgando la salud propia y ajena. En otros países eso no pasa, porque son más estrictos con el reglamento y la gente que es más lenta se va atrás para no dificultar el movimiento de los más rápidos".
Otro aspecto definitivamente tiene que ver con el humor con que se vive esta actividad. En general, en los diferentes centros urbanos del país, Buenos Aires, Córdoba y Rosario, no se comunica ni se estimula a la gente a vivir cada carrera con alegría. Todavía hay una división entre el que siente que le cortan el tráfico y el que corre, sin comprender el verdadero valor colectivo del evento. Cosa que no sucede en otras ciudades del mundo como Nueva York, Londres o Chicago, donde la ciudad sale a festejar.
García reconoce como otro aspecto negativo la ansiedad del participante, mientras acá se enojan, que no se ve tan reflejada en el hecho de entrenar mal sino en las carreras, donde aparece como un afán de sacar ventaja. "Un componente quejoso bien nuestro", según describe sincero.
Por otro lado, como aspecto muy positivo de nuestra cultura está la capacidad de generar vínculos y grupos muy leales y unidos en los running team. "Se podría decir que el mundo del running es una versión mejorada de la sociedad argentina", informa. No desaparecen las opiniones ni las cosmovisiones, pero aquí no se ven esos movimientos bruscos típicos de nuestra sociedad. En este sentido, no duda en afirmar que correr produce tanta alegría que hay mucha gente que se pasa de rosca y se pone metas demasiado altas y demasiado rápida. Para esta actividad es fundamental la progresión: hay que saborear todo el proceso y mantenerse constante. Es importante entrenar de manera disciplinada, porque si uno entrena dos días y después no vuelve hacerlo durante un mes, no va a progresar. El secreto está en la constancia y ponerse metas realistas.