La religión Católica, como muchas otras, enseña que tenemos que ser buenos, desechando el mal, para poder alcanzar el reino de los cielos. En lo moral, en lo personal y en lo social se considera que ser buenos es la misión principal de los católicos. Pero… con la nueva mirada que la madurez de la evolución aporta, no se puede caer en el engaño de creer que ‘basta’ con hacer el bien evitando el mal. No existen conceptos más relativos y variables que los del bien y los del mal. Puede ser peligrosa la búsqueda del sendero del bien, por qué ¿qué es el bien, qué es el mal? Robin Hood hacía el bien (‘su’ bien) robándoles a los ricos para darles a los pobres. Para los ricos, a quienes les quitaba, ‘ese’ debía ser un mal comportamiento. Pero Robin Hood estaba haciendo lo que él consideraba bueno. Para Osama no existe ‘mejor obra’ que tumbar las Torres Gemelas: hizo lo correcto, lo que sus creencias consideraban ‘bueno’. Para muchos otros en el mundo, el 11 de septiembre es un día nefasto en la historia de la humanidad. ¿Bien y mal? Depende de la óptica como se interprete. Lo que se califica como comportamiento bueno o comportamiento malo terminan siendo actitudes cambiantes de acuerdo a la época, a la moral, a las circunstancias y a las creencias. ¿Cómo entonces construir un camino, desde cualquier creencia religiosa, que nos lleve al reino de los cielos? Lo que se espera que venimos a hacer aquí en la tierra, en nuestro proceso de aprendizaje (y que no cambia) es aprender a amar. “El alcance que tiene nuestra capacidad de amar -predicó Jesús- es el único patrón a través del cual Dios mide nuestro progreso espiritual”. Dicho de otro modo, “hacer a los demás lo que quisieras que os hagan a vosotros”. O el trillado mandamiento poco vivenciado de “amar a tu prójimo como a ti mismo”. Entonces, cualquier individuo de la especie, independientemente de su comportamiento, o de lo que yo pueda considerar ‘la maldad de su corazón’, debe recibir un trato amoroso de parte de quien quiera caminar hacia el reino de los cielos. Trato amoroso no significa que si existe un hecho humano censurable no deba pagar humanamente por su falta. Pero de allí a llenarme de odio, a desear que ‘se lo coman vivo’, a desearle todos los males del planeta, he allí la contradicción rampante para alcanzar el reino de los cielos. Como Dios es todo y está en todo y todo el mundo es divino y vivimos en Él, cualquier cosa que hagamos a los demás se la hacemos también a Dios, a Cristo y a nosotros mismos. No existen los demás. Por tanto, cualquier cosa que hacemos a los supuestos demás, necesariamente recaerá en uno mismo. ¿Bueno o malo? No interesa la interpretación del hecho o del comportamiento. La actitud debe ser ‘amarlo’, porque ese es nuestro aprendizaje espiritual. El bien y el mal existen para la mente dualista, para la que juzga, la que aprendió de las creencias que lo bueno es lo que se parece a lo que cada quien cree y que el mal lo que se diferencie de aquello en lo que creemos. Sí, hay que cambiar la mentalidad frente a las creencias religiosas que nos educaron con miedo y castigos. Quien necesite seguir creyendo en ellas está en todo su derecho… sólo que es necesario evolucionar, porque buscar la salvación en la ley, haciendo lo bueno y evitando lo malo, es quedarse atrapado para siempre en el dualismo y alejarse del reino de los cielos. Que, en definitiva, es la paz del corazón…