Para comenzar voy a resumir todo con una frase que estuve pensando: "El ajuste no es la enfermedad sino el síntoma que la pone en evidencia". Así como cuando nuestro cuerpo está con fiebre, esa desagradable sensación demuestra que algo en nuestro cuerpo no funciona, las medidas económicas que tendrá que tomar el próximo gobierno no son, en sí, problemas, sino que pretenderán solucionarlos.
Se habla de quita de subsidios o aumentos de tarifas. Pregunto entonces, tendrán que ver esas medidas con el déficit fiscal y la crisis energética que tiene nuestro país derivada, entre otras cosas, por la falta de inversión?. Si partimos de la base de suponer que la energía está gravemente enferma cabe concluir, a mi parecer, que aquellas medidas impopulares intentarán mejorar este ámbito.
La eliminación de retenciones para los exportadores de maíz, trigo y ganado son un problema en sí mismo?. A mi criterio tales medidas, muy impopulares para gran parte de la sociedad, responden a la necesidad de obtener dólares y robustecer las reservas -he aquí otra enfermedad, el vaciamiento del Banco Central-. Lo mismo cabe decir para la disminución de las retenciones a los exportadores de soja.
Este gobierno ha hecho aportes monetarios importantes para el consumo pero la base sostenible de crecimiento del país está en una industria agrícola fuerte e infraestructura novedosa y renovada. Si para producir más hay que hacer algunos sacrificios lógicos, a corto plazo muchos se quejarán, pero esa es la base para un país que quizás pocos de nosotros podamos ver, pero que será mucho mejor que el de hoy día.
Muchas medidas de ajuste habrá que evaluarlas con un criterio crítico pero muchas otras, como las que he citado como ejemplos, no representan un problema por sí considerado. Los problemas están detrás de tales soluciones, como por ejemplo la devaluación, será una medida extremadamente impopular pero el tipo de cambio atrasado tampoco favorece la competitividad del país en cuanto a sus exportaciones. Gran parte de las políticas de los próximos meses tenderán a lograr la confianza del mercado y vernos, por primera vez en muchos años, como un país confiable y no como delincuentes que viven de plata ajena y jamas la reponen, o la reponen como quieren. Ese es el desafío de fondo y, mientras dure el proceso económico desfavorable, creo que hay que poner un manto de confianza y piedad en el nuevo gobierno.
Se habla de quita de subsidios o aumentos de tarifas. Pregunto entonces, tendrán que ver esas medidas con el déficit fiscal y la crisis energética que tiene nuestro país derivada, entre otras cosas, por la falta de inversión?. Si partimos de la base de suponer que la energía está gravemente enferma cabe concluir, a mi parecer, que aquellas medidas impopulares intentarán mejorar este ámbito.
La eliminación de retenciones para los exportadores de maíz, trigo y ganado son un problema en sí mismo?. A mi criterio tales medidas, muy impopulares para gran parte de la sociedad, responden a la necesidad de obtener dólares y robustecer las reservas -he aquí otra enfermedad, el vaciamiento del Banco Central-. Lo mismo cabe decir para la disminución de las retenciones a los exportadores de soja.
Este gobierno ha hecho aportes monetarios importantes para el consumo pero la base sostenible de crecimiento del país está en una industria agrícola fuerte e infraestructura novedosa y renovada. Si para producir más hay que hacer algunos sacrificios lógicos, a corto plazo muchos se quejarán, pero esa es la base para un país que quizás pocos de nosotros podamos ver, pero que será mucho mejor que el de hoy día.
Muchas medidas de ajuste habrá que evaluarlas con un criterio crítico pero muchas otras, como las que he citado como ejemplos, no representan un problema por sí considerado. Los problemas están detrás de tales soluciones, como por ejemplo la devaluación, será una medida extremadamente impopular pero el tipo de cambio atrasado tampoco favorece la competitividad del país en cuanto a sus exportaciones. Gran parte de las políticas de los próximos meses tenderán a lograr la confianza del mercado y vernos, por primera vez en muchos años, como un país confiable y no como delincuentes que viven de plata ajena y jamas la reponen, o la reponen como quieren. Ese es el desafío de fondo y, mientras dure el proceso económico desfavorable, creo que hay que poner un manto de confianza y piedad en el nuevo gobierno.