Nuevo castellano: agarrámela con la mano
Crímenes idiomáticos avalados por la nueva ortografía de la Real Academia Española.
Quienes desde hace décadas velamos por la salud del castellano hemos atestiguado, entre el pasmo y la incredulidad, la radical transformación que ha sufrido la lengua de Cervantes desde la adopción masiva de la frase "a full". Hubo un momento en el que hasta nosotros mismos, patovicas en la puerta del idioma, nos descuidamos y permitimos el ingreso de esta despreciable locución en nuestro propio hablar cotidiano. Quizás nos sedujo la comodidad de dejarse vencer ante lo que dictaba la costumbre popular, como cuando empezamos a saludar a otros hombres con un beso en la mejilla incluso sabiendo que lo correcto era dar la mano. Pero lo importante es que esa masificación del "a full" rompió los esquemas de la circulación lingüística al allanar el terreno para que cualquier neologismo, sin importar lo pelotudo que pudiera sonar, fuera incorporado así nomás por un cuantioso sector de la población a su lenguaje coloquial.
Uno de los ejemplos más lamentables de este fenómeno lo protagoniza la expresión "con carpa". Es curioso el recorrido de este modismo, que si bien hoy denota el disimulo en una actividad, antiguamente podía hacer referencia a una erección peneana alejada de cualquier disimulo. Por entonces, decir que "el ministro recibió a la embajadora con carpa" habría dejado al ministro como un flor de pajero; hoy, apenas sospecharíamos de una oscura interna diplomática. El problema de este acto de travestismo semántico es que le resta fuerza a la metáfora: una carpa sólo puede ayudar a disimular algo si está en un camping, porque en cualquier otro lugar no hace más que llamar la atención.
Párrafo aparte merece el adjetivo "padre" como sinónimo de "importante". Decir que tuviste "un cagazo padre" no sólo te hace quedar como un cobarde (porque seguro que no estabas hablando de algo atemorizante en serio, como que te secuestre un grupo de rebeldes libios ), sino también como una persona bastante pelotuda. Si existe un cagazo padre, ¿existe un cagazo hijo? Es de esperar que frases de este tipo queden condenadas al merecido desuso que ya conocen "un toco", "chiva calenchu" y otras horripilancias del castellano de antaño.
Haciendo cumbre en la montaña de los crímenes contra el idioma, encontramos la importación descontrolada de modismos españoles al castellano argentino. "De puta madre" atravesó los límites de nuestra infame colonia artística ("estamos laburando con un equipo de baile de puta madre" ), sirvió para bautizar una marca de ropa de mierda y ahora hasta hay gente normal que la usa. "De la hostia" ya es de uso corriente y "friki" amenaza con reemplazar a "boludazo". ¿Cuál es la próxima? ¿Decir "flipar", "cutre" y "molar"? ¿No teníamos bastante con leer sobre el alféizar, el porche y la portezuela en todas las novelas de Ediciones B? ¿Llegará un momento en el que alguien diga "coger" por "agarrar" sin ponerse colorado? Que todo esto suceda justo mientras España ingresa al subdesarrollo no hace más que confirmar eso de que los argentinos copiamos lo peor de afuera.
Pero si incorporar estas palabras puede ser útil para, al menos, compensar posibles limitaciones gráficas del castellano argentino, otros extranjerismos habituales son prescindibles bajo cualquier punto de vista. ¿Cuándo nos acostumbramos a escuchar el mexicanísimo "tráfico" en lugar de "tránsito"? ¿Para qué decir "cupcake" existiendo "magdalena" y "madalena"? ¿En qué momento "biopic" reemplazó a "película biográfica"?
Para colmo, la Real Academia Española no entiende nada y se empeña en cagarla más todavía. Ahora, "ex", "anti" y "pro" van unidos a la palabra que les sigue ("exexorcista", "proprostitución" ) y "solo" es lo mismo que "sólo" ("me río solo cuando me veo en bolas" ). Pero sólo (sí, sólo ) notamos que estamos ante el verdadero Holocausto de la lengua cuando comprendemos las consecuencias de la nueva política oficial para la adopción de extranjerismos, que consiste, básicamente, en escribirlos como se nos cante el orto. Es decir, lo correcto ya no es "whisky" sino "güisqui" y "Angelina Jolie" se transforma en "Anshelina Sholí" (ya que estamos, ¿habré hecho mal en escribir "cupcake" en vez de "capqueic"? ).
Estas ridículas modificaciones tuvieron lugar hace un año, cuando el presidente de la Academia era el egregio Víctor García de la Concha. Alguien que difícilmente se beneficie con medidas que, buscando adaptar el castellano oficial al coloquial, habiliten el reemplazo de su apellido por la palabra "cajeta".