A mediados del siglo XIX, Elizabeth Gregory, madre del capitán de un barco de transporte de especias, usó la canela y la nuez moscada que le proporcionó su hijo, además de piel de limón, para crear un bollo frito al que le puso en medio –la parte que no se acababa de cocer– nueces y avellanas. Así aguantaba largas travesías sin estropearse, y de ahí su nombre: dough significa ‘masa’, y nut, ‘fruto seco’ o ‘nuez’.
Según la versión popular, en 1847, el vástago de la señora Gregory, Hanson, le puso el agujero a las donas al clavarlo en uno de los radios del timón de su navío durante una tormenta, ya que necesitaba usar las dos manos. En una entrevista posterior, el marinero explicó que había creado el primer donut “al hundir un pimentero en su centro”, lo que solucionaba el problema de la falta de cocción en ese punto.