Abogado, escritor, fanático leproso, ex montonero, funcionario de los gobiernos de Menem, de la Rúa y Kirchner, guitarrista y poeta. Rafael Antonio Bielsa es autor de libros de poesía, ensayos y hasta uno de fútbol y fue Ministro de Relaciones Exteriores dela Nación y Diputado Nacional durante el gobierno de Néstor Kirchner. Es atento, caballero, charla distendidamente con una sonrisa y no le esquiva a ningún tema. Sin embargo al mencionar su “entredicho” de la semana pasada con su antiguo compañero de armas, José Abal Medina, cuando se cruzaron en el buffet del Hotel Marriot Plaza y se insultaron mutuamente, su cara se pone roja y los ojos parece que fueran a salírsele. Ahí levanta un poco la voz para hacer saber que ese tema le molesta y dice que no permite ni acepta que nadie le falte el respeto, sea quien sea. Si se siente agraviado por algún comentario público, insiste en el derecho a réplica. Si lo lee en una nota, responde por ese mismo medio y si va caminando por la calle y alguien hace un comentario por lo bajo, vuelve sobre sus pasos y le pregunta, casi amenazante “¿te pasa algo conmigo?”. Dice que no es violento pero se enoja mucho cuando alguien lo agravia y no duda en defenderse de cualquier modo posible. Su relación con la política comenzó durante sus estudios de abogacía en la Universidad de Rosario, cuando empezó a militar en la Juventud Universitaria Peronista. Fue detenido y torturado por la dictadura militar en 1977 y pasó dos meses en el centro de detención ilegal conocido como “El castillo”. Una vez liberado se exilió en España y tras su regreso, en 1980, comenzó a trabajar en la Comisión de Ordenamiento Legislativo del Poder Ejecutivo Nacional, curiosamente, bajo las directivas de sus antiguos torturadores. Después pasó al Ministerio de Justicia de la Nación y hasta la llegada de la democracia, en 1983, desempeñó diferentes cargos en los tres poderes. Bielsa cuenta que en sus épocas de juventud y militancia era mejor persona que ahora. Era más generoso, arrojado, romántico, crédulo, todos valores que para él definen a una buena persona. Con los años se volvió más escéptico, más desconfiado, todas las virtudes propias de la juventud se fueron perdiendo. Dice que le encanta ver a su hijo mayor, de 16 años, con el ímpetu propio de la adolescencia, época en la que creen que pueden cambiar el mundo con solo desearlo. Recuerda con melancolía los ideales que sostenía, la intención de participar en la creación de un país más justo, una educación inclusiva, una salud para todos, el achicamiento de la brecha entre ricos y pobres y siente que siguen estando vigentes, pero hace la aclaración de que si bien valora estas cosas, no reivindica la violencia con la cual actuaron para tratar de lograrlas. Esta violencia era moneda de cambio para la época, partiera del Estado o de los movimientos de cambio, pero en ese momento estaban escribiendo la historia y era el único lenguaje para entender y hacerse entender. Cuando menciona la época de su detención es imposible no sentir escalofríos pensando en ese momento y ante la pregunta responde muy sereno sabiendo que lo que vivió ya no se va a repetir. Agradece a Dios haber sobrevivido a la detención y a las torturas, y dice: “salí mejor de lo que entré”. Sostiene que esa experiencia le permitió probar sus propios límites pudiendo soportar las torturas a las que día a día lo sometieron y resistió sin delatar a nadie. Aunque no deja de aclarar que siente culpa por haber podido sobrevivir cuando tantos otros tan capaces y valientes no pudieron. Nació en Rosario, representó al país durante su gestión como Canciller, luego fue electo Diputado por la Ciudad de Buenos Aires y el año pasado se postuló a candidato a Gobernador de Santa Fe, pero perdió contra Binner. Cuando se le pregunta por estas y todas las demás funciones que ocupó, de distinta relevancia y en los diferentes gobiernos democráticos, responde convencido que ejerció todas estas funciones con absoluta certeza de que estaba haciendo lo correcto. Y aclara: “cuando por alguna razón perdía la certeza, me iba. Porque no puedo ejercer ninguna función con exposición pública sin tener la absoluta convicción de saber lo que estoy haciendo, aún cuando las condiciones sean absolutamente adversas”. Y recuerda que cuando empezó a trabajar con el ex presidente Néstor Kirchner en mayo de 2002, el entonces gobernador de la provincia de Santa Cruz tenía solamente el 1,56 por ciento de intención de voto. Y afirma: “no fue una apuesta a un triunfo electoral, fue una adhesión a un programa”. Cuando fue electo Diputado por la Capital Federal por el partido Frente para la Victoria en 2005, horas antes de que comenzara la sesión en la cual debía asumir su nuevo cargo, anunció su renuncia. Declaró que había aceptado el ofrecimiento del entonces presidente Kirchner para ser embajador en Francia. Esta actitud fue muy criticada por la sociedad. Bielsa dice que cuando le fue ofrecido el cargo sintió que era su deber aceptarlo, aún en contra de la opinión de todo el mundo, incluida su familia. No pasaron veinticuatro horas y la reacción de la gente en la calle lo hizo recapacitar. Sintió que había defraudado a la gente que lo había votado y había confiado en él. Entonces le anunció al Presidente que rechazaba el ofrecimiento del Presidente y asumiría como Diputado. Sin embargo aprovecha la mención del tema para comentar que “los medios, en lugar de decir: estamos ante una crisis moral de un hombre que tuvo la actitud de reconocer que se equivocó y renunció a ser embajador en Francia se ocupó de decir que había traicionado a quienes lo habían votado”. Su infancia en Rosario fue en el barrio del Mercado de Abasto, donde se jugaba a la pelota en la calle o en los “huecos”, como llamaban a los terrenos baldíos en esa época. Durante la semana, con su hermano Marcelo, apodado “el loco”, iban a la escuela durante la mañana y pasaban las tardes jugando al fútbol. Los fines de semana iban de visita a la casa de su abuelo, el jurista Rafael Bielsa, hombre al que le atribuye una “sabiduría oceánica” y que les inculcó el amor por los libros a los dos hermanos. “Atorrantes durante la semana e intelectuales los sábados y domingos” es la definición que hace de su infancia con su hermano, actual director técnico de la selección de fútbol de Chile y compañero de andanzas en la infancia y de eternas discusiones literarias y futbolísticas en su vida de adultos. ¿Cómo se define?, ¿es político, escritor, abogado?. Para sus hijos él es lo que ellos quieren que sea. Al mayor, que no le gustan los libros y según él “no lee ni los boletos de colectivo”, es el padre con el que comparte el gimnasio y discusiones sobre fútbol, y que muy a pesar de él es hincha de Racing, rompiendo la tradición familiar. Al del medio, un poco más inclinado por su costado intelectual, le gusta charlar sobre literatura, y con el menor, de sólo cuatro meses, ya se verá qué faceta de su padre le atrae más y será ésta con la cual se identifique mejor. Va por la vida sin desprenderse de su libreta Moleskine, la misma que usaban Ernest Hemingway, Chatwin y Picasso. En ella anota de todo: un número de teléfono de un colega, un dato acerca de un cliente, una frase que leyó o escuchó y quiere para sí o pensamientos varios. Al verla, llena de garabatos, frases y números, todo sin conexión aparente, uno siente que entiende un poco más a este personaje tan particular y multifacético. El mismo que declara, en la comodidad de su despacho de la zona de Retiro: “yo me siento igual de cómodo almorzando en el Palacio Imperial con Hu Jintao (Presidente de China) o en la popular de Chacarita”. Texto por Verónica Apro Fuente: http://www.urbanblog.com.ar/?p=56 Ilustración: Hermenegildo Savat (diario Clarín)
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