Carlos Fuentealba fue un docente y activista sindical argentino, asesinado el 5 de abril de 2007 durante la represión de una movilización docente con motivo de una huelga en Neuquén, Argentina.
-"¡Carlos!, ¡vamos, vamos!...¡Subí al auto!, ¡subí al auto!, ¡vení para acá!, ¡dale!"
-No, no, hay muchas compañeras atrás.
El profesor Colen Grant cuenta que ése fue el último contacto que tuvo con Carlos Fuentealba el 4 de abril pasado, poco antes de que le dispararan a la cabeza.
Grant relata que ese día a las 6 y media de la mañana había conocido a Fuentealba y juntos viajaron hacia Arroyito para reclamar allí tal cual lo había decidido la asamblea de ATEN. Había salido temprano en su auto con su amiga, la docente y periodista Natalia Cantero. Fuentealba esperaba transporte en el semáforo de Godoy y ruta 22, acompañado de Rosana Campos, una docente amiga.
"Yo lo tenía de vista pero nunca había hablado con él", dice Cantero sobre Fuentealba.
Grant recuerda cómo se presentó: "Soy Carlos, docente de la Cuenca XV".
"Esas cosas que pasan, pegamos onda enseguida, qué se yo, tuvimos sintonía... A todos nos pasó lo mismo", dice Grant.
Habían avanzado apenas el primer tramo cuando se toparon con dos camionetas trafic del grupo especial de Policía. Fue a la altura del aeropuerto. Se detuvieron. Natalia prendió su cámara filmadora y también sacó algunas fotos. Hubo nerviosismo pero también comentarios que intentaron distender la situación. Siguieron. Pararon unos metros más allá del aeropuerto, en la estación de servicio YPF donde cargaron combustible. Tomaron mates amargos cebados por Rosana y en el camino hubo coincidencias.
"Ninguno de quienes estábamos en el auto votamos por el corte. No estábamos de acuerdo con la medida, pero fue votada y sabíamos que teníamos que ir y queríamos llegar primero. Carlos opinó que tendríamos que haber salido la noche anterior", reconstruye Cantero, quien lo mismo que su padre y su abuela es militante de la Asamblea Por los Derechos Humanos (APDH).
Fuentealba llevaba una campera muy vistosa, tenía la barba crecida y en sus manos llevaba un pañuelo negro con arabescos.
Durante el viaje le envió mensajes de texto a su esposa Sandra quien permaneció en su casa de Gran Neuquén con sus dos hijas.
Cantero dice que había una carga importante de adrenalina dentro del auto pero "yo me sentía segura por estar con Colen y porque tuvimos muy buena onda con los otros compañeros".
El sol les mostró una de las mejores caras del otoño valletano pero, aseguran los testigos, había algo raro en el ambiente y un ejército de policías en el camino y la ruta.
"Apenas nos habíamos acomodado llegó la primera gaseada, fue terrible, una cosa que nunca había visto en otras represiones. Tiraban al cuerpo con todo lo que tenían", recuerda Cantero.
Hubo tres brutales descargas de gases lacrimógenos: "Las maestras corrían y caían, y los policías las saltaban, gritando cosas. Carlos fue levantando a las maestras y buscándoles lugar porque las trafic se había ido a Senillosa".
Desde la estación de servicio de Arroyito hicieron postas con el auto, subieron a otra gente. Avanzaban y se detenían. "Yo lo llamaba a este chico, sentía una sensación rara. A tal punto que una de las chicas que dijo que lo cuidaba como si fuera mi hijo", dice Grant. En la última posta, Fuentealba decidió quedarse: "Hay muchas compañeras atrás", dijo. Creen que fue alrededor de las 10 de la mañana. Arroyito era una infierno.
Carlos pudo ser soldado
en tiempos de independencia
alistando las defensas
contra invasiones inglesas
peleando a tropas de España
por corazón y vergüenza
ser oficial de Facundo
guía del Chacho o Varela
obrero en lago Argentino
o reprimido en Vasena
o combatiendo uniformes
que del pueblo ya no eran
hundido en celdas puntuales
que a secar el alma llegan
en Trelew dando su sangre
o a treinta mil su existencia
pudo también ser maestro
que es ser soldado y obrero
limpio, entero, digno y puro
faro de luz y conciencia.
Por Alejandro Flynn
Fuente
-"¡Carlos!, ¡vamos, vamos!...¡Subí al auto!, ¡subí al auto!, ¡vení para acá!, ¡dale!"
-No, no, hay muchas compañeras atrás.
El profesor Colen Grant cuenta que ése fue el último contacto que tuvo con Carlos Fuentealba el 4 de abril pasado, poco antes de que le dispararan a la cabeza.

Grant relata que ese día a las 6 y media de la mañana había conocido a Fuentealba y juntos viajaron hacia Arroyito para reclamar allí tal cual lo había decidido la asamblea de ATEN. Había salido temprano en su auto con su amiga, la docente y periodista Natalia Cantero. Fuentealba esperaba transporte en el semáforo de Godoy y ruta 22, acompañado de Rosana Campos, una docente amiga.
"Yo lo tenía de vista pero nunca había hablado con él", dice Cantero sobre Fuentealba.
Grant recuerda cómo se presentó: "Soy Carlos, docente de la Cuenca XV".
"Esas cosas que pasan, pegamos onda enseguida, qué se yo, tuvimos sintonía... A todos nos pasó lo mismo", dice Grant.
Habían avanzado apenas el primer tramo cuando se toparon con dos camionetas trafic del grupo especial de Policía. Fue a la altura del aeropuerto. Se detuvieron. Natalia prendió su cámara filmadora y también sacó algunas fotos. Hubo nerviosismo pero también comentarios que intentaron distender la situación. Siguieron. Pararon unos metros más allá del aeropuerto, en la estación de servicio YPF donde cargaron combustible. Tomaron mates amargos cebados por Rosana y en el camino hubo coincidencias.
"Ninguno de quienes estábamos en el auto votamos por el corte. No estábamos de acuerdo con la medida, pero fue votada y sabíamos que teníamos que ir y queríamos llegar primero. Carlos opinó que tendríamos que haber salido la noche anterior", reconstruye Cantero, quien lo mismo que su padre y su abuela es militante de la Asamblea Por los Derechos Humanos (APDH).
Fuentealba llevaba una campera muy vistosa, tenía la barba crecida y en sus manos llevaba un pañuelo negro con arabescos.
Durante el viaje le envió mensajes de texto a su esposa Sandra quien permaneció en su casa de Gran Neuquén con sus dos hijas.
Cantero dice que había una carga importante de adrenalina dentro del auto pero "yo me sentía segura por estar con Colen y porque tuvimos muy buena onda con los otros compañeros".
El sol les mostró una de las mejores caras del otoño valletano pero, aseguran los testigos, había algo raro en el ambiente y un ejército de policías en el camino y la ruta.
"Apenas nos habíamos acomodado llegó la primera gaseada, fue terrible, una cosa que nunca había visto en otras represiones. Tiraban al cuerpo con todo lo que tenían", recuerda Cantero.
Hubo tres brutales descargas de gases lacrimógenos: "Las maestras corrían y caían, y los policías las saltaban, gritando cosas. Carlos fue levantando a las maestras y buscándoles lugar porque las trafic se había ido a Senillosa".

Desde la estación de servicio de Arroyito hicieron postas con el auto, subieron a otra gente. Avanzaban y se detenían. "Yo lo llamaba a este chico, sentía una sensación rara. A tal punto que una de las chicas que dijo que lo cuidaba como si fuera mi hijo", dice Grant. En la última posta, Fuentealba decidió quedarse: "Hay muchas compañeras atrás", dijo. Creen que fue alrededor de las 10 de la mañana. Arroyito era una infierno.
Carlos pudo ser soldado
en tiempos de independencia
alistando las defensas
contra invasiones inglesas
peleando a tropas de España
por corazón y vergüenza
ser oficial de Facundo
guía del Chacho o Varela
obrero en lago Argentino
o reprimido en Vasena
o combatiendo uniformes
que del pueblo ya no eran
hundido en celdas puntuales
que a secar el alma llegan
en Trelew dando su sangre
o a treinta mil su existencia
pudo también ser maestro
que es ser soldado y obrero
limpio, entero, digno y puro
faro de luz y conciencia.
Por Alejandro Flynn

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