Esta combinación de éxtasis y ketamina puede resultar letal. Se compra con facilidad en las fiestas electrónicas y las discos a menos de $ 100.
“En las fiestas electrónicas la mayoría consume algo. Yo mismo de vez en cuando tomo alguna pastilla. Pero sé que puede ser riesgoso si lo combino con alcohol. Muchos creen que no les pasará nada y así terminan”, dice Fernando, de 28 años, que, al igual que otras 50 mil personas, asistió el sábado 23 de febrero al Ultra Music Festival, que se celebró en Costanera Sur y terminó en tragedia: dos jóvenes, de 28 y 30 años, murieron “intoxicados”.
Si bien aún falta la autopsia para determinar qué provocó los fallecimientos, los médicos del hospital Argerich que los atendieron aseguraron la causa de los decesos fue “presunta intoxicación”, y se supone que un cóctel de drogas sintéticas y alcohol habría sido la mezcla fatal.
¿Otra vez la relación entre drogas sintéticas y fiestas electrónicas?
Los especialistas consultados por PERFIL explican que la droga conocida como “éxtasis” está de moda en las discos y es furor la combinación con otras sustancias.
El éxtasis estimula el sistema nervioso, genera aceleración cardíaca y alucinaciones. Cuando se lo combina con el LSD se forma la mezcla bautizada “pasti-peposa”; y cuando la mezcla es con la Ketamina (un anestésico veterinario) se forma la denominada “pastiketa” (ver recuadro).
Según la especialista en adicciones Geraldine Peronace, desde hace dos años aumentó el consumo de estas combinaciones y hoy son lo que más ingieren los jóvenes en las fiestas electrónicas.
“La ‘pastiketa’ produce los efectos del éxtasis que acelera y da una sensación de alegría y, sumada con el ‘vuelo’ que da la ketamina, se genera un efecto disociativo.
Es decir, se distorsionan las percepciones visuales y auditivas y producen sentimientos de aislamiento o disociación del espacio”, explica. Y detalla, respecto de la otra combinación: “En la ‘pasti-peposa’ el efecto del LSD refuerza al del éxtasis. Le suma al ‘viaje’ algo psicodélico gracias a los efectos del LSD, es decir, con más delirios y alucinaciones”, detalla Peronace.
El precio de una “pastiketa” o una “peposa” puede variar según la fiesta electrónica, pero ronda entre los $ 80 y 100. Pese a que es obviamente ilegal, dentro y fuera del lugar bailable se pueden comprar.
Peronace dice que los jóvenes no entienden de procesos, creen que todo es ya. “Por eso a veces pregunto ante cuadros de policonsumo ¿por qué tomaste tantas drogas juntas?, y la respuesta es porque me estaba aburriendo. Comprando sustancias creen que se aseguran una felicidad”, sentencia.
Para la toxicóloga del hospital Santojanni, Mónica Nápoli, “los consumidores tienen entre 25 y 35 años y no hay distinción de sexo”.
Yanina, otra consumidora, de 26 años, y asidua a las fiestas electrónicas cuenta su experiencia: “En una fiesta consumo éxtasis para subir, una vez que estoy arriba puedo tomar algo con alcohol para bajar y al rato tomar ketamina y LSD para ‘viajar’ o juntas, según quiera”.
Por qué. Los especialistas coinciden que en los últimos diez años el consumo se incrementa año tras año ya que los jóvenes sienten que ser consumidor les brinda identidad y estatus.
La licenciada en psicología a cargo de los tratamientos de recuperación de adictos de la Fundación Manantiales , Inés Valdez, reconoce que reciben muchos jóvenes que buscan recuperarse de su adicción y explica que trabajan con los pacientes para entender el motivo del consumo.
“Muchos buscan algo nuevo, otros son consumidores porque creyeron que podrían controlarlo al pensar que era algo que sólo harían los fines de semana pero luego terminan consumiendo cualquier día”, puntualizó.
Por Gisela Nicosia
“En las fiestas electrónicas la mayoría consume algo. Yo mismo de vez en cuando tomo alguna pastilla. Pero sé que puede ser riesgoso si lo combino con alcohol. Muchos creen que no les pasará nada y así terminan”, dice Fernando, de 28 años, que, al igual que otras 50 mil personas, asistió el sábado 23 de febrero al Ultra Music Festival, que se celebró en Costanera Sur y terminó en tragedia: dos jóvenes, de 28 y 30 años, murieron “intoxicados”.
Si bien aún falta la autopsia para determinar qué provocó los fallecimientos, los médicos del hospital Argerich que los atendieron aseguraron la causa de los decesos fue “presunta intoxicación”, y se supone que un cóctel de drogas sintéticas y alcohol habría sido la mezcla fatal.
¿Otra vez la relación entre drogas sintéticas y fiestas electrónicas?
Los especialistas consultados por PERFIL explican que la droga conocida como “éxtasis” está de moda en las discos y es furor la combinación con otras sustancias.
El éxtasis estimula el sistema nervioso, genera aceleración cardíaca y alucinaciones. Cuando se lo combina con el LSD se forma la mezcla bautizada “pasti-peposa”; y cuando la mezcla es con la Ketamina (un anestésico veterinario) se forma la denominada “pastiketa” (ver recuadro).
Según la especialista en adicciones Geraldine Peronace, desde hace dos años aumentó el consumo de estas combinaciones y hoy son lo que más ingieren los jóvenes en las fiestas electrónicas.
“La ‘pastiketa’ produce los efectos del éxtasis que acelera y da una sensación de alegría y, sumada con el ‘vuelo’ que da la ketamina, se genera un efecto disociativo.
Es decir, se distorsionan las percepciones visuales y auditivas y producen sentimientos de aislamiento o disociación del espacio”, explica. Y detalla, respecto de la otra combinación: “En la ‘pasti-peposa’ el efecto del LSD refuerza al del éxtasis. Le suma al ‘viaje’ algo psicodélico gracias a los efectos del LSD, es decir, con más delirios y alucinaciones”, detalla Peronace.
El precio de una “pastiketa” o una “peposa” puede variar según la fiesta electrónica, pero ronda entre los $ 80 y 100. Pese a que es obviamente ilegal, dentro y fuera del lugar bailable se pueden comprar.
Peronace dice que los jóvenes no entienden de procesos, creen que todo es ya. “Por eso a veces pregunto ante cuadros de policonsumo ¿por qué tomaste tantas drogas juntas?, y la respuesta es porque me estaba aburriendo. Comprando sustancias creen que se aseguran una felicidad”, sentencia.
Para la toxicóloga del hospital Santojanni, Mónica Nápoli, “los consumidores tienen entre 25 y 35 años y no hay distinción de sexo”.
Yanina, otra consumidora, de 26 años, y asidua a las fiestas electrónicas cuenta su experiencia: “En una fiesta consumo éxtasis para subir, una vez que estoy arriba puedo tomar algo con alcohol para bajar y al rato tomar ketamina y LSD para ‘viajar’ o juntas, según quiera”.
Por qué. Los especialistas coinciden que en los últimos diez años el consumo se incrementa año tras año ya que los jóvenes sienten que ser consumidor les brinda identidad y estatus.
La licenciada en psicología a cargo de los tratamientos de recuperación de adictos de la Fundación Manantiales , Inés Valdez, reconoce que reciben muchos jóvenes que buscan recuperarse de su adicción y explica que trabajan con los pacientes para entender el motivo del consumo.
“Muchos buscan algo nuevo, otros son consumidores porque creyeron que podrían controlarlo al pensar que era algo que sólo harían los fines de semana pero luego terminan consumiendo cualquier día”, puntualizó.
Por Gisela Nicosia