InicioSalud BienestarCondicionamientos cotidianos..
Se han dado cuenta los condicionamientos cotidianos....
solamente tomen conciencia de algunos actos y se van a dar cuenta de muchas cosas, por ejemplo el valor real del dinero
un ej: voy al supermercado coto por ej. y veo cajeros y empleados condicionados para hacer un buen "trabajo"; tgo un amigo que tiene un minimarket y no tiene forma de controlar a sus empleados para que a veces no falten cosas; en una empresa con el "sistema" si hay condicionamientos, se le paga a uno mas que a otro para que controle que no falte nada;pero en realidad se le paga menos que al verdadero dueño que tendria que estar ahi para controlar. ese encargado tiene la tarea de controlar pero en realidad ve y pasa por sus manos mas de lo que pudiera el ganar en años.
Para explicarlo mejor cito un acertijo unicista

Para qué*
Había una vez un enorme elefante que vivía en un
circo de Sudáfrica, en una importante ciudad cerca de
la selva de la cual había partido. Era feliz con lo que
hacía y uno de sus mayores placeres era sentir el aplau-
so del público cuando terminaba su función.
Después de cada función lo llevaban a su “corral” don-
de quedaba sujeto por una simple cadena que aprisio-
naba una de sus patas a una pequeña estaca clavada
en el suelo. La estaca era sólo un pedazo de madera
apenas enterrado en la tierra. Y, aunque la cadena era
gruesa, era obvio que ese animal podría huir si sola-
mente lo decidiera, ya que la estaca no podría resistir
su fuerza. ¿Por qué no huye si en realidad puede
volver a su selva de origen cuando quiera?.....

Tenía comida y agua. Solamente lo “molestaban” para
actuar en el circo. Los aplausos lo hacían sentir queri-
do por esos seres superiores que se llamaban hombres.
Había llegado al circo desde muy pequeño, donde
había sido amaestrado y en donde le habían colocado
una cadena para que no escapara. Cuando pequeño
muchas veces intentó escapar, pero no pudo, su
fuerza no le alcanzaba. Con el tiempo lo embargó la
impotencia.....

Un día llegó al circo un grupo de pequeños elefantes
para ser amaestrados, ya que el lugar se había conver-
tido en un centro de espectáculos de elefantes.
Todos ellos fueron tratados igual. Se les colocaba la
cadena mientras se los adiestraba. Se los alimentaba
bien, especialmente aquellos que mejor cumplían con
lo que se les decía.....

Uno de ellos era rebelde, jalaba y jalaba de su cadena
para escapar y no lo lograba. El elefante adulto se
acercó al pequeño y le dijo: “¿Para qué tiras de la
cadena si nunca vas a poder escapar? Mira, yo soy
mucho más grande que tú y no puedo hacerlo.”
El pequeño lo miró y se dijo a sí mismo: “Él ha perdido
el concepto de libertad, ya no quiere estar en la selva
y seguir su naturaleza. Prefiere la seguridad de la
comida, el agua y el aplauso de los hombres antes que
la libertad de seguir el camino de su naturaleza.”
“Ese no va a ser mi camino”, pensó el pequeño
elefante. “Todos los días, cuando llegue la noche, voy
a intentar liberarme de la estaca. Quiero volver a la
selva y estar con los míos.”.....

El tiempo pasó. Los años pasaron. Los elefantes jóvenes
ya eran casi adultos. Ya participaban del espectáculo
de circo y la gente los aplaudía a rabiar. Cuando el
espectáculo terminaba los llevaban al corral y los
ataban a sus estacas.
Así transcurrían los días hasta que una noche, el que
fue pequeño jaló nuevamente de su cadena, la estaca
cedió y quedó libre.
Allí comprendió que los demás no jalaban de sus
cadenas porque tenían en su mente el recuerdo de que
cuando eran pequeños no habían podido liberarse.
Estaban fijados a la impotencia que habían sentido
entonces. En compensación recibían comida, agua
y aplausos.....

Nuestro amigo los invitó a escapar. Pero todos le
dijeron que ellos no podían, que él había tenido suerte
porque su estaca había estado fallada. Insistió y sólo
lo insultaron por ello.
Se echó en el suelo para meditar. Ellos no tienen el
concepto de libertad, ya no son elefantes, son animales
de circo.
Con una gran pena en el alma y muchas lágrimas se
alejó de los que fueron sus compañeros por años y
se internó en la selva.....

El primer tiempo fue hambre y sed por doquier, no
sabía obtener su propia comida. Además sentía
desesperación porque los elefantes de la selva no lo
aceptaban. Lo veían con una cadena atada a una de
sus patas, lo que era una prueba de que no era un
elefante sino un animal de circo.
Sobrevivir fue un gran esfuerzo. Tuvo que esperar que
el tiempo actuara para él. El óxido destruyo la cadena.
Fue entonces (cuando ya no parecía un animal de
circo) que volvió a ser miembro de la selva, dispuesto
a pagar con riesgo el precio de la libertad.
Formó familia y tuvo descendencia libre. Compartir con
la manada era la regla de supervivencia y crecimiento.
Protegerse los unos a los otros era la ley.....

Pasó mucho tiempo, pero los elefantes tienen mucha
memoria. Por ello, una noche en que estaba meditan-
do sobre su pasado, recordó que sólo gracias a que no
perdió el concepto de su vida hoy podía estar entre los
suyos. Pero decidió ir a ver a los que fueron sus
compañeros de lo que él denominaba prisión y ellos
llamaban circo.
Se dirigió allí con mucha cautela y de noche. Se acercó
cuando todos los hombres dormían y preguntó a sus
compañeros como estaban.
“Muy bien”, le respondieron.
“Somos felices, comemos, dormimos, nos aplauden
cuando hacemos las cosas bien. ¡Qué más queremos!”.....

Volvió lentamente hacia la selva, para estar con los
suyos, pensando que había dos formas muy diferentes
de ser feliz. Manteniendo su concepto y corriendo los
riesgos que ello implica, o dejando que otros manejen
el concepto de uno, con lo cual se tiene comida, agua y
aplausos asegurados. Cada uno elige, pero sólo puede
hacerlo si “siente que puede”.
Se irguió un poco más y siguió “su” concepto.
...

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