Torpe por naturaleza, dejé hace rato de ser el encargado de llevar los vinos a los distintos eventos sociales, camping, asados familiares y salidas de pesca con mi viejo o amigos.
¿Por qué? Más de una vez se me desfondó una bolsa, perdiendo todo el vino de un solo tirón. Otras veces, doblé medio bruto y no me acordé que tenía las botellas en el baúl: el resultado, el mismo. Hasta llegué a tropezarme, perder el control y romper todo! Ya hace un tiempo que me encargan la picada, o mi sola presencia… Pero no me siento cómodo, porque yo soy arengador y colaborador por excelencia…
El negro, después de nuestro último camping me salvó el pellejo y, sin darse cuenta, me devolvió al estado natural de proveedor de buena bebida a los eventos. Porque claro, eso es lo que me pasaba… nunca llegaba a convencerme el vino que elegían. Entonces volví triunfal, con la solución abajo del brazo y sin que corra peligro alguno.
Descubrí el Wine Dispenser. Cuando el negro lo trajo por primera vez, pensé que iba a ser difícil de conseguir, pero paseando por el súper chino del barrio lo volví a ver, descubrí que había distintas variedades y se me prendió la lamparita. Recuperé mi puesto, casi principal, en los eventos sociales y familiares. Y de paso me compre uno para tener en casa y relajarla cuando llego de laburar. Estoy contento como perro con dos colas… Esto es mucho más fácil que intentar ser un poco menos torpe…
¿Por qué? Más de una vez se me desfondó una bolsa, perdiendo todo el vino de un solo tirón. Otras veces, doblé medio bruto y no me acordé que tenía las botellas en el baúl: el resultado, el mismo. Hasta llegué a tropezarme, perder el control y romper todo! Ya hace un tiempo que me encargan la picada, o mi sola presencia… Pero no me siento cómodo, porque yo soy arengador y colaborador por excelencia…
El negro, después de nuestro último camping me salvó el pellejo y, sin darse cuenta, me devolvió al estado natural de proveedor de buena bebida a los eventos. Porque claro, eso es lo que me pasaba… nunca llegaba a convencerme el vino que elegían. Entonces volví triunfal, con la solución abajo del brazo y sin que corra peligro alguno.
Descubrí el Wine Dispenser. Cuando el negro lo trajo por primera vez, pensé que iba a ser difícil de conseguir, pero paseando por el súper chino del barrio lo volví a ver, descubrí que había distintas variedades y se me prendió la lamparita. Recuperé mi puesto, casi principal, en los eventos sociales y familiares. Y de paso me compre uno para tener en casa y relajarla cuando llego de laburar. Estoy contento como perro con dos colas… Esto es mucho más fácil que intentar ser un poco menos torpe…