bueno este post lo hago en homenaje de mi queridisimo amigo LUCAS LARA que no pudo contra la leucemia ,estuvo 4meses en el hospital hasta que perdió la pelea con la enfermedad.
espero que les sirva esta información para que estén con un poco de prevención
La leucemia es una enfermedad muy grave, de tipo cancerígeno, que se origina en la médula ósea o en el sistema linfático y afecta los leucocitos de la sangre. Algunos tipos de leusemia son causados por virus, otros por la exposición a radiaciones ionizantes o a ciertos productos químicos, pero la mayoría tienen causa desconocida
Existen dos clases distintas de leucemia: la leucemia linfoide y la leucemia mieloide. La primera causa el deterioro de los linfocitos, que son células sanguíneas producidas por el sistema linfático; la segunda ataca los leucocitos, que son los glóbulos blancos que se producen en la médula ósea. Los dos tipos de leucemia pueden presentarse en forma aguda o crónica.
La leucemia linfoide se presenta con mayor frecuencia en los niños (en particular, en los de edades comprendidas entre dos y cuatro años) y también en los adultos mayores de 65 años.
Los síntomas de la leucemia linfoide no son siempre idénticos, así puede dar lugar a anemia, infecciones recurrentes, inflamación de los ganglios linfáticos, fiebre, sudoración o agrandamiento del bazo o del hígado, que pueden palparse por debajo del borde intercostal. Estos síntomas, no todos específicos, aparecen muy tardíamente, cuando la enfermedad está ya muy avanzada; por lo común, ésta se descubre antes de la aparición de los síntomas, en un análisis de sangre de una revisión médica habitual.
La leucemia linfoide era una enfermedad incurable hasta hace pocos años, pero los modernos tratamientos logran la curación en muchos casos, en función del tipo de leucemia, edad del paciente y otros factores, y siempre consiguen aliviar los síntomas y prolongar la vida del paciente. El tratamiento habitual consiste en la administración de antibióticos, y en la quimioterapia y la radioterapia, que también se aplican en otros tipos de cáncer.
La leucemia mieloide, de incidencia menos frecuente que la linfoide, afecta sobre todo a adultos de edad avanzada. Sus síntomas más característicos son anemia, palpitaciones y dificultades respiratorias, además de una considerable falta de resistencia ante las infecciones y tendencia a sufrir hemorragias. En el caso de la forma aguda, los síntomas aparecen de forma súbita y se hacen muy evidentes en unos pocos días.
El tratamiento de la leucemia mieloide requiere, inicialmente, internamiento hospitalario. Se somete al enfermo a transfusiones de sangre rica en plaquetas, para deterner las hemorragias y, más adelante, se le trata con citostáticos, sustancias que destruyen las células cancerosas, pero también muchas células sanas; el afectado se encuentra entonces en un período crítico, con alto peligro de infección, por lo que se le mantiene en una unidad de cuidados intensivos en condiciones de asepsia. Tras este período, y transcurridos varios días después de que se hayan destruido las células cancerosas, empiezan a producirse células nuevas, sanas, la enfermedad remite en un plazo de dos a tres meses y el paciente puede abandonar el hospital. La posibilidad de remisión inicial de los síntomas es elevada, si bien la enfermedad tiende a reaparecer posteriormente al cabo de uno o varios años.
La Leucemia es una enfermedad silenciosa, ya que no existe ningún síntoma, que a simple vista, sirva para diagnosticar la enfermedad, sin embargo, debido a la alteración que se presenta en la sangre, se pueden observar los siguientes comportamientos en personas que padezcan esta enfermedad que lamentablemente, se pueden confundir con otros cuadros de otras enfermedades. El método más seguro para conocer la causa de estos síntomas es un hemograma (exámen de sangre). Sus síntomas pueden ser:
Hemorragias frecuentes sin motivo aparente
Tendencia a las infecciones
Debilitamiento general del cuerpo
Aumento de tamaño de los ganglios linfáticos.
Pérdida de peso
Sudoración nocturna
Escalofrío
Mareos
Dolores de cabeza
Palidez
Pérdida del color rosado en las uñas
Desmayos
La leucemia es un grupo de enfermedades malignas de la médula ósea (cáncer hematológico1 ) que provoca un aumento incontrolado de leucocitos (glóbulos blancos) en la médula ósea. Ciertas proliferaciones malignas de glóbulos rojos se incluyen entre las leucemias (eritroleucemia).2
Etimología: literalmente, significa "sangre blanca"; la palabra está formada por dos elementos griegos: leuc, una variante de leuco = λευκός, "blanco"; y emia, αἷμα = "sangre".
Prevalencia: la leucemia es el cáncer más frecuente en la infancia, con 3-4 casos por año por cada 100.000 niños menores de 15 años.3 En el año 2000, unos 256.000 niños y adultos desarrollaron algún tipo de leucemia.
Clasificación
Existen distintos tipos de clasificación, en función del criterio que se utilice para ello.
- En función de la población celular afectada:
Leucemia mieloide crónica (LMC) incluida dentro de los síndromes mieloproliferativos crónicos.
Leucemia linfoide crónica (LLC) incluida dentro de los síndromes linfoproliferativos y equiparable al linfoma linfocítico.
Leucemia linfoide aguda o Leucemia Linfoblástica (LLA)
Leucemia mieloide aguda o Leucemia Mieloblástica (LMA)
Leucemia mielógena (LM)
Además de linfomas no Hogdkin leucemizados, es decir, con la presencia de células linfomatosas en la sangre periférica, como sucede en la Tricoleucemia.
- En función de la gravedad de la patología:
Aguda: en este caso, se da un aumento muy rápido de las células sanguíneas inmaduras. Estas células no realizan las funciones sanguíneas necesarias, y ocupan un espacio que permitiría el desarrollo de las células maduras. Es muy importante que el tratamiento sea precoz ya que si no la progresión celular y la dispersión de las células malignas puede conducir a que la leucemia llegue a otros órganos corporales. Esta forma de leucemia es la más común en niños.
Crónica: en esta afección, se producen demasiados glóbulos blancos maduros pero anormales. Progresa durante meses o años, por lo que no siempre se administra el tratamiento inmediatamente, sino que a veces se monitoriza la situación para ver cual es el momento más efectivo para la terapia. Aunque pueden ocurrir en cualquier grupo de edad, la leucemia crónica ocurre más a menudo en personas mayores.
Los signos y síntomas
Los daños en la médula ósea, a modo de desplazar a las células normales de la médula ósea con un mayor número de glóbulos blancos inmaduros, se traduce en una falta de plaquetas en la sangre, que son importantes en el proceso de coagulación sanguínea. Esto significa que las personas con leucemia pueden fácilmente desarrollar moretones, sangrado excesivo o hemorragias de tipo pinchazo (petequias)
Los glóbulos blancos, que están implicados en la lucha contra los patógenos, pueden ser suprimidos o disfuncionales. Esto podría causar que el sistema inmune del paciente sea incapaz de luchar contra una infección simple o se encuentre débil para poder atacar a las células de otro organismo. Debido a que la leucemia impide que el sistema inmunitario funcione con normalidad, algunos pacientes experimentan infecciones frecuentes, que van desde las amígdalas infectadas, llagas en la boca, diarrea, neumonía o infecciones oportunistas.
Por último, la deficiencia de glóbulos rojos produce anemia, que puede causar disnea y palidez.
Algunos pacientes experimentan otros síntomas. Estos síntomas pueden incluir náuseas, fiebre, escalofríos, sensación de fatiga, sudores nocturnos y otros síntomas parecidos a la gripe. Algunos pacientes experimentan náuseas o sensación de plenitud debido al agrandamiento del hígado y el bazo, lo que puede resultar en la pérdida de peso involuntaria. Si las células leucémicas invaden el sistema nervioso central, pueden ocurrir síntomas neurológicos (sobre todo dolores de cabeza).
Todos los síntomas asociados con la leucemia pueden ser atribuidos a otras enfermedades. En consecuencia, la leucemia es siempre diagnosticada mediante pruebas médicas.
La palabra leucemia, que significa "sangre blanca", se deriva de la alta cantidad de glóbulos blancos que la mayoría de los pacientes de leucemia tienen antes del tratamiento. El elevado número de células blancas en la sangre es evidente cuando se observa una muestra de sangre afectada bajo el microscopio. Con frecuencia, estas células blancas extra son inmaduras o disfuncionales. El excesivo número de células también puede interferir con el nivel de otras células, causando un desequilibrio perjudicial en la proporción de la sangre.
Algunos pacientes con leucemia no tienen una alta cantidad de glóbulos blancos visibles durante un recuento sanguíneo normal. Esta condición menos común se llama aleucemia. La médula ósea contiene las células cancerosas aún blancas de la sangre que perturban la producción normal de células sanguíneas. Sin embargo, las células leucémicas se alojan en la médula en lugar de entrar en el torrente sanguíneo, donde serían visibles en un análisis de sangre. Para un paciente aleucémico, el recuento de glóbulos blancos en la sangre puede ser normal o baja. La aleucemia puede ocurrir en cualquiera de los cuatro tipos principales de leucemia, y es particularmente común en la leucemia de células pilosas.
Causas
No hay una única causa conocida por todos los diferentes tipos de leucemia que existen. Las causas conocidas, y que no los factores dentro del control de la persona promedio, representan relativamente pocos casos.
En leucemias distintas que puedan tener diferentes causas.
Leucemia, al igual que otros tipos de cáncer, es el resultado de mutaciones somáticas en el ADN. Ciertas mutaciones se producen mediante la activación de oncogenes leucemia o desactivar los genes supresores de tumores, y con ello alterar la regulación de la muerte celular, la diferenciación o división. Estas mutaciones pueden ocurrir espontáneamente o como resultado de la exposición a la radiación o sustancias cancerígenas, y es probable que la influencia de factores genéticos
.
Entre los adultos, las causas conocidas son naturales y artificiales de radiación ionizante, algunos virus como el virus linfotrópico T humano, y el benceno algunos productos químicos, en particular los agentes alquilantes y quimioterapia para enfermedades anteriores.
El consumo de tabaco Los estudios se asocia con un pequeño aumento en el riesgo de desarrollar leucemia mieloide aguda en adultos.
de cohortes y de casos y controles han relacionado la exposición a algunos productos petroquímicos y tintes para el cabello con el desarrollo de algunas formas de leucemia. Unos pocos casos de transmisión materno-fetal han sido reportados.
La dieta tiene muy poco o ningún efecto, a pesar de comer más verduras puede conferir un beneficio protector pequeños
.
Los virus también han sido vinculados a algunas formas de leucemia. Los experimentos en ratones y otros mamíferos han demostrado la pertinencia de los retrovirus de la leucemia y retrovirus humanos también han sido identificados. El primer retrovirus humano identificado fue el virus linfotrópico T humano o HTLV-1, se sabe que causa la leucemia de células T
.
Algunas personas tienen una predisposición genética hacia la leucemia en desarrollo. Esta predisposición se demuestra por las historias familiares y los estudios de gemelos.
Las personas afectadas pueden tener un solo gen o genes múltiples en común. En algunos casos, las familias tienden a desarrollar el mismo tipo de leucemia que los demás miembros; en otras familias, las personas afectadas pueden desarrollar formas diferentes de leucemia o cánceres relacionados con la sangre
.
Además de estas cuestiones genéticas, las personas con anomalías cromosómicas o ciertas otras enfermedades genéticas tienen un mayor riesgo de leucemia.
Por ejemplo, las personas con síndrome de Down tienen un riesgo significativamente mayor de desarrollar formas de leucemia aguda y la anemia de fanconi es una factor de riesgo de desarrollar leucemia mieloide aguda.
Si la radiación no ionizante es causante de leucemia ha sido estudiado durante varias décadas. Los expertos del grupo de trabajo de la Agencia Internacional de Investigaciones sobre el cáncer realizaron una revisión detallada de todos los datos estáticos y de frecuencias extremadamente bajas de energía electromagnética, que se produce de forma natural y en asociación con la generación, transmisión y uso de la energía eléctrica.
Llegaron a la conclusión de que hay muy pocas pruebas de que los altos niveles de los campos magnéticos ELF (pero que no sean eléctricos) podría causar leucemia infantil. La exposición a campos magnéticos de ELF significativa podría dar lugar a un doble riesgo excesivo para la leucemia de los niños expuestos a estos altos niveles de campos magnéticos. Sin embargo, el informe también dice que las deficiencias metodológicas y sesgos en estos estudios probablemente hayan hecho que el riesgo sea exagerado
. No se ha demostrado evidencia de una relación con la leucemia u otro tipo de tumor maligno en los adultos
. Dado que la exposición a tales niveles de ELF es relativamente poco común, la Organización Mundial de la Salud concluye que la exposición de ELF, si fuera posterior demostrado ser causal, que sólo representan el 100 a 2400 casos en todo el mundo cada año, lo que representa 0,2 a 4,95% de la incidencia total para ese año
.
Diágnostico
El diagnóstico se basa generalmente en repetidos conteos sanguíneos completos y un examen de médula ósea después de los síntomas observados. Una biopsia de nódulo linfático puede realizarse como también para diagnosticar ciertos tipos de leucemia en ciertas situaciones. Tras el diagnóstico, las pruebas de química sanguínea se puede utilizar para determinar el grado de daño al hígado y los riñones o los efectos de la quimioterapia en el paciente. Cuando surgen las preocupaciones sobre los daños visibles debido a la leucemia, los médicos pueden usar rayos X, resonancia magnética o ultrasonido. Estos efectos potencialmente puede ver la leucemia en partes del cuerpo como los huesos rayos x, el cerebro MRI, o los riñones, el bazo y el hígado (ultrasonidos). Por último, las tomografías computarizadas rara vez se utilizan para revisar los nódulos linfáticos en el pecho.
A pesar del uso de estos métodos para diagnosticar si un paciente tiene leucemia, muchas personas no han sido diagnosticados, debido al hecho de que muchos de los síntomas son vagos, inespecíficos, y puede referirse a otras enfermedades. Por este motivo, la American Cancer Society predice que al menos una quinta parte de las personas con leucemia aún no han sido diagnosticados.
Características
La principal característica de las leucemias agudas es la presencia de un "cese madurativo" de las células de línea mieloide (LMA) o Linfoide (LLA) con blastosis en médula ósea (superior de 20% de celularidad no eritroide según la OMS). Dado que todavía queda hematopoyesis normal residual, puede verse en sangre periférica la existencia de un "hiato leucémico", es decir, presencia de formas inmaduras en sangre periférica y formas maduras pero con ausencia de elementos intermedios.
En las leucemias crónicas, la principal característica morfológica es la no existencia de dicho hiato leucémico, ya que no existe stop madurativo, permitiendo secretar a la sangre células maduras, y su curso clínico suele ser indolente.
Formas de presentación
Si bien algunas leucemias tienen carácter fulminante, otras pueden ser enfermedades indolentes, de presentación insidiosa. Ya que no existe ningún síntoma que por sí solo y de manera específica permita diagnosticar esta enfermedad, siempre debe descartarse la presencia de leucemia en presencia de manifestaciones clínicas sugerentes, tales como un hemograma alterado. El método más seguro para confirmar o descartar el diagnóstico es mediante la realización de un mielograma y, sólo en casos seleccionados, puede ser necesario realizar una biopsia de la médula ósea.
Algunas de sus manifestaciones clínicas más importantes son:
Compromiso del estado general: decaimiento, falta de fuerzas, mareos, náuseas, inapetencia, disminución de peso importante.
Fiebre que dura varios días sin una causa aparente, sudoración nocturna, escalofríos.
Dolor o sensibilidad ósea, dolores articulares y de extremidades.
Hemorragias frecuentes sin motivo aparente, por ejemplo, sangramiento anormal de las encías o de nariz.
Petequias (Manchas pequeñas de color rojo por extravasación sanguínea) o Hematomas sin haber tenido algún golpe.
Palidez de piel, interior de la cavidad oral o de los párpados.
Aumento de tamaño de los ganglios linfáticos.
Aparición de masas o crecimientos anormales de órganos abdominales como el bazo y el hígado, o aparición de masas que crecen en otras partes del cuerpo.
Alteraciones de los exámenes sanguíneos (Hemograma, VIH, etc.).
Irregularidad en los ciclos menstruales.