Trampa para Lauchas
Introducción:
En casa apareció una laucha; gran conmoción. Dado que mi hija suele quedarse dibujando hasta altas horas ya que está de vacaciones, observó la presencia de al menos una laucha.
El roedor entraba por el garaje, que no es hermético; pasaba por debajo de la puerta y se dirigía a la cocina a entrarle a la comida del perro.
Entonces presionado por mi mujer, puse alguna trampera, pero no me agradaba de idea de matar al pequeño animalito. Días más tarde, el bicho se comía el cebo pero no disparaba la trampa o la disparaba pero no era atrapada.
Solucioné el espacio de la puerta del garaje, para evitar que entren sabiendo que como no hay nada interesante allí, desistirían de entrar. Pero con el calor, siempre queda algo abierto y colaban de nuevo a la cocina.
Mi mujer se hinchó la bolas y puso veneno. Hace 2 noches, mi hija me despierta llorando: “Papá, hay una ratita escupiendo sangre en la cocina…” bajé a ocuparme del desdichado mamífero y decidí solucionarlo de otra forma.
Solución:
Me puse a fabricar una trampa, muy simple con una botella de Cepita.
Busqué aproximadamente el centro de gravedad de la botella, y la perforé calentando un clavo.
Con unas maderas de Pallets me fabrique un marquito que la contenga.
Agujereé las maderas para que pase el alambre, que usé; bastante grueso para que sirve de eje.
Luego le clavé un par de recortes abajo para darle un poco mas de altura y conservar la distancia entre las tablas.
Le puse un micro-pitón que tenía para enhebrar el alambre y que no se salga. La idea es simple, queda el agujero expuesto, el ratón entra a comer, y al querer salir, su peso hace que la botella baje y se tape la salida. Le puse un par de trocitos del perro y lo dejé en el garaje.
Al otro día, teníamos un comensal. Sacamos el alambre, pusimos la tapa y ratón envasado.
Minutos más tarde, llevamos a la lauchita a la vía y la liberamos. Llegamos a casa y armamos la trampa de nuevo. Mi hija re feliz.
Introducción:
En casa apareció una laucha; gran conmoción. Dado que mi hija suele quedarse dibujando hasta altas horas ya que está de vacaciones, observó la presencia de al menos una laucha.
El roedor entraba por el garaje, que no es hermético; pasaba por debajo de la puerta y se dirigía a la cocina a entrarle a la comida del perro.
Entonces presionado por mi mujer, puse alguna trampera, pero no me agradaba de idea de matar al pequeño animalito. Días más tarde, el bicho se comía el cebo pero no disparaba la trampa o la disparaba pero no era atrapada.
Solucioné el espacio de la puerta del garaje, para evitar que entren sabiendo que como no hay nada interesante allí, desistirían de entrar. Pero con el calor, siempre queda algo abierto y colaban de nuevo a la cocina.
Mi mujer se hinchó la bolas y puso veneno. Hace 2 noches, mi hija me despierta llorando: “Papá, hay una ratita escupiendo sangre en la cocina…” bajé a ocuparme del desdichado mamífero y decidí solucionarlo de otra forma.
Solución:
Me puse a fabricar una trampa, muy simple con una botella de Cepita.
Busqué aproximadamente el centro de gravedad de la botella, y la perforé calentando un clavo.
Con unas maderas de Pallets me fabrique un marquito que la contenga.
Agujereé las maderas para que pase el alambre, que usé; bastante grueso para que sirve de eje.
Luego le clavé un par de recortes abajo para darle un poco mas de altura y conservar la distancia entre las tablas.
Le puse un micro-pitón que tenía para enhebrar el alambre y que no se salga. La idea es simple, queda el agujero expuesto, el ratón entra a comer, y al querer salir, su peso hace que la botella baje y se tape la salida. Le puse un par de trocitos del perro y lo dejé en el garaje.
Al otro día, teníamos un comensal. Sacamos el alambre, pusimos la tapa y ratón envasado.
Minutos más tarde, llevamos a la lauchita a la vía y la liberamos. Llegamos a casa y armamos la trampa de nuevo. Mi hija re feliz.