La negación como mecanismo de defensa.


La psicología explica que "la negación consiste en la invalidación de una parte de información desagradable o no deseada y en vivir la propia vida como si aquella no existiera. Es un mecanismo de defensa que los psicoanalistas relacionan fundamentalmente con la depresión, pero es apreciable en otras patologías, la ansiedad entre ellas, y aún en la vida cotidiana. Aunque, no siempre responde a una patología, y a veces es simplemente un mecanismo de defensa conciente."
El tema es cómo analizar si algo es verdadero o falso, es decir, si lo estoy negando como real o si puedo aceptarlo.
El doctor Carl Alasko, autor del libro "Emotional bullshit" ("Tonterías emocionales" explica que "es una simplificación excesiva de creer que algo es verdadero o falso. ¿Por qué? Debido a que los seres humanos experimentan una variedad de emociones poderosas y complejas, tales como el deseo, la codicia, el orgullo, la venganza, la necesidad de estatus, la vergüenza, la humillación, etcétera. Estas emociones ejercen una fuerte influencia sobre la capacidad de una persona para interpretar los hechos. Ahora, nuestro progreso como sociedad global se basa en nuestra aprender a controlar estas emociones y tomar decisiones basadas en hechos.
Sin embargo, basado en los hechos la toma de decisiones no ha avanzado tanto en nuestra sociedad como lo merece, porque muchas de las decisiones se ven abrumados por las emociones. Si añadimos otras dinámicas psicológicas como la ideología (que sustituye a la creencia de los hechos), la inercia (cambio exige mucha energía), el momento (el deseo de querer obstáculos de nuestro camino), la impulsividad (¡querer ahora!) y la terquedad (nadie lo hará cambiar de opinión), fácilmente podemos relegar hechos a un rincón detrás de varias piezas de mobiliario mental pesado."
Un ejemplo común de negación, dice Alasko, es cómo gastamos nuestro dinero, ya que el deseo, la codicia y la necesidad prevalecen sobre las consideraciones racionales. La justificación para hacer gastos que racionalmente sabemos que no podemos hacer se ejerce con la negación: se la da espacio a todo lo emocional y se deshecha lo racional.
"Negar los hechos permite mantenerse en movimiento en lugar de detenerse y enfrentar las restricciones dolorosas y las demandas de la realidad -escribe Alasko-. Pero hay un hecho inmutable acerca de la negación: no funciona a largo plazo. La realidad siempre gana. Y cuando lo hace, el siguiente paso en el proceso es la culpa, que traslada la responsabilidad a alguien o algo más. 'Sólo lo hice por tu culpa. Si no, no habría hecho esto'. Entonces, dónde hubo negación la culpa estará siempre disponible para aliviar el dolor cuando la realidad muerde."
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