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La claridad de las Tinieblas y la perplejidad de la Luz

Por Luciano Gagliardo
Nosotros como Seres humanos tendemos a renegar de nuestro aspecto oscuro, de nuestras tinieblas, vemos en la oscuridad el estancamiento, la muerte, se podría decir que lejos de vislumbrar en nuestras tinieblas algo que nos sirva, lo vemos como algo absolutamente fútil.

Creemos que justamente por esta visión que seguimos manifestando de lo oscuro, es que todavía no comprendemos profundamente.

Al contemplar nuestras vidas desde una perspectiva objetiva, no podemos evitar discernir que todo crecimiento y desarrollo personal en nosotros, deviene significativamente de los momentos de oscuridad.

¿Por qué decimos esto?
Simplemente porque vislumbramos que en los momentos de crisis vitales, en los momentos de crisis existenciales, en los momentos en donde ya no podemos escapar de lo que nos pasa, en esos momentos de tremenda y desgarrante oscuridad, es justamente donde deviene nuestra iluminación, entendiendo por iluminación a la claridad que nos permite encontrar respuestas y soluciones a nuestras crisis.
Entonces, lejos de Ser fútil la oscuridad, ¿Es necesaria?
Pues claro que es necesaria!!! Nuestras tinieblas son sumamente necesarias, porque desde allí es de donde renacemos, siempre es necesario el instante en el que morimos, el momento del ocaso de lo que estamos siendo, el instante en el que destruimos el viejo Ser, para luego poder renacer a un nuevo Ser mas evolucionado y maduro que el anterior, y justamente esto es lo que nos ocurre una y otra vez luego de cada crisis vital.

Podemos afirmar entonces que la oscuridad tiene su sentido y significado específico, la oscuridad no sólo nos marca la necesidad de muerte y resurrección, es decir, la necesidad de cambio, de adaptación, sino que también y fundamentalmente la oscuridad nos impone la activación de nuestra atención, la oscuridad nos impone la activación de nuestro contemplador, pues sólo desde esta activación podemos poner luz y cambio a lo que nos sucede.

Desde esta perspectiva bendecimos los momentos de oscuridad y tinieblas en nuestras vidas, desde esta perspectiva realmente podemos ver a Dios en lo oscuro, podemos ver a Dios en lo malo, en lo negativo, simplemente porque desde este lugar vemos que lo oscuro nos acerca lo más íntimamente posible a nuestra posibilidad (valga la redundancia) de cambio.

En la luz y la claridad vemos, pero en nuestra visión, al haber tanta luz y claridad, dejamos de ver “el ahora”, dejamos de Ser en el ahora, llevamos nuestra atención a otros lugares dejando de registrar nuestro momento evolutivo, cuando nos ocurre esto, evidentemente llegan a nosotros los momento de oscuridad, los cuales generan una ausencia tal de luz, que no nos queda otra alternativa que volver al “ahora”, a lo que vivo ahora, lo que me pasa ahora y lo que aprendo ahora.
La oscuridad nos conecta con la experiencia inmediata de nuestras vidas y nos permite contemplarla, nos impone contemplarla para aprender de ella.
Para concluir y clarificar en mayor medida lo que venimos discerniendo es que daremos un ejemplo que nos permite acrecentar nuestra comprensión.

Ejemplos: -Nos imaginemos conduciendo en un automóvil por una ruta al mediodía, cuando nosotros conducimos en plena luz del día nos permitimos Ser más desatentos, nos permitimos ver el paisaje, nos permitimos ir a mayor velocidad, nos permitimos Ser imprudentes, nos permitimos retirar la vista del camino y nos permitimos ver más allá de lo estrictamente necesario para conducir.
Comprendiendo la analogía podemos vislumbrar que en la claridad de la luz, nos permitimos ciertas situaciones que nos distraen de nuestro camino y la percepción de lo que debo vislumbrar en lo inmediato para continuar mi senda. Evidentemente cuando nos sucede esto, en nuestras vidas deviene la noche en nosotros.
-Nos imaginemos ahora al devenir la oscuridad, conduciendo el mismo automóvil por una ruta en plena oscuridad y con una neblina importante. Evidentemente cuando conducimos en plena oscuridad, obligadamente debemos estar atentos, ni se nos pasa por la cabeza intentar ver el paisaje, vamos a una velocidad moderada sin escatimar en bajarla por cualquier circunstancia, somos extremadamente prudentes, sostenemos la visión en el camino estrictamente y sólo vislumbramos lo que podemos ver a través de la iluminación de los faros del automóvil.

Comprendiendo la analogía podemos vislumbrar que en la oscuridad de la noche, se nos hace necesario contemplar sólo lo inmediato, que me permita, paso a paso, seguir en mi senda.
A través de estos ejemplos dejamos en claro cuál es nuestro punto con respecto a la luz y la oscuridad, afirmando que en la claridad puedo dejar de ver y desde allí devienen las tinieblas, y en la oscuridad ciega no nos queda otra alternativa que contemplar la luz.

Extraído del libro: “LA EXPERIENCIA CONTEMPLATIVA”
Autor: “LUCIANO GAGLIARDO”
E-mail: [email protected]



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