Por: Martín Alcala
Se discute hoy el escándalo bochornoso dado a conocer anoche en el progama de Roberto Navarro.
Al parecer, entre los beneficiarios del seguro de cambios denominado "dolar a futuro", estarían muchos funcionarios y empresas vinculadas al actual gobierno, el mismísimo Presidente de la República y el grupo empresario oligopólico de medios que lo apoya y lo llevó al triunfo.
El truco es, en esencia, universal.
Aprovechar con malicia lo que otros hacen con buena intención.
Conocido es que en nuestra aberrante cultura bimonetaria impuesta desde 1976, la mayoría de argentinos quiere hacer fortuna en un pase de manos cambiando billetes.
Y que empresariado, comerciantes y clases medias pretenden valorizar sus ingresos en dólares y pagar costos en pesos desvalorizados.
Por tanto, una corrida cambiaria es buena noticia para muchos y un paso más hacia el abismo para el resto.
En tal sentido, el gobierno anterior pretendió conducir ese juego especulativo evitando sus desbordes.
Para asegurarlo lanzó el seguro de cambios llamado dolar a futuro, consistente en asegurar un valor de venta a fecha futura mediante un contrato anticipado con un precio de apalancamiento.
Uno firma el contrato, pone un adelanto, y se asegura de recibir dólares a seis u ocho meses al valor pactado, cuyo saldo pagará en metálico al realizar el intercambio.
El Estado así calma las versiones devaluatorias interesadas que afectan precios internos y garantiza una política.
Y hasta ahora era un buen negocio para el Estado, dado que mantenía el valor por debajo del pactado y recuperaba pesos.
Y no era una fantasía.
Cercano a las elecciones, todos los candidatos, en especial aquellos dos con mayores probabilidades, aseguraban que no harían una devaluación repentina.
Macri y sus voceros se jactaban de poder liberar el mercado sin que ello significara un incremento de valor significativo.
Estaba todo en paz.
Sin embargo, había un engaño.
Los futuros funcionarios sabían que siguiendo determinadas tendencias que pueden ser inducidas desde los operadores del mercado, se puede manipular el precio para llevarlo hacia arriba.
Estimaban que estaría en marzo muy por encima del valor de $10.50 que el Central garantizaba.
Y compraron.
Compraron ellos, sus socios, sus amigos, sus empresas.
Caputo, Cablevisión, La Nación, Blaquier, etc.
Hasta Chery Socma, del mismísimo grupo Macri.
Basta con retirar los billetes a 10.50 y venderlos de inmediato a 15 para hacer una diferencia por nada.
La liberación y la suba de la paridad, gestionada por el actual gobierno, produjo el resultado inverso en favor de los compradores especuladores.
Es mentira que le costó $50.000 millones al Estado.
El Estado dejó de percibir esos pesos como excedente y recibió menos.
Lo que le está costando mucho más al Estado, en el orden de $200.000 millones hasta ahora, que sí se pagan en contante y sonante, es el esfuerzo del BCRA por evitar más corridas y especulaciones, ya liberado el mercado a la rapiña.
Es decir, ellos estimularon el juego especulativo para hacer ganar a sus socios y ahora deben hacer un esfuerzo enorme a costa de fondos públicos para detenerlo y enfriarlo, ya tomada la ganancia, para evitar que todo se vaya de madre.
Porque el Central, con Sturzenegger a la cabeza, está pagando casi 40% de tasa plazo fijo para evitar que compren dólares.
Tasa cuya principal ganancia se la llevan los bancos que intermedian sin poner nada.
La indignada Lilita Carrió, cobrado el dividendo, retira toda denuncia y hace carnaval carioca.
Lo más curioso es que el gobierno anterior que llevaba adelante la tendencia diferente, fomentando producción concreta, alentando el intercambio y el trabajo, es odiado por muchos que lo reemplazaron por esta lacra financiera.
Su Presidente es acusada de hacer este negociado.
Justamente quienes se esforzaban por evitarlo.
Y el dinero impuso nuevamente su imperio omnipotente.
El negocio del dinero.
Ese es el camino por el cual se funden los países en todo el planeta y la casta bancaria mundial se hace cada día más rica empobreciendo a la humanidad.
Dinero produciendo más dinero.
Se discute hoy el escándalo bochornoso dado a conocer anoche en el progama de Roberto Navarro.
Al parecer, entre los beneficiarios del seguro de cambios denominado "dolar a futuro", estarían muchos funcionarios y empresas vinculadas al actual gobierno, el mismísimo Presidente de la República y el grupo empresario oligopólico de medios que lo apoya y lo llevó al triunfo.
El truco es, en esencia, universal.
Aprovechar con malicia lo que otros hacen con buena intención.
Conocido es que en nuestra aberrante cultura bimonetaria impuesta desde 1976, la mayoría de argentinos quiere hacer fortuna en un pase de manos cambiando billetes.
Y que empresariado, comerciantes y clases medias pretenden valorizar sus ingresos en dólares y pagar costos en pesos desvalorizados.
Por tanto, una corrida cambiaria es buena noticia para muchos y un paso más hacia el abismo para el resto.
En tal sentido, el gobierno anterior pretendió conducir ese juego especulativo evitando sus desbordes.
Para asegurarlo lanzó el seguro de cambios llamado dolar a futuro, consistente en asegurar un valor de venta a fecha futura mediante un contrato anticipado con un precio de apalancamiento.
Uno firma el contrato, pone un adelanto, y se asegura de recibir dólares a seis u ocho meses al valor pactado, cuyo saldo pagará en metálico al realizar el intercambio.
El Estado así calma las versiones devaluatorias interesadas que afectan precios internos y garantiza una política.
Y hasta ahora era un buen negocio para el Estado, dado que mantenía el valor por debajo del pactado y recuperaba pesos.
Y no era una fantasía.
Cercano a las elecciones, todos los candidatos, en especial aquellos dos con mayores probabilidades, aseguraban que no harían una devaluación repentina.
Macri y sus voceros se jactaban de poder liberar el mercado sin que ello significara un incremento de valor significativo.
Estaba todo en paz.
Sin embargo, había un engaño.
Los futuros funcionarios sabían que siguiendo determinadas tendencias que pueden ser inducidas desde los operadores del mercado, se puede manipular el precio para llevarlo hacia arriba.
Estimaban que estaría en marzo muy por encima del valor de $10.50 que el Central garantizaba.
Y compraron.
Compraron ellos, sus socios, sus amigos, sus empresas.
Caputo, Cablevisión, La Nación, Blaquier, etc.
Hasta Chery Socma, del mismísimo grupo Macri.
Basta con retirar los billetes a 10.50 y venderlos de inmediato a 15 para hacer una diferencia por nada.
La liberación y la suba de la paridad, gestionada por el actual gobierno, produjo el resultado inverso en favor de los compradores especuladores.
Es mentira que le costó $50.000 millones al Estado.
El Estado dejó de percibir esos pesos como excedente y recibió menos.
Lo que le está costando mucho más al Estado, en el orden de $200.000 millones hasta ahora, que sí se pagan en contante y sonante, es el esfuerzo del BCRA por evitar más corridas y especulaciones, ya liberado el mercado a la rapiña.
Es decir, ellos estimularon el juego especulativo para hacer ganar a sus socios y ahora deben hacer un esfuerzo enorme a costa de fondos públicos para detenerlo y enfriarlo, ya tomada la ganancia, para evitar que todo se vaya de madre.
Porque el Central, con Sturzenegger a la cabeza, está pagando casi 40% de tasa plazo fijo para evitar que compren dólares.
Tasa cuya principal ganancia se la llevan los bancos que intermedian sin poner nada.
La indignada Lilita Carrió, cobrado el dividendo, retira toda denuncia y hace carnaval carioca.
Lo más curioso es que el gobierno anterior que llevaba adelante la tendencia diferente, fomentando producción concreta, alentando el intercambio y el trabajo, es odiado por muchos que lo reemplazaron por esta lacra financiera.
Su Presidente es acusada de hacer este negociado.
Justamente quienes se esforzaban por evitarlo.
Y el dinero impuso nuevamente su imperio omnipotente.
El negocio del dinero.
Ese es el camino por el cual se funden los países en todo el planeta y la casta bancaria mundial se hace cada día más rica empobreciendo a la humanidad.
Dinero produciendo más dinero.