
Aunque no existe evidencia científica, la mayoría de los nutricionistas han detectado que comer en familia podría prevenir la obesidad, pues es en ese espacio donde los padres enseñan mejores hábitos alimentarios y, además, “inculcan la importancia del consumo de alimentos nutritivos y en las porciones adecuadas”, según Aída Lebbos, pediatra experta en nutrición y directora de un centro especializado en salud y nutrición para niños.
Inicialmente, los bebés deben interactuar con los alimentos, las texturas, los olores y los sabores. En ese proceso, es probable que tengan modales inadecuados, pero esas experiencias serán necesarias para conocer y establecer criterios para alimentarse sanamente en el futuro.
Expertos en nutrición coinciden en que comer en familia es un hábito saludable que se debe forjar desde los seis meses, momento en que los bebés inician su alimentación complementaria.Así mismo, consideran los expertos consultados que ver a los padres consumir alimentos sanos como frutas, vegetales y cereales hace menos probable que los niños prefieran refrigerios poco saludables. De esta manera, aprenden a ser selectivos con los alimentos, lo cual puede traducirse en un hábito de cuidado para evitar el sobrepeso y la obesidad más adelante.
Cuando nos referimos a cenar en casa, la doctora Lebbos sugiere llevar alimentos nutritivos, preparados con amor y con variados ingredientes, como los fríjoles, las lentejas, los garbanzos; sopas, arroz, puré de papa, vegetales crudos o asados de todos los colores; frutas, carne, pescado, pollo, y lograr combinar nutrientes, texturas, sabores y colores.
La nutricionista Clara Rojas afirma que comer con los padres en la mesa también ayuda a los pequeños a familiarizarse con productos caseros y a reconocer la sazón del hogar.
Un hábito emocional
Para el doctor Juan Fernando Gómez, miembro de la Sociedad Colombiana de Pediatría, “la alimentación es una necesidad primaria que, brindada con afecto y de manera acertada, se constituye en un pilar de la crianza y favorece el desarrollo integral del niño”.
“Sentar al bebé en su silla infantil para comer le permitirá sentirse parte de la familia, crear una interacción con sus parientes más cercanos, lo cual resulta muy diferente a cuando reciben los alimentos en otros lugares como el cuarto, la sala, o en el salón de juegos, donde no se produce el mismo efecto”, asegura Germán Casas, psiquiatra infantil.
Por otra parte, es necesario que en este ejercicio de comer en familia los adultos reconozcan las ondulantes etapas del apetito por las que pasan los niños, indica el doctor Gómez. “Por ejemplo, en el segundo año de vida, la velocidad de crecimiento es menor, al igual que la ingesta de alimentos. Este es un proceso que no debe afectar las relaciones, sino ser un punto de entendimiento”.