La "dispersión salarial", un problema que agrava tensiones entre los argentinos y enoja más que los aumentos de precios
El tener que pagar más al llenar el changuito, o por servicios como educación o medicina prepaga, genera malestar en la sociedad. Pero el recibir subas salariales menores a la de otros sectores con mayor poder sindical es un problema aún más preocupante. ¿Por qué afecta más que la inflación en sí?
En los tiempos que corren, el saber si uno gana mucho o poco se presenta como un interrogante cada vez más difícil de responder. Es que para ello es necesario saber también cuánto ganan los demás.
Si uno percibe ingresos, por ejemplo, de $5.000, pero se desempeña en un entorno donde la media es de $4.000, seguramente se mostrará medianamente conforme.
Pero su opinión cambiará si observa que -en otras ramas de actividad- por tareas que requieren de una calificación profesional similar, o más baja, los salarios trepan a los 7.000 pesos.
Y este punto, que puede resultar una obviedad, en realidad no es tan así.
Un hecho ampliamente investigado por los "economistas de la felicidad" es cómo para una gran mayoría de personas influye más en su estado de ánimo el comparativo que hacen en relación a sus "colegas" que su salario medido en términos puramente absolutos, o teniendo en cuenta solamente su capacidad de compra.
Esto cobra particular relevancia en la Argentina de hoy, donde se están produciendo fuertes cambios entre lo que uno gana en comparación con su vecino. Y donde los porcentajes de incremento que logra acordar cada sector tienen más que ver con su poder de presión sindical que con otros factores, como puede ser el de una mejora en los niveles de producción o desempeño personal.
Así las cosas, algunos obtienen subas del 20%, otros del 25% y los más "afortunados" de hasta un 40 por ciento.
Esto no hace más que acrecentar la brecha entre "unos y otros". Y va inyectando cada vez más presión a una olla que se carga de broncas, tensiones y disconformidad.
A este factor externo se suma otro problema interno.
Cuánto más alta es la cifra, menos margen de maniobra tienen las empresas para dar mejoras selectivas que, en términos porcentuales, marquen una diferencia sustancial de bolsillo.
"Si tengo que aumentar un 25% a todos este año, apenas me quedan unos dos o tres puntos adicionales para darle sólo a algunas personas que se destacan". En plata termina no siendo mucho, pero tampoco me da la caja para subirles más", confesaba a iProfesional.com el empresario de una compañía de servicios, atajándose de los nuevos incrementos que deberá otorgar de manera colectiva.
Así, tienen que terminar "premiando" a todos sus empleados casi por igual. Es decir, al que se esfuerza demasiado como al que no lo hace, generando un desincentivo a "ir por más", que se hace más evidente en las posiciones de más abajo de la pirámide de la compañía.
No son los precios, es la dispersión salarial
¿Dispersión de precios? ¿O dispersión de salarios? ¿Cuál de estas dos cuestiones genera mayor grado de conflicto entre los argentinos?
Los analistas en cuestiones laborales explican que en el país se están produciendo cambios profundos en el lugar que cada rama de actividad ocupa en el "ranking" de ingresos. Y esto implica un desafío a ideas fuertemente arraigadas en el imaginario social argentino.
El hecho de que un camionero, o un estibador, gane el doble o incluso el triple que un empleado bancario o de comercio genera hasta una profunda revisión de las tradicionales creencias respecto a cuáles son las formas (y los limitantes) de escalar en la pirámide de ingresos.
En buen romance, si un empleado de oficina -con estudios universitarios- observa que su salario es la mitad que el de, por ejemplo, un trabajador del transporte, o de quien ejerce su labor en el puerto de Buenos Aires, lo primero que tiende a pensar es que su esfuerzo no está siendo bien remunerado, si se atiene a lo que históricamente se percibió en cada una de esas posiciones.
Y, lo que es peor, siente que a él la forma en cómo se establecen las mejoras remunerativas en las distintas paritarias le termina jugando en contra.
Más aún si observa que va quedando cada vez más rezagado respecto a lo acordado por líderes sindicales de otros sectores para sus afiliados.
La gran pregunta, entonces, es si estos cambios son apenas coyunturales, o si las nuevas relaciones de ingreso entre los distintos sectores se cristalizarán en el tiempo.
Dime qué gremio tienes y te diré cuánto ganarás
Según Ernesto Kritz, director de la consultora SEL, la profunda brecha entre lo que se paga en cada rama de actividad no tiene parangón en la historia del país.
"En el sector formal, hoy vemos un grupo de asalariados que está en una posición mucho mejor que la que ha tenido históricamente. De hecho, una proporción muy alta de ellos está en la mitad superior de la distribución del ingreso, algo que antes no se veía", agrega.
iProfesional.com viene dando cuenta de estos profundos cambios que se vienen sucediendo en la Argentina, del recelo de buena parte de los integrantes de clase social que, históricamente, ocupó la franja intermedia de la pirámide (que ha ido quedando rezagada) frente a la irrupción de la "nueva clase media trabajadora", tal como suelen definir a este fenómeno lo expertos.
¿Quiénes son los "nuevos clase media"? Trabajadores del sector petrolero que, en 2010, percibieron salarios de hasta $14.000, camioneros ($8.300), portuarios ($6.600) y aceiteros ($6.300), sólo por citar algunos ejemplos.
Estas fuertes alzas, atadas no a exclusivamente a la productividad, sino a la mayor presión gremial que ostentan, hicieron que las remuneraciones que se cobran en el sector financiero luzcan escasas. O la que perciben los docentes, con sus $3.500 para aquellos de mayor antigüedad.
Y ni qué hablar cuando se mira la retribución de los empleados de comercio, cuyo ingreso medio ronda los $3.000.
Las investigaciones de Kritz dan cuenta de que en los sectores con mejor paga la remuneración promedio resulta hasta seis veces superior que en aquellos donde los salarios resultan más bajos.
¿Es bueno o es malo que haya cambios relativos entre los salarios de las diversas actividades?
Los analistas destacan que, cuando no están guiados por criterios que tengan que ver con mejoras en los niveles de producción, las subas desiguales generan una profunda y preocupante distorsión.
El temor a que esto provoque tensiones sociales ya es un tema que se sumó al debate político.
"Cuando la Presidenta habla sobre cuestiones vinculadas con la inflación y cambios relativos, en realidad debe darse cuenta de que no hay dispersión de precios, sino que lo que hay es dispersión salarial", manifestó el actual pre candidato peronista, Eduardo Duhalde.
Y alertó sobre las consecuencias que esto trae en el mantenimiento de "la paz social".
Otro que se sumó al debate es el polémico ex ministro de economía, Domingo Cavallo.
"Así como se provocó una gran dispersión en los precios -al congelar o controlar algunos y dejar en libertad a otros- las diferencias de poder sindical llevó a una impresionante dispersión salarial", señala el ex ministro.
"En el sector transporte, de Hugo Moyano, el costo salarial horario se ha más que triplicado con respecto al nivel que tenía en el 1 a 1", explica el ex funcionario.
A la hora de graficar esta abismal diferencia, el siguiente cuadro es más que contundente.
En él se puede observar cómo la línea gris oscura, correspondiente al costo salarial del sector transporte, trepó a pasos agigantados por sobre otras ramas de actividad, triplicando por ejemplo al de alimentos.
"Moyano utilizó su poder para recuperar los salarios más rápido que el resto. Así, por ejemplo, en el rubro de la alimentación el costo salarial horario está al mismo nivel que en 1997 y aún bastante por debajo del que tenía en 2001", destaca Cavallo.
Dispersión salarial, ¿inevitable en el modelo "K"?
Otra pregunta que resulta inevitable es si pueden atribuirse únicamente a la capacidad de presión sindical los cambios en los salarios o si hay motivos derivados de la situación económica. Es decir, si en la medida en que el modelo "K" se profundice, esta dispersión tenderá a agudizarse.
En buen romance, ¿los empleados de algunos sectores vinculados con la producción irán ganando posiciones por sobre los de algunas ramas de servicios?
Los analistas ven que los cambios en los salarios pueden también responder a modificaciones estructurales de la economía.
"Hay gremios que han obtenido ajustes salariales menores al promedio. Y esto no sólo está vinculado con su capacidad de negociación sino, además, es reflejo de lo que está ocurriendo en cada industria", apunta Víctor Beker, analista y director del sitio "elsalario.com".
"Un caso claro es el de los bancarios, donde se está produciendo un cambio tecnológico que hace que muchos trabajos pasen a ser automatizados. Y eso implica menos necesidad de personal", destaca.
Y, como ejemplo contrapuesto, justifica lo que ocurre con las altas remuneraciones en el rubro transportista.
El experto apunta que, en la medida en que la economía argentina crezca de la mano de las exportaciones agrícolas, eso implicará un rol más protagónico de sectores muy vinculados a esta cadena de actividad, como el transporte o portuarios, entre otros.
"Como además la red ferroviaria se achicó a su mínima expresión, no llama la atención que los camioneros estén en una mejor posición", explica Beker.
En esa línea, Kritz destaca que la productividad de cada rama de actividad siempre es un componente esencial para explicar cuánto gana cada sector.
"Los que más perciben son los trabajadores de minas y canteras o del sector petrolero. Los salarios son elevados porque la rentabilidad es altísima. De la misma manera, hay otros que están muy bajos, como los trabajadores de hoteles y restaurantes", argumenta Kritz.
La inflación distorsiona
Y, además de la causa "natural" o "estructural" que lleva a algunos sectores a alejarse de otros, hay un factor clave que contribuye a la dispersión salarial: la inflación.
"Cuando se está en un entorno inflacionario, las subas nominales son muy fuertes. El problema es que si un año un sector ajusta al 40% y otro al 25%, esto de por sí produce un cambio sustantivo. Sería inimaginable en otros países, donde un gremio puede, como mucho, aspirar a una mejora de 5% anual", sostiene Beker.
En el mismo sentido, el economista Tomás Bulat advierte sobre las injusticias que ocurren cuando las negociaciones dejan de lado por completo el concepto de la productividad y se basan sólo en la defensa contra la inflación.
"Hay que recordar que los salarios suben por las escaleras y los precios por ascensor. El problema es que algunas remuneraciones van en escalera mecánica y otras en la de un pintor de madera. Cuando la inflación es baja, los incrementos por sector tienden a ser parejos. Pero si eso no ocurre, la dispersión se hace evidente", indica el economista.
La inflación no sólo exacerba las diferencias salariales entre los distintos rubros de la economía, sino también dentro de las empresas, donde se profundiza el fenómeno de "solapamiento", por el cual muchos jefes (que no están encuadrados en convenio) ahora ganan menos que sus subordinados afiliados al sindicato correspondiente.
Perspectivas
¿Hay que pensar, entonces, que la dispersión salarial seguirá agudizándose? Y en ese caso, ¿hay riesgo de que la tensión social vaya en aumento?
Kritz opina que la tendencia actual no es sostenible en el tiempo: "No me atrevo a pensar que los camioneros vayan a liderar por siempre las demandas salariales".
"Repasando la historia, años atrás eran los metalúrgicos los que estaban en la cresta de la ola, por ejemplo. Son cosas que van cambiando con el tiempo. Quizá, en un futuro los que estén más favorecidos sean empleados de sectores vinculados con los servicios", afirma.
Los economistas tienden a creer que en el mediano plazo las grandes diferencias no se podrán sostener.
Como argumenta Beker, "la gente percibe que una excesiva dispersión salarial atenta contra la idea de justicia distributiva. Y eso va a llevar a que se genere un corrimiento de trabajadores desde los sectores más desfavorecidos hacia aquellos que pagan mejor".
Claro que eso ocurriría en el mediano plazo. El problema es que en la Argentina las tensiones suelen explotar mucho antes.
Fuente MDZol
El tener que pagar más al llenar el changuito, o por servicios como educación o medicina prepaga, genera malestar en la sociedad. Pero el recibir subas salariales menores a la de otros sectores con mayor poder sindical es un problema aún más preocupante. ¿Por qué afecta más que la inflación en sí?
En los tiempos que corren, el saber si uno gana mucho o poco se presenta como un interrogante cada vez más difícil de responder. Es que para ello es necesario saber también cuánto ganan los demás.
Si uno percibe ingresos, por ejemplo, de $5.000, pero se desempeña en un entorno donde la media es de $4.000, seguramente se mostrará medianamente conforme.
Pero su opinión cambiará si observa que -en otras ramas de actividad- por tareas que requieren de una calificación profesional similar, o más baja, los salarios trepan a los 7.000 pesos.
Y este punto, que puede resultar una obviedad, en realidad no es tan así.
Un hecho ampliamente investigado por los "economistas de la felicidad" es cómo para una gran mayoría de personas influye más en su estado de ánimo el comparativo que hacen en relación a sus "colegas" que su salario medido en términos puramente absolutos, o teniendo en cuenta solamente su capacidad de compra.
Esto cobra particular relevancia en la Argentina de hoy, donde se están produciendo fuertes cambios entre lo que uno gana en comparación con su vecino. Y donde los porcentajes de incremento que logra acordar cada sector tienen más que ver con su poder de presión sindical que con otros factores, como puede ser el de una mejora en los niveles de producción o desempeño personal.
Así las cosas, algunos obtienen subas del 20%, otros del 25% y los más "afortunados" de hasta un 40 por ciento.
Esto no hace más que acrecentar la brecha entre "unos y otros". Y va inyectando cada vez más presión a una olla que se carga de broncas, tensiones y disconformidad.
A este factor externo se suma otro problema interno.
Cuánto más alta es la cifra, menos margen de maniobra tienen las empresas para dar mejoras selectivas que, en términos porcentuales, marquen una diferencia sustancial de bolsillo.
"Si tengo que aumentar un 25% a todos este año, apenas me quedan unos dos o tres puntos adicionales para darle sólo a algunas personas que se destacan". En plata termina no siendo mucho, pero tampoco me da la caja para subirles más", confesaba a iProfesional.com el empresario de una compañía de servicios, atajándose de los nuevos incrementos que deberá otorgar de manera colectiva.
Así, tienen que terminar "premiando" a todos sus empleados casi por igual. Es decir, al que se esfuerza demasiado como al que no lo hace, generando un desincentivo a "ir por más", que se hace más evidente en las posiciones de más abajo de la pirámide de la compañía.
No son los precios, es la dispersión salarial
¿Dispersión de precios? ¿O dispersión de salarios? ¿Cuál de estas dos cuestiones genera mayor grado de conflicto entre los argentinos?
Los analistas en cuestiones laborales explican que en el país se están produciendo cambios profundos en el lugar que cada rama de actividad ocupa en el "ranking" de ingresos. Y esto implica un desafío a ideas fuertemente arraigadas en el imaginario social argentino.
El hecho de que un camionero, o un estibador, gane el doble o incluso el triple que un empleado bancario o de comercio genera hasta una profunda revisión de las tradicionales creencias respecto a cuáles son las formas (y los limitantes) de escalar en la pirámide de ingresos.
En buen romance, si un empleado de oficina -con estudios universitarios- observa que su salario es la mitad que el de, por ejemplo, un trabajador del transporte, o de quien ejerce su labor en el puerto de Buenos Aires, lo primero que tiende a pensar es que su esfuerzo no está siendo bien remunerado, si se atiene a lo que históricamente se percibió en cada una de esas posiciones.
Y, lo que es peor, siente que a él la forma en cómo se establecen las mejoras remunerativas en las distintas paritarias le termina jugando en contra.
Más aún si observa que va quedando cada vez más rezagado respecto a lo acordado por líderes sindicales de otros sectores para sus afiliados.
La gran pregunta, entonces, es si estos cambios son apenas coyunturales, o si las nuevas relaciones de ingreso entre los distintos sectores se cristalizarán en el tiempo.
Dime qué gremio tienes y te diré cuánto ganarás
Según Ernesto Kritz, director de la consultora SEL, la profunda brecha entre lo que se paga en cada rama de actividad no tiene parangón en la historia del país.
"En el sector formal, hoy vemos un grupo de asalariados que está en una posición mucho mejor que la que ha tenido históricamente. De hecho, una proporción muy alta de ellos está en la mitad superior de la distribución del ingreso, algo que antes no se veía", agrega.
iProfesional.com viene dando cuenta de estos profundos cambios que se vienen sucediendo en la Argentina, del recelo de buena parte de los integrantes de clase social que, históricamente, ocupó la franja intermedia de la pirámide (que ha ido quedando rezagada) frente a la irrupción de la "nueva clase media trabajadora", tal como suelen definir a este fenómeno lo expertos.
¿Quiénes son los "nuevos clase media"? Trabajadores del sector petrolero que, en 2010, percibieron salarios de hasta $14.000, camioneros ($8.300), portuarios ($6.600) y aceiteros ($6.300), sólo por citar algunos ejemplos.
Estas fuertes alzas, atadas no a exclusivamente a la productividad, sino a la mayor presión gremial que ostentan, hicieron que las remuneraciones que se cobran en el sector financiero luzcan escasas. O la que perciben los docentes, con sus $3.500 para aquellos de mayor antigüedad.
Y ni qué hablar cuando se mira la retribución de los empleados de comercio, cuyo ingreso medio ronda los $3.000.
Las investigaciones de Kritz dan cuenta de que en los sectores con mejor paga la remuneración promedio resulta hasta seis veces superior que en aquellos donde los salarios resultan más bajos.
¿Es bueno o es malo que haya cambios relativos entre los salarios de las diversas actividades?
Los analistas destacan que, cuando no están guiados por criterios que tengan que ver con mejoras en los niveles de producción, las subas desiguales generan una profunda y preocupante distorsión.
El temor a que esto provoque tensiones sociales ya es un tema que se sumó al debate político.
"Cuando la Presidenta habla sobre cuestiones vinculadas con la inflación y cambios relativos, en realidad debe darse cuenta de que no hay dispersión de precios, sino que lo que hay es dispersión salarial", manifestó el actual pre candidato peronista, Eduardo Duhalde.
Y alertó sobre las consecuencias que esto trae en el mantenimiento de "la paz social".
Otro que se sumó al debate es el polémico ex ministro de economía, Domingo Cavallo.
"Así como se provocó una gran dispersión en los precios -al congelar o controlar algunos y dejar en libertad a otros- las diferencias de poder sindical llevó a una impresionante dispersión salarial", señala el ex ministro.
"En el sector transporte, de Hugo Moyano, el costo salarial horario se ha más que triplicado con respecto al nivel que tenía en el 1 a 1", explica el ex funcionario.
A la hora de graficar esta abismal diferencia, el siguiente cuadro es más que contundente.
En él se puede observar cómo la línea gris oscura, correspondiente al costo salarial del sector transporte, trepó a pasos agigantados por sobre otras ramas de actividad, triplicando por ejemplo al de alimentos.
"Moyano utilizó su poder para recuperar los salarios más rápido que el resto. Así, por ejemplo, en el rubro de la alimentación el costo salarial horario está al mismo nivel que en 1997 y aún bastante por debajo del que tenía en 2001", destaca Cavallo.
Dispersión salarial, ¿inevitable en el modelo "K"?
Otra pregunta que resulta inevitable es si pueden atribuirse únicamente a la capacidad de presión sindical los cambios en los salarios o si hay motivos derivados de la situación económica. Es decir, si en la medida en que el modelo "K" se profundice, esta dispersión tenderá a agudizarse.
En buen romance, ¿los empleados de algunos sectores vinculados con la producción irán ganando posiciones por sobre los de algunas ramas de servicios?
Los analistas ven que los cambios en los salarios pueden también responder a modificaciones estructurales de la economía.
"Hay gremios que han obtenido ajustes salariales menores al promedio. Y esto no sólo está vinculado con su capacidad de negociación sino, además, es reflejo de lo que está ocurriendo en cada industria", apunta Víctor Beker, analista y director del sitio "elsalario.com".
"Un caso claro es el de los bancarios, donde se está produciendo un cambio tecnológico que hace que muchos trabajos pasen a ser automatizados. Y eso implica menos necesidad de personal", destaca.
Y, como ejemplo contrapuesto, justifica lo que ocurre con las altas remuneraciones en el rubro transportista.
El experto apunta que, en la medida en que la economía argentina crezca de la mano de las exportaciones agrícolas, eso implicará un rol más protagónico de sectores muy vinculados a esta cadena de actividad, como el transporte o portuarios, entre otros.
"Como además la red ferroviaria se achicó a su mínima expresión, no llama la atención que los camioneros estén en una mejor posición", explica Beker.
En esa línea, Kritz destaca que la productividad de cada rama de actividad siempre es un componente esencial para explicar cuánto gana cada sector.
"Los que más perciben son los trabajadores de minas y canteras o del sector petrolero. Los salarios son elevados porque la rentabilidad es altísima. De la misma manera, hay otros que están muy bajos, como los trabajadores de hoteles y restaurantes", argumenta Kritz.
La inflación distorsiona
Y, además de la causa "natural" o "estructural" que lleva a algunos sectores a alejarse de otros, hay un factor clave que contribuye a la dispersión salarial: la inflación.
"Cuando se está en un entorno inflacionario, las subas nominales son muy fuertes. El problema es que si un año un sector ajusta al 40% y otro al 25%, esto de por sí produce un cambio sustantivo. Sería inimaginable en otros países, donde un gremio puede, como mucho, aspirar a una mejora de 5% anual", sostiene Beker.
En el mismo sentido, el economista Tomás Bulat advierte sobre las injusticias que ocurren cuando las negociaciones dejan de lado por completo el concepto de la productividad y se basan sólo en la defensa contra la inflación.
"Hay que recordar que los salarios suben por las escaleras y los precios por ascensor. El problema es que algunas remuneraciones van en escalera mecánica y otras en la de un pintor de madera. Cuando la inflación es baja, los incrementos por sector tienden a ser parejos. Pero si eso no ocurre, la dispersión se hace evidente", indica el economista.
La inflación no sólo exacerba las diferencias salariales entre los distintos rubros de la economía, sino también dentro de las empresas, donde se profundiza el fenómeno de "solapamiento", por el cual muchos jefes (que no están encuadrados en convenio) ahora ganan menos que sus subordinados afiliados al sindicato correspondiente.
Perspectivas
¿Hay que pensar, entonces, que la dispersión salarial seguirá agudizándose? Y en ese caso, ¿hay riesgo de que la tensión social vaya en aumento?
Kritz opina que la tendencia actual no es sostenible en el tiempo: "No me atrevo a pensar que los camioneros vayan a liderar por siempre las demandas salariales".
"Repasando la historia, años atrás eran los metalúrgicos los que estaban en la cresta de la ola, por ejemplo. Son cosas que van cambiando con el tiempo. Quizá, en un futuro los que estén más favorecidos sean empleados de sectores vinculados con los servicios", afirma.
Los economistas tienden a creer que en el mediano plazo las grandes diferencias no se podrán sostener.
Como argumenta Beker, "la gente percibe que una excesiva dispersión salarial atenta contra la idea de justicia distributiva. Y eso va a llevar a que se genere un corrimiento de trabajadores desde los sectores más desfavorecidos hacia aquellos que pagan mejor".
Claro que eso ocurriría en el mediano plazo. El problema es que en la Argentina las tensiones suelen explotar mucho antes.
Fuente MDZol