
El coraje para luchar de una madre sin hogar
De pie en la cima de la escalera, con los puños apretados, el asustado niño de 8 años de edad, gritó: “¡Te odio mamá! ¡Te odio! ¡No me toques!” Mientras ella luchaba ansiosamente para controlarlo, él siguió aumentando la intensidad y la fuerza para alejarla. “¡No!”, gritó el niño, “¡dije aléjate de mí!” Ninguno de los dos se dio cuenta de que estaban sintiendo el mismo dolor.
Confundido acerca de sus sentimientos, y mucho menos sin saber cómo explicar el vacío y la tristeza que él también estaba sintiendo, empujó con toda su agonía, rabia y miedo con un último grito: “¡No me lastimes más!” Parecía que el mundo cayó por debajo de sus pies. En la lucha y el esfuerzo, ella perdió el equilibrio y cayó por las escaleras hasta tocar fondo con lo que parecía… su vida. Abrumado, confundido y asustado, el pequeño niño se quedó paralizado en la parte superior de la escalera mientras veía a su madre tendida en el piso del sótano.
Ella estaba apenas en sus 20′s, y mientras estaba allí golpeada y llorando de dolor en silencio, sintiéndose como un fracaso, vio a la muerte como algo mucho más fácil que la vida.
Un año antes, en medio de la noche, la madre de los niños había llegado de prisa rumbo a su dormitorio en silencio, suplicándoles que despertaran de su sueño. Desorientados y cansados, se les dijo que empacaran rápidamente los pocos juguetes y ropa que pudieran encontrar y los presionó a vestirse antes de que salieran corriendo hacia el taxi que los esperaba a medianoche. Su padre había caído por fin dormido en la habitación de al lado después de un largo día de trabajo y una larga noche de peleas y discusiones. Había estado llegando tarde a casa todas las noches durante meses, y estaba empezando a repercutir en toda la familia.
El padre había tenido que trabajar en dos empleos para mantener la comida en la mesa y un techo sobre sus cabezas como el principal proveedor de la familia. Por otro lado, su mujer, sintiéndose sola e ignorada, sólo quería algún tipo de relación con su marido después de estar en la casa todo el día sola con los niños. Estaba aburrida y solitaria y le rogó mediante quejas que la hiciera sentir como si fuera “alguien” y que ella le importaba. Asimismo, él estaba más que agotado emocional y físicamente al final del día y lo único que quería era aprecio por su trabajo y la libertad para descansar, pensar y preocuparse por sí mismo, como hombre, para poder recobrarse y ser “alguien “para ella”.
Ninguno de los dos siquiera sabía o entendía el dolor que el otro sentía. A pesar de que en el fondo, los dos querían ser amados, cuidados y apreciados por el otro, lo único que sabían era que la otra persona “no entendía”. La lucha se había hecho demasiado frecuente y el dolor había ido más allá de hacer a la otra persona miserable. Había llegado al punto de herirlos tanto emocional como físicamente. Así que esa misma noche la madre tomó una decisión que cambiaría la vida de todos para siempre.
En cuestión de segundos, los dos niños de entre 7 y 4 años fueron puestos en el asiento trasero del taxi, sentados entre los montones de bolsas de basura y cajas pequeñas llenas de ropa, algunos juguetes y toda la comida que ella pudo reunir. Hacía mucho frío esa noche de invierno y las únicas cosas que los mantenían calientes del hiriente frío eran unas cuantas mantas viejas y almohadas, los últimos artículos del lugar que alguna vez llamaron “hogar”. Mientras que la madre se precipitaba hacia el asiento delantero, luchando por mantener el equilibrio con todas las cosas que había tomado en el último momento, el hijo mayor le preguntó:
“Mamá, ¿qué pasa, a dónde vamos?”
Antes de que pudiera ordenar sus pensamientos para dar una respuesta, de repente se oyó el ruido sordo de la puerta principal de la casa, los dos niños se levantaron de sus asientos y voltearon para ver a su padre correr bajo la lluvia, gritando,
“¡ALTO! … ¡POR FAVOR! ¡No te lleves a nuestros hijos!”
La madre, buscando violentamente en su bolso en busca de dinero, con su última onza de energía, de repente le gritó al conductor del taxi,
“¡Vámonos! ¡Vámonos! ‘
En ese momento, mientras eran empujados de vuelta a sus asientos, la vida de los niños fue marcada para siempre. En esa última fracción de segundo, fueron testigos de algo que nunca creyeron posible. Ellos vieron a su orgulloso y fuerte padre, el único hombre que se suponía que debía protegerlos, amarlos y guiarlos, en frente de la casa, de rodillas, llorando en medio de la tupida y gélida lluvia de noviembre. Esa noche, todos sintieron que se les había arrancado el amor de manera injusta.
“A pesar de lo que aparenten en el exterior, la mayoría de los hombres viven para hacer a sus mujeres felices. Si sienten que “fracasan” al hacerlo, van a escapar e ir a donde ellos sienten que pueden lograr algo y tener éxito, amigos, trabajo, o hacer dinero “- Erik Kikuchi
¿Cómo una madre de 25 años de edad, sin educación real, sin dinero, sin el apoyo de su esposo, familia o amigos, puede ser capaz de cuidar a dos niños pequeños? ¿Cómo podía realmente responder, mentalmente y emocionalmente a las constantes preguntas de por qué se habían ido de casa y por qué no podían ver a su padre? ¿Tenía ella el derecho de irse? ¿Estaba bien que él los dejara irse? Los años que siguieron fueron más de lo que cualquier madre soltera, padre separado o niños asustados deberían haber tenido que enfrentar.
Todo lo que podía haber sucedido, sucedió. De ocultarse en refugios para mujeres maltratadas, a vivir en parques, moteles, casas de traficantes de drogas, hogares de asistencia pública y centros para niños. Los tres, la madre y sus 2 hijos, enfrentarían todo esto y mucho más en los traidores años que seguían. No sólo verían, sentirían y experimentarían la falta de vivienda, el abandono y el divorcio, sino que pronto conocerían acerca de la pobreza extrema, de robar para sobrevivir, del aborto, el racismo, el abuso sexual, la atención psiquiátrica, la violación, la hospitalización, las drogas y la prostitución, por nombrar algunos.
“Algunas mujeres se casarán con un hombre bueno, donde la intimidad no es una prioridad, porque piensan que obtendrán el verdadero amor y el aprecio de sus hijos. El problema es que con el tiempo los niños crecen y se van” – Erik Kikuchi
“Mi vida es mi mensaje.” – Gandhi
A todos se nos trajo a este mundo por una razón, incluso si hemos nacido en la pobreza, la violencia o el abandono. ¿Por qué? Porque nos da razones más grandes y el potencial para abrirnos paso y ayudar a otros en el camino. Nunca sabemos por completo lo que necesitamos o nos sentimos realizados por las experiencias o éxito de alguien más. Tenemos que andar nuestro propio camino, usar nuestras propias manos y aprovechar nuestro pasado como una enseñanza.
Puedo decir esto de primera mano, porque ese niño que fue llevado de prisa, llorando, en el frío y confundido en la parte de atrás del taxi hace 30 años era yo. Sin importar lo doloroso que fue mi pasado, a pesar de las cosas notables, oscuras o dolorosas que he experimentado y presencié durante mi crecimiento, al final, yo sabía que mi madre me amaba. Ambos aprendimos después de lograrlo a través de todas esas dificultades, que nuestros niveles de enojo eran iguales al nivel de dolor y pérdida. Para sanar, son necesarios el amor y la esperanza, no la fuerza.
Si hay una cosa que tengo que compartir con ustedes ahora, es que a través de mis experiencias de vida y mi trabajo, he aprendido que se le puede dar todo a un niño o a una persona, comida, vivienda, educación, dinero e incluso la mejor atención médica, pero nada de esto se compara con el sentimiento de realmente ser amado y de ser “alguien” digno de amor. Y, si un niño no se siente querido, o digno de ser amado, entonces es hora de que alguien de el paso y ame a ese niño de nuevo y lo vea con nuevos ojos como un regalo, un niño que puede y hará grandes cosas para otros en el futuro. La elección de hacer esto plantará las semillas en estos preciosos corazones y mentes para que puedan continuar por la vida haciendo del mundo un lugar más amoroso y honesto para vivir, crecer y compartir. Mis amigos, mientras leen esto, empezarán a obtener una mayor comprensión de que la curación no se inicia con el control, no se inicia con soluciones, análisis o médicos y que sin duda no se inicia con más problemas o culpa. Empieza, sin embargo, con ustedes … y con amor.
“Finalmente llegarán a comprender que el amor
lo cura todo, y el amor es todo lo que hay.”
– Gary Zukav
Independientemente de sus decisiones anteriores, el pasado no tiene por qué determinar su futuro. Con esperanza, amor y honestidad hacia ustedes mismos y los demás, todos nuestros futuros serán aún más brillantes. Cada vez que veo niños pobres o abandonados, me veo a mí mismo de pequeño, además del gran potencial que yace en su interior. La pobreza de la mente, las finanzas y el corazón es temporal, y debemos recordarnos a nosotros mismos y a otros sobre esto más a menudo.
Si usted es una madre o un padre a punto de tomar una decisión que afecte a alguien más que a usted, es importante saber que en medio de toda la confusión, el dolor, el enojo, y el sufrimiento, siempre que sus hijos sepan que usted los ama, ellos aprenderán a amar y sanar también. Enséñenles a través de sus acciones y palabras, la diferencia entre lo que está bien y lo que está mal y ellos guiarán el camino a través del miedo.
Nutran sus mentes y corazones con esperanza y no con bloqueos de carretera y se abrirán paso. Y por último, siempre y cuando ustedes sobrevivan, como ya lo hicieron en el pasado, sus hijos sobrevivirán también.
Dedicado a mi madre, quien, a través de los momentos difíciles y duros, nos dio regalos que ni el dinero, ni las riquezas hubieran podido comprar.
Erik Kikuchi
Fundador y Presidente de Culmen
Emprendedores por una Latinoamérica Ética
www.erikkikuchi.com